Jueves, 05 de mayo de 2011

Homil?a de monse?or Jos? Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, en la misa por el 6? aniversario del fallecimiento de Juan Pablo II (Catedral metropolitana de Rosario, 2 de abril de 2011). (AICA)

MISA EN MEMORA DE JUAN PABLO II??????

La luz de Cristo que irradia nuestro Bautismo

El Evangelio, cargado de simbolismos, va m?s all? de la falta de la visi?n f?sica; y nos habla de la contraposici?n entre la luz y las tinieblas, entre la visi?n y la oscuridad; en el fondo entre la gracia y el pecado. En realidad, dijo el Arzobispo, el s?mbolo del milagro se refiere tambi?n a esa situaci?n interior en la que podemos estar invadidos por las tinieblas, y vivir como si fu?ramos ciegos.

El texto del Evangelio nos relata el encuentro personal de un ciego de nacimiento con la persona de Jes?s; alguien que empieza a ver y reconoce al Se?or; y todos aquellos que dicen ver, pero que por el contrario est?n ciegos y no ven ni reconocen a Jes?s, ni disciernen entre lo bueno y lo malo. Desde el primer momento de este encuentro entre Jes?s y el hombre ciego de nacimiento, hasta su propia confesi?n de fe, que lo lleva a decir: "Creo, Se?or, y se postr? ante ?l"; se manifiesta una verdadera transformaci?n del coraz?n, un crecimiento en la fe, iluminada por la misma luz de quien tiene delante.

Como en nuestra vida, all? hay muchos que observan, y ven frente a ellos la acci?n de Dios, pero no la quieren reconocer; se dividen y se oponen tenazmente a ella. Son incr?dulos y no creen lo que ven, murmuran y discuten por no querer aceptar la acci?n milagrosa de Jes?s. Otros, en cambio, injurian al ciego que recuper? la vista, como si fuera culpable por haber recibido un signo de la misericordia de Dios, inclusive diciendo que no fue curado, o que se trataba de otra persona. Hasta sus propios padres, sienten miedo, y temen ser expulsados de la sinagoga por reconocer que Jes?s es el Mes?as.

La luz de Cristo nos ilumina en nuestro bautismo con la misma intensidad, que solo Dios nos puede ofrecer, y que renovaremos en la pr?xima Pascua. Esta luz se manifiesta en su Palabra, y en los sacramentos; es la luz de la gracia, derramada en los m?ltiples signos de la vida cristiana. Del mismo modo, en este camino resplandece con su luz la presencia luminosa de la Iglesia, de la Sant?sima Virgen Mar?a y de los santos, que son tambi?n una fuente de luz y nos llevan a seguir al mismo Se?or y su presencia salvadora.?

Juan Pablo II, irradia la luz de Cristo

Juan Pablo II, a quien hoy recordamos en esta celebraci?n, tambi?n fue para nosotros una fuente de la luz de Cristo. Precisamente, leyendo una narraci?n de uno de los sacerdotes que acompa?? al Papa en sus ?ltimos momentos antes de sus partida hacia la Casa del Padre, podemos comprender la luz que brotaba de este momento lleno de significado.

Est?bamos de rodillas en torno a la cama de Juan Pablo II, nos dice (cfr. Oss. Romano ,III, 2011). El Papa parec?a descansar en la penumbra. La luz discreta de la lampara iluminaba las paredes.Cuando lleg? la hora de la que, pocos instantes despu?s, todo el mundo habr?a sabido, de improviso el arzobispo Dziwisz se levant?. Encendi? la luz de la habitaci?n, interrumpiendo as? el silencio de la muerte de Juan Pablo II. Con voz conmovida, pero sorprendentemente firme, ... comenz? a cantar: "A Ti, oh Dios, te alabamos, a Ti, Se?or, te confesamos". Parec?a un tono proveniente del cielo. Pero la luz encendida y el canto de las palabras que segu?an - "A Ti, eterno Padre, toda la tierra te venera..." - daban certeza a cada uno de nosotros. He aqu? - pens?bamos - que nos encontramos en una realidad totalmente diversa. Juan Pablo II ha muerto: quiere decir que ?l vive para siempre. Aunque el coraz?n sollozaba y el llanto estrechaba la garganta, comenzamos a cantar. Ante cada palabra nuestra voz se volv?a m?s segura y m?s fuerte.

El canto proclamaba: "Vencedor de la muerte, has abierto a los creyentes el reino de los cielos" (ibidem).

Queridos hermanos: esta es la luz de los santos, que irradia la luz de Cristo. Quien entraba en contacto con Juan Pablo II, encontraba a Jes?s, que tambi?n el Papa representaba. Signo de una realidad invisible, la del amor de Dios, con su vida y con sus obras.

Por eso esta Misa en su memoria, es tambi?n para nosotros una preparaci?n para su beatificaci?n, una luz nueva que ilumina desde el cielo y proyecta la santidad de Dios.

Este momento debe ser un llamado para cada uno de nosotros, que, como nos dice la segunda lectura "en un tiempo ?ramos tinieblas. Ahora sois luz en el Se?or. Caminad como hijos de la luz, buscando lo que agrada al Se?or..."

Unidos a Nuestra Madre del cielo, que la luz de Cristo ilumine nuestras tinieblas y nos ayude a ser luz para los dem?s.?

Mons. Jos? Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario?


Publicado por verdenaranja @ 22:41  | Homil?as
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