Lunes, 25 de abril de 2011

ZENIT??publica la homil?a que pronunci? Benedicto XVI en la Vigilia de la Noche Santa de Pascua, s?bado 23 de Abril de 2011,?en la Bas?lica de San Pedro en el Vaticano. En la liturgia bautismal, el Papa bautiz? a seis catec?menos de diferentes pa?ses.

Queridos hermanos y hermanas:

Dos grandes signos caracterizan la celebraci?n lit?rgica de la Vigilia pascual. En primer lugar, el fuego que se hace luz. La luz del cirio pascual, que en la procesi?n a trav?s de la iglesia envuelta en la oscuridad de la noche se propaga en una multitud de luces, nos habla de Cristo como verdadero lucero matutino, que no conoce ocaso, nos habla del Resucitado en el que la luz ha vencido a las tinieblas. El segundo signo es el agua. Nos recuerda, por una parte, las aguas del Mar Rojo, la profundidad y la muerte, el misterio de la Cruz. Pero se presenta despu?s como agua de manantial, como elemento que da vida en la aridez. Se hace as? imagen del Sacramento del Bautismo, que nos hace part?cipes de la muerte y resurrecci?n de Jesucristo.

Sin embargo, no s?lo forman parte de la liturgia de la Vigilia Pascual los grandes signos de la creaci?n, como la luz y el agua. Caracter?stica esencial de la Vigilia es tambi?n el que ?sta nos conduce a un encuentro profundo con la palabra de la Sagrada Escritura. Antes de la reforma lit?rgica hab?a doce lecturas veterotestamentarias y dos neotestamentarias. Las del Nuevo Testamento han permanecido. El n?mero de las lecturas del Antiguo Testamento se ha fijado en siete, pero, de seg?n las circunstancias locales, pueden reducirse a tres. La Iglesia quiere llevarnos, a trav?s de una gran visi?n panor?mica por el camino de la historia de la salvaci?n, desde la creaci?n, pasando por la elecci?n y la liberaci?n de Israel, hasta el testimonio de los profetas, con el que toda esta historia se orienta cada vez m?s claramente hacia Jesucristo. En la tradici?n lit?rgica, todas estas lecturas eran llamadas profec?as. Aun cuando no son directamente anuncios de acontecimientos futuros, tienen un car?cter prof?tico, nos muestran el fundamento ?ntimo y la orientaci?n de la historia. Permiten que la creaci?n y la historia transparenten lo esencial. As?, nos toman de la mano y nos conducen hac?a Cristo, nos muestran la verdadera Luz.

En la Vigilia Pascual, el camino a trav?s de los sendas de la Sagrada Escritura comienzan con el relato de la creaci?n. De esta manera, la liturgia nos indica que tambi?n el relato de la creaci?n es una profec?a. No es una informaci?n sobre el desarrollo exterior del devenir del cosmos y del hombre. Los Padres de la Iglesia eran bien conscientes de ello. No entend?an dicho relato como una narraci?n del desarrollo del origen de las cosas, sino como una referencia a lo esencial, al verdadero principio y fin de nuestro ser. Podemos preguntarnos ahora: Pero, ?es verdaderamente importante en la Vigilia Pascual hablar tambi?n de la creaci?n? ?No se podr?a empezar por los acontecimientos en los que Dios llama al hombre, forma un pueblo y crea su historia con los hombres sobre la tierra? La respuesta debe ser: no. Omitir la creaci?n significar?a malinterpretar la historia misma de Dios con los hombres, disminuirla, no ver su verdadero orden de grandeza. La historia que Dios ha fundado abarca incluso los or?genes, hasta la creaci?n. Nuestra profesi?n de fe comienza con estas palabras: "Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra". Si omitimos este comienzo del Credo, toda la historia de la salvaci?n queda demasiado reducida y estrecha. La Iglesia no es una asociaci?n cualquiera que se ocupa de las necesidades religiosas de los hombres y, por eso mismo, no limita su cometido s?lo a dicha asociaci?n. No, ella conduce al hombre al encuentro con Dios y, por tanto, con el principio de todas las cosas. Dios se nos muestra como Creador, y por esto tenemos una responsabilidad con la creaci?n. Nuestra responsabilidad llega hasta la creaci?n, porque ?sta proviene del Creador. Puesto que Dios ha creado todo, puede darnos vida y guiar nuestra vida. La vida en la fe de la Iglesia no abraza solamente un ?mbito de sensaciones o sentimientos o quiz?s de obligaciones morales. Abraza al hombre en su totalidad, desde su principio y en la perspectiva de la eternidad. Puesto que la creaci?n pertenece a Dios, podemos confiar plenamente en ?l. Y porque ?l es Creador, puede darnos la vida eterna. La alegr?a por la creaci?n, la gratitud por la creaci?n y la responsabilidad respecto a ella van juntas.

