Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011

ZENIT???nos ofrece a continuaci?n la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunci?el mi?rcoles 20 de Abril de 2011?ante los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, sobre el significado del Santo Triduo Pascual.

Queridos hermanos y hermanas,

hemos llegado ya al coraz?n de la Semana Santa, cumplimiento del camino cuaresmal. Ma?ana entraremos en el Triduo Pascual, los tres d?as santos en que la Iglesia conmemora el misterio de la pasi?n, muerte y resurrecci?n de Jes?s. El Hijo de Dios, despu?s de haberse hecho hombre en obediencia al Padre, llegando a ser del todo igual a nosotros, excepto en el pecado (cfr Hb 4,15), acept? cumplir hasta el final su voluntad, afrontar por amor a nosotros la pasi?n y la cruz, para hacernos part?cipes de su resurrecci?n, para que en ?l y por ?l podamos vivir para siempre, en el consuelo y en la paz. Os exhorto por tanto a acoger este misterio de salvaci?n, a participar intensamente en el Triduo pascual, culmen de todo el a?o lit?rgico y momento de gracia particular para cada cristiano; os invito a buscar en estos d?as el recogimiento y la oraci?n, para poder acceder m?s profundamente a esta fuente de gracia. A prop?sito de esto, ante las inminentes festividades, cada cristiano es invitado a celebrar el sacramento de la Reconciliaci?n, momento de especial adhesi?n a la muerte y resurrecci?n de Cristo, para poder participar con mayor fruto en la Santa Pascua.

El Jueves Santo es el d?a en el que se hace memoria de la instituci?n de la Eucarist?a y del Sacerdocio ministerial. Por la ma?ana, cada comunidad diocesana, reunida en la iglesia catedral en torno al obispo, celebra la Misa crismal, en la que se bendicen el sacro Crisma, el ?leo de los catec?menos y el ?leo de los enfermos. A partir del Triduo pascual y durante todo el a?o lit?rgico, estos ?leos ser?n utilizados para los Sacramentos del Bautismo, de la Confirmaci?n, de las Ordenaciones sacerdotal y episcopal y de la Unci?n de Enfermos; en esto se pone de manifiesto c?mo la salvaci?n, transmitida por los signos sacramentales, brota precisamente del Misterio pascual de Cristo; de hecho, somos redimidos con su muerte y resurrecci?n y, mediante los Sacramentos, acudimos a esa misma fuente salv?fica. Durante la Misa crismal, ma?ana, tiene lugar la renovaci?n de las promesas sacerdotales. En todo el mundo, cada sacerdote renueva los compromisos que asumi? el d?a de la Ordenaci?n, para ser totalmente consagrado a Cristo en el ejercicio del sagrado ministerio al servicio de los hermanos. Acompa?emos a nuestros sacerdotes con nuestra oraci?n.

En la tarde del Jueves Santo comienza efectivamente el Triduo Pascual, con la memoria de la ?ltima Cena, en la que Jes?s instituy? el Memorial de su Pascua, dando cumplimiento al rito pascual jud?o. Seg?n la tradici?n, toda familia jud?a, reunida a la mesa en la fiesta de Pascua, come el cordero asado, haciendo memoria de la liberaci?n de los Israelitas de la esclavitud de Egipto; as? en el cen?culo, consciente de su muerte inminente, Jes?s, verdadero Cordero pascual, se ofrece a si mismo por nuestra salvaci?n (cfr 1Cor 5,7). Pronunciando la bendici?n sobre el pan y el vino, ?l anticipa el sacrificio de la cruz y manifiesta la intenci?n de perpetuar su presencia en medio de los disc?pulos: bajo las especies del pan y del vino, ?l se hace presente de modo real con su cuerpo entregado y con su sangre derramada. Durante la ?ltima Cena, los Ap?stoles son constituidos ministros de este Sacramento de salvaci?n; a ellos Jes?s les lava los pies (cfr Jn 13,1-25), invit?ndoles a amarse unos a otros como ?l les am?, dando la vida por ellos. Repitiendo este gesto en la Liturgia, tambi?n nosotros somos llamados a dar testimonio con los hechos de nuestro Redentor.

