Mi?rcoles, 25 de mayo de 2011

Juan Pablo, testigo de la misericordia, por monse?or Jos? Ignacio Munilla, obispo de San Sebasti?n.

ZENIT? A los seis a?os de su muerte, celebramos la beatificaci?n de Juan Pablo II. Su proceso de beatificaci?n ha sido r?pido, ciertamente, pero no ha tenido m?s privilegio que la dispensa de los cinco a?os exigidos tras la muerte para el inicio de la causa, tal y como ocurri? en el caso de la Madre Teresa de Calcuta. Benedicto XVI juzg? que el clamor popular en los funerales de Juan Pablo II ("?Santo Subito!"), hab?a que dirigirlo con prudencia. Su consigna fue: "Trabajad r?pido, pero sobre todo... ?trabajad bien!".

No pretendo hacer una semblanza neutral de la figura de Juan Pablo II, desde el momento en que me considero un hijo espiritual de su prolongado pontificado de m?s de 26 a?os. Me limito a subrayar las declaraciones de Slawomir Oder, postulador de la causa de beatificaci?n; un hombre por cuyas manos habr?n pasado muchos miles de folios que recopilan los testimonios de quienes le conocieron: "Una de las cosas que m?s me ha sorprendido es que no me ha sorprendido casi nada. Es decir, Juan Pablo II era transparente. Tal y como lo ve?amos, as? era. No existi? un "Wojtyla medi?tico" y un 'Wojtyla privado'". M?s a?n, se conserva documentaci?n de los Servicios Secretos de la Polonia comunista, en la que se advert?a de la peligrosidad que la figura de Karol Wojtyla supon?a para el r?gimen, precisamente porque entre las abundantes cualidades que le otorgaban un gran liderazgo, no hab?an descubierto ning?n episodio que lo hiciese vulnerable moralmente. ?Juan Pablo II fue, antes que nada, alguien transparente y aut?ntico!

En mi opini?n, la gran aportaci?n del pontificado de Juan Pablo II nace de la integraci?n de dos intuiciones que nuestra cultura ha solido contraponer equivocadamente: el humanismo y la apertura a la misericordia de Dios. Su carisma estaba lleno de frescura, alegr?a, proximidad, di?logo, cari?o, optimismo...; pero sin caer en el error de olvidar la profunda herida que el pecado ha infligido en la naturaleza humana y en las estructuras sociales. El pontificado de Juan Pablo II afront? el riesgo de ruptura por los dos extremos: el integrismo lefevrista y la teolog?a de la liberaci?n secularizada. Sus convicciones eran muy claras: La Iglesia no ha de limitarse a proclamar el dep?sito de la fe, sino que al mismo tiempo tiene que hacer un esfuerzo de di?logo con el mundo. Pero, por otra parte, el verdadero humanismo no debe caer nunca en la ingenuidad de ensalzar la autonom?a del hombre, hasta el punto de hacer innecesaria la gracia de Dios. ?No podemos alcanzar la felicidad ni la salvaci?n sin la gracia de Jesucristo! (cfr. Jn 15, 5).

La fecha elegida para la beatificaci?n de Juan Pablo II es muy ilustrativa: el segundo domingo de Pascua, solemnidad de la Divina Misericordia. Se trata de la fiesta lit?rgica instituida por ?l mismo, y en cuya v?spera falleci?.

Entender a Juan Pablo II, es adentrarse en su convicci?n de la necesidad que tiene el ser humano de misericordia. Karol Wojtyla hab?a experimentado los horrores de la Segunda Guerra Mundial y hab?a comprobado los l?mites a los que puede llegar el pecado del hombre, y tambi?n su santidad. Por ello, en los a?os de la recuperaci?n econ?mica y del progreso f?cil, no pudo por menos de levantar su voz contra el olvido de Dios en las sociedades del bienestar, as? como contra la riqueza acumulada sobre la pobreza de los m?s d?biles.

Insisto, la palabra clave es MISERICORDIA. Cercano ya el "atardecer" de su vida, Wojtyla no dud? en hacer el siguiente balance: "El mensaje de la Divina Misericordia ha formado la imagen de mi pontificado". El humanismo de Juan Pablo II -que irradia vitalismo- transmite a su vez la convicci?n de que el hombre moderno sigue siendo "mendigo de misericordia".

El broche de oro en la vida de Juan Pablo II fue el testimonio de su vejez y de su muerte, vividas ante los ojos del mundo. Aquello form? parte de la "escuela" de la misericordia: "...porque cuando soy d?bil, entonces es cuando soy fuerte" (2 Co 12, 10). Juan Pablo II gan? m?s almas y m?s corazones viviendo su debilidad y su decrepitud en pleno abandono en las manos de Dios, que con todos los esfuerzos que realiz? en sus a?os de plenitud.

Cuenta el postulador de la causa de beatificaci?n, que entre la multitud de cartas recibidas en su oficina, le llam? la atenci?n la de un ni?o que s?lo hab?a puesto en la direcci?n: "Juan Pablo II, Para?so". Esto quiere decir dos cosas: que el servicio de correos italiano es muy eficaz; y en segundo lugar, que desde la inocencia ya sab?amos que Juan Pablo II contin?a siendo nuestro padre y pastor desde el Cielo.


Publicado por verdenaranja @ 22:41  | Hablan los obispos
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