Martes, 17 de mayo de 2011

Homil?a de monse?or Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo em?rito de Resistencia, sobre la Pasi?n? de Jesucristo, para el domingo de Ramos (17 de abril de 2011). (AICA)

LA PASI?N DE JESUCRISTO???????????

Mt 26,3-27,66?

I. EL DOMINGO DE RAMOS Y LA PROCLAMACI?N DE LA PASI?N?

1. La celebraci?n de este Domingo de Ramos, con que se inicia de la Semana Santa, es celebre desde antiguo por la procesi?n que remeda el ingreso triunfal de Jes?s en Jerusal?n. Eteria, una dama espa?ola, que a fines del siglo IV peregrina a Jerusal?n, la narra con emoci?n a sus amigas. Se la hac?a desde el monte de la Ascensi?n a la ciudad de Jerusal?n, terminando en la bas?lica de la Resurrecci?n.

Hoy, en nuestras parroquias se inicia, de ordinario, fuera del templo, e incluye: el anuncio del correspondiente pasaje evang?lico ? este a?o Mt 21,1-11 -, la bendici?n de los ramos, la procesi?n y el ingreso en el templo, donde se contin?a con la santa Misa.

2. Si bien el pueblo sigue con devoci?n esta liturgia, el centro de la celebraci?n del Domingo de Ramos es la proclamaci?n de la Pasi?n de Nuestro Se?or Jesucristo. Este a?o, seg?n San Mateo. El Viernes Santo se la leer? seg?n San Juan. De este modo, la Iglesia se?ala el centro de la Semana Santa: la muerte en la cruz de Nuestro Se?or Jesucristo por nuestros pecados, que culminar? en la vigilia del Domingo de Pascua con el anuncio de su Resurrecci?n.?

II. LA PASI?N DE JESUCRISTO ES SIEMPRE ACTUAL?

3. La pasi?n de Cristo es y ser? siempre actual, en m?ltiples sentidos. En el plano sacramental: porque en la Misa, cada domingo e incluso cada d?a, celebramos la memoria del Se?or muerto y resucitado. En el plano cotidiano de la vida cristiana, pues, como dijo Jes?s: ?El que quiera venir detr?s de m?, que reniegue a s? mismo, que cargue con su cruz y me siga? (Mt 16,24; cf 10,38). En el plano social, porque es inevitable que el cristiano y la Iglesia sufran contradicci?n y persecuci?n: ?Yo los env?o como a ovejas en medio de lobos? Cu?dense de los hombres, porque los entregar?n a los tribunales y los azotaran en las sinagogas. A causa de m? ser?n llevados ante gobernadores y reyes?? (Mt 10,16-18).

4. Tambi?n el cine le da una cierta actualidad a la Pasi?n de Cristo. As? era ya en mi infancia. La versi?n cinematogr?fica m?s famosa es la de Mel Gibson. Recientemente, la Pasi?n volvi? a la actualidad con el segundo tomo de ?Jes?s de Nazaret?, escrito por Benedicto XVI, pues los medios mostraron como una novedad lo que dice sobre la muerte de Jes?s. Pero al respecto el Papa repite lo ense?ado por el Concilio Vaticano en 1965: ?Aunque las autoridades de los jud?os con sus seguidores reclamaron la muerte de Cristo, sin embargo, lo que en su Pasi?n se hizo, no puede ser imputado ni indistintamente a todos los jud?os que entonces viv?an, ni a los jud?os de hoy. Y, si bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, no se ha de se?alar a los jud?os como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras. Por consiguiente, procuren todos no ense?ar nada que no est? conforme con la verdad evang?lica y con el esp?ritu de Cristo, ni en la catequesis ni en la predicaci?n de la Palabra de Dios? (Nostra aetate 4).?

III. LOS PROTAGONISTAS DE LA PASI?N DE JES?S?

5. En la Pasi?n, que el evangelista Mateo describe como un gran drama, aparecen numerosos protagonistas, principales y secundarios. Entre los principales: los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, con Caif?s a la cabeza; Judas, el ap?stol traidor; Pedro, el ap?stol renegado y convertido; Pilato, el gobernador romano. Entre los secundarios: los dem?s ap?stoles, el piquete que detiene a Jes?s, numerosos testigos falsos, dos sirvientas, la mujer de Pilato, Barrab?s, la multitud, los soldados del gobernador, Sim?n de Cirene, dos ladrones, los que pasan ante la cruz, el centuri?n, las mujeres que segu?an a Jes?s, Jos? de Arimatea.?

