S?bado, 07 de mayo de 2011

ZENIT? nos?ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? a los obispos de la Iglesia siro-malabar de la India, al recibirlos en audiencia con motivo de su visita ad Limina Apostolorum, abril de 2011.

Os ofrezco mi c?lida y fraternal bienvenida en la ocasi?n de vuestra visita ad Limina Apostolorum en un momento marcado tristemente por la muerte del cardenal Varkey Vithayathil. Antes de todo, deseo dar gracias a Dios por su capaz y dispuesto servicio durante muchos a?os a toda la Iglesia de la India. Que nuestro amado Salvador acoja su noble alma en el para?so, y que descanse en paz en comuni?n con todos los santos.

Os agradezco los sentimientos de respeto y estima ofrecidos por Mar Bosco Puthur en vuestro nombre y en el de todos a los que est?n bajo vuestro cuidado. Vuestra presencia es una expresi?n elocuente de los profundos lazos espirituales que unen a la Iglesia Siro-Malabar con la Iglesia Universal, en fidelidad a la oraci?n de Cristo por sus disc?pulos (cf. Jn 17,21). Tra?is a las tumbas de los Ap?stoles Pedro y Pablo, las alegr?as y las esperanzas de toda la Iglesia Siro-Malabar, a la que mi predecesor el Venerable Juan Pablo II felizmente elev? a la categor?a de Iglesia Arzobispal Mayor en 1992. Mis saludos a los sacerdotes, hombres y mujeres religiosos, miembros de movimientos laicos, familias y en particular, a la gente joven que son la esperanza de la Iglesia.

El Concilio Vaticano II ense?a que los ?Obispos, por su parte, puestos por el Esp?ritu Santo, ocupan el lugar de los Ap?stoles como pastores de las almas, y juntamente con el Sumo Pont?fice y bajo su autoridad, son enviados a actualizar perennemente la obra de Cristo, Pastor eterno?.? (Christus Dominus, 1). El encuentro de hoy que forma parte esencial de su peregrinaci?n ad Limina Apostolorum, es tambi?n una ocasi?n para intensificar la conciencia del don divino y la responsabilidad recibidos en la ordenaci?n por la que os convertisteis en miembros del Colegio de los Obispos. Me uno a vosotros en la petici?n de intercesi?n de los Ap?stoles para vuestro ministerio. Ellos, que fueron los primeros en recibir la orden de cuidar a la grey de Cristo, contin?an guiando y cuidando a la Iglesia desde el Cielo y constituyen el modelo y la inspiraci?n para todos los Obispos por su santidad de vida, ense?anza y ejemplo.

Vuestra visita tambi?n nos da una preciosa oportunidad para dar gracias a Dios por el regalo de la comuni?n en la fe apost?lica y en la vida del Esp?ritu que os une entre vosotros y con vuestra gente. Con divina inspiraci?n y gracia por un lado, y con las humildes oraciones y esfuerzos por la otra, este precioso don de la comuni?n con el Dios Trino y con el pr?jimo crece, cada vez, m?s rico y profundo. Cada obispo, por su parte, est? llamado a ser ministro de unidad (cf. ibid., 6) en su iglesia particular y dentro de la Iglesia Universal. Esta responsabilidad es de especial importancia en un pa?s como la India, donde la unidad de la Iglesia se refleja en la rica diversidad de sus ritos y tradiciones. Os animo a hacer todo lo que pod?is en la promoci?n de la comuni?n entre vosotros y con todos los obispo cat?licos de todo el mundo, y a ser expresi?n viva de la comuni?n entre vuestros sacerdotes y fieles.

Dejad que el mandamiento suave de San Pablo contin?e guiando vuestros corazones y vuestros esfuerzos apost?licos: ?Amad con sinceridad. Tened horror al mal y pasi?n por el bien. Amaos cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como m?s dignos. Vivid en armon?a unos con otros?. (Rom 12, 9-10,16). Para que la unidad de Dios Trino sea proclamada y vivida en el mundo, y as? nuestra nueva vida en Cristo sea experimentada cada vez m?s profundamente, para beneficio de toda la Iglesia cat?lica.

