Mi?rcoles, 20 de abril de 2011

ZENIT? publica el discurso que pronunci? Benedicto XVI en la ma?ana del domingo 27 de Marzo de 2011 al visitar el Mausoleo de las Fosas Ardeatinas, en Roma, 67 a?os despu?s del asesinato de 335 personas por orden de las autoridades nazis en represalia por un atentado de la resistencia italiana en plena segunda guerra mundial.

Queridos hermanos y hermanas:

Con mucho gusto he acogido la invitaci?n de la Asociaci?n Nacional entre las Familias Italianas de los M?rtires Ca?dos por la Libertad de la Patria para peregrinar a este mausoleo, querido por todos los italianos, en particular por el pueblo romano. Saludo al cardenal vicario, al rabino jefe, al presidente de la asociaci?n, al comisario general, al director del mausoleo, y de manera especial a los familiares de las v?ctimas, as? como a todos los presentes.

"Creo en Dios y en Italia, creo en la resurrecci?n de los m?rtires y de los h?roes, creo en el renacimiento de la patria y en la libertad del pueblo". Estas palabras fueron grabadas en la pared de una celda de tortura, en la Calle Tasso, de Roma, durante la ocupaci?n nazi. Son el testamento de una persona desconocida, que estaba encarcelada en aquella celda, y demuestran que el esp?ritu humano permanece libre incluso en las condiciones m?s duras. "Creo en Dios y en Italia": esta expresi?n me ha impresionado adem?s porque en este a?o se celebra el aniversario n?mero 150 de la unidad de Italia, pero sobre todo porque afirma la primac?a de la fe, de la que saca la confianza y la esperanza para Italia y su futuro. Lo que aqu? sucedi? el 24 de marzo de 1944 es una ofensa grav?sima a Dios, porque se trata de la violencia deliberada del hombre contra el hombre. Es el efecto m?s execrable de la guerra, de toda guerra, mientras que Dios es vida, paz, comuni?n.

Al igual que mis predecesores, he venido aqu? para rezar y renovar la memoria. He venido a invocar la divina Misericordia, la ?nica que puede llenar los vac?os, las vor?gines abiertas por los hombres cuando, empujados por la ciega violencia, reniegan su dignidad de hijos de Dios y de hermanos entre s?. Yo tambi?n, como obispo de Roma, ciudad consagrada por la sangre de los m?rtires del Evangelio del Amor, vengo a rendir homenaje a estos hermanos, asesinados a poca distancia de las antiguas catacumbas".

"Creo en Dios y en Italia". En ese testamento grabado en un lugar de violencia y de muerte, el lazo entre la fe y el amor de la patria en toda su pureza, sin ret?rica alguna. Quien escribi? esas palabras lo hizo s?lo por ?ntima convicci?n, como ?ltimo testimonio de la verdad en que cre?a, que hace regio el esp?ritu humano incluso en el m?ximo abajamiento. Cada hombre est? llamado a realizar de este modo su propia dignidad: testimoniando esa verdad que reconoce con la propia conciencia.

Me ha impactado otro testimonio, y se encontr? precisamente aqu?, en las Fosas Ardeatinas. Una hoja de papel en la que un ca?do escribi?: "Dios m?o, Padre grande, te rogamos que puedas proteger a los jud?os de las b?rbaras persecuciones. 1 Padrenuestro, 10 Avemar?as, 1 Gloria". En ese momento tan tr?gico, tan inhumano, en el coraz?n de esa persona surgi? la invocaci?n m?s alta: "Dios m?o, Padre grande". ?Padre de todos! Como en los labios de Jes?s al morir en la cruz: "Padre, en tus manos encomiendo mi esp?ritu". En ese nombre, "Padre", est? la garant?a segura de la esperanza; la posibilidad de un futuro diferente, libre del odio o de la venganza, un futuro de libertad y de fraternidad para Roma, Italia, Europa, el mundo. S?, en todo lugar, en todo continente, en el pueblo al que pertenezca, el hombre es hijo de ese Padre que est? en los Cielos, es hermano de todos en humanidad. Pero ser hijo y hermano no es algo que se puede dar por supuesto. Lo demuestran por desgracia tambi?n las Fosas Ardeatinas. Hay que quererlo, hay que decir s? al bien y no al mal. Es necesario creer en el Dios del amor y de la vida, y rechazar cualquier otra falsa imagen divina, que traiciona su santo Nombre y traiciona por consiguiente al hombre, hecho a su imagen.

Por este motivo, en este lugar, memorial doloroso del mal m?s horrendo, la respuesta m?s verdadera es la de tomarse la mano, como hermanos, y decir: Padre nuestro, creemos en ti, y con la fuerza de tu amor queremos caminar juntos, en paz, en Roma, en Italia, en Europa, en todo el mundo. Am?n.

[Traducci?n del original italiano realizada por Jes?s Colina
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:27  | Habla el Papa
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