Jueves, 12 de mayo de 2011

ZENIT publica el discurso que ha entregado este s?bado Benedicto XVI a Mar?a Jes?s Figa L?pez-Palop, embajadora de Espa?a ante la Santa Sede, durante la ceremonia de entrega de sus cartas credenciales.

Se?ora Embajadora:

Al recibir las cartas credenciales que acreditan a Vuestra Excelencia como Embajadora Extraordinaria y Plenipotenciaria de Espa?a ante la Santa Sede, le agradezco cordialmente las palabras que ha tenido a bien dirigirme, as? como el deferente saludo que me trasmite de Sus Majestades los Reyes, del Gobierno y el pueblo espa?ol. Correspondo gustosamente expresando mis mejores deseos de paz, prosperidad y bien espiritual para todos ellos, a quienes tengo muy presentes en el recuerdo y en la oraci?n. Reciba la m?s cordial bienvenida al iniciar su importante quehacer en esta Misi?n diplom?tica, que cuenta con siglos de brillante historia y tantos ilustres predecesores suyos.

He visitado recientemente Santiago de Compostela y Barcelona, y recuerdo con gratitud tantas atenciones y manifestaciones de cercan?a y afecto al Sucesor de Pedro por parte de los espa?oles y sus Autoridades. Son dos lugares emblem?ticos, en los que se pone de relieve tanto el atractivo espiritual del Ap?stol Santiago, como la presencia de signos admirables que invitan a mirar hacia lo alto aun en medio de un ambiente plural y complejo.

Durante mi visita he percibido muchas muestras de la vivacidad de la fe cat?lica de esas tierras, que han visto nacer tantos santos, y que est?n sembradas de catedrales, centros de asistencia y de cultura, inspirados por la fecunda raigambre y fidelidad de sus habitantes a sus creencias religiosas. Esto comporta tambi?n la responsabilidad de unas Relaciones diplom?ticas entre Espa?a y la Santa Sede que procuren fomentar siempre, con mutuo respeto y colaboraci?n, dentro de la leg?tima autonom?a en sus respectivos campos, todo aquello que suscite el bien de las personas y el desarrollo aut?ntico de sus derechos y libertades, que incluyen la expresi?n de su fe y de su conciencia, tanto en la esfera p?blica como en la privada.

Por su significativa trayectoria en la actividad diplom?tica, Vuestra Excelencia conoce bien que la Iglesia, en el ejercicio de su propia misi?n, busca el bien integral de cada pueblo y sus ciudadanos, actuando en el ?mbito de sus competencias y respetando plenamente la autonom?a de las autoridades civiles, a las que aprecia y por las que pide a Dios que ejerzan con generosidad, honradez, acierto y justicia su servicio a la sociedad. Este marco en el que confluyen la misi?n de la Iglesia y la funci?n del Estado, adem?s, ha quedado plasmado en acuerdos bilaterales entre Espa?a y la Santa Sede sobre los principales aspectos de inter?s com?n, que proporcionan ese soporte jur?dico y esa estabilidad necesaria para que las respectivas actuaciones e iniciativas beneficien a todos.

El comienzo de su alta responsabilidad, Se?ora Embajadora, tiene lugar en una situaci?n de gran dificultad econ?mica de ?mbito mundial que atenaza tambi?n a Espa?a, con resultados verdaderamente preocupantes, sobre todo en el campo de la desocupaci?n, que provoca des?nimo y frustraci?n especialmente en los j?venes y las familias menos favorecidas. Tengo muy presentes a todos los ciudadanos, y pido al Todopoderoso que ilumine a cuantos tienen responsabilidades p?blicas para buscar denodadamente el camino de una recuperaci?n provechosa a toda la sociedad. En este sentido, quisiera destacar con satisfacci?n la benem?rita actuaci?n que las instituciones cat?licas est?n llevando a cabo para acudir con presteza en ayuda de los m?s menesterosos, a la vez que hago votos para una creciente disponibilidad a la cooperaci?n de todos en este empe?o solidario.

Con esto, la Iglesia muestra una caracter?stica esencial de su ser, tal vez la m?s visible y apreciada por muchos, creyentes o no. Pero ella pretende ir m?s all? de la mera ayuda externa y material, y apuntar al coraz?n de la caridad cristiana, para la cual el pr?jimo es ante todo una persona, un hijo de Dios, siempre necesitado de fraternidad, respeto y acogida en cualquier situaci?n en que se encuentre.

