Lunes, 02 de mayo de 2011

Mensaje de monse?or Carlos H. Malfa, obispo de Chascom?s, para la Cuaresma 2011. (AICA)?

"Vengan, volvamos al Se?or" (Oseas 6, 1)?

?Borra mi culpa? crea en m?, Dios m?o, un coraz?n puro? devu?lveme la alegr?a de tu salvaci?n? (Salmo 50).

1. Este Salmo, conocido como el ?miserere? nos pone en la realidad de un pecador que expresa su arrepentimiento, implora con humildad el perd?n de Dios y pide le ayude a hacer nueva su vida.

En su mensaje de Cuaresma el Santo Padre nos dice: ?El per?odo cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger con una sincera revisi?n de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisi?n hacia Cristo? (n? 3).

Les propongo que en esta Cuaresma nos animemos a redescubrir la belleza del Sacramento de la Penitencia, renovar la fe y la pr?ctica frecuente de este Sacramento de la misericordia de Dios.

En la carta Apost?lica Novo Millennio Ineunte el siervo de Dios Juan Pablo II dec?a: ?Deseo pedir, adem?s, una renovada valent?a pastoral para que la pedagog?a cotidiana de la comunidad cristiana sepa proponer de manera convincente y eficaz la pr?ctica del Sacramento de la Reconciliaci?n? es necesario que los Pastores tengan mayor confianza, creatividad y perseverancia en presentarlo y valorizarlo. ?No debemos rendirnos, queridos hermanos sacerdotes, ante las crisis contempor?neas! Los dones del Se?or ?y los Sacramentos son de los m?s preciosos- vienen de Aqu?l que conoce bien el coraz?n del hombre y es el Se?or de la historia (n? 37).

Recuerdo y llamo aqu? no solo a los sacerdotes? sino tambi?n a los padres y madres de familia, catequistas, educadores, profesores de religi?n, la importante e ineludible responsabilidad y misi?n hacia ni?os y adolescentes, j?venes y adultos en una catequesis que lleve a conocer, amar y practicar el Sacramento de la Penitencia, una catequesis ?ntegra y sin ambig?edades trasmitiendo la fe de la Iglesia como la recoge el Catecismo de la Iglesia Cat?lica (CEC 1422-1498).

El ritual de la Penitencia en su Introducci?n (nros. 1 y 4) y citando a Lumen Gentium (n? 11) ense?a: ?Jes?s, no solo exhort? a los hombres a la penitencia, para que abandonando la vida de pecado se conviertan de todo coraz?n a Dios, sino que acogi? a los pecadores para reconciliarlos con el Padre? En el Sacramento de la Penitencia los fieles obtienen de la misericordia de Dios el perd?n de las ofensas que han hecho al Se?or y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia a la que ofendieron con su pecado y que, con su amor, su ejemplo y su oraci?n, les ayuda en el camino de la propia conversi?n?.

2. Cierto es que para reconocer el pecado y la necesidad de salvaci?n, para experimentar la nostalgia de Dios, necesitamos redescubrir a Dios en el horizonte de nuestra vida. El pecado original nos dej? una tendencia: la ilusoria pretensi?n de ?querer ser como dioses?, el dejarnos seducir y convertirnos en se?ores absolutos de nosotros mismos, de los otros y de la creaci?n, creyendo encontrar la inteligencia del bien y del mal. Al descubrir que no somos dioses, experimentamos la amargura del vac?o y sinsentido de nuestra vida por la ruptura con Dios y, la perturbaci?n de la relaci?n con Dios nos enfrenta con los dem?s. Desde los inicios es as?, en la conversaci?n con Dios luego del pecado original, Ad?n y Eva se lanzan mutuas recriminaciones, culp?ndose el uno al otro, porque quien se enoja con Dios lo hace tambi?n con el hermano. Podemos negar a Dios, olvidarnos de la acci?n de Dios, ser indiferentes hacia ?l para eliminar el concepto de pecado pero no podemos negar las consecuencias del mal presentes en nuestra vida personal, familiar y social. Perder el sentido de Dios eclipsa tambi?n el sentido del pecado, sin embargo el bien siempre ser? bien aunque nadie lo haga y el mal siempre ser? mal aunque todos lo hagamos.

Nos dec?a el Concilio: ?La criatura sin el Creador desaparece? por el olvido de Dios la propia criatura queda oscurecida? (GS, 36).

Nos iluminar?a a todos, pastores y fieles, en el camino de la conversi?n y tambi?n como preparaci?n a su pr?xima beatificaci?n, retomar la Exhortaci?n Apost?lica ?Reconciliatio et Paenitentia? del siervo de Dios Juan Pablo II, cuya lectura y reflexi?n les sugiero de coraz?n.

Podremos comprender en la lectura reflexiva de esta Exhortaci?n la profundizaci?n y actualizaci?n que hace Juan Pablo II de la expresi?n de P?o XII en 1946: ?El pecado del siglo es la p?rdida del sentido de pecado?.