IV. PROYECCI?N UNIVERSAL DE LA MUERTE DE JESUCRISTO?

6. Mirando el reparto de este drama sacro, es imposible sustraerse a la impresi?n de que en la crucifixi?n de Jes?s intervino todo el mundo: los jefes del pueblo jud?o, el c?rculo ?ntimo de Jes?s, la autoridad del Imperio. Se descorre as? ante nuestros ojos el panorama espiritual del mundo que describe luego el ap?stol San Pablo en la carta a los romanos: ?Todos est?n sometidos al pecado, tanto los jud?os como los que no lo son. As? lo afirma la Escritura: No hay ning?n justo, ni siquiera uno? (Rom 3,10; Sal 14,3).

7. Por lo mismo, sin negar la responsabilidad de ninguno de los protagonistas inmediatos de la Pasi?n de Cristo, los escritos apost?licos ven m?s all? del hecho constatable por la justicia civil, y le dan una interpretaci?n teol?gica. En la carta citada, San Pablo escribe: ?Cuando todav?a ?ramos d?biles, Cristo, en el tiempo se?alado, muri? por los pecadores? La prueba de que Dios nos ama es que Cristo muri? por nosotros cuando todav?a ?ramos pecadores? (Rom 5,6.8). Todo el Nuevo Testamento est? atravesado por esta interpretaci?n de la muerte de Cristo. En el resumen que el ap?stol Pablo hace de su predicaci?n, les dice a los corintios: ?Les he trasmitido, en primer lugar, lo que yo mismo recib?: Cristo muri? por nuestros pecados, conforme a la Escritura?? (1 Co 15,3). Y as? los dem?s ap?stoles. Por ejemplo, San Pedro, que ve realizada en Jes?s crucificado la profec?a de Isa?as: ??l llev? a la cruz nuestros pecados, carg?ndolos en su cuerpo, a fin que muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, ustedes fueron curados? (1 Pe 2,24; cf Is 53,12.5). O San Juan: ?Ustedes saben que ?l se manifest? para quitar el pecado,? para destruir las obras del demonio? As? Dios nos manifest? su amor: envi? a su Hijo ?nico al mundo? como v?ctima propiciatoria por nuestros pecados? (1 Jn 3,5.8; 4,9.10).

8. S?lo una p?sima lectura del Nuevo Testamento pudo haber interpretado la muerte de Jesucristo como un mero hecho policial atribuible s?lo al pueblo jud?o. La carta a los Hebreos dice que los cristianos crucificamos a Jesucristo cuando volvemos a caer en la incredulidad: ?Porque a los que una vez fueron iluminados y gustaron el don celestial, a los que participaron del Esp?ritu Santo y saborearon la buena Palabra de Dios y las maravillas del mundo venidero, y a pesar de todo recayeron, es imposible renovarlos otra vez elev?ndolos a la conversi?n, ya que ellos por su cuenta vuelven a crucificar al Hijo de Dios y lo exponen a la burla de todos? (Hb 6,4-6). La apostas?a de un cristiano es como ?pisotear al Hijo de Dios?, ?profanar la sangre de la Alianza con la cual fue santificado?, y ?ultrajar al Esp?ritu de la gracia? (Hb 10,29).?

V. ACTUALIZACI?N DE LOS PERSONAJES?

9. Nos detendremos un instante a contemplar a cada uno de los protagonistas principales, procurando que los mismos nos interpelen y nos ayuden a entender cu?nto cada uno de nosotros contribuy? y contribuye a la crucifixi?n de Jesucristo.?

A. Pilato se lava las manos

10. Cuando consideramos a los protagonistas de la Pasi?n, f?cilmente nos detenemos en Pilato. Es la imagen del gobernante contradictorio. Conoce la rectitud de Jes?s, pero por una supuesta conveniencia pol?tica lo condena, alegando ser inocente de la injusticia que va a cometer: ??l sab?a que lo hab?an entregado por envidia?, pero ?hizo traer agua y se lav? las manos delante de la multitud, diciendo: ?Yo soy inocente de esta sangre?? Entonces, puso en libertad a Barrab?s, y a Jes?s, despu?s de haberle hecho azotar, lo entreg? para que fuera crucificado? (Mt 27,18.24.26).

