Lunes, 25 de abril de 2011

ZENIT nos?ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? el? viernes, 25 de marzo de 2011, ?a los participantes del Curso sobre el Fuero Interno, promovido por la Penitenciaria Apost?lica, durante una Audiencia celebrada en el Aula de las Bendiciones.

Queridos amigos, estoy muy contento de dirigir a cada uno de vosotros mi m?s cordial bienvenida. Saludo al cardenal Fortunato Baldelli, Penitenciario Mayor, y le agradezco las corteses palabras que me ha dirigido. Saludo al Regente de la Penitenciaria, monse?or Gianfranco Girotti, al personal, los colaboradores y a todos los participantes del Curso sobre el Fuero Interno, que se ha convertido en una cita tradicional y una importante ocasi?n para profundizar en los temas relacionados con el Sacramento de la Penitencia.

Deseo detenerme con vosotros sobre un aspecto que quiz?s no se ha considerado suficientemente, pero que es de gran relevancia espiritual y pastoral: el valor pedag?gico de la Confesi?n sacramental. Si es verdad que siempre es necesario salvaguardar la objetividad de los efectos del Sacramento y su correcta celebraci?n seg?n las normas del Rito de la Penitencia, no est? fuera de lugar la reflexi?n sobre cuanto pueda esto educar la fe, sea del ministro, sea del penitente. La fiel y generosa disponibilidad de los sacerdotes en la escucha de las confesiones, sobre el ejemplo de los grandes Santos de la historia, desde San Juan Mar?a Vianney hasta san Juan Bosco, desde san Josemar?a Escriv? a san P?o de Pietralcina, desde san Giuseppe Cafasso a san Leopoldo Mandić, nos indica a todos nosotros como el confesionario puede ser un ?lugar?real de santificaci?n.

?De qu? modo educa el Sacramento de la Penitencia? ?En qu? sentido tiene su celebraci?n, un valor pedag?gico, antes que nada para los ministros? Podr?amos comenzar desde el reconocimiento de que la misi?n sacerdotal constituye un punto de observaci?n ?nico y privilegiado, del cual, cotidianamente, se da la contemplaci?n del esplendor de la Misericordia divina. Cuantas veces en la celebraci?n del Sacramento de la Penitencia, el sacerdote asiste a verdaderos y propios milagros de conversi?n, que, renovando ?el encuentro con un acontecimiento, con una Persona? (Enc. Deus Caritas est, n?1), refuerzan su misma fe. En el fondo, confesar significa asistir a tantas ?professiones fidei? cuantos son los penitentes, y contemplar la acci?n de Dios misericordioso en la historia, tocar con la mano los efectos salv?ficos de la Cruz y de la Resurrecci?n de Cristo, en todo tiempo y para cada hombre. No raramente nos colocamos ante verdaderos y propios dramas existenciales y espirituales, que no encuentran respuesta en las palabras de los hombres, pero que son abrazados y asumidos por el Amor divino, que perdona y transforma: ??Aunque vuestros pecados sean como la escarlata, se volver?n blancos como la nieve? (Is 1,18).

Conocer y, en cierto modo, visitar el abismo del coraz?n humano, incluso en los aspectos oscuros, si por un lado pone a prueba la humanidad y la fe del mismo sacerdote, por el otro lado alimenta en ?l la certeza de que la ?ltima palabra sobre el mal del hombre y de la historia es de Dios, y de su Misericordia, capaz de hacer nuevas todas las cosas (cfr Ap 21,5). Cuanto puede aprender el sacerdote de penitentes ejemplares de su vida espiritual, de la seriedad con la que conducen su examen de conciencia, de la transparencia en el reconocimiento del propio pecado y por la docilidad hacia la ense?anza de la Iglesia y las indicaciones del confesor. ?De la administraci?n del Sacramento de la Penitencia podemos recibir profundas lecciones de humildad y de fe! Es una llamada muy fuerte para todo sacerdote a la conciencia de la propia identidad. ?Nunca, s?lo por la fuerza de nuestra humanidad, podremos escuchar las confesiones de los hermanos!. Si estos se acercan a nosotros es s?lo porque somos sacerdotes, configurados en Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, y capaces de actuar en su Nombre y en su Persona, de hacer realmente presente a Dios que perdona, renueva y transforma. La celebraci?n del Sacramento de la Penitencia tiene un valor pedag?gico para el sacerdote, con respecto a su fe, a la verdad y pobreza de su persona y alimenta en ?l su conciencia de la identidad sacramental.

?Cu?l es el valor pedag?gico del Sacramento de la Penitencia para los penitentes? Debemos comenzar diciendo que esto depende, antes que nada, de la acci?n de la Gracia y de los efectos objetivos del Sacramento en el alama del fiel. Ciertamente la Reconciliaci?n sacramental es uno de los momentos en los que la libertad personal y la conciencia de uno mismo est?n llamadas a expresarse en un modo particularmente evidente. Y quiz?s tambi?n por esto, en una ?poca de relativismo y, por consiguiente, de una conciencia atenuada del propio ser, se debilita tambi?n la pr?ctica sacramental. El examen de conciencia tiene un importante valor pedag?gico: educa a mirar con sinceridad la propia existencia, a confrontarla con la verdad del Evangelio y a valorarla con par?metros no s?lo humanos, sino tomados de la Revelaci?n divina. La confrontaci?n con los Mandamientos y con las Bienaventuranzas y, sobre todo, con el Precepto del amor, constituye la primera gran ?escuela penitencial?.

En nuestro tiempo caracterizado por el ruido, la distracci?n, la soledad, el coloquio del penitente con el confesor puede ser una de las pocas, sino la ?nica ocasi?n de ser escuchado de verdad y en profundidad. Queridos sacerdotes, no dej?is de darle el espacio adecuado al ejercicio del ministerio de la Penitencia en el confesionario: ser acogidos y escuchados constituye tambi?n un signo humano de la acogida y de la bondad de Dios hacia sus hijos. La confesi?n ?ntegra de los pecados, adem?s, educa al penitente a la humildad, al reconocimiento de la propia fragilidad y, al mismo tiempo, a la conciencia de la necesidad del perd?n de Dios y a la confianza de que la Gracia divina puede transformar la vida. Del mismo modo, escuchar las advertencias y de los consejos del confesor es importante para el juicio sobre los actos, para el camino espiritual y para la curaci?n interior del penitente. ?No olvidemos cuantas conversiones y cuantas existencias realmente santas comenzaron en un confesionario! La acogida de la penitencia, la escucha de las palabras ?Yo te absuelvo de tus pecados? representan, finalmente, una escuela verdadera de amor y de esperanza, que gu?a a la plena confianza en el Dios Amor revelado en Jesucristo, a la responsabilidad y al compromiso de la conversi?n continua.

Queridos sacerdotes, que experimentar nosotros primero la Misericordia divina y ser humildes instrumentos de ella, nos eduque a una siempre fiel celebraci?n del Sacramento de la Penitencia y a una profunda gratitud hacia Dios, que ?nos ha confiado el ministerio de la reconciliaci?n (1Cor 5,18). A la Beata Virgen Mar?a, Mater misericordiae y Refugium peccatorum, conf?o los frutos de vuestro Curso sobre el Fuero Interno y el ministerio de todos los Confesores, mientras que con gran afecto os bendigo.

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:50  | Habla el Papa
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