Lunes, 14 de marzo de 2011

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI ofreci?el jueves 3 de Marzo de 2011?al tercer grupo de obispos de la Conferencia Episcopal de Filipinas, a quienes recibi? hoy en la Sala del Consistorio con motivo de su visita ad Limina.

Mis queridos hermanos obispos,

Os doy con alegr?a la bienvenida mientras realiz?is vuestra visita ad Limina Apostolorum. Extiendo mis cordiales saludos a trav?s vuestro a los sacerdotes, religiosos y fieles de vuestras diversas di?cesis. Nuestro encuentro de hoy me concede la oportunidad de daros las gracias colectivamente por el trabajo pastoral que llev?is a cabo con amor por Cristo y por su gente. Como dijo san Pablo, ?No nos cansemos de hacer el bien, porque la cosecha llegar? a su tiempo si no desfallecemos? (Gal 6, 9). Con estas palabras, el Ap?stol anima a sus lectores a hacer el bien a todos, pero especialmente a los de la familia de los creyentes. Nos presenta un doble mandato, uno de los cuales es muy apropiado para vuestro ministerio como obispos de las islas del centro y del sur del archipi?lago filipino. Deb?is trabajar en hacer el bien tanto a los cristianos como a los no cristianos.

Respecto a ?los de la familia de los creyentes? que requieren vuestro cuidado apost?lico, la Iglesia en vuestras respectivas regiones comparte naturalmente muchos de los restos pastorales que debe afrontar el resto del pa?s. Entre ellos, uno de los m?s importantes es la tarea de continuar la formaci?n catequ?tica. La profunda piedad personal de vuestra gente necesita ser alimentada y apoyada por una comprensi?n profunda y un aprecio por las ense?anzas de la Iglesia en materias de fe y de moral. De hecho, se requieren estos elementos para que el coraz?n humano pueda dar una respuesta total y adecuada a Dios. Mientras segu?s reforzando la catequesis en vuestras di?cesis, no dej?is de incluir en ella una extensi?n a las familias, con particular atenci?n a los padres en su papel de primeros educadores de sus hijos en la fe. Esta tarea es ya evidente en vuestro apoyo a la familia frente a las influencias que quieren disminuir o destruir sus derechos e integridad. Reconozco que proporcionar este tipo de formaci?n catequ?tica no es una tarea peque?a, y aprovecho la oportunidad para saludar a las muchas religiosas y catequistas laicos que os ayudan en esta importante obra.

De hecho, como obispos diocesanos, nunca afront?is los retos solos, sino que sois asistidos primero y sobre todo por vuestro clero. Junto a vosotros, ellos han dedicado sus vidas al servicio de Dios y de su pueblo, y requieren a su vez vuestro cuidado paternal. Como sab?is bien, vosotros y vuestros hermanos obispos ten?is el deber particular de conocer bien a vuestros sacerdotes y de guiarles con solicitud sincera, mientras que los sacerdotes deben estar siempre preparados para llevar a cabo con humildad y fidelidad las tareas que les confi?is. En este esp?ritu de cooperaci?n mutua por el bien del Reino de Dios. Seguramente ?llegar? a su tiempo la cosecha? de la fe.

Muchas de vuestras di?cesis han puesto ya en marcha programas de formaci?n continua de los sacerdotes j?venes, asisti?ndoles en su transici?n desde la programaci?n estructurada del seminario al planteamiento de vida m?s independiente en la parroquia. Entre estas l?neas, es tambi?n ?til para ellos que se les asignen mentores entre aquellos sacerdotes ancianos que hayan demostrado ser fieles sirvientes del Se?or. Estos hombres pueden guiar a sus hermanos m?s j?venes en el camino hacia una forma de vida sacerdotal madura y equilibrada.

Adem?s, los sacerdotes de todas las edades requieren atenci?n continua. Deben promoverse d?as habituales de reuni?n, los retiros anuales y las convocatorias, as? como los programas de educaci?n continua y asistencia para los sacerdotes que pueden estar afrontando dificultades. Conf?o en que encontrar?is forma de apoyar a aquellos sacerdotes cuyas designaciones les dejan aislados. Es gratificante observar c?mo el Segundo Congreso Nacional del Clero, realizado durante el A?o Sacerdotal, supuso una ocasi?n de renovaci?n y de apoyo fraternal. De cara a construir sobre este impulso, os animo a aprovechar la celebraci?n anual del Jueves Santo, durante el que la Iglesia conmemora el sacerdocio de una forma especial. De acuerdo con sus solemnes promesas en la ordenaci?n, recordad a vuestros sacerdotes su compromiso de celibato, obediencia, y una cada vez mayor dedicaci?n al servicio pastoral. Viviendo ses promesas, estos hombres se convertir?n en padres espirituales con una madurez personal y psicol?gica que crecer? para reflejar la paternidad de Dios.

Respetando el mandato de san Pablo de hacer el bien a quienes no pertenecen a la familia en la fe, el di?logo con las dem?s religiones sigue siendo una alta prioridad, especialmente en las ?reas del sur de vuestro pa?s. Si bien la Iglesia proclama sin error que Cristo es el camino, la verdad y la vida (cf. Jn 14,6), no es menos cierto que ella respeta todo lo que hay de verdad y de bien en otras religiones, y que busca, con prudencia y caridad, entrar en un di?logo honrado y amistoso con los seguidores de estas religiones en cuanto sea posible (cf. Nostra Aetate, 2). Haciendo as?, la Iglesia trabaja hacia una comprensi?n mutua y el progreso del bien com?n de la humanidad. Os felicito por el trabajo que ya hab?is hecho, y os animo a que, por medio del di?logo que se ha establecido, continu?is promoviendo el camino hacia la verdad y la paz duradera con todos vuestros vecinos, sin dejar nunca de tratar a cada persona, no importa cu?les sean sus creencias, como creada a imagen de Dios.

Finalmente, mientras nos esforzarnos por ?no cansarnos de hacer el bien?, debemos recordar que el mayor bien que podemos ofrecer a aquellos a quienes servimos se nos da en la Eucarist?a. En la Santa Misa, los fieles reciben la gracia necesaria para ser transformados en Jesucristo. Es alentador que muchos filipinos asistan a la misa dominical, pero esto no debe dejar lugar a la complacencia vuestra como pastores. Es tarea vuestra, y de vuestros sacerdotes, no cansaros nunca de salir en busca de la oveja perdida, asegur?ndoos de que todos los fieles viven del gran don que se nos ha dado en los Sagrados Misterios.

Queridos Hermanos Obispos, doy las gracias al Se?or por estos d?as de vuestra visita a la Ciudad de Pedro y Pablo, durante la cual Dios ha fortalecido los lazos de nuestra comuni?n. A trav?s de la intercesi?n de la Bendita Virgen Mar?a, que el Se?or lleve vuestro trabajo a t?rmino. Os aseguro mi recuerdo en la oraci?n, y de buen grado os imparto a vosotros y a los fieles confiados a vuestro cuidado mi Bendici?n Apost?lica como prenda de gracia y paz.

[Traducci?n del original en ingl?s por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:23  | Habla el Papa
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