Lunes, 23 de mayo de 2011

Homil?a de monse?or Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo em?rito de Resistencia, para la misa del d?a de Pascua (24 abril 2011). (AICA)

PASCUA DE RESURRECCI?N 2011?????
Jn 20,1-9?

1. La lectura del Evangelio que se lee esta ma?ana, tomada de San Juan 20,1-9, no tiene, a primera vista, el marco de victoria como la que le?mos anoche, de San Mateo. Todo lo contrario. No se narra ninguna aparici?n de Jes?s. La tumba est? vac?a. Y hay una sensaci?n de que ?se han llevado del sepulcro al Se?or?. Sin embargo, la Iglesia la elige para esta ma?ana de Pascua. Sin duda esconde un misterio que, desentra?ado por la fe, ser? motivo de gran alegr?a.?

I. ?MAR?A MAGDALENA, CUANDO TODAV?A ESTABA OSCURO???

2. Los protagonistas son tres. La primera en aparecer es Mar?a Magdalena. El texto evang?lico dice: ?El primer d?a de la semana, de madrugada, cuando todav?a estaba oscuro, Mar?a Magdalena fue al sepulcro?. Agrega: ?vio que la piedra hab?a sido sacada?. Y concluye: ?corri? al encuentro de Sim?n Pedro y del otro disc?pulo al que Jes?s amaba?. Parece estar sola, pero el modo de hablar sugiere que est? acompa?ada: ?Se han llevado del sepulcro al Se?or ?dice? y no sabemos d?nde lo han puesto? (Jn 20,1-2). Pero ella es el personaje que importa.

3. ?Qui?n es Mar?a de Magdala? No es Mar?a de Betania, la hermana de Marta y de L?zaro, que ungi? los pies de Jes?s. Betania est? junto a Jerusal?n. Magdala est? en Galilea, al noroeste del lago de Tiber?ades. Tampoco es la pecadora perdonada por Jes?s, de la que habla Lucas, pues la Magdalena aparece m?s tarde, junto con otras mujeres, acompa?ando a Jes?s y a los Doce, a quienes sirven con sus bienes (cf Lc 8,2-3). Y no hay raz?n alguna para pensar que sea la mujer sorprendida en adulterio, a quien Jes?s salva de morir apedreada. Mar?a Magdalena es una mujer que, como otras, ha sido curada por Jes?s de una grave enfermedad y se ha hecho su disc?pula.

4. Pero m?s que identificar a Mar?a Magdalena, importa averiguar en qu? estado espiritual se encuentra. No ponemos en duda su amor a Jes?s. Lo muestran su seguimiento desde Galilea, su servicio, su estar junto a la cruz con Mar?a la madre de Jes?s, su ir de madrugada a la tumba. Pero Juan nos dice que ella va a la tumba ?cuando todav?a estaba oscuro?. ?Se trata s?lo de la penumbra de la madrugada? M?s bien de la penumbra de su fe incipiente. Como todo disc?pulo, Mar?a Magdalena ha de hacer todav?a un largo camino espiritual hasta llegar a la fe adulta. En la oscuridad del primer d?a de la semana, fue a visitar la tumba de Jes?s el Maestro muerto, para dar curso a sus sentimientos de dolor, que no hab?a podido expresar por la observancia del s?bado. Y, una vez que hubiese hecho el luto, retomar la vida de antes, en la misma penumbra de aquel doloroso d?a, para quedarse triste toda la vida, pues ahora ni siquiera tiene a d?nde ir a llorar. Al dolor por la muerte del Maestro, se agrega el robo de su cad?ver. En s?ntesis: Mar?a Magdalena ama a Jes?s el Maestro, pero todav?a no cree en Jes?s el Cristo, el que deb?a morir en cruz, ser sepultado y resucitar. Por lo mismo, su amor, si bien es intenso, es todav?a muy imperfecto.?

