Mi?rcoles, 06 de abril de 2011

Mensaje de monse?or Mart?n de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio, en el tiempo de Cuaresma (marzo de 2011). (AICA)

LA RESURRECCI?N DE JES?S EN LA VIDA DEL CRISTIANO PENSAR EL COMPROMISO BAUTISMAL???????????????

??Con Cristo han sido sepultados en el Bautismo,
?con ?l tambi?n han resucitado? (cf. Col 2, 12)?

Queridos sacerdotes y di?conos,
religiosos y religiosas,
hermanos y hermanas:?

La cita del Ap?stol San Pablo, con que el Papa Benito XVI comienza su mensaje para la Cuaresma 2011, nos recuerda la centralidad del misterio bautismal. El Bautismo procede de la muerte, sepultura y resurrecci?n de Jes?s, y por ?l, nosotros mismos morimos con Cristo, somos sepultados a toda forma de pecado y resucitamos a una vida nueva. El Bautismo ha sido entregado a la Iglesia, para que, conferido a los fieles, como fruto y resultado de la llamada misionera a difundir el Evangelio, haga disc?pulos en todos los tiempos y lugares. La celebraci?n pascual, incluyendo la prolongada preparaci?n del tiempo de Cuaresma, con su poderoso simbolismo bautismal, nos pone cada a?o, en estas fechas tan centrales del A?o lit?rgico, en el n?cleo de la fe de la Iglesia: el Hijo de Dios dio su vida por nosotros, y nos ha incorporado a su pueblo y familia, a su Cuerpo, haci?ndonos hijos de Dios, y llam?ndonos a la vida eterna, junto al Padre. En esta reflexi?n, que les ofrezco calurosamente como una invitaci?n dirigida a todos ustedes, seguir? algunas de las l?neas de pensamiento que el Papa nos propone en su mensaje cuaresmal, disponi?ndolas en cuatro pasos o momentos, que nos llevan desde la fe recibida y la conversi?n a la comuni?n de santidad en la Iglesia, que es esperanza y anticipo de la vida eterna. Pues esta es la vocaci?n del cristiano: llamado en esta vida a ser disc?pulo y seguidor de Jes?s, para transformar el mundo con su generosidad y su testimonio, de esa manera debe anticipar y difundir la felicidad verdadera, la misma que, en verdad, solo podremos alcanzar en plenitud cuando seamos admitidos al Reino de Dios. Estamos presentes en el mundo, somos responsables de nuestros hermanos, pero destinados a una realidad m?s plena y perfecta, la vida divina, que ya nos ha sido dada por los misterios que celebramos en la Iglesia.

Quisiera poder expresar con claridad y sencillez la profundidad del misterio que celebramos, participando en la liturgia (1). Cuanto recordamos con fe en este tiempo santo, no es una piadosa recordaci?n solamente; nosotros hacemos con el Se?or Jes?s este mismo camino, que ?l asumi? por amor. El pecado es nuestro, como es nuestra la limitaci?n de la voluntad y la pobreza de los deseos y prop?sitos. De all? procede la cruz que Jes?s carg?, y que a nosotros nos cuesta tanto llevar, como si se tratara de algo impuesto y no de la consecuencia del pecado que hemos cometido. La Pascua de Jes?s redime nuestra condici?n humana (2), vence el pecado del mundo, restablece la armon?a de la creaci?n entera y da paz a los corazones, y ese anhelo, escrito misteriosamente en nuestro interior, nos confirma en la b?squeda de Dios y nos introduce en la conversi?n de vida? - la muerte y sepultura a todo lo que nos separa del Bien. El Bautismo (3) nos otorga la vida divina y nos incorpora a la Iglesia, a la comunidad de amor congregada en torno del Resucitado, de quien las palabras y los gestos, las ense?anzas y los milagros que acompa?aron su vida en la tierra, son reconocidos ahora en la perspectiva de la eternidad, en la dimensi?n de la salvaci?n. Y as? llegamos a la Resurrecci?n, presente en la fe por la acci?n del Esp?ritu Santo (4), quien nos acompa?a en la peregrinaci?n terrena hasta llegar a la eternidad bendita, que entrevemos en la liturgia que celebramos y anticipamos en la esperanza con que esperamos ser recibidos en el Reino.??