L?gica demencial, pero muy frecuente en nuestra vida pol?tica y social. De all?, el proceso de raquitismo y enanismo que el Pa?s viene sufriendo desde d?cadas.??

B. Los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo

11. Con menos frecuencia nos detenemos a considerar la figura de los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, que fueron determinantes en lograr la condena de Jes?s: "Cuando amaneci?, todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jes?s. Despu?s de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron? (Mt 27,1-2).

?Por qu? consideramos poco estas figuras? ?Porque es m?s f?cil mirar a los que, como Pilato, est?n fuera de la Iglesia? ?Porque tememos caer en una lectura antijud?a de la Pasi?n? ?O tal vez porque los sumos sacerdotes y ancianos pertenecen al mismo ri??n de la religi?n, y ello nos interpela muy directamente a nosotros? Benedicto XVI dice que el principal origen de la persecuci?n que la Iglesia sufre hoy est? en la falta de coherencia con el Evangelio por parte de los cristianos, y en particular de algunos de los que somos pastores.??

C. Judas, el ap?stol traidor

12. En mi infancia y adolescencia se abusaba de la figura de Judas: el ap?stol traidor. ?Tiene la piel de Judas?, se dec?a de un chico travieso. Hoy, seg?n mi impresi?n, es un personaje que suele pasar desapercibido en los comentarios homil?ticos. Y esto desde mucho antes que la BBC, hace pocos a?os, promoviera un esc?ndalo medi?tico por el hallazgo hecho en Egipto en 1945 de un Evangelio gn?stico, cuya existencia era conocida desde antiguo, llamado ?Evangelio de Judas?, como si el mismo pusiese en cuesti?n la veracidad de los cuatro Evangelios can?nicos.

13. Judas, como todos los personajes de la Biblia, tambi?n los negativos, son figuras que contienen un mensaje prof?tico para nosotros. Y hemos de saberlo escuchar. Judas hab?a hecho un camino espiritual que lo hab?a llevado a ser ap?stol de Jes?s y hombre de confianza que administraba las finanzas del grupo. ?Cu?ndo y c?mo comenz? el camino regresivo, que lo llev? a segregarse afectivamente hasta traicionar a su Maestro, vendi?ndolo por treinta monedas? ?Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: ??Cu?nto me dar?n si se lo entrego??. Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasi?n favorable para entregarlo? (Mt 26,14-16).

14. Judas es un misterio a desentra?ar. Desde que Ca?n mat? por envidia a su hermano Abel, todo es posible en el coraz?n humano. Jes?s, en el serm?n misionero, profetizando tiempos dif?ciles para sus ap?stoles, les dice: ?El hermano entregar? a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelar?n contra sus padres y los har?n morir? (Mt 10,21).

Mucho antes de Jes?s, el hombre justo se lamentaba de la traici?n del amigo: ?Hasta mi amigo m?s ?ntimo, en quien yo confiaba, el que comi? mi pan, se puso contra m? (Sal 41,10); ?Si fuera mi enemigo el que me agravia, podr?a soportarlo; si mi adversario se alzara contra m?, me ocultar?a de ?l. ?Pero eres t?, un hombre de mi condici?n, mi amigo y confidente, con quien viv?a en dulce intimidad: juntos ?bamos entre la multitud a la Casa de Dios!? (Sal 55,13-15).??

La traici?n entre cristianos

15. La traici?n es una dolorosa realidad humana. Y, por tanto, tambi?n puede darse en la Iglesia, que est? compuesta por hombres. Juan, en su primera carta, en la que escribe muy profundamente sobre el amor cristiano, toma nota de algunos que en la Iglesia traicionan abiertamente la fe y el amor que dicen profesar: ?Ya han aparecido muchos anticristos? Salieron de entre nosotros, sin embargo, no eran de los nuestros? (1 Jn 2,18.19).??