Somos capaces de Dios pero tambi?n somos capaces de oscurecer el sentido de Dios que debilita el sentido del pecado y anestesia y acalla la conciencia, nos vuelve sordos a su voz interior. ?Cu?nto necesitamos trabajar en la formaci?n de la conciencia cuando somos tentados a elegir nuestro propio juicio al proyecto de Dios y a la ley moral donde en verdad encontramos nuestra libertad!

Siempre podemos abrirnos a la voz de Dios ?este es el tiempo favorable, este es el d?a de la salvaci?n?? (2 Cor 6,2).

San Pablo nos recuerda que tenemos una ley escrita por Dios en nuestro coraz?n (Rom. 2, 15-16). El Concilio nos ense?a ?La conciencia es el n?cleo m?s secreto y el sagrario del hombre, en el que ?ste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto m?s ?ntimo de aqu?lla.? (GS, 16). En esta interioridad profunda se da el encuentro personal del hombre con Dios y bajo su mirada decide en libertad. La voz de Dios siempre llama a amar, hacer el bien y evitar el mal, al amor de Dios y del pr?jimo, donde encontramos dignidad y paz.

3. La misericordia de Dios viene a nuestro encuentro en el Sacramento de la Penitencia: ?Dios, Padre Santo, que hizo todas las cosas con sabidur?a y amor, y admirablemente cre? al? hombre, cuando ?ste por desobediencia perdi? su amistad, no lo abandon? al poder de la muerte, sino que compadecido, tendi? la mano a todos para que le encuentre el que lo busca? (Plegaria Eucar?stica IV).

A lo largo de su ministerio Jes?s ejerci? el poder de Dios de perdonar los pecados, es el sentido de su nombre (Mt. 1, 21); la raz?n de su misi?n (Mt. 20, 28); el objetivo de su muerte (Mt. 26, 28). Ser? el gran don de la Pascua cuando se aparece a los ap?stoles: ?Reciban el Esp?ritu Santo. A quienes perdonen los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos? (Jn. 20, 22-23), as? Jes?s extendi? a la Iglesia el poder de comunicar la redenci?n obtenida en la cruz y la autoridad para perdonar los pecados.

Cuando en la fe cat?lica decimos ?creo en el perd?n de los pecados?, es la fe en el Esp?ritu Santo, en la Iglesia y en la comuni?n de los santos.

San Agust?n ense?? que la Iglesia: ?Ha recibido las llaves del Reino de los cielos, de tal manera que en ella los pecados pueden ser perdonados a trav?s de la sangre de Cristo y la acci?n del Esp?ritu Santo. En la Iglesia, el alma muerta por el pecado regresa a la vida para vivir en Cristo, cuya gracia nos ha salvado? (Serm?n 214).

4. En la reciente Exhortaci?n Apost?lica ?Verbum Domini? el Papa Benedicto XVI indica la necesidad de la Sagrada Escritura en el Sacramento de la Penitencia: .. ?nunca se ha de olvidar que la Palabra de Dios es palabra de reconciliaci?n porque en ella Dios reconcilia consigo todas las cosas? (cf. 2Cor 5, 18-20); Ef. 1,10). El perd?n misericordioso de Dios, encarnado en Jes?s, levanta al pecador. ?Por la Palabra de Dios el cristiano es iluminado en el conocimiento de sus pecados y es llamado a la conversi?n y a la confianza en la misericordia de Dios. Para que se ahonde en la fuerza reconciliadora de la Palabra de Dios, se recomienda que cada penitente se prepare a la confesi?n meditando un pasaje adecuado de la Sagrada Escritura?? (Verbum Domini, 61).

?Ojal? escuchen hoy la voz del Se?or, no endurezcan el coraz?n? (Salmo 94).

Les sugiero ahora algunos pasajes evang?licos, conmovedores encuentros salvadores de la vida de Jes?s en los que podemos contemplar y descubrir el rostro de Dios, rico en misericordia que conoce como nadie la fragilidad de nuestra condici?n humana y nos dispone a una buena confesi?n pascual.

La lectura orante de estos textos nos har? ver que en el Sacramento del perd?n la misericordia de Dios es siempre nueva y se encarna en nuestra vida espiritual de pecadores sinceramente arrepentidos: El encuentro con la mujer samaritana (Jn. 4, 1-42); las l?grimas ante la muerte del amigo L?zaro (Jn. 11, 1-44);? el perd?n de la mujer ad?ltera (Jn. 8, 1-11); curaci?n del paral?tico (Jn. 5, 1-18); el pastor que recuper? a la oveja perdida y la alegr?a de la mujer que encontr? la dracma perdida (Lc. 15, 1-10) y la conmovedora par?bola del Padre Misericordioso (Lc. 15, 11-32) con su imperecedero valor religioso. Dios es ese Padre que continuamente mira el horizonte porque siempre espera nuestro retorno? ?estaba a?n distante cuando su padre lo divis? y se estremeci?. Corriendo se le ech? al cuello y lo bes?.? (Lc. 15, 20). Ese hijo es cada uno de nosotros. ?Celebremos un banquete, porque este hijo m?o estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado. Y comenz? la fiesta? (Lc. 15, 24).