II. ?DESPU?S LLEG? PEDRO, Y ENTR? AL SEPULCRO; VIO???

5. Dejemos por un momento la figura de la Magdalena, pues la escena en que Jes?s se le aparece la leeremos reci?n el martes de Pascua. Y vengamos a Pedro. No hace falta explicar mucho qui?n es. Ci??ndonos al Evangelio de Juan: Pedro es uno de los primeros en ser llamado por Jes?s. Cuando, a ra?z del serm?n sobre el Pan de Vida, muchos de sus disc?pulos lo abandonan, ?l decide quedarse: ?Se?or, ?a qui?n iremos? T? tienes palabras de vida eterna. Nosotros hemos cre?do y sabemos que eres el Santo de Dios? (Jn 6,68-69). Es el que se resiste a que Jes?s le lave los pies, pero termina pidi?ndole que le lave las manos y la cabeza. Es el que promete dar la vida por Jes?s, pero en el huerto de los olivos pretende defenderlo con la espada. Es el que cuando lo apresaron lo sigui? hasta la casa de An?s, pero estando en el patio neg? por tres veces que lo conoc?a. Es aquel a quien Jes?s resucitado le preguntar? por tres veces si lo ama y le encomendar? el pastoreo de su reba?o.

6. El texto le?do dice que, ante la noticia que da Mar?a Magdalena: ?Pedro y el otro disc?pulo salieron y fueron al sepulcro. Corr?an los dos juntos, pero el otro disc?pulo corr?a m?s r?pido que Pedro y lleg? antes? Despu?s lleg? Sim?n Pedro, que lo segu?a, y entr? en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y tambi?n el sudario que hab?a cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte? (Jn 20,3-7). Tambi?n Lucas cuenta que, ante los dichos de las mujeres, ?Pedro se levant? y corri? hacia el sepulcro, y al asomarse, no vio m?s que las s?banas. Entonces regres? lleno de admiraci?n por lo que hab?a sucedido? (Lc 24,12).

Es decir, Pedro ve la tumba vac?a, pero no llega a creer en la resurrecci?n de Jes?s. Tambi?n ?l estaba envuelto en la misma penumbra de la Magdalena. Como le?mos en el pasaje: ?Todav?a no hab?an comprendido que, seg?n las Escrituras, ?l deb?a resucitar de entre los muertos? (Jn 20,9). Pedro llegar? ?a la fe en Cristo resucitado s?lo cuando ?ste se le aparezca, seg?n testimonian Lucas y Pablo (cf Lc 24,34; 1 Co 15,5).

7. En esta Pascua: ?qu? nos dicen las figuras de Mar?a Magdalena y de Pedro? ?No nos dicen algo sobre nuestro estado espiritual? Es probable que la mayor?a de los presentes seamos cristianos desde ni?os. Amamos a Jes?s. Lo seguimos y lo servimos. Tal vez realizamos alg?n apostolado, incluso con sacrificio. El m?s importante de todos, la educaci?n cristiana de los hijos. Pero tambi?n en la catequesis, en Caritas, en el colegio religioso, llevando la comuni?n a los enfermos, consagrados en alguna Orden o Congregaci?n religiosa, ejerciendo alguna de las Sagradas ?rdenes: di?cono, presb?tero, obispo. Pero ?no nos movemos en una fe que, m?s que una luz, es todav?a una penumbra? Vemos las cosas con nuestros ojos terrenos, y las interpretamos seg?n lo que ellos captan: ?Se han llevado del sepulcro al Se?or?. De esa manera, imposible que demos un testimonio convincente de la resurrecci?n de Cristo a los hombres de este mundo descre?do.?

III. ?EL OTRO DISC?PULO CORRI? M?S R?PIDO Y LLEG? ANTES? ENTR?, VIO Y CREYӔ?

8. El tercer protagonista es el disc?pulo amado: ?Corr?an los dos juntos, pero el otro disc?pulo corri? m?s r?pido y lleg? antes?? (Jn 20,4). Atribuir la rapidez del disc?pulo amado a su supuesta juventud, significa no conocer al evangelista Juan. ?Qui?n es el disc?pulo amado? Sin entrar en discusiones sobre si es el ap?stol Juan, hermano de Santiago, u otra persona, como podr?a ser L?zaro, que es designado por Marta y Mar?a como ?el que t? amas, Se?or, est? enfermo? (Jn 11,3): es, sin duda, el que en la ?ltima cena ?estaba reclinado muy cerca de Jes?s? (Jn 13,23); el que permaneci? junto a la cruz (Jn 19,26); el primero en reconocer a Jes?s resucitado en la orilla del lago (Jn 21,7); aquel de quien corri? la voz que no morir?a hasta la vuelta del Se?or (ib. vv. 20-23); el primer testigo de todo lo escrito en el cuarto evangelio (ib. v. 24; 19,35).