Estos cuatro momentos de nuestro camino cristiano, lit?rgico, creyente, de comuni?n y de esperanza, son el programa que nos propone la Cuaresma, para alcanzar con gozo y con fruto la Pascua del Se?or Resucitado.?

1. LA LITURGIA PASCUAL?

?La comunidad eclesial, asidua en la oraci?n y en la caridad operosa, mientras mira hacia el encuentro definitivo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificaci?n en el esp?ritu, para obtener con m?s abundancia del misterio de la redenci?n la vida nueva en Cristo Se?or? (S. S. Benito XVI: Mensaje para la Cuaresma 2011, Intr..)?

Durante el A?o lit?rgico la Iglesia celebra ?con un sagrado recuerdo la obra salv?fica? del Se?or Jes?s, y ?cada semana, en el d?a que llam? ?del Se?or?, conmemora su Resurrecci?n, que una vez al a?o celebra, junto con su santa Pasi?n, en la m?xima solemnidad de la Pascua? (Conc. Vaticano II: Const. Sacrosanctum Concilium, 102). La celebraci?n pascual es el centro hacia el cual confluye el culto lit?rgico, pues as? como la Resurrecci?n gloriosa de Jes?s, con la ense?anza del Esp?ritu, da una ?mayor comprensi?n? de los hechos y dichos del Se?or (cfr. Const. Dei Verbum, 19), el acontecimiento pascual, celebrado en la Iglesia con fe, ilumina los misterios, fundamenta el seguimiento de los disc?pulos y los sostiene en la esperanza. ?La misi?n de Jes?s se cumple finalmente en el misterio pascual: aqu? nos encontramos ante el ?Mensaje de la cruz? (1 Co 1, 18)? (S. S. Benito XVI: Exh. apost. Verbum Domini, 12)

Desde el comienzo de la Cuaresma se escucha la llamada a la conversi?n y se trasmiten las ense?anzas de Jes?s y su invitaci?n a conformar la propia vida a la condici?n de ciudadanos del Reino. La dura experiencia del desierto ?los cuarenta a?os del ?xodo del pueblo jud?o, en busca de la libertad en la Tierra prometida?, que tiene su paralelo con el retiro de Jes?s en el monte durante cuarenta d?as (Mt 4, 1-11; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13), no es una prueba solamente, ni un castigo, es expresi?n de un deseo, de una b?squeda ardiente, y a la vez ejercicio siempre renovado de fidelidad y de perseverancia. En el t?rmino de la misma se encuentra la esperanza luminosa del encuentro con Dios, que es Padre, como el hijo pr?digo que, despu?s de abandonar su casa y su herencia, las recupera acrecentadas, y su dolor se transforma en gozo (cf Lc 15, 11-32).

La celebraci?n cuaresmal, con su ritmo catequ?stico, sus estaciones en el proceso bautismal de incorporaci?n a la Iglesia, que cada alma cristiana es invitada a recorrer nuevamente, a?o tras a?o, adquiere su sentido m?s pleno con la espl?ndida riqueza de la Vigilia pascual. Recordemos algunos pasos de la liturgia de esa Noche santa, que corona la espera y da raz?n del esfuerzo realizado:

El simbolismo del fuego, del agua y de la luz,

la consagraci?n del tiempo ?por la inscripci?n del a?o corriente en el cirio mismo, con un rito sobrio y sugestivo?, incorporado a la dimensi?n eterna de la salvaci?n,

la s?ntesis tan rica y variada de la Revelaci?n ofrecida en el ciclo de las lecturas de esa noche y que son introducidas con la alabanza del Preg?n pascual, el Exsultet.

La densidad eclesial de esta Noche se sella finalmente con la bendici?n del agua bautismal ?unida a la invocaci?n de los santos? y la aspersi?n,

la renovaci?n de las promesas,

y, en fin, la participaci?n en la Eucarist?a que nos establece en la comuni?n con el misterio y con los hermanos de la Iglesia de todo el mundo, con quienes compartimos la fe y la celebraci?n.