La denuncia medi?tica

16. La traici?n siempre cae de sorpresa. No sigue formas preestablecidas. Pero por experiencia deducimos algunas coordenadas en las que se mueve hoy. Una es la denuncia medi?tica. Duele, y mucho, que cada tanto aparezcan en los medios cl?rigos que respiran odio contra la Iglesia. Es mucho peor que la actitud de los cristianos de Corinto, denunciada por San Pablo, de ir a resolver sus problemas ante el tribunal civil (cf 1 Co 6,1-11).

?Que la Iglesia Madre tiene suciedades y defectos? Por cierto, y graves. Desde que nos tiene a nosotros en su seno, no puede menos que ser sucia y defectuosa. ?Acaso cada uno de nosotros no produce excrementos todos los d?as? ?Acaso no los producen las madres de tales cl?rigos? ?Pero se animar?an a definir a sus madres por los excrementos que ellas producen? Hablan de la Iglesia desde la vereda de enfrente como si no fuesen sus hijos y no aportasen nada a la suciedad que le reprochan. Dicen enfrentar a la Iglesia del poder. Ellos ser?an la Iglesia del pueblo. Distinci?n necia que invent? el rigorista y frustrado te?logo Tertuliano, a fines del siglo II, quien dec?a pertenecer a ?la Iglesia del Esp?ritu?, opuesta a ?la Iglesia de los obispos?. Distinci?n que, en las ?ltimas d?cadas, difundieron como una gran novedad algunas corrientes seudo-teol?gicas, incluso algunas que se presentan como si fuesen aut?ntica teolog?a de la liberaci?n. Muy distinta es la concepci?n de la Iglesia que tiene San Pablo. Para ?l la Iglesia por s? sola es la humanidad ro?osa, pero que es hermoseada por Cristo, quien la lava con su sangre: ?Cristo am? a la Iglesia y se entreg? por ella, para santificarla. El la purific? con el bautismo del agua y la palabra, porque quiso para s? una Iglesia resplandeciente, sin mancha ni arruga y sin ning?n defecto, sino santa e inmaculada? (Ef 5,25-27).?

El espionaje y la delaci?n

17. Otra forma de traici?n, que no rara vez se recubre con el manto de la piedad y de la ortodoxia, es el espionaje y la delaci?n en la Iglesia. Personas que est?n al acecho de cualquier posible herej?a, porque s?lo ellos tendr?an la verdad y se sienten constituidos en sus garantes. El que s?lo busca herej?as las va a encontrar, o las va a inventar, y las va a denunciar, as? sean calumniosas. ?Cu?nto se ha sufrido en la Iglesia por este tipo de traici?n! Ya desde los tiempos apost?licos. San Pablo la sufri? en carne propia. A quienes la practicaban no duda en calificarlos como ?falsos hermanos, infiltrados para coartar la libertad que tenemos en Cristo Jes?s? (Ga 2,4). Estaban bien posicionados en la Iglesia de Jerusal?n, en torno a Santiago, el primo de Jes?s, y le hicieron cometer un grave traspi? al ap?stol Pedro, el cual amedrentado por ellos se apart? de la comuni?n con los cristianos provenientes del paganismo (ib. vv. 11-13). A causa de las contradicciones soportadas de parte de estos cristianos, el ap?stol Pablo dice: ?llevo en mi cuerpo las cicatrices de Jes?s? (Ga 6,17).

18. ?Ecclesia semper est reformanda?, dijo recientemente con toda naturalidad un cardenal de la curia romana. Pero conviene recordar que la palabra ?reforma? era impronunciable en la d?cada del 50, porque ol?a a Lutero, a pesar de que se la recitaba todos los d?as en la Misa al mezclar un poco de agua con el vino para el ofertorio. ?Cu?nta contradicci?n tuvo que sufrir entonces el P. Yves Congar OP por el t?tulo de su libro ?Verdadera y falsa reforma en la Iglesia?! Era imposible encontrarlo en las librer?as.

Desde la d?cada del 40, conozco la existencia en la Argentina de peque?os grupos, compuestos casi siempre por gente benem?rita, pero un tanto enferma espiritualmente, que ve herej?as en todas partes. Y en vez de verificarlas primero en un t? a t? con el supuesto hereje, y sin respetar la autoridad del obispo local responsable de vigilar por la doctrina, lanzan la acusaci?n a los cuatro vientos. Incluso, usan medios muy traicioneros: ayer, buscaban en Roma alg?n padrino que les creyese; hoy, usan el Internet para difundir sus calumnias.

