Mi?rcoles, 11 de mayo de 2011

ZENIT? ofrece a?sus lectores la tercera entrega de la carta pastoral sobre el sacramento de la penitencia que ha escrito el obispo de Santander (Espa?a), monse?or Vicente Jim?nez Zamora, y en la que analiza el por qu? de la crisis en la pr?ctica de este sacramento.

5. Hacia la recuperaci?n de la pr?ctica del sacramento de la Penitencia.

No se nos ocultan las grandes dificultades con que nos encontramos en este campo de la recuperaci?n del sacramento de la Penitencia y la inmensa tarea que tenemos por delante. Por eso una de las prioridades pastorales debe ser trabajar para que el Pueblo de Dios redescubra este sacramento. En este apartado propongo y recomiendo algunas pistas para el camino, adaptadas a nuestra situaci?n,? que ya se indicaban de alguna manera en la Instrucci?n Pastoral de la Conferencia Episcopal Espa?ola sobre el sacramento de la Penitencia, Dejaos reconciliar con Dios (Madrid, 10-15 de abril de 1989).

Situar la pastoral de la Penitencia dentro de la evangelizaci?n

La relaci?n entre la fe y el perd?n de los pecados es una de las afirmaciones fundamentales del Nuevo Testamento, y una vivencia constante de la Iglesia. Desde los comienzos de la predicaci?n de Jes?s se manifiesta una identidad entre la conversi?n y la fe en el Evangelio (cfr. Mc 1,15).Jes?s mismo perdonaba los pecado al ver la fe de los que acud?an a ?l (cfr. Mc 2, 5). El proceso de la penitencia y de la conversi?n es un despertar de la fe y del amor hacia Dios, que siempre nos espera y nos busca para ofrecernos el perd?n en Jesucristo. Por eso toda la pastoral de la Penitencia tiene que estar apoyada en una predicaci?n de la ?palabra de la fe? (cfr. Rom 10, 8).

Una Iglesia evangelizada y evangelizadora se convierte en una Iglesia reconciliada y reconciliadora. Existe una conexi?n entre evangelizaci?n y conversi?n-fe. Por eso si falla la evangelizaci?n, falla tambi?n las dimensi?n de la reconciliaci?n y penitencia en la vida personal de los creyentes y de las comunidades cristianas. De ah? que impulsar una pastoral viva y fuertemente evangelizadora sea el mejor camino para promover una renovaci?n del sacramento de la Penitencia.

En este sentido, avivar las ra?ces de la vida cristiana, fortalecer la experiencia teologal y religiosa, intensificar la vida espiritual, la oraci?n, etc., son condiciones fundamentales para descubrir el don de Dios que? sale al encuentro de nosotros, esclavizados por el pecado. Sin experiencia teologal no hay sentido del pecado, ni urgencia de conversi?n, ni necesidad de conversi?n.

Catequesis sobre el sacramento

Otro camino para la renovaci?n de la pastoral del sacramento de la Penitencia es realizar una catequesis ?ntegra y clara, sin ambig?edades, sobre este sacramento, seg?n la doctrina de la Iglesia, que recoge el Catecismo de la Iglesia Cat?lica (cfr. CEC, 1422-1498). Los sacerdotes, padres, catequistas, profesores de Religi?n y educadores tienen aqu? una labor importante ante los ni?os, adolescentes, j?venes y adultos.

De este modo los fieles llegar?n a comprender, entre otras cosas, qu? nombres recibe este sacramento;? por qu? hay un sacramento del perd?n despu?s del Bautismo; qu? es el pecado, cu?l es la importancia y el valor del sacramento de la Penitencia en nuestro proceso de conversi?n y santificaci?n; c?mo este sacramento nos sana de las rupturas que produce el pecado con Dios, con los dem?s, con nosotros mismos y con la creaci?n; cu?les son los actos del penitente para una correcta confesi?n; c?mo hacer un buen examen de conciencia; qui?n es el ministro del sacramento y por qu?; cuales son los efectos de este sacramento, etc. No? olvidemos que una catequesis bien hecha, conducir? a nuestros fieles no s?lo a conocer el sacramento de la Penitencia, sino tambi?n a amarlo y despu?s a practicarlo.

Uno de los buenos actos, que se pueden programar durante la Cuaresma, es la realizaci?n en nuestras parroquias y comunidades cristianas de unas catequesis sobre el sacramento de la Penitencia, seg?n la doctrina de la Iglesia y? en el sentido que se indica en esta carta pastoral.

La Palabra de Dios en el sacramento de la Penitencia

La iniciativa y gratuidad del perd?n y de la misericordia de Dios en el sacramento de la Reconciliaci?n, como en todos los sacramentos, se manifiesta en el lugar central y primordial que la Palabra de Dios tiene en la celebraci?n lit?rgica, tal como ha puesto de relieve el Nuevo Ritual de la Penitencia. Esta importancia dada a la Palabra de Dios abre al sacramento y a su celebraci?n a nuevas posibilidades pastorales, que han de ser tenidas en cuenta.

