Domingo, 17 de abril de 2011

ZENIT? nos? ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunci?el mi?rcoles 23 de Marzo de 2011?durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI, dentro de su ciclo de doctores de la Iglesia.

Queridos hermanos y hermanas,

recuerdo a?n con alegr?a la acogida festiva que se me reserv? en 2008 en Brindisi, la ciudad que en 1559 vio nacer a un insigne doctor de la Iglesia, san Lorenzo de Brindisi, nombre que Giulio Cesare Rossi asumi? al entrar en la Orden de los Capuchinos. Desde la infancia fue atra?do por la familia de san Francisco de As?s. De hecho, hu?rfano de padre a los siete a?os, fue confiado por la madre a los cuidados de los frailes Conventuales de su ciudad. Algunos a?os despu?s, sin embargo, se traslad? con su madre a Venecia, y precisamente en el V?neto conoci? a los Capuchinos, que en aquella ?poca se hab?an puesto generosamente al servicio de toda la Iglesia, para incrementar la gran reforma espiritual promovida por el Concilio de Trento. En 1575 Lorenzo, con la profesi?n religiosa, se convirti? en fraile capuchino, y en 1582 fue ordenado sacerdote. Ya durante los estudios eclesi?sticos mostr? las eminentes cualidades intelectuales de las que hab?a sido dotado. Aprendi? f?cilmente las lenguas antiguas, entre ellas el griego, el hebreo y el sirio, y las modernas como el franc?s y el alem?n, que se un?an al conocimiento de la lengua italiana y al de la latina, que en esa ?poca se hablaba con fluidez entre los eclesi?sticos y los hombres de cultura.

Gracias al dominio de muchos idiomas, Lorenzo pudo llevar a cabo un intenso apostolado hacia diversas categor?as de personas. Predicador eficaz, conoc?a de modo profundo no s?lo la Biblia, sino tambi?n la literatura rab?nica, que los propios Rabinos se quedaban asombrados y admirados, manifest?ndole estima y respeto. Te?logo versado en la Sagrada Escritura y en los Padres de la Iglesia, era capaz de ilustrar de modo ejemplar la doctrina cat?lica tambi?n a los cristianos que, sobre todo en Alemania, se hab?an adherido a la Reforma. Con su exposici?n clara y tranquila, mostraba el fundamento b?blico y patr?stico de todos los art?culos de fe puestos en discusi?n por Mart?n Lutero. Entre estos, la primac?a de san Pedro y de sus sucesores, el origen divino del Episcopado, la justificaci?n como transformaci?n interior del hombre, la necesidad de las obras buenas para la salvaci?n. El ?xito que goz? Lorenzo nos ayuda a comprender que tambi?n hoy, llevando hacia adelante el di?logo ecum?nico con tanta esperanza y la confrontaci?n con las Sagradas Escrituras, le?das seg?n la Tradici?n de la Iglesia, constituyen un elemento irrenunciable y de fundamental importancia, como he querido recordar en la Exhortaci?n Apost?lica Verbum Domini (n.46).

Tambi?n los fieles m?s sencillos, no dotados de gran cultura, se beneficiaron de las palabras convincentes de Lorenzo, que se dirig?a a la gente humilde para exhortar a todos a la coherencia de la propia vida con la fe profesada. Esto fue un gran m?rito de los Capuchinos y de otras ?rdenes religiosas, que en los siglos XVI y XVII, contribuyeron a la renovaci?n de la vida cristiana penetrando en profundidad en la sociedad con su testimonio de vida y sus ense?anzas. Tambi?n hoy, la nueva evangelizaci?n necesita ap?stoles bien preparados, con celo y valientes, para que la luz y la belleza del Evangelio prevalezcan sobre las tendencias culturales del relativismo ?tico y de la indiferencia religiosa, y transformen los distintos modos de pensar y de actuar en un aut?ntico humanismo cristiano. Es sorprendente que san Lorenzo de Brindisi pudiera desarrollar ininterrumpidamente esta actividad de apreciado e infatigable predicador en muchas ciudades de Italia y en distintos pa?ses, no obstante realizara encargos importantes y de gran responsabilidad. Dentro de la Orden de los Capuchinos, de hecho, fue profesor de teolog?a, maestro de novicios, muchas veces ministro provincial y consejero general y, finalmente ministro general del 1602 al 1605.

En medio de tantos trabajos, Lorenzo cultiv? una vida espiritual de fervor excepcional, dedicando mucho tiempo a la oraci?n y de modo especial a la celebraci?n de la Santa Misa, que a menudo conllevaba horas, entendiendo y conmovi?ndose con el memorial de la Pasi?n, Muerte y Resurrecci?n del Se?or.

