Viernes, 15 de abril de 2011

ZENIT? publica?la?homil?a pronunciada el domingo 20 de Marzo de 2011 por el Papa Benedicto XVI al celebrar la Santa Misa por la dedicaci?n de la parroquia de San Corbiniano all?Infernetto, en el sector sur de la di?cesis de Roma.

?Queridos hermanos y hermanas!

Estoy muy contento de estar entre vosotros para celebrar un acontecimiento tan significativo como la Dedicaci?n a Dios y al servicio de la comunidad de esta iglesia dedicada a san Corbiniano. La Providencia ha querido que este encuentro nuestro suceda en el II Domingo de Cuaresma, caracterizado por el Evangelio de la Transfiguraci?n de Jes?s. Por ello hoy tenemos el acercamiento entre dos elementos, ambos muy importantes: por una parte, el misterio de la Transfiguraci?n, y por la otra, el del templo, es decir, de la casa de Dios en medio de vuestras casas. Las lecturas b?blicas que hemos escuchado han sido elegidas para iluminar estos dos aspectos.

La Transfiguraci?n. El evangelista Mateo nos ha narrado lo que sucedi? cuando Jes?s subi? a un monte alto llevando consigo a tres de sus disc?pulos: Pedro, Santiago y Juan. Mientras estaban all? arriba, ellos solos, el rostro de Jes?s se volvi? deslumbrante, y as? tambi?n sus vestidos. Es lo que llamamos ?Transfiguraci?n?: un misterio luminoso, confortante. ?Cu?l es su significado? La Transfiguraci?n es una revelaci?n de la persona de Jes?s, de su realidad profunda. De hecho, los testigos oculares del acontecimiento, es decir, los tres Ap?stoles, fueron envueltos por una nube, tambi?n ?sta luminosa ? que en la Biblia anuncia siempre la presencia de Dios ? y oyeron una voz que dec?a: ?Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilecci?n: Escuchadle? (Mt 17,5). Con este acontecimiento, los disc?pulos son preparados al misterio pascual de Jes?s: a superar la terrible prueba de la pasi?n y tambi?n a comprender bien el hecho luminoso de la resurrecci?n.

El relato habla tambi?n de Mois?s y de El?as, que aparecieron y conversaban con Jes?s. Efectivamente, este episodio tiene una relaci?n con otras dos revelaciones divinas. Mois?s hab?a subido al monte Sina?, y all? hab?a tenido la revelaci?n de Dios. Hab?a pedido ver su gloria, pero Dios le hab?a respondido que no lo ver?a de cara sino solo de espaldas (cfr Ex 33,18-23). De forma an?loga, tambi?n El?as tuvo una revelaci?n de Dios en el monte: una manifestaci?n m?s ?ntima, no con una tempestad, con un terremoto, o con el fuego, sino con una brisa ligera (cfr 1 Re 19,11-13). A diferencia de estos dos episodios, en la Transfiguraci?n no es Jes?s quien tiene la revelaci?n de Dios, sino es precisamente en ?l donde Dios se revela y revela su rostro a los Ap?stoles. Por tanto, quien quiere conocer a Dios, debe contemplar el rostro de Jes?s, su rostro transfigurado: Jes?s es la perfecta revelaci?n de la santidad y de la misericordia del Padre. Adem?s, recordemos que en el monte Sina? Mois?s tuvo tambi?n la revelaci?n de la voluntad de Dios: los diez mandamientos. Y, siempre en el monte, El?as tuvo de Dios la revelaci?n divina de una misi?n que llevar a cabo. Jes?s, en cambio, no recibe la revelaci?n de lo que deber? realizar: ya lo sabe; son m?s bien los Ap?stoles quienes escuchan, en la nube, la voz de Dios que manda: ?Escuchadlo?. La voluntad de Dios se revela plenamente en la persona de Jes?s. Quien quiere vivir seg?n la voluntad de Dios, debe seguir a Jes?s, escucharle, acoger sus palabras, y con la ayuda del Esp?ritu Santo, profundizarlas. Esta es la primera invitaci?n que deseo haceros, queridos amigos, con gran afecto: creced en el conocimiento y en el amor a Cristo, sea como individuos, sea como comunidad parroquial, encontradle en la Eucarist?a, en la escucha de su palabra, en la oraci?n, en la caridad.

