Domingo, 15 de mayo de 2011

Homil?a de monse?or Luis T. St?ckler, obispo de Quilmes para el Domingo de Ramos (17 de abril de 2011). (AICA)

EL MISTERIO DE LA REDENCI?N??????????????

La lectura de la Pasi?n de nuestro Se?or nos recuerda la ?ltima noche y el ?ltimo d?a de su vida: la cena pascual, la traici?n de Judas, la angustia de Getseman?, su arresto, el interrogatorio en el Sanedr?n, la condena por Pilatos, la burla de los soldados, la crucifixi?n, su muerte y su sepultura. Es delante del Sumo Sacerdote y del gobernador, donde Jes?s revela el secreto de su persona y su misi?n, como Hijo de Dios y Rey de los jud?os. El primero lo condena por blasfemo, el segundo por rebelde. Pareciera que Jes?s hubiera sido uno m?s de los que han terminado en los engranajes del poder. Sin embargo, su historia no qued? ah?. La Semana Santa nos revela el trasfondo misterioso de su muerte y de nuestra vida. Desde ?l nos comprendemos a nosotros; y a la inversa: conoci?ndonos a nosotros, lo podemos descubrir a ?l.

La actitud de Jes?s en el relato contrasta con la de todos los dem?s, incluyendo los ap?stoles que lo abandonan. ?l comparte la misma fuente con el que lo traicionar?; mientras ?l ora con angustia, los tres preferidos est?n durmiendo; mientras se abalanzan sobre ?l y lo detienen, Jes?s rechaza la violencia contra ellos; cuando levantan falso testimonio contra ?l, Jes?s se calla; cuando los sumos sacerdotes y ancianos insultan al crucificado, ?l invoca a Dios y le entrega su esp?ritu. Si bien la causa directa de su muerte fue la ceguera de los responsables del pueblo, no se comprende este desenlace sin el misterio del pecado, en el cual todos los hombres est?n involucrados. As? Jes?s lo expresa en la ?ltima cena, cuando les entrega la copa: ??sta es mi sangre, la sangre de la Alianza, que se ?derrama por muchos para la remisi?n de los pecados?. Frente a su bondad tomamos conciencia de la? dimensi?n de nuestra mezquindad y maldad. Los protagonistas inmediatos de su pasi?n han actuado en nombre de todos los hombres. Por eso, no busquemos qui?nes tienen mayor culpa. No hay nadie que sea inocente.

Cada uno, frente a este Cristo descubre, como en un espejo, ?su propia desfiguraci?n. Nuestra egolatr?a tiene tantas expresiones cuantos pecados se han hecho h?bito en nuestras personas. La sensualidad y la avaricia, ?la ira y la envidia, la pereza espiritual y la soberbia: ?Qui?n puede decir que est? libre de los vicios? Los programas informativos como de ficci?n en los medios, son un reflejo ya insoportable de esta realidad. Sentimos el vac?o interior que los h?bitos mal adquiridos nos causan como personas y como sociedad. ?Qui?n nos saca del enredo de tanta confusi?n? Solos no lo podemos lograr.

De esto tomamos conciencia en esta Semana. En nuestro lugar, Jesucristo se hizo obediente, para levantarnos y devolvernos nuestra dignidad como hijos de Dios. Para esto se humill? hasta aceptar la muerte en cruz. Nuestra culpa se aniquila al creer en ?l. Y nuestra vida recobra sentido y plenitud.?

Mons. Luis T. St?ckler, obispo de Quilmes?


Publicado por verdenaranja @ 19:13  | Homil?as
 | Enviar