El Jueves Santo, finalmente, se cierra con la Adoraci?n eucar?stica, en recuerdo de la agon?a del Se?or en el huerto del Getseman?. Dejando el cen?culo, ?l se retir? a rezar, solo, en presencia del Padre. En ese momento de comuni?n profunda, los Evangelios narran que Jes?s experiment? una gran angustia, un sufrimiento tal que le hizo sudar sangre (cfr Mt 26,38). Consciente de su inminente muerte en la cruz, ?l siente una gran angustia y la cercan?a de la muerte. En esta situaci?n aparece tambi?n un elemento de gran importancia para toda la Iglesia. Jes?s dice a los suyos: quedaos aqu? y vigilad; y este llamamiento a la vigilancia se refiere de modo preciso a este momento de angustia, de amenaza, en el que llegar? el traidor, pero concierne a toda la historia de la Iglesia. Es un mensaje permanente para todos los tiempos, porque la somnolencia de los disc?pulos no era solo el problema de aquel momento, sino que es el problema de toda la historia. La cuesti?n es en qu? consiste esta somnolencia, en qu? consistir?a la vigilancia a la que el Se?or nos invita. Dir?a que la somnolencia de los disc?pulos a lo largo de la historia es una cierta insensibilidad del alma hacia el poder del mal, una insensibilidad hacia todo el mal del mundo. Nosotros no queremos dejarnos turbar demasiado por estas cosas, queremos olvidarlas: pensamos que quiz?s no ser? tan grave, y olvidamos. Y no es s?lo la insensibilidad hacia el mal, mientras deber?amos velar para hacer el bien, para luchar por la fuerza del bien. Es insensibilidad hacia Dios: esta es nuestra verdadera somnolencia; esta insensibilidad hacia la presencia de Dios que nos hace insensibles tambi?n hacia el mal. No escuchamos a Dios ? nos molestar?a ? y as? no escuchamos, naturalmente, tampoco la fuerza del mal, y nos quedamos en el camino de nuestra comodidad. La adoraci?n nocturna del Jueves Santo, el estar vigilantes con el Se?or, deber?a ser precisamente el momento de hacernos reflexionar sobre la somnolencia de los disc?pulos, de los defensores de Jes?s, de los ap?stoles, de nosotros, que no vemos, no queremos ver toda la fuerza del mal, y que no queremos entrar en su pasi?n por el bien, por la presencia de Dios en el mundo, por el amor al pr?jimo y a Dios.

