Jueves, 14 de abril de 2011

Homil?a de monse?or H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la misa de la solemnidad patronal del seminario arquidiocesano (19 de marzo de 2011). (AICA)

LA INVOCACI?N A SAN JOSɠ????????

Nuestro Seminario celebra la fiesta de San Jos? con particular solemnidad y con gozo espiritual. En realidad, la devoci?n al esposo de la Virgen sant?sima no se limita a esta fecha, ya que siguiendo una tradici?n bien arraigada recurrimos con frecuencia a su intercesi?n y experimentamos los frutos de su eficacia. Una bella oraci?n lit?rgica nos sugiere pedirle a Dios que nos conceda tener como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra. Al emplear este recurso nos vamos familiarizando con la figura de San Jos? y se abre la posibilidad de conocer mejor, con creciente hondura teol?gica y con aquella admiraci?n que brota del amor, la misi?n que le ha correspondido cumplir en el designio divino de la redenci?n. La sencillez y el silencio del Santo Patriarca nos introducen en la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del misterio de Cristo (Ef. 3, 18). La solemnidad del 19 de marzo es una buena saz?n para esbozar una rese?a de las razones que sustentan nuestra devoci?n. Contamos para ello con los elementos que nos proporciona la liturgia, especialmente los textos b?blicos asumidos en la celebraci?n. Para completar desde otro ?ngulo las consideraciones expuestas en a?os anteriores, hoy me propongo comentar las letan?as de San Jos?.

Como f?rmula de oraci?n, sea de s?plica o de alabanza, la letan?a existe desde los or?genes cristianos, con antecedentes en la Sagrada Escritura ?pensemos, por ejemplo, en el salmo 135- ?y tambi?n en el culto sinagogal. Fue empleada, desde siempre, en la devoci?n privada, pero su uso se hizo frecuente tambi?n en la liturgia. Actualmente cantamos las letan?as de los santos en la noche pascual y en las ordenaciones; la oraci?n universal en la misa y en el oficio divino adoptan asimismo la forma lit?nica. Las letan?as de San Jos? fueron propuestas a la Iglesia universal por San P?o X en 1909; en el documento de su aprobaci?n se expresaba la intenci?n del pont?fice: a fin de que todos los fieles puedan imitar generosamente las virtudes del custodio y nutricio de la Familia de Nazaret e implorar su poderoso auxilio. Pero un formulario exist?a desde mucho antes. El 19 de marzo de 1614 Francisco de Sales escrib?a a la Madre Chantal y le enviaba las letan?as del glorioso Padre de nuestra Vida y de nuestro Amor; as? se expresaba el santo Doctor de la Iglesia, que era devot?simo de San Jos?. En esa carta le explicaba a la cofundadora de la Visitaci?n que ?l mismo se hab?a tomado gustosamente el tiempo de revisarlas, corregirlas y poner los acentos para facilitar el canto. Le suger?a tambi?n a Santa Juana Francisca rumiarlas interiormente, porque de ese modo su coraz?n se abrir?a a la meditaci?n de las grandezas de este Esposo de la Reina de todo el mundo, llamado Padre de Jes?s, y su primer adorador despu?s de su divina Esposa.

La de San Jos? es una t?pica letan?a de invocaciones: presenta una retah?la de nombres o t?tulos que manifiestan el ser, la misi?n y el patronazgo glorioso del humilde carpintero de Nazaret; el lenguaje se asemeja al que es propio de la poes?a, o del amor, que deja hablar al coraz?n. El comienzo de la lista, despu?s de invocar el nombre mismo de Jos?, se refiere a la historia de la salvaci?n y a los or?genes del Mes?as desgranando dos t?tulos: Ilustre descendiente de David y Luz de los patriarcas. El primero alude a la promesa mesi?nica expresada en el or?culo transmitido por el profeta Nat?n, que hemos escuchado al inicio de la liturgia de la Palabra: yo elevar? despu?s de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldr? de tus entra?as, y afianzar? su realeza (2 Sam. 7, 12). Esa misteriosa designaci?n se?ala a Jes?s, y seg?n las genealog?as evang?licas es Jos? quien introduce al Hijo de Dios y de Mar?a en la estirpe de David. La filiaci?n se establece por referencia a los progenitores varones; la filiaci?n de Jes?s deb?a entonces, para tener fuerza de prueba, pasar por Jos?, aunque no era su padre natural. Jos? asumi? la adopci?n, que confer?a los mismos derechos que la filiaci?n biol?gica, como la misi?n de su vida. Las genealog?as presentadas por Mateo y por Lucas, que difieren parcialmente entre s?, son ambas genealog?as de Jos?; en los dos casos se quiere expresamente dejar a salvo la concepci?n virginal. Mateo concluye: Jacob fue padre de Jos?, el esposo de Mar?a, de la cual naci? Jes?s, que es llamado Cristo (Mt. 1, 16); Lucas comienza anotando: cuando comenz? su ministerio, Jes?s ten?a unos treinta a?os y se lo consideraba hijo de Jos? (Lc. 3, 23). Gracias a la generosa fidelidad del ilustre descendiente de David se puede afirmar que Jes?s es la prole que saldr?a de las entra?as del gran rey y heredero de su reino. Por eso, en el momento triunfal de la entrada en Jerusal?n, la multitud aclamaba a Jes?s diciendo: ?Bendito el Reino que ya viene, el Reino de nuestro padre David! (Mc. 11, 10).

