Domingo, 24 de abril de 2011

ZENIT? publica las palabras que dirigi? Benedicto XVI al final del V?a Crucis que presidi? el Viernes Santo, 22 de Abril de 2011, en el Coliseo.

Queridos hermanos y hermanas:

Esta noche hemos acompa?ado en la fe a Jes?s en el recorrido del ?ltimo trecho de su camino terrenal, el m?s doloroso, el del Calvario. Hemos escuchado el clamor de la muchedumbre, las palabras de condena, las burlas de los soldados, el llanto de la Virgen Mar?a y de las mujeres. Ahora estamos sumidos en el silencio de esta noche, en el silencio de la cruz, en el silencio de la muerte. Es un silencio que lleva consigo el peso del dolor del hombre rechazado, oprimido y aplastado; el peso del pecado que le desfigura el rostro, el peso del mal. Esta noche hemos revivido, en lo profundo de nuestro coraz?n, el drama de Jes?s, cargado del dolor, del mal y del pecado del hombre.

?Qu? queda ahora ante nuestros ojos? Queda un Crucifijo, una Cruz elevada sobre el G?lgota, una Cruz que parece se?alar la derrota definitiva de Aqu?l que hab?a tra?do la luz a quien estaba sumido en la oscuridad, de Aqu?l que hab?a hablado de la fuerza del perd?n y de la misericordia, que hab?a invitado a creer en el amor infinito de Dios por cada persona humana. Despreciado y rechazado por los hombres, est? ante nosotros el "var?n de dolores, acostumbrado a sufrimientos, despreciado y evitado de los hombres, ante el cual se ocultaban los rostros" (Isa?as 53, 3).

Pero miremos bien a este hombre crucificado entre la tierra y el cielo, contempl?mosle con una mirada m?s profunda, y descubriremos que la Cruz no es el signo de la victoria de la muerte, del pecado y del mal, sino el signo luminoso del amor, m?s a?n, de la inmensidad del amor de Dios, de aquello que jam?s habr?amos podido pedir, imaginar o esperar: Dios se ha inclinado ante nosotros, se ha abajado hasta llegar al rinc?n m?s oscuro de nuestra vida para tendernos la mano y alzarnos hacia ?l, para llevarnos hasta ?l. La Cruz nos habla de la fe en el poder de este amor, nos invita a creer que en cada situaci?n de nuestra vida, de la historia, del mundo, Dios es capaz de vencer la muerte, el pecado, el mal, y darnos una vida nueva, resucitada. En la muerte en cruz del Hijo de Dios, est? la semilla de una nueva esperanza de vida, como el grano que muere dentro de la tierra.


En esta noche cargada de silencio, cargada de esperanza, resuena la invitaci?n que Dios nos dirige a trav?s de las palabras de san Agust?n: "Tened fe. Vosotros vendr?is a m? y gustar?is los bienes de mi mesa, as? como yo no he rechazado saborear los males de la vuestra... Os he prometido la vida... Como anticipo os he dado mi muerte, como si os dijera: 'Mirad, yo os invito a participar en mi vida... Una vida donde nadie muere, una vida verdaderamente feliz, donde el alimento no perece, repara las fuerzas y nunca se agota. Ved a qu? os invito... a la amistad con el Padre y el Esp?ritu Santo, a la cena eterna, a ser hermanos m?os..., a participar en mi vida'" (cf. Serm?n 231, 5).

Fijemos nuestra mirada en Jes?s crucificado y pidamos en la oraci?n: Ilumina, Se?or, nuestro coraz?n, para que podamos seguirte por el camino de la Cruz; haz morir en nosotros el "hombre viejo", atado al ego?smo, al mal, al pecado, y haznos "hombres nuevos", hombres y mujeres santos, transformados y animados por tu amor.

[? Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:19  | Habla el Papa
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