Lunes, 21 de marzo de 2011

ZENIT? nos ofrece la homil?a que el Papa Benedicto XVI pronunci?el mi?rcoles 9 de Marzo de 2011?al presidir la Misa con imposici?n de la Ceniza, en la Bas?lica romana de Santa Sabina.

Queridos hermanos y hermanas

comenzamos hoy el tiempo lit?rgico de la Cuaresma con el sugerente rito de la imposici?n de las cenizas, a trav?s del cual queremos asumir el compromiso de convertir nuestro coraz?n hacia los horizontes de Gracia. En general, en la opini?n com?n, este tiempo corre el riesgo de ser connotado por la tristeza, por la oscuridad de la vida. En cambio, es un don precioso de Dios, es un tiempo fuerte y denso de significados en el camino de la Iglesia, es el itinerario hacia la Pascua del Se?or. Las lecturas b?blicas de la celebraci?n de hoy nos ofrecen indicaciones para vivir en plenitud esta experiencia espiritual.

?Volved a m? de todo coraz?n (Jl 2,12). En la primera lectura, tomada del libro del profeta Joel, hemos escuchado estas palabras con las que Dios invita al pueblo jud?o a un arrepentimiento sincero y no aparente. No se trata de un a conversi?n superficial y transitoria, sino m?s bien de un itinerario espiritual que tiene que ver profundamente con las actitudes de la conciencia y que supone un sincero prop?sito de arrepentimiento. El profeta parte de la plaga de la invasi?n de las langostas que se hab?a abatido sobre el pueblo destruyendo las cosechas, para invitar a una penitencia interior, a rasgarse el coraz?n y no las vestiduras (cfr 2,13). Se trata, por tanto, de poner en pr?ctica una actitud de conversi?n aut?ntica a Dios ? volver a ?l ?, reconociendo su santidad, su poder, su majestad. Y esta conversi?n es posible porque Dios es rico en misericordia y grande en el amor. La suya es una misericordia regeneradora, que crea en nosotros un coraz?n puro, renueva en el interior un esp?ritu firme, restituy?ndonos la alegr?a de la salvaci?n (cfr Sal 50,14). Dios, de hecho, no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (cfr Ez 33,11). As? el profeta Joel ordena, en nombre del Se?or que se cree un ambiente penitencial propicio: es necesario sonar la trompeta, convocar la reuni?n, despertar las conciencias. El periodo cuaresmal nos propone este ?mbito lit?rgico y penitencial: un camino de cuarenta d?as donde experimentar de modo eficaz el amor misericordioso de Dios. Hoy resuena para nosotros la llamada ?Volved a mi con todo el coraz?n?; hoy somos nosotros los llamados a convertir nuestro coraz?n a Dios, conscientes siempre de no poder llevar a cabo nuestra conversi?n nosotros solos, con nuestras fuerzas, porque es Dios quien nos convierte. ?l nos ofrece una vez m?s su perd?n, invit?ndonos a volver a ?l para darnos un coraz?n nuevo, purificado del mal que lo oprime, para hacernos tomar parte en su alegr?a. Nuestro mundo necesita ser convertido por Dios, necesita de su perd?n, de su amor, necesita un coraz?n nuevo.