El t?tulo Luz de los patriarcas puede ponerse en relaci?n con la segunda lectura b?blica de la solemnidad de hoy. La liturgia nos sugiere un paralelismo entre San Jos? y Abraham al destacar la fe y la esperanza como principio de paternidad. ?l es nuestro padre com?n se dice de Abraham en la Carta a los Romanos (4, 16); puede decirse lo mismo de Jos?, patriarca del nuevo pueblo de Dios y de la humanidad entera. La luz de la que habla la letan?a puede ser interpretada como s?mbolo de la fe, que a lo largo de las generaciones patriarcales, y al igual que la esperanza, se fue purificando y concentrando hasta despuntar en el coraz?n de Jos? y de su Esposa, la Madre del Se?or.

Las siguientes invocaciones perfilan la misi?n que Jos? debi? cumplir en el plan de Dios. Ante todo, se lo llama Esposo de la Madre de Dios: ?ste es el t?tulo principal, el principio fundamental de una posible teolog?a de San Jos?. En el Evangelio de hoy escuchamos que el ?ngel del Se?or disipa el temor reverencial que lo reten?a y le encomienda cumplir con la etapa decisiva del desposorio y conducir a Mar?a a su casa. La liturgia propone como texto alternativo el relato de Lucas sobre la p?rdida del ni?o Jes?s en Jerusal?n y su hallazgo en el templo, entre los doctores de la ley (Lc. 2, 41-51). A esta escena, y en general a la vida oculta en Nazaret, se refieren los otros t?tulos de esta secci?n: Custodio pur?simo de la Virgen, Padre nutricio del Hijo de Dios, Diligente defensor de Cristo (alusi?n posible a la hu?da a Egipto y a la posterior instalaci?n en Galilea), Jefe de la Sagrada Familia. Los Evangelios de la Infancia pueden leerse desde esta perspectiva josefina: Jos? es llamado padre de Jes?s; el Ni?o le estaba sujeto; Jos?, en la fe y en la esperanza se asombra, se angustia, trabaja y comparte la contemplaci?n de Mar?a, ?Por qu? no pensar que tambi?n ?l conservaba esas cosas y las meditaba en su coraz?n (Lc. 2, 19)?

La letan?a contin?a con ocho invocaciones que destacan las virtudes que en San Jos? se verificaron en grado m?ximo; de all? el uso de superlativos que no son exageraciones piadosas. Entre las ocho virtudes mencionadas figuran las cuatro cardinales; pero las otras son t?picamente evang?licas, y evang?lico es tambi?n el tono del conjunto. Es notable que lo primero que se diga es Jos? just?simo. Habr?a que entender esta expresi?n de la justicia del Reino, de la que Jos? tuvo hambre y sed; por eso en el Evangelio de San Mateo se lo designa como hombre justo (Mt. 1, 19). Su justicia es la esperanza puesta en el Mes?as, el nexo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, la apertura del alma a la revelaci?n plena del misterio de Dios. Castidad, prudencia, fortaleza, obediencia, fidelidad, paciencia, amor a la pobreza: son los rasgos de la personalidad espiritual de San Jos?. En la enumeraci?n de las virtudes puede reconocerse una propuesta impl?cita de ejemplaridad, una invitaci?n a asumir e imitar de alg?n modo esos valores. Sin embargo, la ejemplaridad se concentra en los dos t?tulos que signen, que manifiestan al artesano de Nazaret y esposo de Mar?a como Modelo de los obreros y Gloria de la vida dom?stica. Se recoge en estas invocaciones la tradici?n cat?lica y los acentos m?s recientes de la devoci?n a San Jos?, ratificados repetidas veces por el magisterio de la Iglesia al exponer la teolog?a de la familia y la espiritualidad del trabajo.

