Domingo, 24 de abril de 2011

ZENIT?? publica la homil?a que pronunci? Benedicto XVI en la tarde del Jueves Santo, 21 de Abril de 2011, durante la Misa en la Cena del Se?or.

Queridos hermanos y hermanas:

"Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer" (Lc?22,15). Con estas palabras, Jes?s comenz? la celebraci?n de su ?ltima cena y de la instituci?n de la santa Eucarist?a. Jes?s tuvo grandes deseos de ir al encuentro de aquella hora. Anhelaba en su interior ese momento en el que se iba a dar a los suyos bajo las especies del pan y del vino. Esperaba aquel momento que tendr?a que ser en cierto modo el de las verdaderas bodas mesi?nicas: la transformaci?n de los dones de esta tierra y el llegar a ser uno con los suyos, para transformarlos y comenzar as? la transformaci?n del mundo. En el deseo de Jes?s podemos reconocer el deseo de Dios mismo, su amor por los hombres, por su creaci?n, un amor que espera. El amor que aguarda el momento de la uni?n, el amor que quiere atraer hacia s? a todos los hombres, cumpliendo tambi?n as? lo que la misma creaci?n espera; en efecto, ella aguarda la manifestaci?n de los hijos de Dios (cf.?Rm?8,19). Jes?s nos desea, nos espera. Y nosotros, ?tenemos verdaderamente deseo de ?l? ?No sentimos en nuestro interior el impulso de ir a su encuentro? ?Anhelamos su cercan?a, ese ser uno con ?l, que se nos regala en la Eucarist?a? ?O somos, m?s bien, indiferentes, distra?dos, ocupados totalmente en otras cosas? Por las par?bolas de Jes?s sobre los banquetes, sabemos que ?l conoce la realidad de que hay puestos que quedan vac?os, la respuesta negativa, el desinter?s por ?l y su cercan?a. Los puestos vac?os en el banquete nupcial del Se?or, con o sin excusas, son para nosotros, ya desde hace tiempo, no una par?bola sino una realidad actual, precisamente en aquellos pa?ses en los que hab?a mostrado su particular cercan?a. Jes?s tambi?n ten?a experiencia de aquellos invitados que vendr?an, s?, pero sin ir vestidos con el traje de boda, sin alegr?a por su cercan?a, como cumpliendo s?lo una costumbre y con una orientaci?n de sus vidas completamente diferente. San Gregorio Magno, en una de sus homil?as se preguntaba: ?Qu? tipo de personas son aquellas que vienen sin el traje nupcial? ?En qu? consiste este traje y como se consigue? Su respuesta dice as?: Los que han sido llamados y vienen, en cierto modo tienen fe. Es la fe la que les abre la puerta. Pero les falta el traje nupcial del amor. Quien vive la fe sin amor no est? preparado para la boda y es arrojado fuera. La comuni?n eucar?stica exige la fe, pero la fe requiere el amor, de lo contrario tambi?n como fe est? muerta.

Sabemos por los cuatro Evangelios que la ?ltima cena de Jes?s, antes de la Pasi?n, fue tambi?n un lugar de anuncio. Jes?s propuso una vez m?s con insistencia los elementos fundamentales de su mensaje. Palabra y Sacramento, mensaje y don est?n indisolublemente unidos. Pero durante la ?ltima Cena, Jes?s sobre todo or?. Mateo, Marcos y Lucas utilizan dos palabras para describir la oraci?n de Jes?s en el momento central de la Cena: "eucharistesas" y "eulogesas" -"agradecer" y "bendecir". El movimiento ascendente del agradecimiento y el descendente de la bendici?n van juntos. Las palabras de la transustanciaci?n son parte de esta oraci?n de Jes?s. Son palabras de plegaria. Jes?s transforma su Pasi?n en oraci?n, en ofrenda al Padre por los hombres. Esta transformaci?n de su sufrimiento en amor posee una fuerza transformadora para los dones, en los que ?l ahora se da a s? mismo. ?l nos los da para que nosotros y el mundo seamos transformados. El objetivo propio y ?ltimo de la transformaci?n eucar?stica es nuestra propia transformaci?n en la comuni?n con Cristo. La Eucarist?a apunta al hombre nuevo, al mundo nuevo, tal como ?ste puede nacer s?lo a partir de Dios mediante la obra del Siervo de Dios.

