Jueves, 17 de marzo de 2011

Carta del obispo de Tenerife monse?or Bernardo ?lvarez Afonso con motivo del D?a del Seminario con el t?tulo ?El sacerdote, don de Dios para el mundo?,

?El sacerdote, don de Dios para el mundo?,

Queridos diocesanos:

Una vez m?s les escribo con motivo del D?a del Seminario Diocesano que, en esta ocasi?n, tiene lugar los pr?ximos d?as 19 y 20 de marzo. Ese fin de semana, aparte de rezar por los seminaristas y las vocaciones al sacerdocio, como ya lo hacemos a lo largo del a?o, en todas las misas haremos tambi?n la colecta para el sostenimiento del Seminario, colaborando as? a la formaci?n de los futuros sacerdotes. Adem?s, el D?a del Seminario es, tambi?n, una buena ocasi?n para reflexionar y tomar conciencia de la importancia de los sacerdotes para la vida de la Iglesia y, consecuentemente, valorar su ministerio como un regalo de Dios.

Como dice el lema elegido para este a?o, ?El sacerdote, don de Dios para el mundo?, los cat?licos creemos que los sacerdotes son hombres que Dios elige, llama y consagra con el sacramento del Orden Sacerdotal para que, en nombre de Cristo y con su poder, sirvan a los dem?s. Son personas de las que Cristo se sirve para entregar su cuerpo y sangre en la Eucarist?a, para perdonar a los pecadores, para consolar a los enfermos, para anunciar su Evangelio a todas las gentes? En esto radica la grandeza del sacerdocio cat?lico y esto es lo que valora el pueblo cristiano en sus sacerdotes, a?n reconociendo que, como hombres, est?n envueltos en debilidades y necesitan corregir sus defectos. Los sacerdotes son un regalo de Dios porque todo ?lo que es? el sacerdote (su vocaci?n) y ?todo lo que hace? a favor de los dem?s (predicar la palabra de Dios, administrar los sacramentos y guiar la comunidad) se debe a que es Dios quien act?a en ellos y por medio de ellos.

En efecto, como dijo Jes?s a sus ap?stoles en la ?ltima cena: ?No me hab?is elegido vosotros a m?, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vay?is y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca? (Jn. 15,16). Nadie puede darse el sacerdocio a s? mismo. Siempre es Dios quien llama y consagra. El elegido es una persona libre y, con su libertad, puede aceptar o rechazar la llamada. Si alguien acepta la llamada, la respuesta no puede ser meramente intencional, sino que ha de ser operativa, es decir, una respuesta que implica ?vivir conforme a la vocaci?n a la que ha sido llamado?. Para ello ser? necesario que conozca lo que lleva consigo la vocaci?n al sacerdocio y se prepare para serlo de verdad.

La funci?n del Seminario es, precisamente, la de formar a los que se sienten llamados, de modo que su repuesta sea consciente, libre y coherente, en l?nea con lo que Dios les pide. No se trata s?lo de prepararles para que sepan hacer las cosas propias de un sacerdote sino, sobre todo, para que ?sean sacerdotes? a imagen de Cristo, el ?nico y verdadero sacerdote. El sacerdote que Dios nos regala es un sacerdote ?al modo de Cristo?, el Buen Pastor que da la vida por la ovejas. Es un sacerdote que no s?lo hace las cosas como un buen profesional sino que, como Cristo, en todo lo que hace se ofrece a s? mismo, sin buscar ni esperar otra cosa que el bien de los dem?s. Unido a Cristo, el sacerdote es un regalo para la vida del mundo y como en cualquier regalo lo que le caracteriza es que ?es gratis?. Un sacerdote siempre tiene presente las palabras de Jes?s a los ap?stoles: ?lo que hab?is recibido gratis, dadlo gratis?.

Pocas cosas tienen tanta importancia en la vida de la Di?cesis como el Seminario. En ?l empleamos los mejores recursos de que disponemos: un gran n?mero de sacerdotes, personas consagradas y laicos (formadores, directores espirituales, profesores, p?rrocos, amigos del seminario?), una instalaciones acordes con las necesidades propias de la formaci?n sacerdotal (acad?micas, deportivas, residenciales?). Todo ello implica unos gastos considerables, pero est?n bien empleados porque son la mejor inversi?n que podemos hacer para el bien de todos los diocesanos. Sabemos y experimentamos lo importante y necesario que es un sacerdote para la vida cristiana en las parroquias y en todos aquellos ?mbitos donde su ministerio es necesario (hospitales, centros de mayores, tanatorios, colegios?). Pero no tenemos sacerdotes suficientes. Las palabras de Jes?s siguen siendo actuales: ?El trabajo es mucho y los operarios pocos, rogad al due?o de la mies que env?e operarios a su mies?.