?Dejaos reconciliar con Dios? (2Cor 5,20). En la segunda lectura, san Pablo nos ofrece otro elemento en el camino de la conversi?n. El Ap?stol invita a quitar la mirada de ?l y a dirigir en cambio la atenci?n hacia quien le ha enviado y hacia el contenido del mensaje que trae: ?Nosotros somos, por tanto, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por medio nuestro. Por eso, os suplicamos en nombre de Cristo: Dejaos reconciliar con Dios? (ibid.). Un embajador repite lo que ha o?do pronunciar a su Se?or y habla con la autoridad y dentro de los l?mites que ha recibido. Quien desempe?a el oficio de embajador no debe atraer el inter?s sobre s? mismo, sino que debe ponerse al servicio del mensaje que tiene que transmitir y de quien le ha mandado. As? act?a san Pablo al desempe?ar su ministerio de predicador de la Palabra de Dios y de Ap?stol de Jesucristo. ?l no se echa atr?s frente a la tarea recibida, sino que la lleva a cabo con dedicaci?n total, invitando a abrirnos a la Gracia, a dejar que Dios nos convierta: ?Y porque somos sus colaboradores ? escribe ?, os exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios? (2Cor?6,1). ?Ahora bien, la llamada de Cristo a la conversi?n ? nos dice el Catecismo de la Iglesia Cat?lica ? sigue resonando en la vida de los cristianos. [...]es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia que 'recibe en su propio seno a los pecadores' y que siendo 'santa al mismo tiempo que necesitada de purificaci?n constante,busca sin cesar la penitencia y la renovaci?n' (LG 8). Este esfuerzo de conversi?n no es s?lo una obra humana. Es el movimiento del 'coraz?n contrito' (Sal 51,19), atra?do y movido por la gracia (cf Jn 6,44; 12,32) a responder al amor misericordioso de Dios que nos ha amado primero (cf 1 Jn 4,10)? (n. 1428). San Pablo habla a los cristianos de Corinto, pero a trav?s de ellos pretende dirigirse a todos los hombres. Todos de hecho tienen necesidad de la gracia de Dios, que ilumine la mente y el coraz?n. Y el Ap?stol a?ade: ?Este es el tiempo favorable, este es el d?a de la salvaci?n? (2Cor 6,2). Todos pueden abrirse a la acci?n de Dios, a su amor; con nuestro testimonio evang?lico, los cristianos debemos ser un mensaje viviente, al contrario, en muchos casos somos el ?nico Evangelio que los hombres de hoy leen a?n. Esta es nuestra responsabilidad, tras las huellas de san Pablo, he ah? un motivo m?s para vivir bien la Cuaresma: ofrecer el testimonio de la fe vivida a un mundo en dificultad que necesita volver a Dios, que tiene necesidad de conversi?n.

?Tened cuidado de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos? (Mt?6,1). Jes?s, en el Evangelio de hoy, relee las tres obras fundamentales de piedad previstas por la ley mosaica. La limosna, la oraci?n y el ayuno caracterizan al jud?o observante de la ley. Con el paso del tiempo, estas prescripciones hab?an sido manchadas por la herrumbre del formalismo exterior, o incluso se hab?an transformado en un signo de superioridad. Jes?s pone en evidencia en estas tres obras de piedad una tentaci?n com?n. Cuando se realiza algo bueno, casi instintivamente nace el deseo de ser estimados y admirados por la buena acci?n, de tener una satisfacci?n. Y esto, por una parte nos cierra en nosotros mismos, y por la otra nos saca de nosotros mismos, porque vivimos proyectados hacia lo que los dem?s piensan de nosotros y admiran en nosotros. Al volver a proponer estas prescripciones, el Se?or Jes?s no pide un respeto formal a una ley extra?a al hombre, impuesta por un legislador severo como una carga pesada, sino que nos invita a redescubrir estas tres obras de piedad vivi?ndolas de modo m?s profundo, no por amor propio sino por amor de Dios, como medios en el camino de conversi?n a ?l. Limosna, oraci?n y ayuno: es el trazado de la pedagog?a divina que nos acompa?a, no solo en Cuaresma, hacia el encuentro con el Se?or Resucitado; un trazado que recorrer sin ostentaci?n, en la certeza de que el Padre celeste sabe leer y ver tambi?n en el secreto de nuestro coraz?n.

Queridos hermanos y hermanas, comencemos confiados y gozosos este itinerario cuaresmal. Cuarenta d?as nos separan de la Pascua; este tiempo ?fuerte? del a?o lit?rgico es un tiempo propicio para atender, con mayor empe?o, a nuestra conversi?n, para intensificar la escucha de la Palabra de Dios, la oraci?n y la penitencia, abriendo el coraz?n a la d?cil acogida de la voluntad divina, para una pr?ctica m?s generosa de la mortificaci?n, gracias a la cual ir m?s ampliamente en ayuda del pr?jimo necesitado: un itinerario espiritual que nos prepara a revivir el Misterio Pascual.

Que Mar?a, nuestra gu?a en el camino cuaresmal, nos conduzca a un conocimiento cada vez m?s profundo de Cristo, muerto y resucitado, nos ayude en el combate espiritual contra el pecado, nos sostenga al invocar con fuerza: Converte nos, Deus salutaris noster ? Convi?rtenos a Ti, oh Dios, nuestra salvaci?n?. ?Amen!

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:50  | Habla el Papa
 | Enviar