Viernes, 03 de junio de 2011

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunci? ayer durante la Asamblea de preparaci?n al segundo Congreso de Aquileia (abril 2012), durante su visita pastoral a Aquileia-Venecia, ayer domingo 8 de mayo.

Se?or cardenal patriarca,
venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas

En el magn?fico marco de esta hist?rica Bas?lica que de modo solemne nos acoge, os dirijo mi cordial saludo a todos vosotros, que represent?is a las quince di?cesis del Triv?neto. Estoy muy contento de encontraros mientras os prepar?is a celebrar, el a?o que viene, el segundo Congreso eclesial de Aquileia. Saludo con afecto al cardenal patriarca de Venecia y a los hermanos en el episcopado, en particular al arzobispo de Gorizia, a quien doy las gracias por las palabras con las que me ha acogido, y el arzobispo-obispo de Padua, que nos ha ofrecido una mirada sobre el camino hacia el Congreso. Saludo tambi?n con afecto a los presb?teros, los religiosos y las religiosas y los numerosos fieles laicos. Con el Ap?stol Juan, tambi?n yo os repito: ?Llegue a vosotros la gracia y la paz de parte de aquel que es, que era y que vendr?" (Ap 1,4). A trav?s de la ?reuni?n sinodal? el Esp?ritu Santo habla a nuestras amadas Iglesias y a todos vosotros singularmente, apoy?ndoos para un crecimiento m?s maduro en la comuni?n y en la colaboraci?n rec?proca. Esta ?reuni?n eclesial? permite a todas las comunidades cristianas, a las que represent?is, compartir ante todo la experiencia original del Cristianismo, la del encuentro personal con Jes?s, que revela plenamente a cada hombre y a cada mujer el significado y la direcci?n del camino en la vida y en la historia.

Oportunamente, hab?is querido que tambi?n vuestro Congreso eclesial tuviere lugar en la Iglesia madre de Aquileia, de la que brotaron las Iglesias del Nordeste de Italia, pero tambi?n las Iglesias de Eslovenia y de Austria, y algunas Iglesias de Croacia y de Baviera, e incluso de Hungr?a. Reunirse en Aquileia constituye por ello una significativa vuelta a las ?ra?ces? para redescubrirse ?piedras? vivas del edificio espiritual que tiene su fundamento en Cristo y su prolongaci?n en los testigos m?s elocuentes de la Iglesia aquileiense: los santos Herm?goras y Fortunato, Hilario y Taziano, Cris?gono, Valeriano y Cromacio. Volver a Aquileia significa ante todo aprender de la gloriosa Iglesia que os ha engendrado c?mo comprometerse hoy, en un mundo radicalmente cambiado, para una nueva evangelizaci?n de vuestro territorio y para entregar a las futuras generaciones la herencia preciosa de la fe cristiana.

"El que pueda entender, que entienda lo que el Esp?ritu dice a las Iglesias" (Ap 2,7). Vuestros Pastores han repetido esta invitaci?n del Apocalipsis a todas vuestras Iglesias particulares y a las diversas realidades eclesiales. Os han invitado as? a descubrir y a ?contar? lo que el Esp?ritu Santo ha realizado y realiza en vuestras comunidades; a leer con los ojos de la fe las profundas transformaciones que est?n teniendo lugar, los nuevos retos, las preguntas emergentes. ?C?mo anunciar a Jesucristo, c?mo comunicar el Evangelio y c?mo educar en la fe hoy? Hab?is decididp prepararos, de forma capilar, di?cesis por di?cesis, de cara al Congreso de 2012, para afrontar tambi?n los desaf?os que superan los confines de las realidades diocesanas individuales, en una nueva evangelizaci?n arraigada en la fe de siglos y renovada con vigor. La presencia hoy, en esta espl?ndida Bas?lica, de las di?cesis nacidas de Aquileia parece indicar la misi?n del Nordeste del futuro, que se abre tambi?n a los territorios circundantes y a quienes que, por diversas razones, entran en contacto con ellos. El Nordeste de Italia es testigo y heredero de una rica historia de fe, de cultura y de arte, cuyos signos son a?n bien visibles incluso en la sociedad secularizada de hoy. La experiencia cristiana ha forjado un pueblo afable, laborioso, tenaz, solidario. ?ste est? marcado en profundidad por el Evangelio de Cristo, a?n en la pluralidad de sus identidades culturales. Lo demuestran la vitalidad de vuestras comunidades parroquiales, la vivacidad de los grupos, el compromiso responsable de los agentes pastorales. El horizonte de la fe y las motivaciones cristianas han dado y siguen ofreciendo nuevo impulso a la vida social, inspiran las intenciones y gu?an las costumbres. Signos evidentes de ello son la apertura a la dimensi?n trascendente de la vida, a pesar del difundido materialismo; un sentido religioso de fondo, compartido por la casi totalidad de la poblaci?n; el apego a las tradiciones religiosas; la renovaci?n de los recorridos de iniciaci?n cristiana; las m?ltiples expresiones de fe, de caridad y de cultura; las manifestaciones de la religiosidad popular; el sentido de la solidaridad y el voluntariado. Custodiad, reforzar, vivid esta preciosa herencia. ?Sed celosos de lo que ha hecho grandes y sigue haciendo grandes a estas Tierras!