En nuestra Di?cesis hay muchas parroquias sin sacerdote propio y, en la pr?ctica, muchas no est?n suficientemente atendidas. Los sacerdotes son pocos en relaci?n con nuestras necesidades. Los que hay est?n sobrecargados de trabajo, un buen n?mero de ellos supera los 70 a?os y algunos tienen problemas de salud. Todos, de una forma o de otra, padecemos esta situaci?n. ?C?mo afrontarla? A m?, como obispo, me corresponde velar por el bien de todos y, como es l?gico, sobre m? vienen todas las quejas y reclamaciones pidi?ndome soluciones. ?C?mo me gustar?a poder contar con suficientes sacerdotes para cubrir todas las necesidades! Pero la realidad es que, en este momento, no los hay y que de cara a un futuro inmediato tampoco los vamos a tener. Los seminaristas tambi?n son pocos. ?Qu? podemos hacer? ?Qu? tenemos que hacer?

Yo creo que, ante todo, la situaci?n debe servirnos para apoyar y ayudar m?s a los sacerdotes en su misi?n y tenerles en mayor estima por lo que son y el servicio que nos prestan. Hay cosas en la Iglesia que s?lo puede hacer el sacerdote, pero hay otras muchas que son responsabilidad de todos, especialmente a la hora de transmitir y educar en la fe a los dem?s. Sin verdaderos cristianos no hay vocaciones al sacerdocio, ni seminaristas, ni sacerdotes. ?stos no caen del cielo, sino que salen de los j?venes de nuestras familias, de nuestras parroquias y de nuestros movimientos apost?licos. Asimismo, tiene que dolernos la falta de sacerdotes porque eso debilita la vitalidad de la comunidad cristiana y la fe de mucha gente. Un dolor que nos hace clamar a Dios desde lo m?s profundo de nuestro coraz?n y pedirle por las vocaciones, por el seminario y los seminaristas, por los j?venes, para que conozcan a Cristo y le sigan.

Cuando uno desea algo, lo busca, lo pide, lo compra? hace lo que sea para conseguir lo que quiere. ?Queremos sacerdotes? ?Qu? podemos hacer para tenerlos? Los sacerdotes son un regalo de Dios para el mundo. ?l es quien los tiene y los da. A ?l se los tenemos que pedir. Orar es algo que podemos hacer todos, en cualquier tiempo y lugar, no importa la edad, si estamos sanos o enfermos, si somos ni?os, j?venes o mayores. Todos podemos orar en la seguridad de ser escuchados. Aqu? les ofrezco la oraci?n que, desde el Seminario, nos han preparado para rezar este a?o:

Se?or Jes?s, que nos prometiste: ?pedid y recibir?is, llamad y se os abrir?,

reg?lanos las vocaciones sacerdotales que tanto necesita tu Iglesia y el mundo de hoy.

Haz que las familias sean el campo f?rtil donde puedan germinar.

Bendice el trabajo apost?lico de catequistas y educadores,

para que logren despertar y madurar la vocaci?n sacerdotal

en aquellos que t?, Se?or, has elegido a tu servicio.

Ilumina la tarea educativa de los formadores del Seminario

para que creen un verdadero cen?culo donde el encuentro contigo

ayude a cada seminarista a configurar su coraz?n, de Buen Pastor, con el tuyo.

Que Santa Mar?a, Reina de los Ap?stoles, lleve de la mano a los seminaristas y sacerdotes

para que sean realmente gloria de la Iglesia y un verdadero don de Dios para el mundo.

Am?n

Les invito a dar gracias a Dios por nuestro Seminario (Mayor y Menor), por los seminaristas que all? se preparan, por todas las personas que con su dedicaci?n y entrega generosa trabajan en la formaci?n de los seminaristas, por las personas que colaboran con el Seminario con sus donativos y donaciones y por todos los sacerdotes que, a lo largo de m?s de cien a?os, se han formado all? y, una vez ordenados, han entregado su vida al servicio de los dem?s, es decir han sido y -los que a?n viven- siguen si?ndolo, ?un regalo de Dios para la Iglesia y la sociedad?.

De coraz?n les bendice y les desea la paz del Se?or,

? Bernardo? ?lvarez Afonso
? Obispo Nivariense?