Viernes, 15 de abril de 2011

Carta de monse?or Bernardo ?lvarez Afonso, obispo de Tenerife, para colocar en los programas de Semana Santa 2011 de las diversas parroquias de la di?cesis.

"Con la Semana Santa proclamamos que Cristo es nuestro futuro"?

En la Semana Santa se celebran los misterios de salvaci?n realizados por Cristo en los ?ltimos d?as de su existencia terrena, es decir, los d?as que van desde su entrada mesi?nica y triunfal en la ciudad de Jerusal?n (a lomos de una burrita) hasta su resurrecci?n en la misma ciudad, despu?s de haber pasado por la pasi?n, muerte y sepultura.

Decimos que "se celebran los misterios de la salvaci?n", y no simplemente que se recuerdan y representan los hechos hist?ricos que tuvieron lugar aquellos ?ltimos d?as de la vida de Jes?s, hace casi dos mil a?os. Recordamos, s?. Pero, para un cristiano, la Semana Santa es mucho m?s que el recuerdo de algo que pas?, pues en las celebraciones de estos d?as se actualiza y realiza la salvaci?n de Cristo para todos y cada uno de nosotros. Representamos, s?. Pero, para los cristianos, m?s que la representaci?n teatral o art?stica de unos hechos pasados, se trata de "re-presentar", es decir, "volver a presentar" o "hacer de nuevo presente", en la mente y el coraz?n, los ?ltimos acontecimientos de la vida del Se?or para que "por la celebraci?n de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios" (Prefacio I de Cuaresma).

Decir que "celebramos los misterios de la salvaci?n" es reconocer que, en la celebraci?n de la Semana Santa, al acercamos a Cristo, fuente de salvaci?n, somos realmente purificados de nuestros pecados y renovados en nuestra condici?n de hijos de Dios. Esto es posible y real, porque lo que Cristo anunci? con su palabra: "El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido" (Lc. 19,10); "yo soy el buen pastor que da la vida por la ovejas" (cf. Jn. 11,15) y, tambi?n "el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos" (Mc. 10,45), lo cumpli? de una vez para siempre, con su pasi?n, muerte y resurrecci?n. Y, asimismo, para que la redenci?n por El realizada consiga su efecto en los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares, envi? Cristo al Esp?ritu Santo de parte del Padre, para que realizara interiormente en cada uno su obra salv?fica.

Cristo es nuestro salvador. ?Sentimos la necesidad ser salvados? ?De qu?? Todos somos conscientes de que las cosas en este mundo no van bien. Hablamos de una fuerte crisis en todos los ?mbitos de la vida humana y existe una gran preocupaci?n por c?mo ser?n las cosas en el futuro. Lejos de disminuir, la violencia marca cada vez m?s las relaciones entre las personas y entre los pueblos; la crisis econ?mica y la pobreza oprimen a millones de habitantes; las discriminaciones e incluso las persecuciones por motivos raciales, culturales, religiosos y de cualquier otro tipo, obligan a muchas personas a vivir marginadas o a huir de sus pa?ses para buscar refugio y protecci?n en otros lugares. Y lo peor es que, ante las dificultades para salir adelante, aumenta el pesimismo y la desesperanza, especialmente en los j?venes, de los que depende en gran medida que las cosas se arreglen.

Ahora bien, ?se podr?n arreglar las cosas si no se arreglan tambi?n las personas? Dice San Pablo, y los hechos le dan la raz?n, que "el amor al dinero es la ra?z de todos los males; algunos por codiciarlo, se han apartado de la fe y se han acarreado a s? mismos muchos sinsabores" (1Tim. 6,10). ?Qu? les hace falta a los hombres y mujeres de hoy para salir adelante? ?M?s recursos o mejor distribuci?n de los que hay? ?M?s consumo y producci?n o cambiar la forma de vivir para no agotar los recursos del planeta? La soluci?n de los problemas del mundo no est? en las cosas, sino en las personas que usan (o abusan) de las cosas. Como dice el poeta Emilio Prados: "No es lo que est? roto, no, el agua que el vaso tiene: lo que est? roto es el vaso y, el agua, al suelo se vierte". Cuando "el hombre est? roto" todo lo que toca se desordena y desparrama.