En este sentido, la Iglesia ofrece algo que le es connatural y que beneficia a las personas y las naciones: ofrece a Cristo, esperanza que alienta y fortalece, como un ant?doto a la decepci?n de otras propuestas fugaces y a un coraz?n carente de valores, que termina endureci?ndose hasta el punto de no saber percibir ya el genuino sentido de la vida y el porqu? de las cosas. Esta esperanza da vida a la confianza y a la colaboraci?n, cambiando as? el presente sombr?o en fuerza de ?nimo para afrontar con ilusi?n el futuro, tanto de la persona como de la familia y de la sociedad.

No obstante, como he recordado en el Mensaje para la celebraci?n de la Jornada Mundial de la Paz 2011, en vez de vivir y organizar la sociedad de tal manera que favorezca la apertura a la trascendencia (cf. n. 9), no faltan formas, a menudo sofisticadas, de hostilidad contra la fe, que ?se expresan a veces renegando de la historia y de los s?mbolos religiosos, en los que se reflejan la identidad y la cultura de la mayor?a de los ciudadanos? (n. 13). El que en ciertos ambientes se tienda a considerar la religi?n como un factor socialmente insignificante, e incluso molesto, no justifica el tratar de marginarla, a veces mediante la denigraci?n, la burla, la discriminaci?n e incluso la indiferencia ante episodios de clara profanaci?n, pues as? se viola el derecho fundamental a la libertad religiosa inherente a la dignidad de la persona humana, y que ?es un arma aut?ntica de la paz, porque puede cambiar y mejorar el mundo? (cf. n. 15).

En su preocupaci?n por cada ser humano de manera concreta y en todas sus dimensiones, la Iglesia vela por sus derechos fundamentales, en di?logo franco con todos los que contribuyen a que sean efectivos y sin reducciones. Vela por el derecho a la vida humana desde su comienzo a su t?rmino natural, porque la vida es sagrada y nadie puede disponer de ella arbitrariamente. Vela por la protecci?n y ayuda a la familia, y aboga por medidas econ?micas, sociales y jur?dicas para que el hombre y la mujer que contraen matrimonio y forman una familia tengan el apoyo necesario para cumplir su vocaci?n de ser santuario del amor y de la vida. Aboga tambi?n por una educaci?n que integre los valores morales y religiosos seg?n las convicciones de los padres, como es su derecho, y como conviene al desarrollo integral de los j?venes. Y, por el mismo motivo, que incluya tambi?n la ense?anza de la religi?n cat?lica en todos los centros para quienes la elijan, como est? preceptuado en el propio ordenamiento jur?dico.

Antes de concluir, deseo hacer una referencia a mi nueva visita a Espa?a para participar en Madrid, el pr?ximo mes de agosto, en la celebraci?n de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud. Me uno con gozo a los esfuerzos y oraciones de sus organizadores, que est?n preparando esmeradamente tan importante acontecimiento, con el anhelo de que d? abundantes frutos espirituales para la juventud y para Espa?a. Me consta tambi?n la disponibilidad, cooperaci?n y ayuda generosa que tanto el Gobierno de la Naci?n como las autoridades auton?micas y locales est?n dispensando para el mejor ?xito de una iniciativa que atraer? la atenci?n de todo el mundo y mostrar? una vez m?s la grandeza de coraz?n y de esp?ritu de los espa?oles.

Se?ora Embajadora, hago mis mejores votos por el desempe?o de la alta misi?n que le ha sido encomendada, para que las relaciones entre Espa?a y la Santa Sede se consoliden y progresen, a la vez que le aseguro el gran aprecio que tiene el Papa por las siempre queridas gentes de Espa?a. Le ruego as? mismo que se haga int?rprete de mis sentimientos ante los Reyes de Espa?a y las dem?s Autoridades de la Naci?n, a la vez que invoco abundantes bendiciones del Alt?simo sobre Vuestra Excelencia, su familia que hoy la acompa?a, as? como sobre sus colaboradores y el noble pueblo espa?ol.

[?Libreria Edtitrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:14  | Habla el Papa
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