El Papa Benedicto XVI, en la reciente Exhortaci?n apost?lica Verbum Domini ha puesto de relieve la relaci?n entre la Palabra de Dios y la Eucarist?a, pero subraya tambi?n la importancia de la Sagrada Escritura en los dem?s sacramentos, especialmente en los de curaci?n: Penitencia y Unci?n de los enfermos. Sobre este punto el Papa escribe: ?Con frecuencia, se descuida la referencia a la Sagrada Escritura en estos sacramentos. Por el contrario, es necesario que se le d? el espacio que le corresponde. En efecto, nunca se ha de olvidar que ?la Palabra de Dios es palabra de reconciliaci?n porque en ella Dios reconcilia consigo todas las cosas (cfr. 2 Cor 5, 18-20, Ef 1, 10). El perd?n misericordioso de Dios, encarnado en Jes?s, levanta al pecador?. ?Por la Palabra de Dios el cristiano es iluminado en el conocimiento de sus pecados y es llamado a la conversi?n y a la confianza en la misericordia de Dios?. Para que se ahonde en la fuerza reconciliadora de la Palabra de Dios, se recomienda que cada penitente se prepare a la confesi?n meditando un pasaje adecuado de la Sagrada Escritura y comience la confesi?n mediante la lectura o la escucha de una monici?n b?blica, seg?n lo previsto en el Ritual. Adem?s, al manifestar despu?s su contrici?n, conviene que el penitente use una expresi?n prevista en el Ritual, ?compuesta con palabras de la Sagrada Escritura?. Cuando sea posible, es conveniente tambi?n que, en momentos particulares del a?o, o cuando se presente la oportunidad, la confesi?n de varios penitentes tenga lugar dentro de celebraciones penitenciales, como prev? el Ritual, respetando las diversas tradiciones lit?rgicas y dando una mayor amplitud a la celebraci?n de la Palabra con lecturas apropiadas?[10].

Formaci?n de la conciencia y del sentido del pecado

En nuestra ?poca, a causa de m?ltiples factores, est? oscurecida gravemente la conciencia moral de muchos hombres. ??Tenemos una idea justa de la conciencia?. ?No vive el hombre contempor?neo bajo la amenaza de un elipse de la conciencia, de una deformaci?n de la conciencia, de un entorpecimiento o de una ?anestesia? de la conciencia??[11].

En la actual situaci?n de p?rdida del sentido del pecado, es necesario que los sacerdotes y los catequistas formen bien a los fieles cristianos en el aut?ntico sentido religioso del pecado como ruptura consciente, voluntaria y libre de la relaci?n con Dios, con la Iglesia, con nosotros mismos y con los dem?s y con la creaci?n.

Una exposici?n clara sobre el misterio del pecado la encontramos en la citada Exhortaci?n apost?lica Reconciliatio et Paenitentia, en el cap?tulo primero de la segunda parte, en que el Papa Juan Pablo II escribe sobre? la desobediencia a Dios; la divisi?n entre los hermanos; pecado personal y pecado social, mortal y venial; p?rdida del sentido del pecado[12].

Para la formaci?n de la conciencia moral reviste una importancia particular insistir en el sentido de la responsabilidad personal. En el origen de toda situaci?n de pecado hay siempre hombres pecadores con su responsabilidad personal. La conversi?n reclama la responsabilidad personal e intransferible de cada uno.

Trabajar en la formaci?n de la conciencia moral, especialmente de los ni?os y j?venes, es una acci?n decisiva para la recuperaci?n del sacramento de la Penitencia. Una falta de formaci?n? de la conciencia trae inevitablemente una p?rdida del sentido del pecado y con ello el abandono de la confesi?n sacramental. La formaci?n de la conciencia es imprescindible en nuestros d?as en que vivimos sometidos a m?ltiples influencias negativas y somos tentados a preferir nuestro propio juicio al plan de Dios y a la ley moral, que es el camino de nuestra libertad y de nuestra realizaci?n personal.

Respetar las normas? de la Iglesia

Una verdadera renovaci?n de la pastoral de la Penitencia exige respetar la disciplina penitencial de la Iglesia prescrita en el nuevo Ritual de la Penitencia promulgado por el Papa Pablo VI despu?s del Concilio Vaticano II.

Entre nosotros no faltan algunos abusos en el recurso a las absoluciones generales o colectivas en la celebraci?n del sacramento de la Penitencia. Consciente de mi responsabilidad de Obispo como moderador de la disciplina penitencial en la Iglesia particular[13], recuerdo a todos los diocesanos y especialmente a los sacerdotes, la doctrina y normas de la Iglesia sobre la celebraci?n del sacramento de la Penitencia, contenidas sint?ticamente en el Catecismo de la Iglesia Cat?lica (n. 1480-1484).