Por eso, en palabras del Papa Benedicto XVI, ?la humanidad necesita ser liberada y redimida. La creaci?n misma -dice san Pablo- sufre y alberga la esperanza de entrar en la libertad de los hijos de Dios (cf. Rm. 8, 19-22). Estas palabras son verdaderas tambi?n en el mundo de hoy. La creaci?n sufre. La humanidad sufre y espera la verdadera libertad, espera un mundo diferente, mejor; espera la "redenci?n". Y, en el fondo, sabe que este mundo nuevo esperado supone un hombre nuevo, supone "hijos de Dios". ?Qu? ser? de la humanidad? ?Hay un futuro para la humanidad? ?Y c?mo ser? este futuro? A los creyentes la respuesta a estos interrogantes nos viene del Evangelio. Cristo es nuestro futuro y su Evangelio es comunicaci?n que "cambia la vida", da la esperanza, abre de par en par la puerta oscura del tiempo e ilumina el futuro de la humanidad y del universo"? (Mensaje Domund 2008).

Jesucristo, por as? decir, ha cumplido su parte, su promesa. Como el mismo dice en el Apocalipsis: ?Hecho est?: yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin; al que tenga sed, yo le dar? del manantial del agua de la vida gratis. Esta ser? la herencia del vencedor: yo ser? Dios para ?l, y ?l ser? hijo para mi? (Apoc. 21, 6-7). Ahora bien, los hombres y mujeres de hoy, nosotros, ?sentimos necesidad de ser salvados del poder del mal y el pecado que nos domina? o, por el contrario, ?se ha "endurecido nuestro coraz?n" y estamos tan alienados que ni siquiera somos conscientes de nuestra miseria? Dios quiera que no sea as? y que tengamos la valent?a de entrar en nosotros mismos y recapacitar, para que podamos vivir aquella situaci?n que nos describe el Salmo 118: "Me he descarriado como oveja perdida: Se?or ven en busca de tu siervo. No, no me olvido de tus mandamientos" (v. 176).

Semana Santa, es la gran oportunidad para detenernos un poco. Para pensar en serio. Para preguntarse en qu? se est? gastando nuestra vida. Para darle un sentido nuevo al trabajo y a la vida de cada d?a. Para abrirle el coraz?n a Dios, que sigue esperando. Para abrir nuestro coraz?n a los hermanos, especialmente a los m?s necesitados, aceptando decididamente que Jes?s est? presente en cada ser humano que convive y se cruza con nosotros.

Llega la Semana Santa. En nuestras iglesias y en nuestras calles, veremos en los pasos procesionales la imagen de Nuestro Se?or Jesucristo: en la Cena con los Ap?stoles, orando en Getseman?, azotado y coronado de espinas, "ecce homo", cautivo, nazareno cargando con la cruz, crucificado, resucitado? Su rostro nos entra por los ojos, pero no basta con verlo, es necesario contemplarlo para "ver lo que no se ve", es decir, para ver con el coraz?n lo que no se ve con los ojos. La misma imagen de la Virgen Mar?a, Ntra. Se?ora Dolorosa, de la Soledad, de la Angustia ante el sufrimiento de su Hijo. La imagen de Aquella que "ruega por nosotros pecadores", nos ense?a a ver con el coraz?n, para que podamos contemplar y comprender que Cristo "me am? y se entreg? por m?". Para que nos demos cuenta de que El es el Buen Pastor que, tambi?n en esta Semana Santa, ha salido a buscar "la oveja perdida" que somos cada uno de nosotros. S?. Cristo nos busca porque nos ama, nos busca siempre sin cansarse, hasta que nos encuentra, hasta dar la vida, porque no quiere que ninguno se pierda.

Cristo entreg? su vida por nosotros y por nuestra salvaci?n. De nosotros depende que gustemos y disfrutemos de "los frutos de su redenci?n", aquellos frutos que durante la cuaresma hemos pedido reiteradamente al rezar el Salmo 50: ?Oh, Dios, crea en m? un coraz?n puro, renu?vame por dentro con esp?ritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo esp?ritu. Devu?lveme la alegr?a de tu salvaci?n, afi?nzame con esp?ritu generoso? (Sal 50, 12-14). Por eso, para vivir bien la semana Santa es necesario descubrir y reconocer qu? pecados hay en mi vida y, arrepentidos, buscar el perd?n generoso de Dios en el Sacramento de la Penitencia. As?, podremos acercarnos a recibir a Cristo en la comuni?n con un coraz?n puro y renovado por El mismo Se?or.

La Semana Santa es la Pascua del Se?or, su paso de la muerte a la vida. La Semana Santa es, tambi?n, nuestra pascua ya que, gracias a nuestra fe en El, tenemos la gran oportunidad de morir con Cristo y de resucitar con Cristo, de morir a nuestro ego?smo y de resucitar al amor. As?, la Semana Santa, vivida en su sentido m?s profundo, fortalece nuestra vida cristiana y nos alienta a seguir junto a Jes?s todos los d?as del a?o, como "cristianos practicantes" que en todo mantienen la coherencia entre la fe y la vida.?

? Bernardo ?lvarez Afonso
Obispo Nivariense