Dentro de este misterio de amorosa comuni?n, una expresi?n privilegiada de comuni?n en esta vida divina es a trav?s del matrimonio sacramental y de la vida familiar. Los cambios r?pidos y dram?ticos que forman parte de la sociedad contempor?nea de todo el mundo traen con ellos no s?lo retos muy serios, sino que tambi?n nuevas posibilidades de proclamar la verdad liberadora del mensaje del Evangelio para transformar y elevar todas las relaciones humanas. Vuestro apoyo, queridos hermanos obispos, y el de vuestros sacerdotes y comunidades, para la educaci?n s?lida e integral de los j?venes en los caminos de la castidad y la responsabilidad, no s?lo les permitir? a abrazar la verdadera naturaleza del matrimonio, sino que tambi?n beneficiar? a la cultura india en su conjunto. Desgraciadamente, la Iglesia ya no puede contar con el apoyo de la sociedad para promover el sentido cristiano del matrimonio de uni?n permanente e indisoluble dirigida a la procreaci?n y santificaci?n de los esposos. Que sus familias miren al Se?or y a su palabra salv?fica para tener una visi?n verdaderamente positiva de la vida y las relaciones maritales, tan necesarias para el bien de toda familia humana. Que vuestra predicaci?n y catequesis en este ?mbito sea paciente y constante.

En el coraz?n de muchos de los trabajos de educaci?n y de caridad realizados en vuestras Eparqu?as est?n diversas comunidades de religiosos y religiosas que se dedican al servicio de Dios y del pr?jimo. Quiero expresarle la consideraci?n de la Iglesia por la caridad, la fe y el duro trabajo de estos religiosos, quienes en su profesi?n y vida de los votos evang?licos de pobreza, castidad y obediencia ofrecen un ejemplo de completa devoci?n al Divino Maestro y as? ayudan considerablemente a proveer a los fieles de toda obra buena. (cf. 2 Tim 3,17). La vocaci?n a la vida religiosa y el objetivo de la caridad perfecta es atractiva en todas las edades, pero debe ser alimentada por una renovaci?n constante del esp?ritu, que debe ser fomentada por sus superiores quienes dedican una gran atenci?n a la formaci?n humana intelectual y espiritual de sus compa?eros religiosos (cf. Perfectae Caritatis, 11). La Iglesia insiste en que la preparaci?n para la profesi?n religiosa debe estar se?alada por un largo y cuidadoso discernimiento, con el objetivo de asegurar, antes de que se hagan los votos finales, que cada candidato esta firmemente arraigado en Cristo, firme en su capacidad de un compromiso genuino y lleno de alegr?a en la donaci?n de s? mismo a Jesucristo y a su Iglesia. Adem?s, por su naturaleza, la formaci?n no se termina nunca, sino que contin?a y debe ser parte integrante de la vida diaria de cada uno y de la comunidad. Hay mucho que hacer en este ?mbito, usando todos los recursos disponibles en vuestra Iglesia, sobre todo a trav?s de la pr?ctica profunda de la oraci?n, y las tradiciones lit?rgicas y espirituales del rito Siro-Malabar, y las exigencias intelectuales de una pr?ctica pastoral s?lida. Os animo, en colaboraci?n estrecha con vuestros religiosos superiores, planificar efectivamente una s?lida formaci?n continuada, de manera que los religiosos y religiosas contin?en dando un testimonio poderoso de la presencia de Dios en el mundo y para nuestro destino eterno, de manera que el don completo de s? mismos a Dios a trav?s de la vida religiosa, brille con toda su belleza y pureza ante los hombres.

Con estos pensamientos, queridos hermanos obispos, quiero de nuevo expresar mi afecto fraternal y estima. Os encomiendo a la intercesi?n de santo Tom?s, Ap?stol de la India, os aseguro mis oraciones a vosotros y a todos los que est?n confiados a vuestro cuidado pastoral. A todos vosotros os imparto mi Bendici?n Apost?lica como prenda de la gracia y paz en el Se?or.

[Traducci?n del original ingl?s por Carmen ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:59  | Habla el Papa
 | Enviar