Viernes, 01 de abril de 2011

ZENIT? nos?ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?, a los miembros de la Asociaci?n Nacional de Ayuntamientos Italianos (ANCI), recibi?ndolos en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apost?lico, el?s?bado, 12 de Marzo de 2011.

?Ilustre se?ores alcaldes!

Os dirijo mi cordial saludo a todos vosotros y estoy agradecido por vuestra presencia, vinculada a una tradici?n consolidada en el tiempo, como lo testimonian las audiencias concedidas por el Venerable Juan Pablo II y por los Pont?fices precedentes y como ha recordado el Presidentes de la Asociaci?n, al que agradezco sus bellas palabras llenas de realismo, pero tambi?n de poes?a y belleza, con las que ha presentado nuestro encuentro. Este hecho atestigua el particular v?nculo que existe entre el Papa, Obispo de Roma y Primado de Italia y la Naci?n Italiana, cuya variada multitud de ciudades y pueblos constituyen una de sus caracter?sticas.

La primera idea que me viene a la mente en el encuentro con los Representantes de la Asociaci?n Nacional de Ayuntamientos de Italia, es la del origen de los ayuntamientos, expresiones de una comunidad que se re?ne, dialoga y proyecta unida, una comunidad de creyentes que celebra la Liturgia del domingo, y despu?s se reencuentra en las plazas de las antiguas ciudades o, en el campo, ante la peque?a iglesia del pueblo. Tambi?n un poeta italiano, Carducci, en una oda sobre la gente de Carnia: ?del com?n la r?stica virtud/ Acampada en la opaca amplia frescura/Veo, en la temporada del pasto /Tras la misa, el d?a de la fiesta...?. Est? viva siempre, tambi?n hoy, la necesidad de vivir en una comunidad fraterna donde, por ejemplo, parroquia y ayuntamiento sean, a la vez, art?fices de un modus vivendi justo y solidario, incluso en medio de todas las tensiones y sufrimientos de la vida moderna. La multitud de los individuos, de las situaciones no son contradictorias a la unidad de la Naci?n, que recordamos ahora por su 150 aniversario, que estamos celebrando. Unidad y pluralismo son, a distintos niveles, inclusive el eclesiol?gico, dos valores que se enriquecen mutuamente, si son considerados en un equilibrio justo y rec?proco. Dos principios que permiten esta coexistencia armoniosa entre la unidad y la pluralidad son los de la subsidiaridad y solidaridad, t?picos de la ense?anza social de la Iglesia. Esta doctrina social tiene como objetivo que la verdad no pertenece s?lo al patrimonio del creyente sino que es racionalmente accesible para todo el mundo. Sobre estos principios me he detenido tambi?n en la Enc?clica Caritas in Veritate, donde el principio de subsidiaridad est? considerado como ?expresi?n de la libertad humana inalienable?. De hecho, ?La subsidiaridad es ante todo una ayuda a la persona, a trav?s de la autonom?a de los cuerpos intermedios. Dicha ayuda se ofrece cuando la persona y los sujetos sociales no son capaces de valerse por s? mismos, implicando siempre una finalidad emancipadora, porque favorece la libertad y la participaci?n a la hora de asumir responsabilidades?, (n? 57).

Como tal ??es un principio particularmente adecuado para gobernar la globalizaci?n y orientarla hacia un verdadero desarrollo humano? (ibid). ?El principio de subsidiaridad debe mantenerse ?ntimamente unido al principio de la solidaridad y viceversa, porque as? como la subsidiaridad sin la solidaridad desemboca en el particularismo social, tambi?n es cierto que la solidaridad sin la subsidiaridad acabar?a en el asistencialismo que humilla al necesitado?, (n? 58). Estos principios son aplicados a nivel municipal, en un doble sentido: en la relaci?n con las instancias p?blicas estatales, regionales y provinciales, as? como en las que las autoridades municipales tienen con los cuerpos sociales y las formaciones intermedias presentes en el territorio. Estas ?ltimas desarrollan actividades de relevante utilidad social, siendo defensoras de la humanizaci?n y de la socializaci?n, especialmente dirigidas a los marginados y necesitados. Entre ellas se abarcan numerosas realidades eclesiales, las parroquias, los oratorios, las casas religiosas, los institutos cat?licos de educaci?n y de asistencia. Auguro que estas preciosas actividades encuentren siempre un apoyo y aprecio adecuado, tambi?n en t?rminos de financiaci?n.

Con este prop?sito, deseo afirmar que la Iglesia no pide privilegios, sino el poder desarrollar libremente su misi?n, como exige un efectivo respeto a la libertad religiosa. Esta consiente en Italia la colaboraci?n que existe entre la comunidad civil y la eclesial. Sin embargo, en otros pa?ses las minor?as cristianas son a menudo v?ctimas de discriminaciones y de persecuciones. Deseo expresar mi aprobaci?n a la moci?n del 3 de febrero de 2011, aprobada por la unanimidad de vuestro Consejo Nacional, con la invitaci?n a sensibilizar a los Ayuntamientos adheridos a la Asociaci?n con respecto a estos fen?menos y reafirmando al mismo tiempo, ?el car?cter innegable de la libertad religiosa como fundamento de la convivencia libre y pac?fica entre los pueblos?.

Adem?s querr?a destacar la importancia del tema de la ?ciudadan?a?, que hab?is colocado en el centro de vuestros trabajos. Sobre este tema la Iglesia est? desarrollando una rica reflexi?n, sobre todo a partir del Convenio Eclesial de Verona, en cuanto a que la ciudadan?a constituye uno de los ?mbitos fundamentales de la vida y de la convivencia de las personas. Tambi?n el pr?ximo Congreso Eucar?stico Nacional de Ancona dedicar? una jornada a este tema tan importante, jornada a la que han sido oportunamente invitados , como se ha dicho, todos los alcaldes italianos.

Hoy la ciudadan?a se coloca en el contexto de la globalizaci?n, que se caracteriza, entre otras cosas, por los flujos migratorios. Frente a esta realidad, como lo he recordado antes, es necesario saber conjugar la solidaridad y el respeto a las leyes, de manera que no se vea afectada la convivencia social y se tengan en cuenta los principios de derecho y las tradiciones culturales y tambi?n religiosas en las que tiene su origen la Naci?n italiana. Esta necesidad se hace notar especialmente para vosotros, que como administradores locales est?is m?s cercanos a la vida cotidiana de la gente.

A vosotros se os exige siempre una especial dedicaci?n en el servicio p?blico que ofrec?is a los ciudadanos, para ser promotores de la colaboraci?n, de la solidaridad y de la humanidad. La historia nos ha dejado el ejemplo de Alcaldes que con su prestigio y su compromiso han marcado la vida de las comunidades: usted ha recordado justamente la figura de Giorgio La Pira, cristiano ejemplar y apreciado administrador p?blico. ?Siga esta tradici?n trayendo frutos para el bien del Pa?s y de sus ciudadanos! Por esto os aseguro mi oraci?n y os exhorto, ilustres amigos, a confiar en el Se?or, porque -como dice el Salmo- ?Si el Se?or no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas? (127,1).

Invocando la maternal intercesi?n de la Virgen Mar?a, venerada por el pueblo italiano en sus tantos santuarios, lugares de espiritualidad, de arte y de cultura, y de los santos Patrones Francisco de As?s y Catalina de Siena, os bendigo a todos vosotros y a vuestros colaboradores y de la entera naci?n italiana.

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:01  | Habla el Papa
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