El Ritual de la Penitencia establece tres formas de celebraci?n: rito para reconciliar a un solo penitente; rito para reconciliar a varios penitentes con confesi?n y absoluci?n individual; y rito para reconciliar a muchos penitentes con confesi?n y absoluci?n general.

Por lo que se refiere al tercer rito (absoluciones generales o colectivas) hay que evitar toda arbitrariedad y abusos. Solamente al Obispo? corresponde valorar si existen en la Di?cesis en concreto las condiciones que la ley can?nica se?ala para el uso de la tercera forma (CIC, cn. 961).

La Conferencia Episcopal Espa?ola estableci? una serie de criterios, aprobados por la Santa Sede, seg?n los cuales ?estima que, en el conjunto de su territorio, no existen casos generales y previsibles en los que se den los elementos que constituyen la situaci?n de necesidad grave en la que se puede recurrir a la absoluci?n sacramental general? (CIC, cn. 961 &1.2)[14]. En nuestra Di?cesis tampoco existen casos generales y previsibles en los que se den los elementos constitutivos de necesidad grave. Por tanto, la forma ordinaria de reconciliaci?n sacramental que debe facilitarse por todos los medios a los fieles, es y seguir? siendo la confesi?n individual en las dos primeras formas establecidas en el ritual de la Penitencia.

La doctrina de la Iglesia volvi? a ser recordada por el Papa Juan Pablo II en la Carta apost?lica Misericordia Dei, en forma de ?motu proprio?, sobre algunos aspectos de la celebraci?n del sacramento de la Penitencia, publicada en el Bolet?n del Obispado de Santander[15].

En esp?ritu de profunda comuni?n con el Santo Padre y en corresponsabilidad con mis hermanos Obispos, dispongo que estas normas sobre la celebraci?n del sacramento de la Penitencia sean conocidas, tenidas en cuenta y observadas por todos en nuestra Di?cesis. ?Se trata de hacer efectiva y de tutelar una celebraci?n cada vez m?s fiel, y por tanto m?s fruct?fera, del don confiado a la Iglesia por el Se?or Jes?s despu?s de la resurrecci?n? (cfr. Jn 20, 19-23)[16].

La fidelidad siempre renovada a las normas y disciplina de la Iglesia es? una exigencia de la? comuni?n eclesial, que favorece la unidad entre los sacerdotes en las distintas parroquias y unidades pastorales de nuestra Di?cesis, la vida espiritual de los fieles y la santidad de la Iglesia.

Disponibilidad para o?r confesiones

Los sacerdotes debemos mostrarnos disponibles para celebrar el sacramento de la Penitencia cada vez que nuestros fieles nos lo pidan de manera razonable. Tengamos horarios fijos? en nuestras parroquias y comunidades cristianas, donde los fieles puedan encontrarnos con facilidad en los confesonarios. En una palabra, dediquemos tiempo y energ?as para escuchar las confesiones de los fieles.

El ejemplo del Santo Cura de Ars debe ser un est?mulo para nosotros los sacerdotes. El Papa Benedicto XVI, en su carta de proclamaci?n del A?o Sacerdotal, con motivo del 150 aniversario de la muerte de San Juan Mar?a Vianney, destacaba su? dedicaci?n continua? a este precioso y eficaz ministerio de la reconciliaci?n. ?Los sacerdotes? -escrib?a el Santo Padre Benedicto XVI -? no deber?an resignarse nunca a ver vac?os sus confesonarios ni limitarse a constatar la indiferencia de los fieles hacia este sacramento. En Francia, en tiempos del Santo Cura de Ars, la confesi?n no era ni m?s f?cil ni m?s frecuente que en nuestros d?as, pues el vendaval revolucionario hab?a arrasado desde hac?a tiempo la pr?ctica religiosa. Pero ?l intent? por todos los medios, en la predicaci?n y con consejos persuasivos, que sus parroquianos redescubriesen el significado y la belleza de la Penitencia sacramental, mostr?ndola como una ?ntima exigencia de la presencia eucar?stica. Supo iniciar as? un ?c?rculo virtuoso?. ?Con su prolongado estar ante el sagrario en la iglesia, consigui? que los fieles comenzasen a imitarlo, yendo a visitar a Jes?s, seguros de que all? encontrar?an tambi?n? a su p?rroco, disponible para escucharlos y perdonarlos. Al final, una muchedumbre cada vez mayor de penitentes, provenientes de Francia, lo reten?a en el confesonario hasta 16 horas al d?a. Se comentaba que Ars se hab?a convertido en ?el gran hospital de las almas?[17].