Despu?s, el Se?or empieza a rezar. Los tres ap?stoles ? Pedro, Santiago, Juan ? duermen, pero alguna vez se despiertan y escuchan el estribillo de esta oraci?n del Se?or: ?No se haga mi voluntad, sino la tuya". ?qu? es esta voluntad m?a, qu? es esta voluntad tuya, de la que habla el Se?or? Mi voluntad es que ?no deber?a morir?, que se le ahorre este c?liz del sufrimiento: es la voluntad humana, de la naturaleza humana, y Cristo siente, con toda la consciencia de su ser, la vida, el abismo de la muerte, el terror de la nada, esta amenaza del sufrimiento. Y ?l m?s que nosotros, que tenemos esta aversi?n natural contra la muerte, este miedo natural a la muerte, a?n m?s que nosotros, siente el abismo del mal. Siente, con la muerte, tambi?n todo el sufrimiento de la humanidad. Siente que todo esto es el c?liz que tiene que beber, que debe hacerse beber a s? mismo, aceptar el mal del mundo, todo lo que es terrible, la aversi?n contra Dios, todo el pecado. Y podemos comprender que Jes?s, con su alma humana, estuviese aterrorizado ante esta realidad, que percibe en toda su crueldad: mi voluntad ser?a no beber el c?liz, pero mi voluntad est? subordinada a tu voluntad, a la voluntad de Dios, a la voluntad del Padre, que es tambi?n la verdadera voluntad del Hijo. Y as? Jes?s transforma, en esta oraci?n, la aversi?n natural, la aversi?n contra el c?liz, contra su misi?n de morir por nosotros. Transforma esta voluntad natural suya en voluntad de Dios, en un ?s? a la voluntad de Dios. El hombre de por s? est? tentado de oponerse a la voluntad de Dios, de tener la intenci?n de seguir su propia voluntad, de sentirse libre s?lo si es aut?nomo; opone su propia autonom?a contra la heteronom?a de seguir la voluntad de Dios. Este es todo el drama de la humanidad. Pero en verdad esta autonom?a es err?nea y este entrar en la voluntad de Dios no es una oposici?n a uno mismo, no es una esclavitud que violenta mi voluntad, sino que es entrar en la verdad y en el amor, en el bien. Y Jes?s atrae nuestra voluntad, que se opone a la voluntad de Dios, que busca la autonom?a, atrae esta voluntad nuestra a lo alto, hacia la voluntad de Dios. Este es el drama de nuestra redenci?n, que Jes?s atrae a lo alto nuestra voluntad, toda nuestra aversi?n contra la voluntad de Dios y nuestra aversi?n contra la muerte y el pecado, y la une con la voluntad del Padre: "No se haga mi voluntad sino la tuya?. En esta transformaci?n del "no" en "s?", en esta inserci?n de la voluntad de la criatura en la voluntad del Padre, ?l transforma la humanidad y nos redime. Y nos invita a entrar en este movimiento suyo: salir de nuestro "no" y entrar en el "s?" del Hijo. Mi voluntad existe, pero la decisiva es la voluntad del Padre, porque ?sta es la verdad y el amor.

Un ulterior elemento de esta oraci?n me parece importante. Los tres testigos han conservado ? como aparece en la Sagrada Escritura ? la palabra hebrea o aramea con la que el Se?or habl? al Padre, le llam?: "Abb?", padre. Pero esta f?rmula, "Abb?", es una forma familiar del t?rmino padre, una forma que se usa s?lo en la familia, que nunca se ha usado hacia Dios. Aqu? vemos en la intimidad de Jes?s c?mo habla en familia, habla verdaderamente como Hijo con su Padre. Vemos el misterio trinitario: el Hijo que habla con el Padre y redime a la humanidad.

Una observaci?n m?s. La Carta a los Hebreos nos dio una profunda interpretaci?n de esta oraci?n del Se?or, de este drama del Getseman?. Dice: estas l?grimas de Jes?s, esta oraci?n, estos gritos de Jes?s, esta angustia, todo esto no es sencillamente una concesi?n a la debilidad de la carne, como podr?a decirse. Precisamente as? realiza la tarea del Sumo Sacerdote, porque el Sumo Sacerdote debe llevar al ser humano, con todos sus problemas y sufrimientos, a la altura de Dios. Y la Carta a los Hebreos dice: con todos estos gritos, l?grimas, sufrimientos, oraciones, el Se?or llev? nuestra realidad a Dios (cfr Eb5,7ss). Y usa esta palabra griega "prosferein", que es el t?rmino t?cnico para lo que el Sumo Sacerdote tiene que hacer para ofrecer, para elevar a lo alto sus manos.

Precisamente en este drama del Getseman?, donde parece que la fuerza de Dios ya no est? presente, Jes?s realiza la funci?n del Sumo Sacerdote. Y dice adem?s que en este acto de obediencia, es decir, de conformaci?n de la voluntad natural humana a la voluntad de Dios, se perfecciona como sacerdote. Y usa de nuevo la palabra t?cnica para ordenar sacerdote. Precisamente as? se convierte en el Sumo Sacerdote de la humanidad y abre as? el cielo y la puerta a la resurrecci?n.