19. Que en la Iglesia hay errores: sin duda. Los hubo y los habr? siempre. Y tanto en el plano de la doctrina, como en el de la vida cristiana. No s?lo es error la herej?a doctrinal. Tambi?n lo es todo vicio que desnaturaliza las relaciones entre cristianos, que bien podemos llamar herej?a pr?ctica. La Iglesia tiene la obligaci?n grave de enmendar tales errores, porque su misi?n es conducir a las ovejas de Cristo a buenos pastos y a aguas cristalinas. Enmienda que ha de hacer conforme al Evangelio de Jes?s: en la verdad y en la caridad. Y en los dos niveles: en el te?rico y en el pr?ctico. Acostumbrados a ver s?lo los errores doctrinales, podemos olvidar los otros errores, los vicios arraigados en la vida de la Iglesia, que pueden ser grav?simos, como sucedi? en tiempos de la Reforma protestante. El espionaje y la delaci?n siempre son vicios muy graves, y deben ser erradicados de la Iglesia y sustituidos por la correcci?n fraterna que ense?? Jes?s (cf Mt 18,15-18; 7,1-5).?

D. Pedro, el ap?stol renegado y convertido, piedra visible sobre la que Jes?s edifica la Iglesia

20. De los Doce Ap?stoles, la figura m?s mencionada por San Mateo durante los hechos de la Pasi?n es la del ap?stol Pedro. Despu?s de terminada la cena, mientras Jes?s se dirige con los disc?pulos al monte de los Olivos, y les predice la pronta dispersi?n de ellos, Pedro protesta: ?Aunque todos se escandalicen por tu causa, yo no me escandalizar? jam?s?. A lo que Jes?s responde: ?Te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me habr?s negado tres veces?. Pero Pedro insiste en su fidelidad: ?Aunque tenga que morir contigo, jam?s te negar?. Y todos los disc?pulos dijeron lo mismo?.

Llegados al huerto de Getseman?, Jes?s invita a Pedro, Santiago y Juan a acompa?arlo en la oraci?n: ?Qu?dense aqu?, velando conmigo?. Pero mientras Jes?s sufre angustias de muerte, Pedro y sus compa?eros se duermen profundamente: ?Jes?s dijo a Pedro: ??Es posible que no hayan podido quedarse despiertos conmigo, ni siquiera una hora? Est?n prevenidos y oren para no caer en tentaci?n, porque el esp?ritu est? dispuesto, pero la carne es d?bil?. La exhortaci?n de Jes?s fue deso?da: ?Al regresar los encontr? otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de sue?o?. Durante esa somnolencia se consuma la traici?n de Judas y el apresamiento de Jes?s: ?Entonces todos los disc?pulos lo abandonaron y huyeron? (Mt 26,33-35.38.40-41.43.56).

Sin embargo, fiel a su esp?ritu impetuoso, Pedro se arm? de coraje y ?lo segu?a de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; entr? y se sent? con los servidores, para ver c?mo terminaba todo? (v.58). Era cantada la suerte que le esperaba al que segu?a a Jes?s de lejos. Mientras adentro juzgaban a Jes?s: ?Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Una sirvienta se acerc? y le dijo: ?T? tambi?n estabas con Jes?s, el Galileo?. Pero ?l lo neg? delante de todos, diciendo: ?No s? lo que quieres decir?. Al retirarse hacia la puerta, lo vio otra sirvienta y dijo a los que estaban all?: ?Este es uno de los que acompa?aban a Jes?s, el Nazareno?. Y nuevamente Pedro neg? con juramento: ?Yo no conozco a ese hombre?. Un poco m?s tarde, los que estaban all? se acercaron a Pedro y le dijeron: ?Seguro que t? tambi?n eres uno de ellos; hasta tu acento te traiciona?. Entonces Pedro se puso a maldecir y a jurar que no conoc?a a ese hombre?. Por fortuna, ?en seguida cant? el gallo, y Pedro record? las palabras que Jes?s hab?a dicho: ?Antes que cante el gallo, me negar?s tres veces?. Y saliendo, llor? amargamente? (vv. 69-75).

