Domingo, 20 de marzo de 2011

Homil?a de monse?or Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo em?rito de Resistencia, para la homil?a del 9? domingo durante el a?o (6 marzo 2011). (AICA)

EDIFICAR SOBRE LA ROCA????

Mt 7,21-27?

1. Hoy concluimos la lectura del Serm?n de la Monta?a, que venimos haciendo desde hace seis domingos. Del cap?tulo 7 de San Mateo leemos los vers?culos 21-27. La ense?anza de los restantes vers?culos la escuchamos en buena medida el a?o pasado, cuando le?mos San Lucas (domingos 7? y 8?). Sin embargo, conviene tener presente todo el cap?tulo 7, para tener completa la figura del disc?pulo, hijo de Dios Padre, propuesta a lo largo del Serm?n: a) ser ben?volo al juzgar al hermano (vv. 1-5); b) respetar las cosas sagradas (v.6); c) orar al Padre con esp?ritu filial (vv. 7-11); d) entrar por la puerta estrecha del bien (vv. 13-14); e) cuidarse de los falsos profetas (vv. 15-20).??

I. ?NO SON LOS QUE ME DICEN: ?SE?OR, SE?OR?
?SINO LOS QUE CUMPLEN LA VOLUNTAD DE MI PADRE??

2. A continuaci?n viene el p?rrafo mencionado, que cierra perfectamente el Serm?n, poniendo una vez m?s al disc?pulo en relaci?n ?ntima con Dios Padre: ?No son los que me dicen: ?Se?or, Se?or?, los que entrar?n en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que est? en el cielo? (Mt 7,21).

El disc?pulo de Jes?s, que desde el comienzo del Serm?n fue descrito como luz del mundo, cuyas obras han de brillar ante los hombres ?a fin de que ellos glorifiquen al Padre que est? en cielo? (Mt 5,16): cumple la voluntad del Padre. Para ello ha de poner en pr?ctica la ense?anza de Jes?s.

No basta conocerla con la mente. O confesarla con los labios. Es preciso llevarla a la pr?ctica. Sin ello, la invocaci?n de Dios en la liturgia se vuelve formalismo vac?o. Es lo que sucedi? con muchos hombres religiosos en tiempos de Jes?s. Por ello les ech? en cara: ??Hip?critas! Bien profetiz? de ustedes Isa?as, cuando dijo: ?Este pueblo me honra con los labios, pero su coraz?n est? lejos de m?. En vano me rinden culto: las doctrinas que ense?an no son sino preceptos humanos?? (Mt 15,7-9).

Nada m?s contrario al Evangelio que conocerlo y no vivirlo. Esto hace que no se lo entienda cabalmente. Incluso, el hecho de estar metido en cosas religiosas sin vivirlas de coraz?n, embota la mente y la incapacita para entenderlas de veras. Como dice Jes?s: ?Miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden? El coraz?n de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus o?dos y han cerrado sus ojos?? (Mt 13,13-15).

3. Jes?s insiste sobre la necesidad de poner en pr?ctica su palabra, y nos previene de no escudarnos en actividades religiosas, que tambi?n pueden ser hechas sin su esp?ritu: ?Muchos me dir?n en aquel d?a: ?Se?or, Se?or, ?acaso no profetizamos en tu Nombre? ?No expulsamos a los demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre??. Entonces yo les manifestar?: ?Jam?s los conoc?; ap?rtense de m?, ustedes, los que hacen el mal?? (Mt 7,22-23).??

II. ANUNCIAR A JES?S VIVO, ?O COMO UN PEDAZO DE MADERA??

4. A la luz de la severa amonestaci?n de Jes?s, conviene que nos preguntemos sobre el apostolado que realizamos en la Iglesia, tan variado, fatigoso, y, muchas veces, tan est?ril. Si bien la esterilidad puede provenir del rechazo del hombre moderno a la palabra de Dios, hemos de preguntarnos con humildad si no se deber?a tambi?n a que en la Iglesia estar?amos padeciendo el mismo drama que viv?a la religi?n jud?a en tiempos de Jes?s. Una religi?n para la cual Dios era una cosa, sublime, pero cosa al fin. Nos fatigamos hablando de religi?n, pero no mostramos con nuestro testimonio que Cristo puede cambiar nuestra vida. No se trata de hacer un serm?n en toda clase de teolog?a o de religi?n. Pero la teolog?a y religi?n que se imparte, como tambi?n la catequesis y la predicaci?n, deben mostrar el potencial transformador que tiene el Evangelio de Jes?s. Refiri?ndose a esta situaci?n, una religiosa me comentaba: ?Me enviaron a Italia a estudiar ciencias religiosas. Ven?an eminentes profesores. Pero muchos hablaban de Jes?s como si fuese un trozo de madera, con el que no sab?a qu? hacer. Por fortuna, descubr? otro instituto, y se me abri? el cielo, porque el Jes?s del que me hablaban era un Jes?s cre?do y amado, al que val?a la pena servir?.??

III. ?EL QUE ESCUCHA MIS PALABRAS Y NO LAS PRACTICA,
PUEDE COMPARARSE A UN HOMBRE INSENSATO??

5. El Serm?n de la Monta?a termina con la par?bola de dos hombres: uno sensato y otro insensato. El primero, que practica la palabra de Jes?s, construy? su casa sobre roca. El segundo, que no la practica, la construy? sobre arena. Cuando vino la tormenta, la primera qued? inc?lume. Con la segunda, en cambio, ?su ruina fue grande? (vv. 24-27).?

6. Jes?s nos da su palabra para practicarla. ?l no ense?a nada s?lo para acrecentar nuestros conocimientos religiosos. Si en el Serm?n de la Monta?a ense?a que Dios es nuestro Padre, es para que nos comportemos como hijos suyos, y, consecuentemente, como hermanos de todos los hombres. De all? que la exhortaci?n a practicar la Palabra est? siempre presente en la catequesis de los Ap?stoles: ?Pongan en pr?ctica la Palabra y no se contenten s?lo con o?rla, de manera que se enga?en a ustedes mismos. El que oye la Palabra y no la practica, se parece a un hombre que se mira en el espejo, pero enseguida se va y se olvida c?mo es? (St 1,22-24).?

Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo em?rito de Resistencia?


Publicado por verdenaranja @ 18:15  | Homil?as
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