El mensaje central del relato de la creaci?n se puede precisar todav?a m?s. San Juan, en las primeras palabras de su Evangelio, ha sintetizado el significado esencial de dicho relato con una sola frase: "En el principio exist?a el Verbo". En efecto, el relato de la creaci?n que hemos escuchado antes se caracteriza por la expresi?n que aparece con frecuencia: "Dijo Dios...". El mundo es un producto de la Palabra, del Logos, como dice Juan utilizando un vocablo central de la lengua griega. "Logos" significa "raz?n", "sentido", "palabra". No es solamente raz?n, sino Raz?n creadora que habla y se comunica a s? misma. Raz?n que es sentido y ella misma crea sentido. El relato de la creaci?n nos dice, por tanto, que el mundo es un producto de la Raz?n creadora. Y con eso nos dice que en el origen de todas las cosas estaba no lo que carece de raz?n o libertad, sino que el principio de todas las cosas es la Raz?n creadora, es el amor, es la libertad. Nos encontramos aqu? frente a la alternativa ?ltima que est? en juego en la discusi?n entre fe e incredulidad: ?Es la irracionalidad, la falta de libertad y la casualidad el principio de todo, o el principio del ser es m?s bien raz?n, libertad, amor? ?Corresponde el primado a la irracionalidad o a la raz?n? En ?ltimo t?rmino, ?sta es la pregunta crucial. Como creyentes respondemos con el relato de la creaci?n y con Juan: en el origen est? la raz?n. En el origen est? la libertad. Por esto es bueno ser una persona humana. No es que en el universo en expansi?n, al final, en un peque?o ?ngulo cualquiera del cosmos se formara por casualidad una especie de ser viviente, capaz de razonar y de tratar de encontrar en la creaci?n una raz?n o d?rsela. Si el hombre fuese solamente un producto casual de la evoluci?n en alg?n lugar al margen del universo, su vida estar?a privada de sentido o ser?a incluso una molestia de la naturaleza. Pero no es as?: la Raz?n estaba en el principio, la Raz?n creadora, divina. Y puesto que es Raz?n, ha creado tambi?n la libertad; y como de la libertad se puede hacer un uso inadecuado, existe tambi?n aquello que es contrario a la creaci?n. Por eso, una gruesa l?nea oscura se extiende, por decirlo as?, a trav?s de la estructura del universo y a trav?s de la naturaleza humana. Pero no obstante esta contradicci?n, la creaci?n como tal sigue siendo buena, la vida sigue siendo buena, porque en el origen est? la Raz?n buena, el amor creador de Dios. Por eso el mundo puede ser salvado. Por eso podemos y debemos ponernos de parte de la raz?n, de la libertad y del amor; de parte de Dios que nos ama tanto que ha sufrido por nosotros, para que de su muerte surgiera una vida nueva, definitiva, saludable.

El relato veterotestamentario de la creaci?n, que hemos escuchado, indica claramente este orden de la realidad. Pero nos permite dar un paso m?s. Ha estructurado el proceso de la creaci?n en el marco de una semana que se dirige hacia el S?bado, encontrando en ?l su plenitud. Para Israel, el S?bado era el d?a en que todos pod?an participar del reposo de Dios, en que los hombres y animales, amos y esclavos, grandes y peque?os se un?an a la libertad de Dios. As?, el S?bado era expresi?n de la alianza entre Dios y el hombre y la creaci?n. De este modo, la comuni?n entre Dios y el hombre no aparece como algo a?adido, instaurado posteriormente en un mundo cuya creaci?n ya hab?a terminado. La alianza, la comuni?n entre Dios y el hombre, est? ya prefigurada en lo m?s profundo de la creaci?n. S?, la alianza es la raz?n intr?nseca de la creaci?n as? como la creaci?n es el presupuesto exterior de la alianza. Dios ha hecho el mundo para que exista un lugar donde pueda comunicar su amor y desde el que la respuesta de amor regrese a ?l. Ante Dios, el coraz?n del hombre que le responde es m?s grande y m?s importante que todo el inmenso cosmos material, el cual nos deja, ciertamente, vislumbrar algo de la grandeza de Dios.

