Jueves, 19 de mayo de 2011

Homil?a del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, en la Vigilia Pascual (23 de abril de 2011). (AICA)

VIGILIA PASCUAL ?????

Amanec?a el domingo cuando estas mujeres que amaban tanto a Jes?s fueron a visitar el sepulcro. Ese sepulcro frente al cual hab?an estado sentadas (cfr. Mt. 27: 61) el viernes anterior y contemplaron la sepultura del Se?or; ese sepulcro del cual se alejaron porque comenzaba el descanso sab?tico prescripto por la Ley (cfr. Ju. 19: 42). Ese sepulcro clausurado por aquella piedra que Jos? de Arimatea hizo rodar y a la cual la inquietud de una mala conciencia mand? asegurar y sellar (Mt. 27:66). Esa piedra clausuraba definitivamente las expectativas de salvaci?n que hab?an creado la vida y la predicaci?n de Jes?s. Esa piedra, asegurada, sellada y custodiada por los guardias constitu?a un ?ment?s? a tantas promesas. Esa piedra proclamaba un fracaso contundente y esas debilitadas mujeres caminaban, tristes hacia ese monumento al fracaso.

Y luego Dios dice ?Basta!, viene el terremoto y el ?ngel del Se?or con la fuerza relampagueante de una verdad nueva hace rodar la piedra en sentido inverso; se abre ese sepulcro ya vac?o. Y le dice el ?ngel a las mujeres: ?no est? aqu? porque ha resucitado como lo hab?a dicho?? entonces ellas recordaron, recordaron aquella chispita de esperanza a la que no le hab?an dado lugar en el coraz?n. De aqu? en m?s, los seguidores de Jes?s sabemos que m?s all? de un sepulcro siempre hay esperanza. Lo que no pudo la piedra de nuestra autosuficiencia lo sembr? el poder de Dios en la carne escarnecida y renovada de su Hijo Jes?s. Hab?an querido ?asegurar? la muerte y ?sin saberlo ni creerlo- aseguraron la vida a toda la humanidad.

Se dan distintos sentimientos ante esta piedra removida hacia atr?s. Los guardias tiemblan de espanto y quedan ?paralizados, como muertos?. Las mujeres est?n aterrorizadas pero el anuncio del ?ngel las llena de alegr?a y ?se alejan r?pidamente del sepulcro?. A los guardias los paraliza su adhesi?n a la muerte; a ellas el anuncio de vida le colma la esperanza y les regala la alegr?a, esa alegr?a que las impele a salir corriendo para dar la noticia. La muerte paraliza, la vida impulsa a comunicarla.

Ellas son portadoras de una noticia: Jes?s no hab?a mentido, estaba vivo y lo hab?an visto. Los guardias, petrificados en su estrechez existencial, solo atinan andar el camino hacia la protecci?n fugaz y coyuntural de la coima. As? contin?a el texto b?blico: ?Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que hab?a sucedido. Estos se reunieron con los ancianos y, de com?n acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: Digan as?: sus disc?pulos vinieron durante la noche y robaron el cuerpo mientras dorm?amos. Si el asunto llega a o?dos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a Ustedes cualquier contratiempo. Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna (Mt: 28: 11-15).

Contemplando los sentimientos opuestos que ten?an las mujeres y los guardias, nos cabe la pregunta sobre nosotros, que estamos hoy aqu? celebrando la Vida nueva, la que Jes?s Resucitado nos ofrece y regala. ?Qu? nos atrae m?s: la seguridad clausurada del sepulcro o esa alegre inseguridad del anuncio? ?D?nde est? nuestro coraz?n: en la certeza que nos ofrecen las cosas muertas, sin futuro, o en esa alegr?a en esperanza de quien es portador de una noticia de vida? ?Corremos en pos de la Vida con la promesa de hallarla? en esa Galilea del encuentro o preferimos la coima existencial que nos asegura cualquier piedra que clausura y anula nuestro coraz?n? ?Prefiero la tristeza o un simple contento paralizante, o me animo a transitar la alegr?a, ese camino de alegr?a que nace del convencimiento de que mi Redentor vive?

Mois?s, antes de morir, reuni? al pueblo y les dijo: ?Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad (o) la muerte y la desdicha? (Deut. 30:15). Hoy tambi?n, en esta celebraci?n lit?rgica junto a Jes?s Resucitado realmente presente en el altar, la Iglesia nos propone algo similar: o creemos en la contundencia del sepulcro clausurado por la piedra, la adoptamos como forma de vida y alimentamos nuestro coraz?n con la tristeza, o nos animamos a recibir el anuncio del ?ngel: ?No est? aqu?, ha resucitado? y asumimos la alegr?a, esa ?dulce y confortadora alegr?a de evangelizar? que nos abre el camino a proclamar que ?l est? vivo y nos espera, en todo momento, en la Galilea del encuentro con cada uno.

Que el Esp?ritu Santo nos ense?e y ayude a elegir bien.?

Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 23 de abril de 2011?


Publicado por verdenaranja @ 22:55  | Homil?as
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