Viernes, 03 de junio de 2011

Reflexi?n a las lecturas del domingo 7? de Pascua - ASCENSI?N DEL SE?OR, ofrecida por el sacerdto Don Juan Manuel P?rez Pi?ero bajo el ep?grafe "ECOS DEL D?A DEL SE?OR".

ECOS DEL D?A DEL SE?OR
Domingo 7? de Pascua A. ?LA ASCENSI?N DEL SE?OR?

Queridos amigos y amigas:

?Volver a casa, llegar a casa? !

?Cu?nto se desea, cu?nto nos conforta,? cuanto nos alegra..!

?Por fin, en casa!

He ah? la primera realidad que contemplamos al celebrar este domingo, trasladada del jueves, la solemnidad de la Ascensi?n del Se?or: El Hijo de Dios ?que por nosotros los hombres y por nuestra salvaci?n baj? del Cielo?? -hablamos en t?rminos humanos - vuelve a su Casa, a la Casa del Padre, con un cuerpo semejante al nuestro pero resucitado y glorioso? Y se sienta a la derecha de Dios Padre, es decir, en igualdad de grandeza y dignidad que el Padre? El es el Hijo amado, el predilecto.?????? (Mt 3,17).

Ha terminado su tarea, ha cumplido perfectamente su misi?n? ?Todo est? cumplido?, dijo desde la Cruz. (Jn19,30) Ahora vuelve al Padre como vencedor sobre el pecado, el mal y la muerte.

?Cu?nto nos ense?a todo esto!

La Ascensi?n es el punto culminante de la victoria de Cristo, que ha abierto de par en par las puertas del Cielo a todos los hombres.

?Es una visi?n gloriosa del Se?or!

?l ha querido aparecerse a los disc?pulos en distintos momentos, durante cuarenta d?as, y separarse de ellos y marchar de forma visible y definitiva al Cielo, desde donde aguardamos y anhelamos su Vuelta gloriosa como les advierten a los disc?pulos aquellos ?dos hombres vestidos de blanco? (1? lectura).

La Ascensi?n de Jesucristo marca as? el comienzo de su ausencia visible y de su presencia invisible. Por eso puede tener un cierto matiz de pena, de tristeza?, como contemplamos, por ejemplo, en el himno de v?speras: ??Y dejas, Pastor santo, tu grey en este valle hondo, oscuro, en soledad y llanto; y t?, rompiendo el puro aire, te vas al inmortal seguro??.

Es s?lo un aspecto de esta solemnidad que se celebra m?s bien, en un clima de inmensa alegr?a? como la que contemplamos en los disc?pulos al volver a Jerusal?n ?con gran alegr?a?. (Lc 24,52-53)

Pocas oraciones, a lo largo del A?o Lit?rgico, tienen un car?cter tan alegre y festivo como la oraci?n colecta de la Misa de hoy: ?Conc?denos, Dios todopoderoso, exultar de gozo y darte gracias en esta liturgia de alabanza, porque la Ascensi?n de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria, y d?nde nos ha precedido ?l, que es nuestra cabeza, esperamos llegar tambi?n nosotros como miembros de su Cuerpo?.

En efecto, Jesucristo sube al Cielo con un cuerpo semejante al nuestro, pero resucitado, como dec?amos. Y sube tambi?n como cabeza de otro cuerpo, que formamos todos los cristianos, su Cuerpo M?stico, que es la Iglesia.

Por eso la Ascensi?n de Jesucristo ?es ya nuestra victoria? y se?ala con firmeza nuestro destino futuro y definitivo.

Ya nos lo recuerda S. Pablo cuando escribe: ?Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos am?, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo ?por pura gracias est?is salvados- nos ha resucitado con Cristo Jes?s y nos ha sentado en el Cielo con ?l?. (Ef 2, 4-6).?

?Nos ha sentado en el Cielo con ?l?.

Por tanto, nuestro destino celestial no es algo que pertenece s?lo al futuro?, un futuro, tal vez, un tanto incierto? sino que, de alg?n modo, ha comenzado ya, con Jesucristo y con los santos..., especialmente, con la Virgen Mar?a que est? en el Cielo tambi?n con su cuerpo glorificado. De este modo, ?la Iglesia ?contempla con gozo, como en una imagen pur?sima, aquello que ella misma, toda entera, ans?a y espera ser?. (Conc. Vat. II. S. C. 103).

?Qu? grande y qu? hermoso es, queridos amigos y amigas, el destino que nos espera: el Cielo, la Casa del Padre..., que es como el hogar de una familia muy numerosa, liberada por fin, del sufrimiento y de la muerte y colmada de paz ?y alegr?a sin fin. S?lo el pecado grave, que rompe nunca comuni?n con Cristo, puede torcer y hacer desgraciado nuestro futuro. ?Pero el pecado grave se asume libremente? Y nuestra comuni?n con Cristo y con los hermanos puede restablecerse de nuevo por la infinita misericordia de Dios. (1Jn 1, 1-2).

Por todo ello, los cristianos no podemos vivir olvidados del Cielo. Ser?a absurdo. ?C?mo vamos a olvidarnos de nuestra casa cuando vamos de camino hacia ella?

Ya nos advierte el Se?or que hemos de tener nuestro coraz?n en el Cielo, porque donde est? nuestro tesoro, all? est? tambi?n coraz?n. (Mt 6,20-21).

Y ?S. Pablo dec?a que si nuestra vida terminase aqu? en la tierra somos ?los m?s miserables de todos los hombres?. ??????????????(1Co 15,19).

Por tanto, hemos de mirar con frecuencia al Cielo, hemos de desear ardientemente el Cielo, hemos de luchar por el Cielo? Hemos de esperar y anhelar el Cielo.

?As? lo han hecho los santos! Y nosotros, ?lo hacemos tambi?n con frecuencia?

La esperanza en el Cielo ha sido a lo largo de los siglos el fundamento de grandes realizaciones en la tierra. Es lo que dec?a el ap?stol: ?Os anima a esto la esperanza de lo que Dios o tiene reservada en el Cielo?? (Col 1,5).

Y antes de subir al Cielo Jes?s dice a los ap?stoles: ?Cuando el Esp?ritu Santo decida sobre nosotros, recibir?is fuerza para ser mis testigos en Jerusal?n, en toda Judea y Samar?a y hasta el conf?n de la tierra?. (1? Lectura).

Ya conocemos nuestra tarea: anunciar la Buena Noticia que nos ha tra?do y nos ha encomendado el Se?or, con la asistencia del Esp?ritu Santo, como nos recuerdan las lecturas de hoy.

Por eso los d?as que van desde la Ascensi?n a Pentecost?s,? son d?as de oraci?n y preparaci?n para la solemnidad de Pentecos-t?s, tratando de hacer revivir en nosotros don? del Esp?ritu que recibimos en la Confirmaci?n.

De este modo estaremos dispuestos para renovar ese d?a nuestra condici?n de testigos de Cristo?, en nuestras casas, nuestros ambientes, hasta los confines del mundo, tambi?n a trav?s de los diversos Medios de Comunicaci?n Social, cuya Jornada celebramos en esta solemnidad, porque ?el amor de Cristo nos apremia?. (2 Co 5,14).

?Con estas reflexiones recibe mi saludo cordial, con el deseos de un D?a del Se?or muy agradable y provechoso!


Publicado por verdenaranja @ 23:55  | Espiritualidad
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