El segundo punto es la Iglesia, como edificio y sobre todo como comunidad. Sin embargo, antes de reflexionar sobre la Dedicaci?n de vuestra iglesia, quisiera deciros que hay un motivo particular que acrecienta mi alegr?a de encontrarme hoy con vosotros. San Corbiniano, de hecho, es el fundador de la di?cesis de Frisinga, en Baviera, de la que fui obispo durante cuatro a?os. En mi escudo episcopal quise poner un elemento estrechamente asociado a la historia de este Santo: el oso. Un oso ? as? se cuenta ? hab?a destrozado el caballo de Corbiniano, que se estaba dirigiendo a Roma. ?l le ri??o ?speramente, consigui? amansarlo y le carg? a las espaldas el equipaje que, hasta aquel momento, hab?a llevado el caballo. El oso transport? esa carga hasta Roma y s?lo entonces el Santo lo dej? libre de irse.

Quisiera ahora dar las gracias a cuantos han contribuido a construir esta iglesia. S? cu?nto se esfuerza la di?cesis de Roma para asegurar a cada barrio adecuados complejos parroquiales. Saludo y doy las gracias al cardenal vicario, al obispo auxiliar del sector y al obispo secretario de la Obra Romana para la Preservaci?n de la Fe y la Provisi?n de Nuevas Iglesias. Saludo al cardenal Marx, arzobispo de M?nich y Frisinga, titular de esta iglesia, y a su predecesor, el cardenal Wetter, de quien parti? la iniciativa de dedicar una iglesia parroquial a san Corbiniano y un v?lido apoyo para la realizaci?n del proyecto. Saludo tambi?n a monse?or Clemens. Un pensamiento particular dedico al p?rroco, Antonio Magnotta, con un vivo agradecimiento por las palabras que me ha dirigido en nombre de toda la comunidad, y al vicep?rroco. A trav?s de todos vosotros aqu? presentes, deseo hacer llegar una palabra de afectuosa cercan?a a los casi diez mil residentes en el territorio de la parroquia. Reunidos en torno a la Eucarist?a, advertimos m?s f?cilmente que la misi?n de cada comunidad cristiana es la de llevar a todos el mensaje del amor de Dios, dar a conocer a todos su rostro. Por ello es importante que la Eucarist?a sea siempre el coraz?n de la vida de los fieles, como lo es hoy para vuestra parroquia, aunque no todos sus miembros hayan podido participar personalmente en ella.

Vivimos hoy una jornada importante, que corona los esfuerzos, las fatigas, los sacrificios realizados y el compromiso de la gente que reside aqu? de constituirse como comunidad cristiana y madura, capaz de tener una iglesia ya consagrada definitivamente al culto de Dios. Me alegro por esta meta alcanzada y estoy seguro de que esta favorecer? la congregaci?n y el crecimiento de la familia de los creyentes en este territorio. La Iglesia quiere estar presente en cada barrio donde la gente vive y trabaja, con el testimonio evang?lico de cristianos coherentes y fieles, pero tambi?n con edificios que permitan reunirse para la oraci?n y los Sacramentos, para la formaci?n cristiana y para establecer relaciones de amistad y fraternidad, haciendo crecer a los ni?os, a los j?venes, a las familias y a los ancianos en ese esp?ritu de comunidad que Cristo nos ense?? y del que el mundo tiene tanta necesidad.

