Martes, 10 de mayo de 2011

ZENIT? nos ofrece a nuestros lectores la segunda entrega de la carta pastoral sobre el sacramento de la penitencia que ha escrito el obispo de Santander (Espa?a), monse?or Vicente Jim?nez Zamora, y en la que analiza el por qu? de la crisis en la pr?ctica de este sacramento.

Carta pastoral sobre el Sacramento de la Penitencia (II)?

3. El sacerdote, ministro de comuni?n y de reconciliaci?n

Uno de los elementos centrales y esenciales de la Iglesia es el misterio? y la vivencia de la comuni?n. Aunque todo cristiano por raz?n del Bautismo est? llamado a ser constructor de comuni?n y reconciliaci?n, el sacerdote en virtud del sacramento del Orden est? llamado a ser ministro de comuni?n y reconciliaci?n.

No se puede definir la naturaleza y la misi?n del sacerdocio ministerial si no es bajo el multiforme y rico conjunto de relaciones que brotan de la Sant?sima Trinidad y se prolongan en la comuni?n de la Iglesia, como signo e instrumento, en Cristo, de la uni?n con Dios y de la unidad de todo el g?nero humano. Por ello la Eclesiolog?a de comuni?n resulta decisiva para descubrir la identidad del presb?tero, su dignidad original, su vocaci?n y su misi?n en el Pueblo de Dios y en el mundo.

El sacerdote debe esforzarse por orientar el don de su ministerio a ser signo e instrumento de comuni?n, sirviendo as? a la unidad en la vida de la Iglesia. Debe procurar en todo momento ser hombre del perd?n, mostr?ndose misericordioso y acogedor con todos; debe ser instrumento de concordia, siempre dispuesto a ayudar a sanar las rupturas entre los hermanos. El sacerdote es signo sacramental de Cristo, el Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza, que es misericordioso y fiel (cfr. Hb2, 17). El sacerdote es as? el rostro misericordioso de Cristo Buen Pastor, que busca la oveja perdida, del Buen Samaritano, que cura las heridas, y del Padre bueno que espera al hijo pr?digo y lo acoge a su vuelta, del justo Juez, que no hace acepci?n de personas y cuyo juicio es a la vez justo y misericordioso. En una palabra, el sacerdote es el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios con el pecador. Podemos afirmar que una de las razones de nuestro ministerio es la de ser ministros del perd?n de Dios: ?Todo procede de Dios, que nos reconcili? consigo por medio de Cristo y que nos encarg? el ministerio de la reconciliaci?n? (2 Cor , 5,18).

El Catecismo de la Iglesia Cat?lica nos ense?a que: ?puesto que Cristo confi? a sus Ap?stoles el ministerio de la reconciliaci?n, los obispos, sus sucesores, y los presb?teros, colaboradores de los obispos, contin?an ejerciendo este ministerio. En efecto, los obispos y los presb?teros, en virtud del sacramento del Orden, tienen el poder de perdonar todos los pecados ?en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp?ritu Santo?. ?El perd?n de los pecados reconcilia con Dios y tambi?n con la Iglesia. El obispo, cabeza visible de la Iglesia particular, es considerado, por tanto, con justo t?tulo, desde los tiempos antiguos, como el que tiene principalmente el poder y el ministerio de la reconciliaci?n: es el moderador de la disciplina penitencial. Los presb?teros, sus colaboradores, lo ejercen en la medida en que han recibido la tarea de administrarlo, sea de su obispo (o de un superior religioso), sea del Papa, a trav?s del derecho de la Iglesia?[8].

4. De ministros de la misericordia a penitentes

No s?lo es decisivo para nuestros fieles redescubrir el valor y la belleza del sacramento de la Penitencia, tambi?n lo es para nosotros los sacerdotes, como instrumento fundamental en el camino de nuestra propia santificaci?n.

El Papa Juan Pablo II, en la Exhortaci?n apost?lica Pastores Dabo Vobis, recuerda las condiciones y exigencias, las modalidades y frutos de la ?ntima relaci?n que existe entre la vida espiritual del sacerdote y el ejercicio de su triple ministerio: la Palabra, el Sacramento y el servicio de la Caridad.

Con relaci?n al sacramento de la Reconciliaci?n el Papa Juan Pablo II escribe: ?Quiero dedicar unas palabras al sacramento de la Penitencia, cuyos ministros son los sacerdotes, pero deben ser tambi?n sus beneficiarios, haci?ndose testigos de la misericordia de Dios por los pecadores. Repito cuanto escrib? en la Exhortaci?n Reconciliatio et Paenitentia: ?La vida espiritual y pastoral del sacerdote, como la de sus hermanos laicos y religiosos, depende, para su calidad y fervor, de la asidua y consciente pr?ctica personal del sacramento de la Penitencia. La celebraci?n de la Eucarist?a y el ministerio de los otros sacramentos, el celo pastoral, la relaci?n con los fieles, la comuni?n con los hermanos, la colaboraci?n con el Obispo, la vida de oraci?n, en una palabra, toda la existencia sacerdotal sufre un inevitable decaimiento, si le falta, por negligencia o cualquier otro motivo, el recurso peri?dico e inspirado en una aut?ntica fe y devoci?n al sacramento de la Penitencia. En un sacerdote que no se confesase o se confesase mal, su ser como sacerdote y su ministerio se resentir?an muy pronto y se dar?a cuenta tambi?n la Comunidad de la que es pastor?[9].

Es hermoso poder confesar nuestros pecados, y sentir como un b?lsamo la palabra que nos inunda de misericordia y nos vuelve a poner en camino. S?lo quien ha sentido la ternura del abrazo del Padre, como lo describe el Evangelio en la par?bola del hijo pr?digo? - ?se le ech? al cuello y lo cubri? de besos? (Lc 15, 20) -? puede transmitir a los dem?s el mismo calor, cuando de destinatario del perd?n pasa a ser su ministro.

Adem?s, ?c?mo podemos pretender revalorizar la pastoral de este sacramento, si nosotros los sacerdotes, ministros del sacramento de la Penitencia, no nos confesamos frecuentemente?. El que el sacerdote se acerque con frecuencia a confesarse, constituye una condici?n favorable y un primer paso para proponer de manera convincente y eficaz la pr?ctica del sacramento de la Penitencia. Por otra parte, el sacerdote que se confiesa, se halla en inmejorable condici?n para mostrar a los dem?s fieles laicos y religiosos el valor y la belleza de este sacramento.

[8] Catecismo de la Iglesia Cat?lica, 1461-1462.
[9] Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica Pastores Dabo Vobis, 26 e.

PRIMERA PARTE

TERCERA PARTE


Publicado por verdenaranja @ 22:40  | Espiritualidad
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