En Pascua, y partiendo de la experiencia pascual de los cristianos, debemos dar a?n un paso m?s. El S?bado es el s?ptimo d?a de la semana. Despu?s de seis d?as, en los que el hombre participa en cierto modo del trabajo de la creaci?n de Dios, el S?bado es el d?a del descanso. Pero en la Iglesia naciente sucedi? algo inaudito: El S?bado, el s?ptimo d?a, es sustituido ahora por el primer d?a. Como d?a de la asamblea lit?rgica, es el d?a del encuentro con Dios mediante Jesucristo, el cual en el primer d?a, el Domingo, se encontr? con los suyos como Resucitado, despu?s de que hallaran vac?o el sepulcro. La estructura de la semana se ha invertido. Ya no se dirige hacia el s?ptimo d?a, para participar en ?l del reposo de Dios. Inicia con el primer d?a como d?a del encuentro con el Resucitado. Este encuentro ocurre siempre nuevamente en la celebraci?n de la Eucarist?a, donde el Se?or se presenta de nuevo en medio de los suyos y se les entrega, se deja, por as? decir, tocar por ellos, se sienta a la mesa con ellos. Este cambio es un hecho extraordinario, si se considera que el S?bado, el s?ptimo d?a como d?a del encuentro con Dios, est? profundamente enraizado en el Antiguo Testamento. El dramatismo de dicho cambio resulta a?n m?s claro si tenemos presente hasta qu? punto el proceso del trabajo hacia el d?a de descanso se corresponde tambi?n con una l?gica natural. Este proceso revolucionario, que se ha verificado inmediatamente al comienzo del desarrollo de la Iglesia, s?lo se explica por el hecho de que en dicho d?a hab?a sucedido algo inaudito. El primer d?a de la semana era el tercer d?a despu?s de la muerte de Jes?s. Era el d?a en que ?l se hab?a mostrado a los suyos como el Resucitado. Este encuentro, en efecto, ten?a en s? algo de extraordinario. El mundo hab?a cambiado. Aquel que hab?a muerto viv?a de una vida que ya no estaba amenazada por muerte alguna. Se hab?a inaugurado una nueva forma de vida, una nueva dimensi?n de la creaci?n. El primer d?a, seg?n el relato del G?nesis, es el d?a en que comienza la creaci?n. Ahora, se ha convertido de un modo nuevo en el d?a de la creaci?n, se ha convertido en el d?a de la nueva creaci?n. Nosotros celebramos el primer d?a. Con ello celebramos a Dios, el Creador, y a su creaci?n. S?, creo en Dios, Creador del cielo y de la tierra. Y celebramos al Dios que se ha hecho hombre, que padeci?, muri?, fue sepultado y resucit?. Celebramos la victoria definitiva del Creador y de su creaci?n. Celebramos este d?a como origen y, al mismo tiempo, como meta de nuestra vida. Lo celebramos porque ahora, gracias al Resucitado, se manifiesta definitivamente que la raz?n es m?s fuerte que la irracionalidad, la verdad m?s fuerte que la mentira, el amor m?s fuerte que la muerte. Celebramos el primer d?a, porque sabemos que la l?nea oscura que atraviesa la creaci?n no permanece para siempre. Lo celebramos porque sabemos que ahora vale definitivamente lo que se dice al final del relato de la creaci?n: "Vio Dios todo lo que hab?a hecho, y era muy bueno" (Gen 1, 31). Am?n

[Traducci?n distribuida por la Santa Sede
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:38  | Habla el Papa
 | Enviar