En la escuela de los santos, todo presb?tero, como ha menudo se ha subrayado durante el reciente A?o Sacerdotal, puede evitar el peligro del activismo, de actuar, es decir, olvidando las motivaciones profundas del ministerio, solamente si cuida su propia vida interior. Hablando a los sacerdotes y a los seminaristas en la catedral de Brindisi, ciudad natal de san Lorenzo, he recordado que ?el momento de la oraci?n es el m?s importante en la vida del sacerdote, es en el que act?a con m?s eficacia la gracia divina, fecundando su ministerio. Rezar es el primer servicio que hay que ofrecer a la comunidad. Y por esto, los momentos de oraci?n deben tener en nuestra vida una verdadera prioridad.. Si no estamos interiormente en comuni?n con Dios, no podemos dar nada a los dem?s. Por esto Dios es la primera prioridad. Debemos reservar siempre el tiempo necesario para estar en comuni?n de oraci?n con nuestro Se?or?. Por lo dem?s, con el ardor inconfundible de su estilo, Lorenzo exhorta a todos, no s?lo a los sacerdotes, a cultivar la vida de oraci?n porque por medio de esta nosotros hablamos a Dios y Dios nos habla a nosotros: ??Oh, si tuvi?semos en cuenta esta realidad! -exclama- Es decir que Dios est? de verdad presente ante nosotros cuando le hablamos rezando; que escucha verdaderamente nuestra oraci?n, aunque si solo rezamos con el coraz?n y con la mente. Y no s?lo est? presente y nos escucha, sino que puede y desea contestar voluntariamente y con m?ximo placer nuestras preguntas?.

Otro detalle que caracteriza la obra de este hijo de San Francisco es su actuaci?n por la paz. Sea los Sumos Pont?fices que los pr?ncipes cat?licos le confiaron repetidamente importantes misiones diplom?ticas para dirimir controversias y favorecer la concordia entre los Estados Europeos, amenazados en aquel tiempo por el Imperio otomano. La autoridad moral que ten?a lo hac?a ser considerado consejero solicitado y escuchado. Hoy, como en los tiempos de San Lorenzo, el mundo tiene necesidad de hombres y mujeres pac?ficos y pacificadores. Todos los que creen en Dios deben ser siempre fuentes y constructores de paz. Fue en ocasi?n de una de estas misiones diplom?ticas cuando Lorenzo termin? su vida terrena, en 1619 en Lisboa, donde hab?a ido a encontrarse con el rey de Espa?a, Felipe III, para defender la causa de sus s?bditos napolitanos acosados por las autoridades locales.

Fue canonizado en 1881 y, con motivo de su vigorosa e intensa actividad, de su amplia y armoniosa ciencia, mereci? el t?tulo de Doctor apostolicus, ?Doctor apost?lico?, de parte del Beato Papa Juan XXIII en 1959, con ocasi?n del cuarto centenario de su nacimiento. Tal reconocimiento fue concedido a Lorenzo de Brindisi, tambi?n, porque fue autor de numerosas obras de ex?gesis b?blica, de teolog?a y de escritos destinados a la predicaci?n. En estos ofrece una exposici?n sistem?tica de la historia de la salvaci?n, centrada en el misterio de la Encarnaci?n, la m?s grande manifestaci?n del amor divino por los hombres. Adem?s, siendo un mari?logo de gran valor, autor de un compendio de sermones sobre Nuestra Se?ora llamado ?Mariale?, pone en evidencia el papel ?nico de la Virgen Mar?a, de la que afirma con claridad la Inmaculada Concepci?n y la cooperaci?n en la obra de redenci?n cumplida en Cristo.

Con fina sensibilidad teol?gica, Lorenzo de Brindisi tambi?n puso de relieve la acci?n del Esp?ritu Santo en la existencia del creyente, Nos recuerda que con sus dones, la Tercera Persona de la Sant?sima Trinidad, ilumina y ayuda en nuestro compromiso de vivir con alegr?a el mensaje del Evangelio. ?El Esp?ritu Santo -escribe San Lorenzo- vuelve dulce el yugo de la ley divina y ligero su peso, de manera que sigamos los mandamientos de Dios con gran facilidad, incluso con complacencia?.

Quisiera completar esta breve presentaci?n de la vida y de la doctrina de San Lorenzo de Brindisi, destacando que toda su actividad fue inspirada por un gran amor a las Sagradas Escrituras, que sab?a ampliamente de memoria, y por la convicci?n de que la escucha y la acogida de la Palabra de Dios produce una transformaci?n interior que nos conduce a la santidad. ?La Palabra del Se?or -afirm?- es luz del intelecto y fuego para la voluntad, para que el hombre pueda conocer y amar a Dios. Para el hombre interior, que por medio de la gracia vive del Esp?ritu Santo, es pan y agua, pero pan dulce como la miel y agua mejor que el vino y la leche... Es un martillo contra un coraz?n duramente obstinado en los vicios. Es una espada contra la carne, el mundo y el demonio, para destruir todo pecado?. San Lorenzo de Brindisi nos ense?a a amar las Sagradas Escrituras, a crecer en la familiaridad con ella, a cultivar cotidianamente la relaci?n de amistad con el Se?or en la oraci?n, para que todas nuestras acciones, toda nuestra actividad tenga en ?l su comienzo y su cumplimento. Esta es la fuente a la que acudir para que nuestro testimonio cristiano sea luminoso y sea capaz de conducir a los hombres de nuestro tiempo hasta Dios.

[En espa?ol dijo]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa?ola, en particular a los grupos provenientes de Espa?a, Ecuador, Per?, Argentina, M?xico y otros pa?ses latinoamericanos. Os invito a que, siguiendo el ejemplo de San Lorenzo de Brindis, escuch?is y acoj?is la Palabra de Dios, para que os dej?is transformar interiormente y, as?, cada una de vuestras acciones tenga al Se?or como su inicio y tienda a ?l como a su fin. Muchas gracias.?

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 16:57  | Habla el Papa
 | Enviar