La secci?n conclusiva expone la ampl?sima extensi?n del patronazgo que le ha sido reconocido al santo patriarca. Patrono equivale a defensor, protector, amparador, aquel a quien se puede recurrir confiadamente y con la seguridad de ser escuchado y socorrido. Esta figura se entiende a la luz del dogma de la comuni?n de los santos. San Jos? es Custodio de las v?rgenes, como lo ha sido de Mar?a; en estos tiempos que corren habr?a que pedirle se manifieste como vindicador de la pureza, objeto de burla en la cultura hedonista y descre?da que lo invade todo y arrasa la inocencia y el pudor ya desde la infancia. Es oportuno Sost?n de las familias, que en tan gran n?mero tambalean y se quiebran; su intercesi?n, en la actual coyuntura de la sociedad, es el recurso sobrenatural con el que contamos en la lucha por la afirmaci?n del orden natural de la creaci?n, violado por la corrupci?n de la costumbres y por las leyes inicuas que la potencian. Es Consuelo de los desdichados, Esperanza de los enfermos y Patrono de los moribundos, que nos acerca la misericordia de Dios en las circunstancias dolorosas en que se experimenta la fragilidad y los l?mites de la condici?n humana; a ?l podemos apelar para afrontar con sentido cristiano el caso aut?ntico, la cruz prometida a los disc?pulos. El patronazgo de San Jos? resplandece universalmente como cuidado sobre la Santa Iglesia, que lo reconoce e invoca como su Protector; ?l en efecto debi? velar por las primicias del misterio de la redenci?n, que la Iglesia debe conservar y transmitir. El pen?ltimo t?tulo de la letan?a es Terror de los demonios, y puede referirse especialmente a su fiel protecci?n de la Iglesia; a San Jos? debemos pedirle asiduamente que el poder del infierno no prevalezca contra ella (cf. Mt. 16, 18).

Valga el comentario precedente para recomendar el rezo frecuente de estas letan?as, que podr?a hacerse en comunidad todos los mi?rcoles, d?a tradicional dedicado a la memoria de San Jos?.

Ya que el Seminario celebra hoy a su Patrono, podemos permitirnos establecer una cierta sinton?a espiritual entre la vida nazaretana y la vida seminar?stica, poniendo los ojos, la mirada del coraz?n, en la figura mod?lica de Jos?. En una preciosa alocuci?n pronunciada en Nazaret durante su viaje a Tierra Santa, Pablo VI presentaba aquel sitio entra?able como la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jes?s, la escuela donde se inicia en el conocimiento de su Evangelio. Tambi?n en los a?os de seminario, en este lugar, en esta comunidad cristiana, se aprende a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de la manifestaci?n del hijo de Dios entre los hombres; se aprende a imitar su vida. San Jos? nos hace de gu?a. Sobre todo, nos inculca el amor al silencio, que Pablo VI llamaba indispensable h?bito del esp?ritu, porque proporciona el ambiente adecuado para escuchar las ense?anzas de los maestros, del Maestro, y para descubrir y gozar su presencia; en efecto, non in commotione Dominus, el Se?or no est? en la conmoci?n (1 Re. 19, 11). El esp?ritu de Nazaret se distingue por la serena y perseverante contracci?n al trabajo y por la armon?a de la vida comunitaria propia de una verdadera familia. En el estudio y en las dem?s ocupaciones seminar?sticas asumidas con amor y por amor se va forjando la futura caridad pastoral, por la cual el sacerdote entregar? lo que tiene y hasta se entregar? de buena gana a s? mismo por el bien de los fieles (cf. 2 Cor. 12, 15). Y en el empe?o con que se triunfa del ego?smo y del orgullo para vivir en paz con todos y para quererse mutuamente como hermanos se perfila el sentido de la Iglesia y se ensaya el servicio a la comunidad cristiana, que el futuro presb?tero tendr? que reunir, presidir y guiar con el amor del Buen Pastor. ?Que esto pueda realizarse, cada vez mejor, en este Seminario platense que lleva el nombre bendito de San Jos?.!?

Mons. H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata?


Publicado por verdenaranja @ 23:16  | Homil?as
 | Enviar