Domingo, 01 de mayo de 2011

?Art?culo de monse?or Bernardo ?lvarez Afonso, obispo de Tenerife, con motivo de la beatificaci?n de Juan Pablo IIsobre Juan Pablo II.

?Beato Juan Pablo II
?Vale la pena dedicarse a la causa de Cristo?

?Al volver la vista atr?s y recordar los a?os de mi vida, les puedo asegurar que vale la pena dedicarse a la causa de Cristo?. En el p?rtico de este breve art?culo dedicado a la beatificaci?n hoy del Papa Juan Pablo II, he querido traer a colaci?n esta rotunda y hermosa afirmaci?n del entonces ya anciano Papa que ciertamente, haciendo honor a estas palabras, dedic? toda su vida a la causa de Cristo. Con la beatificaci?n de hoy, la Iglesia no hace otra cosa que reconocer que el Karol Wojtyla, fue en este mundo hombre de Dios que ?vivi? las virtudes cristianas en grado heroico? y falleci? con reconocida fama de Santidad.

La beatificaci?n no a?ade nada nuevo a lo que la persona ha sido y es ante Dios, pero con ello la Iglesia reconoce su entrega y fidelidad a la causa de Cristo y lo presenta a los fieles como alguien a quien podemos imitar y con quien podemos seguir contando, pues sus ense?anzas son gu?a segura para la vida cristiana y desde el cielo nos ayuda con su intercesi?n.

En el caso de Juan Pablo II la reforma de la legislaci?n can?nica ha permitido que, a poco m?s de cinco a?os de su ?partida a la casa del Padre‟, vaya a ser ya elevado a los altares al reconocerse ambas cosas. No podemos olvidar el clamor del pueblo cristiano en su propio funeral reclamando el conocido ?santo s?bito?. Adem?s, el reconocimiento oficial de un milagro, es decir, un hecho que no es explicable por causas naturales, y que se atribuye a la intercesi?n de este siervo de Dios, hace posible que hoy la Iglesia entera se alegre por este acontecimiento singular.

Un buen grupo de peregrinos de nuestra Di?cesis Nivariense nos representar?n en esta jornada en la plaza de S. Pedro. La rapidez del proceso hace posible que muchos podamos contar alguna experiencia personal con Juan Pablo II. Yo recuerdo con especial cari?o cuando, mientras cursaba estudios en Roma, una temprana ma?ana pude concelebrar con ?l y otros sacerdotes diocesanos en su capilla privada. Entonces le pregunt?: ?Santidad, para cu?ndo un viaje a Canarias? A lo que ?l, con su conocido sentido del humor me respondi?: ?Cuando me dejen?. Al final no pudo ser.

A?n as?, Juan Pablo II, adem?s de por sus muchas obras, mensajes, gestos que nos ha legado a todos los cat?licos, y yo dir?a a cualquiera que quiera escucharlos, para nosotros siempre ser? el Papa que canoniz? en Guatemala a nuestro primer santo canario: El Santo hermano Pedro de S. Jos? Betancur.

El hecho singular de que varias generaciones de personas sintamos al ya hoy beato Juan Pablo II como contempor?neo nuestro es una espl?ndida oportunidad para imitar el ejemplo de su vida, de su entrega, de su fidelidad hasta las ?ltimas consecuencias. Una vida en gran medida inexplicable si no fuera porque "Dios estaba con ?l" y, en cierto modo, esto es lo que la Iglesia proclama hoy con su beatificaci?n.

Buena parte de nosotros tendr? en la retina de sus ojos y en los o?dos momentos de la vida de este eslavo que fue considerado ?el atleta de Dios‟, que se present? al mundo con aquel conocido: ?No teng?is miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo?, que

influy? decisivamente en los acontecimiento ocurridos en la Europa del Este y que condujeron a la "ca?da del muro de Berl?n", que viaj? por buena parte del planeta como predicador incansable de la Buena Nueva de Jesucristo, que nos leg? extraordinarias enc?clicas, profundiz? en la aplicaci?n del Concilio Vaticano II, promulg? el Catecismo de la Iglesia Cat?lica, reform? el C?digo de Derecho Can?nico, empatiz? y simpatiz? con los j?venes de modo singular sin tener que adularles sino proponi?ndoles con libertad y valent?a la exigencia del evangelio, se acerc? a tantos empobrecidos y vulnerables con sus palabras y con sus hechos, y que nos leg? en la manera de vivir ? entre otras cosas - el perd?n a quien le intent? asesinar, su entrega cotidiana al plan de Dios, su enfermedad, su muerte, etc. ejemplos preclaros de vida en la fe, esperanza y caridad

Juan Pablo II sube hoy a los altares s?lo 6 a?os y un mes despu?s de su muerte. Como se?alan algunos de los que han estado en este proceso: ??l mismo dec?a que no se puede entender su personalidad desde fuera sino desde dentro. Por eso, la clave de lectura de este personaje es su fe. Fue un hombre de Dios. Esto es lo que mejor le define. Fue aut?nticamente un hombre de Dios, un hombre que realmente cre?a, que estaba enamorado de Cristo y de la Iglesia?. ?La fama de santidad es una constante en la vida de Juan Pablo II. Cuando estaba vivo la gente lo consideraba un santo. Muchos dicen que han recibido gracias especiales de Dios cuando pidieron a este papa que rezara por ellos?. Hoy el sucesor de Pedro, el Papa Benedicto XVI, reconocer? oficialmente todo ello.

Celebremos, por tanto, con gozo, la grandeza de Dios en este d?a, ya que como proclama la liturgia: ?En verdad es justo darte gracias y deber nuestro glorificarte, Padre Santo, porque manifiestas tu gloria en la asamblea de los santos, y, al coronar sus m?ritos, coronas tu propia obra. T? nos ofreces el ejemplo de su vida, la ayuda de su intercesi?n y la participaci?n en su destino, para que, animados por su presencia alentadora, luchemos sin desfallecer en la carrera y alcancemos, como ellos, la corona de gloria que no se marchita, por Cristo, Se?or nuestro?.

Desde hoy podemos darle culto e invocarlo p?blicamente: "Beato Juan Pablo II, ruega por nosotros".