Recojo aqu? la severa advertencia del Cardenal Joachim Meisner, Arzobispo de Colonia: ?La p?rdida del sacramento de la Penitencia es la ra?z de muchos males en la vida de la Iglesia y en la vida del sacerdote. Y as? la llamada crisis del sacramento de la Penitencia no se debe s?lo a que la gente no vaya a confesarse, sino a que nosotros, sacerdotes, ya no estamos presentes en el confesonario. Un confesonario en el que est? presente un sacerdote, en una Iglesia vac?a, es el s?mbolo m?s conmovedor de la paciencia de Dios que espera. As? es Dios. ?l nos espera toda la vida [?] Si nos falta en gran parte este ?mbito esencial del servicio sacerdotal, entonces caemos f?cilmente en una mentalidad funcionalista o en el nivel de una mera t?cnica pastoral?[18].

Dignidad del confesonario en las iglesias y ornamentos

El sacramento de la Penitencia se administra en el lugar y la sede que determina el derecho (cfr. CIC, cn. 964). Ha de evitarse por todos los medios que las sedes para el sacramento de la Penitencia o confesonarios est?n colocados en los lugares m?s oscuros de las iglesias, como en ocasiones sucede. La misma estructura del confesonario tal y como es en bastantes casos no favorece la celebraci?n del sacramento, que es un encuentro con Dios, un tribunal de misericordia y una fiesta de la reconciliaci?n. Por eso y para dar todo el relieve necesario al encuentro penitencial, debe cuidarse la est?tica, funcionalidad y discreci?n de la sede para o?r confesiones. Con estos criterios ser? oportuna una revisi?n inteligente y respetuosa, sobre todo, cuando se trate de muebles con valor art?stico, de los confesonarios actuales en uso.

Es importante recordar el respeto que se debe tener a este sacramento y la dignidad con la que debe celebrarse, incompatible con algunos usos y costumbres que se manifiestan, a veces, en la manera de vestir o de comportarse el sacerdote durante la celebraci?n. En este sentido recuerdo que los ornamentos propios para celebrar la reconciliaci?n individual en la iglesia u oratorios son el alba y la estola.

Conclusi?n

Al escribir esta carta pastoral sobre el sacramento de la Penitencia dirigida a todos los diocesanos, especialmente a los sacerdotes, cumplo con mi deber de Obispo para contribuir a la fiel custodia de este sacramento en la Iglesia, ?sacramento de la uni?n ?ntima con Dios y de todo el g?nero humano?[19], y? para fomentar su celebraci?n digna y fructuosa.

Todos necesitamos de la conversi?n y del sacramento de la Penitencia, pues todos somos pecadores. Por eso ?en nombre de Cristo os pedimos que os reconcili?is con Dios? (2 Cor ?5, 20). Estas palabras siempre actuales resuenan con especial fuerza en el umbral y en los d?as de la Cuaresma, urgi?ndonos a abrir el coraz?n arrepentido para acoger la misericordia de Dios, el ?nico que puede obrar la reconciliaci?n en el hombre y en el mundo, para el nacimiento del hombre nuevo y la civilizaci?n del amor.

El sacramento de la Penitencia, que tanta importancia tiene para la vida del cristiano y para la renovaci?n de nuestras comunidades, actualiza la eficacia del misterio pascual de Cristo, centro de la reconciliaci?n.

Que Mar?a, ?refugio de los pecadores?, ?nos alcance de su divino Hijo la fuerza, el aliento y la esperanza para redescubrir y vivir la belleza y la rica realidad de la reconciliaci?n y de la penitencia.

??????????? Santander, 11 de febrero de 2011

Memoria lit?rgica de Ntra. Sra. de Lourdes??

+ Vicente Jim?nez Zamora

Obispo de Santander

[10] Benedicto XVI, Exhortaci?n apost?lica Verbum Domini, 61.
[11] Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica Reconciliatio et Paenitentia, 18.
[12] Ibidem, 14-18.
[13] Cfr. Vaticano II, Lumen Gentium, 26.
[14] BOCEE, 6, 1989, 59.
[15] Cfr. Bolet?n Oficial del Obispado de Santander, mayo 2002, p?gs. 53-61.
[16] Juan Pablo II, Carta apost?lica, Misericordia Dei, introducci?n, g.
[17] Benedicto XVI, Carta en la proclamaci?n del A?o Sacerdotal (16 de junio de 2009), 11.
[18] Cardenal Joachim? Meisner, Arzobispo de Colonia, Conferencia Conversi?n y misi?n, en el Encuentro Internacional de sacerdotes en la conclusi?n del A?o Sacerdotal, 19 de junio de 2010, nn. 11 y 12.
[19] Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 1.

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Publicado por verdenaranja @ 22:27  | Espiritualidad
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