Esta visi?n completa que une lo celestial y lo terreno da sentido a las pr?cticas penitenciales de la Cuaresma. Estas no son solamente ejercicios asc?ticos, - significativos s?, pero que estar?amos equivocados si los vi?ramos como algo privado, malinterpretando la ense?anza de Jes?s sobre la humildad de los que hacen penitencia y ejercen la misericordia. Ellos son los pasos que vamos dando, todos los miembros de la Iglesia, para establecer el reinado de Cristo y su evangelio de caridad, para transformar el mundo y convertirlo a la santidad. La celebraci?n pascual es mucho m?s que la explosi?n de la alegr?a despu?s de la tentaci?n y la prueba, como una reacci?n humana elemental: es el Gran Anuncio, que la liturgia repite varias veces esa noche, ??El Se?or ha resucitado!? ?El mundo ya no es lo que era, oscurecido por el pecado; los hombres hemos recibido la vida y la libertad. La cruz es se?al de redenci?n, y la misericordia que procede del amor de Dios se expresa en ese madero, instrumento de dolor y muerte pero hecho llave para abrir las puertas de la eternidad. La persecuci?n que muchos cristianos, hermanos nuestros, sufren en este tiempo en diversos pa?ses, es una manifestaci?n del poder del amor, de la fuerza de la vida que resiste y vence a la muerte. Deber?amos avergonzarnos por una mortificaci?n cuaresmal corta y t?mida, cuando estos hermanos ofrendan sus bienes, su futuro, hasta la vida, por fidelidad a Cristo. Son combates, que parecen concluir en derrota, porque es la lucha de los pobres y de los d?biles e inocentes, pero en realidad terminan en la victoria luminosa de la Pascua, que con alegr?a y esperanza celebramos en la Vigilia de la Resurrecci?n.?

La riqueza del Misterio, la abundancia inconmensurable de su significado y la confianza que ponemos en su fruto, deben ser para los ministros sagrados un est?mulo para celebrar con dignidad y respeto. Hemos de resaltar los distintos aspectos, procurando acercar a los fieles a su comprensi?n, para que lleguen a consumar la vivencia cuaresmal en la Pascua, y prolongar esta Solemnidad de solemnidades en el resto del a?o, especialmente con la participaci?n eucar?stica en el D?a del Se?or. Para ello, invito muy encarecidamente a los P?rrocos y dem?s sacerdotes a ofrecer a los fieles de nuestras parroquias y comunidades oportunidades para participar diariamente en la Santa Misa, y para acercarse al sacramento de la Reconciliaci?n, as? como propuestas formativas (conferencias, cursos, lecturas) y de piedad (adoraci?n, celebraciones, V?a crucis, visitas a los templos).?

2. LA ASPIRACI?N POR EL BIEN?

?S?lo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza. S?lo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, ?hasta que descanse en Dios?, seg?n las c?lebres palabras de San Agust?n? (ib., 2)?

La b?squeda de la paz encierra todas las aspiraciones del hombre, centradas en procurar el Bien, un bien que no sea parcial ni fr?gil, ni escaso y perecedero, sino que sea pleno y estable, s?lido y abarcante, y que otorg?ndonos la serenidad y la paz que esperamos, no provoque la envidia ni cause da?o alguno a los dem?s, ni a nosotros nos haga caer en el ego?smo y la indiferencia o nos mantenga en el temor de su p?rdida. Esa paz, que nos conduce y nos protege en el verdadero descanso, es la que orient? la vida de los grandes santos, y fue cuando llegaron a Dios que la encontraron. La traves?a cuaresmal refleja tambi?n las condiciones de la existencia, que vivida sin Dios se convierte en un camino sin esperanza. El proyecto asc?tico, la orientaci?n hacia Dios, la enmienda de aquello que est? mal en nuestra vida, todo lo que es propio del itinerario cuaresmal, se traslada, en la lectura de la historia que hace la tradici?n cristiana, tambi?n a los ?mbitos de la experiencia humana. Esta aspiraci?n, que incluso puede ignorarse a s? misma, refleja la b?squeda secreta del alma y nos va acercando, en un ascenso humilde pero constante, que es ya un fruto de la gracia de Dios. ?El hombre ha sido creado en la Palabra y vive en ella; no se entiende a s? mismo si no se abre a este di?logo. La Palabra de Dios revela la naturaleza filial y relacional de nuestra vida?, escribe el Papa en la ya mencionada Exhortaci?n apost?lica Verbum Domini, y prosigue: ?En este di?logo con Dios nos comprendemos a nosotros mismos y encontramos respuesta a las cuestiones m?s profundas que anidan en nuestro coraz?n. La Palabra de Dios, en efecto, no se contrapone al hombre, ni acalla sus deseos aut?nticos, sino que m?s bien los ilumina, purific?ndolos y perfeccion?ndolos. Qu? importante es descubrir en la actualidad que s?lo Dios responde a la sed que hay en el coraz?n de todo ser humano? (22-23).