21. Mateo, si bien es el evangelista que trae la promesa de Jes?s de entregarle a Pedro las llaves del Reino de los Cielos (cf Mt 16,17-19), a partir de este momento calla sobre el ap?stol, como si todo el tiempo posterior lo hubiese pasado llorando amargamente la negaci?n de su querido Maestro. El que no quer?a que Jes?s le lavase los pies (cf Jn 13,6-10), tuvo que lavarse en l?grimas que, m?s que de sus ojos, brotaban del coraz?n de Jes?s mientras era condenado a muerte.

22. El evangelista Lucas es quien rescata la figura de Pedro. Lo muestra como el primero en ir al sepulcro cuando las mujeres anuncian a los ap?stoles que Jes?s se les apareci? resucitado (cf Lc 24,12). Incluso, atestigua una aparici?n especial de Jes?s a ?l (cf Lc 24,34), que era bien conocida por la primitiva comunidad cristiana (cf 1 Co 15,5). Adem?s, en los primeros quince cap?tulos de los Hechos de los Ap?stoles, Lucas le otorga a Pedro el protagonismo principal en la primera predicaci?n del Evangelio.

Pero quien mejor rescata la figura de Pedro es el evangelista Juan, en su magn?fico cap?tulo 21, donde Jes?s le pregunta por tres veces: ?Sim?n, hijo de Juan, ?me amas??. Y le encomienda el pastoreo de los corderos y de las ovejas (cf Jn 21,15-19). Si bien Pedro fue infiel a Jes?s, ?ste no fue infiel a Pedro, ?pues no puede renegar de s? mismo? (2 Tm 2,13).

23. En algunos ambientes, hoy est? de moda hablar mal del Papa, que es el sucesor del ap?stol Pedro en su misi?n de ser piedra visible sobre la que est? edificada la Iglesia (cf Mt 16,18). Este vicio, que se observa sobre todo entre consagrados, se desparrama luego hacia los laicos que los frecuentan. Nunca han hablado con Benedicto XVI. Quiz? nunca lo leyeron. ?Habr?n orado alguna vez por ?l, como hac?a la Iglesia cuando Pedro estaba prisionero y Herodes preparaba su deg?ello (cf Hch 12,5)? Sin embargo, se sienten autorizados a hablar con desprecio del Papa.

Entre tanto Benedicto XVI carga con paciencia con la cruz del supremo pontificado. Cruz m?ltiple y pesada. Baste recordar s?lo algunas de sus tareas m?s cruciales: abrir sendas para que los seguidores de Mons. Lefebvre puedan volver al seno de la Iglesia; abrirlas a los anglicanos deseosos de volver a la comuni?n con la Iglesia de Roma; asumir el caso trist?simo del fundador de los Legionarios de Cristo; ir con humildad a encontrarse en varios pa?ses con las v?ctimas del crimen de la pedofilia cometido por cl?rigos, lacra desconocida hasta ayer pero real, que Benedicto XVI puso de manifiesto en la severa carta al episcopado irland?s, a pesar del desprestigio que pudiere significar para la Iglesia.

Si Cristo no rechaz? a Pedro que lo neg?, ?por qu?, en un inmundo hostil, los cristianos habremos de avergonzarnos del Papa que confiesa la fe en Cristo? Mucho mejor: volvamos a la sensatez y oremos intensamente por ?l.?

CONCLUSI?N?

24. Pasi?n de Cristo. Pasi?n de los cristianos, especialmente de muchos que hoy est?n sufriendo por su fe hasta derramar su sangre, como Shahbaz Bhatti, ministro paquistan?, recientemente asesinado por defender a las minor?as religiosas. Pasi?n de Benedicto XVI.

Adoremos la Pasi?n de Jesucristo. Oremos por los cristianos perseguidos. Oremos con mucha fe y amor por Benedicto XVI.

Volvamos al Evangelio de Jes?s.

?Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa Cruz redimiste al mundo?. Am?n.?

Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo em?rito de Resistencia?


Publicado por verdenaranja @ 22:41  | Homil?as
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