Lunes, 09 de mayo de 2011

ZENIT? nos ofrece, en tres entregas, la carta pastoral sobre el sacramento de la penitencia que ha escrito el obispo de Santander (Espa?a), monse?or Vicente Jim?nez Zamora, y en la que analiza el por qu? de la crisis en la pr?ctica de este sacramento.

Carta pastoral sobre el sacramento de la penitencia (I)

EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

Carta Pastoral ante? la Cuaresma
?Dichoso el que est? absuelto de su culpa? (Sal 31, 19??

Introducci?n?

Queridos sacerdotes, di?conos, miembros de vida consagrada, seminaristas y fieles laicos:

Llamada a la conversi?n y a la penitencia

La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone para la celebraci?n de la Pascua, que es un tiempo de gozo, porque se nos ofrece la salvaci?n plena en el misterio de la muerte redentora de Jesucristo y de su resurrecci?n gloriosa.

La Cuaresma es tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversi?n, de preparaci?n y de memoria del Bautismo, de reconciliaci?n con Dios y con los hermanos, de recurso m?s frecuente a las ?armas de la penitencia cristiana?: la oraci?n, el ayuno, la limosna (cfr. Mt 6, 1-6.16-18)[1].

?El periodo cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisi?n de vida, la gracia renovadora del sacramento de la Penitencia y caminar con decisi?n hacia Cristo?[2].

En el itinerario de la Cuaresma ocupa un lugar importante la proclamaci?n del Evangelio de la reconciliaci?n, la llamada a la conversi?n y la celebraci?n fructuosa del sacramento de la Penitencia. El camino cuaresmal se abre con el gesto significativo de la imposici?n de la ceniza sobre nuestras cabezas y con las palabras con las que Jes?s inaugur? su predicaci?n: ?Convert?os y creed en el Evangelio? (Mc 1, 15).

Una prioridad pastoral

Consciente de que la penitencia y la reconciliaci?n est?n en el coraz?n del Evangelio, de la misi?n de la Iglesia y de que una buena pr?ctica del sacramento de la Penitencia es signo de renovaci?n y vitalidad de nuestras vidas y de nuestras comunidades cristianas, escribo esta Carta Pastoral, orientada fundamentalmente a afirmar la fe y la pr?ctica del sacramento de la Penitencia.

No pretendo exponer la doctrina ?ntegra sobre el sacramento de la Penitencia, sino proponer a todos los diocesanos, especialmente a los sacerdotes, algunas reflexiones doctrinales y orientaciones pastorales, que nos ayuden a redescubrir el valor y la belleza de este sacramento de la misericordia de Dios. Ojal? que juntos comprendamos, con la mente y el coraz?n, el misterio de este sacramento, en el que experimentamos la alegr?a del encuentro con Dios, que nos otorga su perd?n mediante el sacerdote en la Iglesia, crea en nosotros un coraz?n y un esp?ritu nuevos, para que podamos vivir una existencia reconciliada con Dios, con nosotros mismos y con los dem?s, llegando a ser capaces de pedir perd?n, perdonar y amar.

El Venerable Siervo de Dios, el Papa Juan Pablo II, en la Carta apost?lica Novo Millennio Ineunte, se?alaba como una de las prioridades pastorales al comienzo del nuevo milenio, el sacramento de la Reconciliaci?n.: ?Deseo pedir, adem?s, una renovada valent?a pastoral para que la pedagog?a cotidiana de la comunidad cristiana sepa proponer de manera convincente y eficaz la pr?ctica del sacramento de la Reconciliaci?n [?]?No debemos rendirnos, queridos hermanos sacerdotes, ante las crisis contempor?neas! Los dones del Se?or? - y los sacramentos son de los m?s preciosos -? vienen de Aqu?l que conoce bien el coraz?n del hombre y es el Se?or de la historia?[3].

1. Situaci?n del sacramento de la Penitencia

Todos somos conscientes de la larga y grave crisis que sufre el sacramento de la Penitencia.

Como s?ntoma de esta crisis, constatamos, en general, una disminuci?n cuantitativa de la celebraci?n de este sacramento: cada d?a es m?s escasa tanto entre los fieles laicos practicantes y comprometidos en nuestras parroquias como, incluso, entre los sacerdotes, religiosos y religiosas. Muchos j?venes no lo celebran casi nunca. Son muchos los cat?licos que comulgan, pero no se confiesan. Y los que se confiesan parece que no tienen de qu? acusarse.

Es verdad que hay aspectos positivos que, sin duda, se est?n dando entre nosotros: la dedicaci?n de bastantes sacerdotes al ministerio de la reconciliaci?n, los frutos de renovaci?n de la aplicaci?n fiel del Ritual renovado despu?s del Concilio Vaticano II; el redescubrimiento pastoral y existencial por parte de fieles y sacerdotes; los frutos de renovaci?n cristiana que se est?n dando en quienes celebran frecuentemente este sacramento, etc. Pero hemos de ser realistas y no ocultar una crisis? por grave que ?sta sea.

La crisis es una ?prueba? y una ?llamada? a purificar maneras y comportamientos que desdibujan su realidad y perjudican su celebraci?n; una llamada al crecimiento de la vida teologal en el seno de nuestras comunidades, sin el cual no hay posibilidad de una renovaci?n y revitalizaci?n de la pr?ctica sacramental.