Esta nueva apolog?tica, que ilustra admirablemente una reciente publicaci?n de los obispos de Italia: Carta a los que buscan a Dios (Buenos Aires, San Pablo, 2010), muestra como desde los interrogantes que unen a todos los hombres en su desconcierto (felicidad y sufrimiento, amor y faltas, trabajo y fiesta, justicia y paz), se puede llegar a enfrentar positivamente el desaf?o de Dios, alimentar una esperanza y descubrir en la Iglesia la respuesta que el mundo necesita y tanto le cuesta alcanzar. El momento lit?rgico para enunciar esta b?squeda es justamente el tiempo que ahora estamos viviendo: por la Cuaresma, con sus dudas y sequedades, con la soledad que sufri? el mismo Jes?s, que cuestion? hasta el sentido de su muerte, llegando a la hondura del abandono (cf Mt 27, 46; Sal 21, 2), alcanzamos la plenitud pascual.?

No desaprovechemos la oportunidad que nos ofrece la Pascua para recordar a los que est?n agobiados y tristes, cansados y en b?squeda. Cristo muri? por todos y es ?l quien transforma nuestro dolor en alegr?a, porque ha cargado con nuestros pecados. La Pascua es celebraci?n de la fe de quienes confesamos que el Se?or ha resucitado, y es anuncio de esperanza, invitaci?n y propuesta para quienes est?n lejos o creen imperfectamente, pero est?n tambi?n redimidos por el sacrificio del Hijo de Dios. Acompa?emos la pastoral de este tiempo con iniciativas que ayuden a abrir la difusi?n del mensaje a todos los sectores, convencidos que en el Evangelio est? la respuesta a su b?squeda, y sepamos trasmitir la certeza que la Pascua aporta la vida, la luz y la alegr?a al mundo. En la gran llamada? a la Misi?n continental este aspecto es sumamente importante.?

3. EL BAUTISMO?

?Al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Se?or de nuestra vida, la vida que Dios nos comunic? cuando renacimos ?del agua y del Esp?ritu Santo?, y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acci?n de la Gracia para ser sus disc?pulos? (ib., 2)?

La Noche pascual participamos en una liturgia bautismal. En ella se impart?a antiguamente, y se hace todav?a, el Bautismo a los catec?menos, al t?rmino de su camino de preparaci?n espiritual y en la fe; los fieles renuevan las promesas bautismales. Es como un nuevo comienzo, con la inocencia recuperada, los prop?sitos fortalecidos, reafirmada la comuni?n de la Iglesia. Por eso tambi?n la Cuaresma y la Pascua son ocasi?n para reflexionar

sobre el v?nculo entre la gracia de la llamada y la conversi?n,

entre la conversi?n (cambio de vida) y la entrada en la Iglesia por el Bautismo,

entre la ascripci?n (el sello) sacramental y la continuidad de la respuesta, participando en la santidad y en la misi?n de la Iglesia.

Reconocemos que la preparaci?n para el Bautismo de los ni?os que se ofrece a los padres y familiares es, desgraciadamente, muy insuficiente. Es al conjunto de la comunidad cristiana a quienes debemos dirigir, con renovada diligencia, con modos apropiados, pero sobre todo con una profunda fe, que sea de verdad contagiosa e inspiradora, la llamada a la responsabilidad que ella en su conjunto contiene. Responsabilidad de la comunidad, no temamos afirmarlo y reiterarlo siempre, y dentro de ella, en cada familia, de los padres y madres, los abuelos, los hermanos, los amigos, para que la motivaci?n que los lleva a pedir el Bautismo sea la adecuada y sostenida con firmeza, y as? encuentren estos ni?os y ni?as en sus hogares y en su medio la asistencia para su fe y se preparen para recibir, en su tiempo, los dem?s sacramentos de la iniciaci?n cristiana, la Confirmaci?n y la Eucarist?a. Las celebraciones pascuales son, dec?amos, una oportunidad para hacerlo, recordando el sentido del sacramento y las condiciones para recibirlo con fruto, as? como los compromisos asumidos.