Igual que se ha realizado el edificio parroquial, as? mi visita desea animaros a llevar a cabo cada vez mejor esa Iglesia de piedras vivas que sois vosotros. Lo hemos escuchado en la segunda lectura: ?Vosotros sois campo de Dios, edificio de Dios?, escribe san Pablo a los Corintios (1Cor 3,9); y les exhorta a construir sobre el ?nico fundamento verdadero, que es Jesucristo (3,11). Por ello, tambi?n yo os exhorto a hacer de vuestra nueva iglesia el lugar en el que se aprenda a escuchar la palabra de Dios, la ?escuela? permanente de vida cristiana de la que parta toda actividad de esta parroquia joven y comprometida. En este aspecto es iluminador el texto del libro de Nehem?as que se nos ha propuesto en la primera lectura. En ?l se ve bien que Israel es el pueblo convocado para escuchar la Palabra de Dios, escrita en el libro de la Ley. Este libro es le?do solemnemente por los ministros y es explicado al pueblo, que est? de pie, alza las manos al cielo, despu?s ese arrodilla y se postra con el rostro a tierra, en signo de adoraci?n. Es una verdadera liturgia, animada por la fe en Dios que habla, por el arrepentimiento por la propia infidelidad a la Ley del Se?or, pero sobre todo por la alegr?a porque la proclamaci?n de su Palabra es signo de que ?l no ha abandonado a su pueblo, de que est? cerca. Tambi?n vosotros, queridos hermanos y hermanas, reuni?ndoos para escuchar la Palabra de Dios con fe y perseverancia, os convert?s, domingo tras domingo, en Iglesia de Dios, formados y plasmados interiormente por su Palabra. ?Qu? gran don es este! Sed siempre agradecidos.

La vuestra es una comunidad joven, constituida en gran parte por parejas de reci?n casados que vienen a vivir al barrio; son muchos los ni?os y j?venes. Conozco el compromiso y la atenci?n que se dedica a la familia y al acompa?amiento de los matrimonios j?venes: que sep?is dar vida a una pastoral familiar caracterizada por la acogida abierta y cordial de los nuevos n?cleos familiares que sepa favorecer el conocimiento rec?proco, para que la comunidad parroquial sea cada vez m?s una ?familia de familias?, capaz de compartir con ellos, junto a las alegr?as, las inevitables dificultades de los comienzos. S? tambi?n que varios grupos de fieles se re?nen para rezar, formarse en la escuela del Evangelio, participar en los Sacramentos y vivir esa dimensi?n esencial para la vida cristiana que es la caridad. Pienso en cuantos, con la C?ritas parroquial, intentan salir al encuentro de las muchas exigencias del territorio, respondiendo especialmente a las necesidades de los m?s pobres y necesitados.

Me alegro por cuanto hac?is en la preparaci?n de los ni?os y los j?venes a los Sacramentos de la vida cristiana, y os exhorto a interesaros cada vez m?s tambi?n por sus padres, especialmente de quienes tienen ni?os peque?os; que la parroquia se esfuerce en proponerles tambi?n a ellos, en horarios y de maneras convenientes, encuentros de oraci?n y de formaci?n, sobre todo para los padres de los ni?os que deben recibir el Bautismo y los dem?s sacramentos de la iniciaci?n cristiana. Tened tambi?n un particular cuidado y atenci?n hacia las familias en dificultad, o que se encuentran en una condici?n de precariedad o de irregularidad. No las dej?is solas, sino estad cerca de ellas con amor, ayud?ndolas a comprender el aut?ntico designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. El Papa quiere tambi?n dirigir una especial palabra de afecto y de amistad a vosotros, queridos chicos y j?venes que me escuch?is, y a vuestros coet?neos que viven en esta parroquia. El hoy y el ma?ana de la comunidad eclesial y civil est?n confiados de manera particular a vosotros. La Iglesia espera mucho de vuestro entusiasmo, de vuestra capacidad de mirar adelante y de vuestro deseo de radicalidad en las decisiones vitales.

?Queridos amigos de san Corbiniano! El Se?or Jes?s, que condujo a los Ap?stoles al monte a rezra y les mostr? su gloria, hoy nos ha invitado a nosotros a esta nueva Iglesia: aqu? podemos escucharle, aqu? podemos reconocer su presencia al partir el Pan eucar?stico; y de esta forma ser Iglesia viva, templo del Esp?ritu Santo, signo en el mundo del amor de Dios. Volved a vuestras casas con el coraz?n lleno de agradecimiento y de alegr?a, porque sois parte de este gran edificio espiritual que es la Iglesia. Confiamos nuestro camino cuaresmal, y el de la Iglesia entera, a la Virgen Mar?a. Que la Virgen, que sigui? a su Hijo Jes?s hasta la cruz, nos ayude a ser disc?pulos fieles de Cristo, para poder participar junto con ella en la alegr?a de la Pascua. Am?n.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
? Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana


Publicado por verdenaranja @ 23:06  | Habla el Papa
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