Todo ello indica la calidad de este disc?pulo y por qu? se lo llama ?el amado?. El amor a Jes?s ha llegado en ?l a un grado tal que le permite reconocer de inmediato la presencia del Se?or, a?n en la ausencia de la tumba: ?Luego entr? el otro disc?pulo, que hab?a llegado antes al sepulcro: ?l tambi?n vio (como Pedro, la tumba vac?a), y (adem?s) crey? (Jn 20,8). Lo reconoce a Jes?s, incluso, en la penumbra del amanecer. Mientras los otros disc?pulos responden con cierto desd?n al pregunt?n de la orilla del lago si tienen algo para comer, ?l lo reconoce enseguida y ?dijo a Pedro: ??Es el Se?or!?? (Jn 21,7), como leeremos el pr?ximo viernes de Pascua. La fe del disc?pulo amado es como la que ponder? Jes?s: ?Felices los que creen sin haber visto? (Jn 20,29).??

CONCLUSI?N?

9. El amor a Jes?s supone alg?n grado de fe. Pero la fe en ?l est? llamada a crecer. Esta, como si fuese una plantita, necesita cuidados. Si no, puede quedarse raqu?tica, y hasta morir. El principal cuidado que necesita es la oraci?n suplicante, fruto del amor. Como un d?a ?los ap?stoles le dijeron al Se?or: ?Aum?ntanos la fe?? (Lc 17,5).

Nosotros estamos acostumbrados a enumerar las virtudes teologales seg?n nos ense?? San Pablo: fe, esperanza y caridad. Pero a veces imaginamos que las tres se dan s?lo en orden sucesivo y lineal. Y que una vez que amamos a Dios, podemos despreocuparnos de la fe con que creemos en ?l. No nos damos cuenta de que la fe y el amor necesitan realimentarse rec?procamente. La fe en Dios da inicio al amor, pero el amor a Dios, a su vez, acrecienta la fe en ?l. As? se establece en el alma una ascensi?n sin fin: ?Te creo, te amo; te creo, te amo??, que concluir? en el abrazo definitivo con el Se?or, cuando el amor llegue al colmo, haga desaparecer la fe, y s?lo nos quede el gozar contempl?ndolo cara a cara ?tal cual es? (1 Jn 3,2; 1 Co 13,12-13).

10. Anoche, en la Vigilia Pascual, despu?s del anuncio de la Resurrecci?n seg?n San Mateo, hemos renovado las promesas bautismales. Por tres veces hemos renunciado al demonio y a toda forma de mal. Y por tres veces hemos profesado nuestra fe en Dios, Padre, Hijo y Esp?ritu Santo. Es decir, hemos recordado y renovado nuestra resurrecci?n espiritual en el bautismo.

Cuando el sacerdote nos pregunt? si creemos, no le hemos respondido s?lo que creemos que hay un solo Dios, porque eso, como dice el ap?stol Santiago (St 2,19), tambi?n lo pueden decir los demonios. Hemos dicho que le creemos a Dios, y que queremos que ?l sea nuestro ?nico Dios, porque ?l es nuestro sumo bien y toda nuestra esperanza. No hemos dicho s?lo que creemos que Jesucristo naci?, muri? y resucit?, y que ahora se lo llama ?Se?or?. Hemos dicho que le creemos de veras a Jesucristo, muerto y resucitado. Y que queremos que ?l sea nuestro ?nico Se?or, y que ansiamos sentir, pensar, querer y obrar como ?l. No hemos hecho un acto de fe s?lo mental, como lo pueden hacer los demonios. Hemos hecho un acto de fe amorosa, como s?lo lo pueden hacer los hijos de Dios. Fe y amor van juntos. Esta es la fe por la que morimos al pecado. Y por esta fe, resucitamos a una Vida nueva, a la Vida eterna, ya desde esta existencia terrena.

11. Esta ma?ana de la gloriosa Resurrecci?n de Jesucristo, no busquemos a Jes?s desde una fe incipiente, en la penumbra, como la Magdalena o Pedro. Sino desde una fe viva, como el disc?pulo amado, que ?vio y crey? (Jn 20,8). Y tendremos ?una alegr?a que nadie nos podr? quitar? (Jn 16,22). Y entonces, no s?lo hoy, sino siempre ser? Pascua de Resurrecci?n.?

Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo em?rito de Resistencia?


Publicado por verdenaranja @ 22:40  | Homil?as
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