Un aspecto muy importante es poner de relieve la dimensi?n eclesial del Bautismo (y por eso, tambi?n de los dem?s sacramentos), evitando una presentaci?n individualista o privada, la cual excluir?a desde el mismo comienzo la responsabilidad de una respuesta participada en la vida de la comunidad, y que tiene en la liturgia, especialmente del Domingo, su manifestaci?n m?s significativa, con el Pueblo de Dios rodeando el altar del sacrificio pascual.?

Por el Bautismo fuimos sepultados con Cristo, y resucitamos con ?l; este acontecimiento maravilloso tiene en la Pascua de cada a?o, y en la Pascua semanal del D?a del Se?or, su actualizaci?n por la liturgia. No es un hecho puntual y que permanece aislado, separado de nuestra respuesta, indiferente al tenor de vida del cristiano, sino que debe ser hecho presente constantemente. Juntamente con la ilustraci?n por la homil?a lit?rgica de lo que estamos celebrando en estos d?as, cuando nos encontramos en la administraci?n del mismo sacramento del Bautismo y su preparaci?n, ser? necesario establecer con claridad el v?nculo entre la fe y el sacramento, entre la pertenencia y la respuesta en la pr?ctica.?

4. LA RESURRECCI?N Y LA PRESENCIA DEL ESP?RITU SANTO?

?En s?ntesis, el itinerario cuaresmal, en el cual se nos invita a contemplar el misterio de la cruz, es?? ?hacernos semejantes a Cristo en su muerte? (cf. Filip 3, 10), para llevar a cabo una conversi?n profunda de nuestra vida: dejarnos transformar por la acci?n del Esp?ritu Santo como San Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisi?n nuestra existencia seg?n la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro ego?smo, superando el instinto de dominio sobre los dem?s y abri?ndonos a la caridad de Cristo? (ib., 3)?

La continuidad de la vida bautismal se realiza por la asistencia del Esp?ritu divino, Esp?ritu de santidad, que es el alma de la Iglesia y habita por la gracia en los corazones de los fieles. Es el Esp?ritu el que nos lleva a invocar a Dios, llam?ndolo ?Padre! (cfr. Rom 8, 15), y? es el que nos permite seguir el camino que Jes?s nos ense?a para ser verdaderos adoradores del Padre. Esa adoraci?n, en Esp?ritu y en verdad, solamente alcanzar? su plenitud en el cielo, del cual la liturgia terrenal es imagen y anticipo. La Pascua nos otorga la gracia de adelantar, en la experiencia de esta Noche, la celebraci?n definitiva, y al mostrarnos este signo que la manifiesta, nos invita a avivar en nosotros la certeza de la vida eterna, a orientarnos ya, aqu? en la tierra, no hacia metas caducas, sino hacia el encuentro del Bien, verdadero y definitivo. Es la dimensi?n escatol?gica; nos la proporciona la comuni?n del Esp?ritu Santo, y ella debe estar siempre presente en nuestro peregrinar, para no caer en el temporalismo y ahogarnos en la inmediatez. Pero esta visi?n no impide el esfuerzo por cambiar el mundo, al contrario, lo inspira con la verdad de lo definitivo, y as? podemos ofrecer a nuestros hermanos el tesoro m?s valioso para el coraz?n del hombre, el encuentro con Dios.

Igualmente, la presencia del Esp?ritu Santo da fecundidad a la celebraci?n de los misterios y a la oraci?n lit?rgica. Justamente a partir de la festividad pascual, como centro de la participaci?n en el acontecimiento salv?fico de la Resurrecci?n, cada Eucarist?a y todas nuestras celebraciones, la adoraci?n, la alabanza, la s?plica y la acci?n de gracias, se inspiran y se nutren de la Pascua, y trasmiten en armon?a y comuni?n los dones de la santidad por el sacrificio de Cristo y su Resurrecci?n.