La misi?n prioritaria que el Se?or os conf?a hoy, renovados por el encuentro personal con ?l, es la de dar testimonio del amor de Dios por el hombre. Sois llamados a hacerlo ante todo con las obras de amor y con las decisiones de vida a favor de las personas concretas, a partir de las m?s d?biles, fr?giles, indefensas, no autosuficientes, como los pobres, los ancianos, los enfermos, los discapacitados, aquellos a quien san Pablo llama las partes m?s d?biles del cuerpo eclesial (cfr 1 Cor 12,15-27). Las ideas y y las realizaciones en la aproximaci?n a la longevidad, recurso precioso para las relaciones humanas, son un bello e innovador testimonio de la caridad evang?lica proyectada en dimensi?n social. Tened cuidado en poner en el centro de vuestra atenci?n a la familia, cuna del amor y de la vida, c?lula fundamental de la sociedad y de la comunidad eclesial; este compromiso social se hace m?s urgente por la crisis cada vez m?s extendida de la vida conyugal y por la ca?da de la natalidad. Que en toda vuestra acci?n pastoral, sep?is reservar un cuidado especial a los j?venes: ?stos, que miran hoy al futuro con gran incertidumbre, viven a menudo en una condici?n de malestar, de inseguridad y de fragilidad, ?pero llevan en el coraz?n una gran hambre y sed de Dios, que pide constante atenci?n y respuesta!

Tambi?n en este contexto vuestro la fe cristiana debe afrontar hoy nuevos retos: la b?squeda a menudo exasperada del bienestar econ?mico, en una fase de graves crisis econ?mica y financiera, el materialismo pr?ctico, el subjetivismo dominante. En la complejidad de estas situaciones sois llamados a promover el sentido cristiano de la vida, mediante el anuncio expl?cito del Evangelio, llevado con delicado orgullo y con profunda alegr?a en los diversos ?mbitos de la existencia cotidiana. Desde la fe vivida con valent?a brota, tambi?n hoy como en el pasado, una fecunda cultura hecha de amor a la vida, desde la concepci?n hasta su t?rmino natural, de promoci?n de la dignidad de la persona, de exaltaci?n de la importancia de la familia, fundada sobre el matrimonio fiel y abierto a la vida, de compromiso por la justicia y la solidaridad. Los cambios culturales en curso requieren de vosotros ser cristianos convencidos, ?siempre dispuestos a defenderos delante de cualquiera que os pida raz?n de vuestra esperanza? (1 Pe 3,15), capaces de afrontar los nuevos desaf?os culturales, en contraste constructivo y consciente con todos los sujetos que viven en esta sociedad.

La posici?n geogr?fica del Nordeste, ya no s?lo encrucijada entre el Este y el Oeste de Europa, sino tambi?n entre el Norte y el Sur (el Adri?tico lleva al Mediterr?neo al coraz?n de Europa), el fen?meno masivo del turismo y de la inmigraci?n, la movilidad territorial, el proceso de homologaci?n provocado por la acci?n invasiva de los medios de comunicaci?n, han acentuado el pluralismo cultural y religioso. En este contexto, que en cualquier caso es el que la Providencia nos da, es necesario que los cristianos, sostenidos por una "esperanza fiable", propongan la belleza del acontecimiento de Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, a cada hombre y a cada mujer, en una relaci?n franca y sincera con los no practicantes, con los no creyentes y con los creyentes de otras religiones. Sois llamados a vivir con esa actitud llena de fe que se describe en la Carta a Diogneto: no renegu?is nada del Evangelio en el que cre?is, sino estad en medio de los dem?s hombres con simpat?a, comunicando en vuestro propio estilo de vida ese humanismo que hunde sus ra?ces en el Cristianismo, dirigidos a construir junto a todos los hombres de buena voluntad una ?ciudad? m?s humana, m?s justa y solidaria.

Como acredita la larga tradici?n del catolicismo en estas regiones, seguid dando testimonio con energ?a del amor de Dios tambi?n con la promoci?n del ?bien com?n?: el bien de todos y de cada uno. Vuestras comunidades eclesiales tienen en general una relaci?n positiva con la sociedad civil y con las diversas instituciones. Seguid ofreciendo vuestra contribuci?n para humanizar los espacios de la convivencia civil. Por ?ltimo, os recomiendo tambi?n a vosotros, como a las dem?s Iglesias que est?n en Italia, el compromiso de suscitar una nueva generaci?n de hombres y mujeres capaces de asumir responsabilidades directas en los diversos ?mbitos de la sociedad, de modo particular en el pol?tico. Este tiene necesidad m?s que nunca de ver personas, sobre todo j?venes, capaces de edificar una ?vida buena? a favor y al servicio de todos. De este compromiso, de hecho, no pueden sustraerse los cristianos, que son ciertamente peregrinos hacia el Cielo, pero que viven ya aqu? un anticipo de eternidad.

?Queridos hermanos y hermanas! Doy gracias a Dios que me ha concedido compartir este momento tan significativo con vosotros. Os conf?o a la Beata Virgen Mar?a, Madre de la Iglesia, y a vuestros santos Patronos, e imparto con gran afecto la Bendici?n Apost?lica a todos vosotros y a vuestros seres queridos. Gracias por vuestra atenci?n.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:50  | Habla el Papa
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