La Palabra de Dios despierta en nosotros la memoria del Amor que nos da la confianza y la esperanza de tomar la decisi?n de volver a Dios, preparando serenamente nuestra confesi?n pascual.? El examen de conciencia hecho con la humildad y el coraje del hijo pr?digo nos hace ver no solo el mal que hemos hecho sino tambi?n el bien que dejamos de hacer (?confesamos los pecados de omisi?n?); experimentar el dolor por los pecados, sincero arrepentimiento, la necesidad de reparar, la confesi?n ante el sacerdote y la alegr?a y gratitud de recibir el don renovado: ?Yo te absuelvo? vete en paz y no peques m?s?? (Jn. 8, 11) y queda renovada nuestra santidad bautismal.

La vuelta a la casa del Padre es tambi?n en el Sacramento el encuentro con el Hijo, el Se?or Crucificado y Resucitado que en su Pascua nos da la nueva vida gracias al don del Esp?ritu.

Queridos hermanos y hermanas, pong?monos en camino hacia el confesionario con coraz?n humilde, contrito y lleno de fe para vivir el Sacramento en el que Dios perdona, renueva y transforma la vida y da paz al coraz?n: ?Dej?monos reconciliar con Dios? (2 Cor. 5, 20).

5.- En el camino de nuestra santificaci?n redescubrir la verdad y la belleza del Sacramento de la Penitencia es vital no solo para los fieles sino tambi?n para nosotros los sacerdotes quienes somos a la vez penitentes y ministros de la reconciliaci?n, del perd?n de Dios: ?Todo procede de Dios, que nos reconcili? consigo por medio de Cristo y que nos encarg? el ministerio de la reconciliaci?n? (2 Cor, 5, 18).

No puedo dejar de recordar cuanto dijera el siervo de Dios Juan Pablo II en su Exhortaci?n Apost?lica ?Pastores Dabo Vobis?: ?Quiero dedicar unas palabras al Sacramento de la Penitencia, cuyos ministros son los sacerdotes, pero deben ser tambi?n sus beneficiarios, haci?ndose testigos de la misericordia de Dios por los pecadores. Repito cuanto escrib? en la Exhortaci?n Reconciliatio et Paenitentia: ?La vida espiritual y pastoral del sacerdote, como la de sus hermanos laicos y religiosos, depende, para su calidad y fervor, de la asidua y consciente pr?ctica personal del Sacramento de la Penitencia. La celebraci?n de la Eucarist?a y el ministerio de los otros Sacramentos, el celo pastoral, la relaci?n con los fieles, la comuni?n con los hermanos, la colaboraci?n con el Obispo, la vida de oraci?n, en una palabra, toda la existencia sacerdotal sufre un inevitable decaimiento, si le falta, por negligencia o cualquier otro motivo, el recurso peri?dico e inspirado en una aut?ntica fe y devoci?n al Sacramento de la Penitencia. En un sacerdote que no se confesase o se confesase mal, su ser como sacerdote y su ministerio se resentir?an muy pronto y se dar?a cuenta tambi?n la comunidad de la que es pastor? (Pastores Dabo Vobis, 26).???

El sacerdote es servidor de la unidad de la Iglesia, por el don del ministerio es signo e instrumento de comuni?n, llamado a ser hombre del perd?n, misericordioso y acogedor con todos, artesano de concordia siempre dispuesto a sanar las rupturas entre los hermanos.?

Invito a los sacerdotes a mostrarnos siempre disponibles ?a tiempo y a destiempo- a anunciar y comunicar la misericordia de Dios y celebrar el Sacramento de la Penitencia en cuya administraci?n recibimos de nuestros fieles profundos ejemplos de fe y humildad y se afianza la conciencia de nuestra identidad sacerdotal.

Tambi?n quisiera decirles que? no esperemos a ser llamados, creo que un sacerdote presente en el confesionario del templo es un signo conmovedor de la paciencia de Dios que siempre espera y una invitaci?n a volver a Dios que nos ofrece su perd?n.?

Finalmente, les recuerdo que en el decreto de su nombramiento digo a los p?rrocos: ?Te ruego, adem?s, que no descuides que el ministerio del Sacramento de la Reconciliaci?n sea celebrado en horarios accesibles a todos, de modo que cada uno pueda progresar en su conversi?n y crecer en santidad conforme a su vocaci?n?.?

Queridos hermanos y hermanas: Que cada uno de nosotros sea siempre un evangelizador del perd?n de Cristo y un testigo del esplendor de la misericordia de Dios.

Con estos sentimientos y mi oraci?n por todos, los abrazo y bendigo de coraz?n en Cristo y Mar?a Sant?sima.?

Mons. Carlos H. Malfa, obispo de Chascom?s
9 de marzo, Mi?rcoles de Ceniza.?


Publicado por verdenaranja @ 23:14  | Hablan los obispos
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