Si reflexionamos en este drama del Getseman?, podemos tambi?n ver el gran contraste entre Jes?s, con su angustia, con su sufrimiento, en comparaci?n con el gran fil?sofo S?crates, que permanece pac?fico, imperturbable ante la muerte. Y parece esto lo ideal. Podemos admirar a este fil?sofo, pero la misi?n de Jes?s era otra. Su misi?n no era esta total indiferencia y libertad; su misi?n era llevar en s? mismo todo el sufrimiento, todo el drama humano. Y por ello precisamente esta humillaci?n del Getseman? es esencial para la misi?n del Hombre-Dios. ?l lleva consigo nuestro sufrimiento, nuestra pobreza, y la transforma seg?n la voluntad de Dios. Y as? abre las puertas del cielo, abre el cielo: esta cortina del Sant?simo, que hasta ahora el hombre cerraba contra Dios, se abre por este sufrimiento y obediencia suyas. Estas son algunas observaciones para el Jueves Santo, para nuestra celebraci?n de la noche del Jueves Santo.

El Viernes Santo haremos memoria de la pasi?n y de la muerte del Se?or; adoraremos a Cristo Crucificado, participaremos en sus sufrimientos con la penitencia y el ayuno. Volviendo ?la mirada a aquel que atravesaron? (cfr Jn 19,37), podremos beber de su coraz?n partido que mana sangre y agua como de una fuente; de ese coraz?n del que brota el amor de Dios por cada hombre recibimos su Esp?ritu. Acompa?emos por tanto tambi?n en el Viernes Santo a Jes?s que sube al Calvario, dej?monos guiar por ?l hasta la cruz, recibamos la ofrenda de su cuerpo inmaculado. Finalmente, en la noche del S?bado Santo, celebraremos la solemne Vigilia Pascual, en la que se nos anunciar? la resurrecci?n de Cristo, su victoria definitiva sobre la muerte que nos llama a ser en ?l hombres nuevos, Participando en esta santa Vigilia, la Noche central de todo el A?o Lit?rgico, haremos memoria de nuestro Bautismo, en el cual tambi?n nosotros fuimos sepultados con Cristo, para poder con ?l resucitar y participar en el banquete del cielo (cfr?Ap?19,7-9).

Queridos amigos, hemos intentado comprender el estado de ?nimo con el que Jes?s vivi? el momento de la prueba extrema, para captar lo que orientaba su actuaci?n. El criterio que gui? cada elecci?n de Jes?s durante toda su vida fue la firme voluntad de amar al Padre, de ser uno con el Padre, y de serle fiel; esta decisi?n de corresponder a su amor le impuls? a abrazar, en toda circunstancia, el proyecto del Padre, hacer suyo el designio de amor que le fue confiado de recapitular todas las cosas en ?l, para reconducir todo a ?l. Al revivir el Santo Triduo, dispong?monos a acoger tambi?n nosotros en nuestra vida la voluntad de Dios, conscientes de que en la voluntad de Dios, aunque parece dura, en contraste con nuestras intenciones, se encuentra nuestro verdadero bien, el camino de la vida. Que la Virgen Madre nos gu?e en este itinerario, y nos obtenga de su Hijo divino la gracia de poder emplear nuestra vida por amor a Jes?s, al servicio de los hermanos. Gracias.

[En espa?ol dijo]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua espa?ola, especialmente a los participantes en el encuentro UNIV, as? como a los venidos de Argentina, Colombia, Ecuador, Espa?a, M?xico y otros pa?ses latinoamericanos. Que la Virgen Mar?a nos ense?e a todos a acompa?ar en estos d?as a su Hijo, en los momentos decisivos de su misterio redentor.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:28  | Habla el Papa
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