La importancia del lugar que ocupa la Palabra inspirada en la liturgia es tambi?n indicativa de la centralidad de la misma, para la fe del creyente, para el ordenamiento y desarrollo de su vida, para el conocimiento de Jes?s y la escucha de su mensaje. Esta inspiraci?n, obra del Esp?ritu Santo, hace que la Palabra sea desde siempre y por siempre ense?anza y gu?a, y que la atenci?n que le presta la Iglesia es constitutiva de su ser y de su obrar, y la conduce en sus acciones y objetivos. Como ense?a el Santo Padre: ?Cuanto m?s sepamos ponernos a disposici?n de la Palabra divina, tanto m?s podremos constatar que el misterio de Pentecost?s est? vivo tambi?n hoy en la Iglesia de Dios. El Esp?ritu del Se?or sigue derramando sus dones sobre la Iglesia para que seamos guiados a la verdad plena, devel?ndonos el sentido de las Escrituras y haci?ndonos anunciadores cre?bles de la Palabra de salvaci?n el mundo? (Verbum Domini, 123).??

Atendamos siempre a la condici?n pneum?tica (es decir, espiritual) de la Iglesia, confiando que la asistencia del Esp?ritu, con la riqueza de sus dones, ha de acompa?arla siempre, y que la presencia divina, por una liturgia celebrada con veneraci?n y con un coraz?n abierto, alimente y forme por medio de la Palabra anunciada y que, recibida con unci?n, conduzca a sus fieles a la uni?n con Dios, que es la santidad.?

Queridos hermanos y hermanas:

En una de las celebraciones eucar?sticas de la Cuaresma, la Iglesia nos propone como lectura evang?lica el pasaje que refiere la pregunta de los disc?pulos del Bautista a Jes?s: ??Por qu? nosotros y los fariseos ayunamos mucho mientras que tus disc?pulos no ayunan??. Y el Se?or les responde con un argumento que a nosotros nos puede resultar extra?o, de dif?cil comprensi?n, pero es sumamente elocuente: ??Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo est? con ellos? Llegar? el momento en que el esposo les ser? quitado, y entonces ayunar?n? (Mt 9, 14-15). La inclusi?n de este pasaje en la liturgia cuaresmal, en primer lugar, significa que la mortificaci?n de este tiempo, para el cristiano, adem?s de la dimensi?n penitencial, correctiva y reparadora, proviene tambi?n de una actitud de espera, o mejor, de esperanza, de un deseo intenso de encontrarse con el Se?or. En su ausencia fomentamos ese deseo, que la privaci?n de su presencia hace doloroso, pero cuando lo encontramos, cuando nos reunimos con ?l, entonces celebramos con alegr?a, y dejamos atr?s las penas y las angustias. En este sentido, la Cuaresma nos prepara para la gran alegr?a pascual, y la eclosi?n de j?bilo de la liturgia de la Resurrecci?n expresa, en el lenguaje de los s?mbolos, que hemos llegado a la meta esperada.

Con esa misma y profunda esperanza nos acercamos a la celebraci?n de la Pascua. Renovemos en nosotros la confianza de Mar?a Sant?sima, la alegr?a de los ap?stoles, la fidelidad de los dem?s disc?pulos, para que los frutos de la Resurrecci?n nos permitan anunciar con valent?a y constancia el Evangelio, y trasmitir a todos los hermanos el mensaje de salvaci?n. Especialmente en este tiempo de la Misi?n Continental reiteramos nuestro prop?sito de ser fieles a las ense?anzas del maestro, para decir a todos las maravillas del Se?or.? Que Dios los bendiga con abundancia en estos d?as de gracia, y la intercesi?n de la Virgen Mar?a y de los santos les conduzca en el camino de una santa Cuaresma, para llegar renovados espiritualmente y con una m?s honda comprensi?n a la Pascua del Se?or.?

Mons. Mart?n de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio
Nueve de Julio, marzo de 2011?


Publicado por verdenaranja @ 22:23  | Hablan los obispos
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