Gracias a Lucas y, sobre todo, a Juan sabemos que Jes?s en su oraci?n durante la ?ltima Cena dirigi? tambi?n peticiones al Padre, s?plicas que contienen al mismo tiempo un llamamiento a sus disc?pulos de entonces y de todos los tiempos. Quisiera en este momento referirme s?lo una s?plica que, seg?n Juan, Jes?s repiti? cuatro veces en su oraci?n sacerdotal. ?Cu?nta angustia debi? sentir en su interior! Esta oraci?n sigue siendo de continuo su oraci?n al Padre por nosotros: es la plegaria por la unidad. Jes?s dice expl?citamente que esta s?plica vale no s?lo para los disc?pulos que estaban entonces presentes, sino que apunta a todos los que creer?n en ?l (cf.Jn?17, 20). Pide que todos sean uno "como t?, Padre, en m?, y yo en ti, para que el mundo crea" (Jn?17, 21). La unidad de los cristianos s?lo se da si los cristianos est?n ?ntimamente unidos a ?l, a Jes?s. Fe y amor por Jes?s, fe en su ser uno con el Padre y apertura a la unidad con ?l son esenciales. Esta unidad no es algo solamente interior, m?stico. Se ha de hacer visible, tan visible que constituya para el mundo la prueba de la misi?n de Jes?s por parte del Padre. Por eso, esa s?plica tiene un sentido eucar?stico escondido, que Pablo ha resaltado con claridad en la?Primera carta a los Corintios: "El pan que partimos, ?no nos une a todos en el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y as? nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan" (1 Co?10, 16s). La Iglesia nace con la Eucarist?a. Todos nosotros comemos del mismo pan, recibimos el mismo cuerpo del Se?or y eso significa: ?l nos abre a cada uno m?s all? de s? mismo. ?l nos hace uno entre todos nosotros. La Eucarist?a es el misterio de la ?ntima cercan?a y comuni?n de cada uno con el Se?or. Y, al mismo tiempo, es la uni?n visible entre todos. La Eucarist?a es sacramento de la unidad. Llega hasta el misterio trinitario, y crea as? a la vez la unidad visible. Dig?moslo de nuevo: ella es el encuentro personal?simo con el Se?or y, sin embargo, nunca es un mero acto de devoci?n individual. La celebramos necesariamente juntos. En cada comunidad est? el Se?or en su totalidad. Pero es el mismo en todas las comunidades. Por eso, forman parte necesariamente de la Oraci?n eucar?stica de la Iglesia las palabras: "una cum Papa nostro et cum Episcopo nostro". Esto no es un a?adido exterior a lo que sucede interiormente, sino expresi?n necesaria de la realidad eucar?stica misma. Y nombramos al Papa y al Obispo por su nombre: la unidad es totalmente concreta, tiene nombres. As?, se hace visible la unidad, se convierte en signo para el mundo y establece para nosotros mismos un criterio concreto.

San Lucas nos ha conservado un elemento concreto de la oraci?n de Jes?s por la unidad: "Sim?n, Sim?n, mira que Satan?s os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y t?, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos" (Lc?22, 31s). Hoy comprobamos de nuevo con dolor que a Satan?s se le ha concedido cribar a los disc?pulos de manera visible delante de todo el mundo. Y sabemos que Jes?s ora por la fe de Pedro y de sus sucesores. Sabemos que Pedro, que va al encuentro del Se?or a trav?s de las aguas agitadas de la historia y est? en peligro de hundirse, est? siempre sostenido por la mano del Se?or y es guiado sobre las aguas. Pero despu?s sigue un anuncio y un encargo. "T?, cuando te hayas convertido...": Todos los seres humanos, excepto Mar?a, tienen necesidad de convertirse continuamente. Jes?s predice la ca?da de Pedro y su conversi?n. ?De qu? ha tenido que convertirse Pedro? Al comienzo de su llamada, asustado por el poder divino del Se?or y por su propia miseria, Pedro hab?a dicho: "Se?or, ap?rtate de m?, que soy un hombre pecador" (Lc?5, 8). En la presencia del Se?or, ?l reconoce su insuficiencia. As? es llamado precisamente en la humildad de quien se sabe pecador y debe siempre, continuamente, encontrar esta humildad. En Cesarea de Filipo, Pedro no hab?a querido aceptar que Jes?s tuviera que sufrir y ser crucificado. Esto no era compatible con su imagen de Dios y del Mes?as. En el Cen?culo no quiso aceptar que Jes?s le lavase los pies: eso no se ajustaba a su imagen de la dignidad del Maestro. En el Huerto de los Olivos blandi? la espada. Quer?a demostrar su valent?a. Sin embargo, delante de la sierva afirm? que no conoc?a a Jes?s. En aquel momento, eso le parec?a un peque?a mentira para poder permanecer cerca de Jes?s. Su hero?smo se derrumb? en un juego mezquino por un puesto en el centro de los acontecimientos. Todos debemos aprender siempre a aceptar a Dios y a Jesucristo como ?l es, y no como nos gustar?a que fuese. Tambi?n nosotros tenemos dificultad en aceptar que ?l se haya unido a las limitaciones de su Iglesia y de sus ministros. Tampoco nosotros queremos aceptar que ?l no tenga poder en el mundo. Tambi?n nosotros nos parapetamos detr?s de pretextos cuando nuestro pertenecer a ?l se hace muy costoso o muy peligroso. Todos tenemos necesidad de una conversi?n que acoja a Jes?s en su ser-Dios y ser-Hombre. Tenemos necesidad de la humildad del disc?pulo que cumple la voluntad del Maestro. En este momento queremos pedirle que nos mire tambi?n a nosotros como mir? a Pedro, en el momento oportuno, con sus ojos ben?volos, y que nos convierta.

Pedro, el convertido, fue llamado a confirmar a sus hermanos. No es un dato exterior que este cometido se le haya confiado en el Cen?culo. El servicio de la unidad tiene su lugar visible en la celebraci?n de la santa Eucarist?a. Queridos amigos, es un gran consuelo para el Papa saber que en cada celebraci?n eucar?stica todos rezan por ?l; que nuestra oraci?n se une a la oraci?n del Se?or por Pedro. S?lo gracias a la oraci?n del Se?or y de la Iglesia, el Papa puede corresponder a su misi?n de confirmar a los hermanos, de apacentar el reba?o de Jes?s y de garantizar aquella unidad que se hace testimonio visible de la misi?n de Jes?s de parte del Padre.

"Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros". Se?or, t? tienes deseos de nosotros, de m?. T? has deseado darte a nosotros en la santa Eucarist?a, de unirte a nosotros. Se?or, suscita tambi?n en nosotros el deseo de ti. Fortal?cenos en la unidad contigo y entre nosotros. Da a tu Iglesia la unidad, para que el mundo crea. Am?n.

[Traducci?n distribuida por la Santa Sede
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:11  | Habla el Papa
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