Lunes, 23 de mayo de 2011

ZENIT? publica el art?culo que ha escrito monse?or Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Crist?bal de Las Casas, con el t?tulo "Vivencias con Juan Pablo II".?

La lecci?n de la beatificaci?n de Juan Pablo II

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Al aproximarse la beatificaci?n del Papa Juan Pablo II, recuerdo varios momentos en que tuve la gracia de estar cerca de ?l y valoro los dones que Dios nos concedi? en su persona.

Siendo a?n presb?tero, cuando vino a M?xico la primera vez, en enero de 1979, estuve en su encuentro con los sacerdotes en la Bas?lica de Guadalupe. Acompa?? a los seminaristas de Toluca para estar con ?l en Guadalajara. En sus visitas posteriores, en las ?ltimas ya como obispo, pude estar m?s cerca. En el S?nodo Mundial de Obispos de 1990, sin serlo yo todav?a, casi a diario gozamos de su presencia; fui nombrado por ?l como experto en la formaci?n sacerdotal en los Seminarios de Am?rica Latina. Por grupos, nos invitaba a tomar los alimentos con ?l. Particip? en la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, en 1992, que ?l inaugur?. Durante la Visita Ad limina en 1994, convers? con ?l durante quince minutos. Estuve cerca de ?l durante el S?nodo para Am?rica, en 1997, delegado por mis hermanos obispos mexicanos. Lo salud? en algunas audiencias generales en Roma. Por su medio, el Esp?ritu Santo me llam? al episcopado en Tapachula, el 7 de febrero de 1991.

El 12 de enero del 2000, recib? una carta de su parte, firmada por el Prefecto de la Congregaci?n para los Obispos, en que me preguntaba cu?l era mi disponibilidad para ser trasladado de Tapachula a San Crist?bal de Las Casas, como sucesor de Mons. Samuel Ruiz Garc?a. Respond? que no me consideraba capaz para ese servicio y le di mis razones; le suger? a otros; pero le manifest? mi disposici?n a acatar la voluntad de Dios, manifestada en mis leg?timos superiores. Pasaron tres meses y parec?a que nada pasaba. El 12 de marzo, estando en Bogot? como Secretario General del CELAM, recib? una llamada en que se me ped?a ir a Roma, para hablar personalmente con el Papa y sus colaboradores sobre el asunto. Con toda bondad me recibi? y me escuch?; le repet? lo mismo que le hab?a dicho en mi carta. En ese momento, nada me resolvi?. El d?a 20 de marzo se fue a Israel, para celebrar el Gran Jubileo de la Encarnaci?n, y estando en Jerusal?n rumbo a Nazaret, entre el 24 y 25, d?as y lugares muy significativos, pidi? que la Nunciatura me preguntara por tercera vez si estaba dispuesto al cambio. Reiter? lo mismo y el 31 de marzo de 2000 se public? mi traslado a la di?cesis donde ya llevo once a?os de ministerio episcopal. Juan Pablo II, pues, ha sido una providencia muy especial para m?. Cuando voy a Roma, estoy un buen rato en su sepulcro, en conversaci?n familiar con ?l.

JUZGAR

M?s all? de an?cdotas personales, en Juan Pablo II nos regal? Dios un leg?timo Sucesor de Pedro, un sacrificado Vicario de Cristo, un diligente Pastor universal, un sol?cito Obispo de Roma, que hizo cuanto pudo para cimentarnos en un como tr?pode: Cristo, Iglesia, Hombre. Desde su mensaje inaugural en Puebla, lo deline? claramente. Su insistencia en la necesidad de una nueva evangelizaci?n en su ardor, en sus m?todos y en su expresi?n, nos acicate? para llevar a Cristo a la cultura y alentar una promoci?n humana integral, como nos dijo en Santo Domingo.

Me fascina su convicci?n de la centralidad de Cristo, y sobre todo de la necesidad de un encuentro vivo con El, como lo describe en su Exhortaci?n Postsinodal La Iglesia en Am?rica y en tantos otros momentos. Su preocupaci?n por la justicia para los pobres, por los derechos de los trabajadores, y en particular su defensa de los pueblos ind?genas; su tierno amor a la Virgen Mar?a, su entrega sacrificada y firme hasta el final de sus capacidades, sus sufrimientos por la Iglesia, su pasi?n misionera, son legados que no podemos olvidar.

ACTUAR

Lo podemos invocar como intercesor ante Dios, para pedir milagros y gracias; pero sobre todo hemos de cuestionarnos qu? nos quiso decir el Se?or por su medio. La gran fiesta por su beatificaci?n no debe quedarse en algo exterior y transitorio, sino ayudarnos a profundizar en su mensaje, que el Papa Benedicto XVI contin?a con toda profundidad. Que el reconocimiento eclesial a su testimonio de fidelidad al Evangelio, nos impulse a ser mejores disc?pulos y misioneros de Jes?s.


Publicado por verdenaranja @ 22:44  | Hablan los obispos
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