El Papa Juan Pablo II, en la Exhortaci?n apost?lica Reconciliatio et Paenitentia, se?alaba la p?rdida del sentido del pecado como una de las causas principales de la crisis del sacramento de la Penitencia. Esta p?rdida del sentido del pecado ha sido provocada, entre otras causas, por el trasfondo de la cultura moderna (fermentos de ate?smo, secularismo, ciertos equ?vocos de las ciencias humanas y ?tica del relativismo) y por algunas tendencias en la doctrina y en la vida de la Iglesia (confusionismo en la exposici?n de cuestiones graves de la moral cristiana y defectos y abusos en la pr?ctica de la Penitencia sacramental)[4].

2. El don de la Reconciliaci?n

Uno de los caminos para superar la actual crisis de la Penitencia es la exposici?n positiva del misterio de la reconciliaci?n.?

Dios, Padre Santo, que hizo todas las cosas con sabidur?a y amor, y admirablemente cre? al hombre, cuando ?ste por desobediencia perdi? su amistad, no lo abandon? al poder de la muerte, sino que compadecido, tendi? la mano a todos para que le encuentre el que le busca[5].

La Sagrada Biblia nos muestra a un Dios compasivo y misericordioso. El salmo 102 es una bella meditaci?n sapiencial de la bendici?n de Dios, que perdona a su pueblo y protege a sus fieles desde el cielo. Esta bendici?n de Dios es retomada con mayor profundidad en el himno del comienzo de la carta de San Pablo a los Efesios (cfr. Ef 1, 1-14).

El sacramento de la Penitencia es un encuentro personal con el Dios de la misericordia, que se nos da en Cristo Jes?s y que se nos transmite mediante el ministerio de la Iglesia. En este sacramento, signo eficaz de la gracia, se nos ofrece el rostro de un Dios, que conoce nuestra condici?n humana sujeta a la fragilidad y al? pecado, y se hace cercano con su tierno amor.

As? aparece en numerosos encuentros salvadores de la vida de Jes?s: desde el encuentro con la samaritana (cfr Jn 4, 1-42) a la curaci?n del paral?tico (cfr. Jn 5, 1- 18); desde el perd?n de la mujer ad?ltera (cfr. Jn 8, 1-11) a las l?grimas ante al muerte del amigo L?zaro (cfr. Jn 11, 1- 44). Pero, sobre todo, se muestra la misericordia de Dios en las conocidas par?bolas de la misericordia, que recoge el Evangelio de San Lucas: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pr?digo (cfr. Lc 15, 1- 31).

Todos y cada uno de nosotros tenemos necesidad de Dios, que se acerca a nuestra propia debilidad, que se hace presente en nuestra enfermedad, que, como buen Samaritano, cura nuestras heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza (cfr. Lc 10, 25-36).

Aunque deseemos sinceramente hacer el bien, la fragilidad humana nos hace caer en la tentaci?n y en el pecado. Esta situaci?n dram?tica la describe con todo realismo San Pablo: ?Pues s? que lo bueno no habita en m?, es decir, en mi carne; en efecto, querer est? a mi alcance, pero hacer lo bueno, no. Pues no hago lo bueno que deseo, sino que obro lo malo que no deseo? (Rom 7, 18-20). Es la lucha interior de la que nace la exclamaci?n y la pregunta: ?Desgraciado de m?! ?Qui?n me librar? de este cuerpo de muerte? ?Gracias a Dios, por Jesucristo nuestro Se?or! (Rom 7, 24).?

A esta pregunta responde de manera clara el sacramento de la Penitencia, que viene en ayuda de nuestro pecado y debilidad, alcanz?ndonos con la fuerza salvadora de la gracia de Dios y transformando nuestro coraz?n y los comportamientos de nuestra vida.

Por designio de Dios, la Iglesia contin?a la labor de curaci?n de los hombres de todos los tiempos. ?Dios, el lejano, en Jesucristo se convierte en pr?jimo. Cura con aceite y vino nuestras heridas? -en lo que se ha visto una imagen del don salv?fico de los sacramentos ? y nos lleva a la posada, la Iglesia, en la que dispone que nos cuiden y donde anticipa lo necesario para costear los cuidados?[6].

Cristo encomend? a su Iglesia el cuidado de sus hijos. Por ello, nos dice el Catecismo de la Iglesia Cat?lica: ?Cristo, m?dico del alma y del cuerpo, instituy? los sacramentos de la Penitencia y de la Unci?n de los enfermos, porque la vida nueva que nos fue dada por ?l en los sacramentos de la iniciaci?n cristiana, puede debilitarse y perderse para siempre a causa del pecado. Por ello, Cristo ha querido que la Iglesia continuase su obra de curaci?n y de salvaci?n mediante estos dos sacramentos?[7].

[1] Directorio sobre la Piedad popular y la Liturgia, 124.
[2] Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma del a?o 2011, 3.
[3]? Juan Pablo II, Carta apost?lica Novo Millennio Ineunte, 37.
[4] Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica Reconciliatio et Paenitentia, 18.
[5] Cfr. Plegaria Eucar?stica IV.
[6] Benedicto XVI, Jes?s de Nazaret, Madrid 2007, 242.
[7]? Catecismo de la Iglesia Cat?lica. Compendio, 295.

SEGUNDA PARTE

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Publicado por verdenaranja @ 22:52  | Hablan los obispos
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