S?bado, 04 de junio de 2011

ZENIT? publica el comentario al Evangelio del domingo de la Ascensi?n (Mateo 28,16-20), 5 de junio, redactado por monse?or Jes?s Sanz Montes, ofm arzobispo de Oviedo.

Llega el momento de la despedida del Maestro y sus disc?pulos. Los d?a pascuales fueron iluminando las penumbras de la Pasi?n, y el acompa?amiento de Jes?s a sus disc?pulos asustados y dispersos fue introduciendo anticipadamente un modo nuevo de acompa?arles. Con la ascensi?n de Jes?s que celebramos este domingo, no se trata de un adi?s sin m?s, que provoca la nostalgia sentimental o la pena lastimera, sino que el mar?charse del Se?or inaugura un modo nuevo de Presencia suya en el mundo, y un modo nuevo tambi?n de ejercer su Misi?n. Es una alternativa, no torera, que el Maestro confi? a sus disc?pulos m?s cercanos al darles la encomienda que ?l recibiera del Padre Dios.

Cuando los disc?pulos vieron al Se?or ?algunos vacila?ban?. Esta vacilaci?n no es tanto una duda sobre Jes?s, sino sobre ellos mismos: esta?r?an desconcertados y confusos sobre su destino y su quehacer ahora que el Maestro se marchaba. Y efectivamente, la primera lectura nos se?ala esa situaci?n de perplejidad que anidaba en el interior de los disc?pulos: mientras Jes?s les hace las recomendaciones finales y les habla de la promesa del Padre y del env?o del Esp?ritu, ellos, completamente ajenos a la trama del Maestro y ha?ciendo c?balas todav?a sobre sus pretensiones, le espetar?n la es?calofriante pregunta: ??es ahora cuando vas a restaurar la soberan?a de Israel??, que era como proclamar que no hab?an entendido nada.

Es importante entender bien la despedida de Jes?s, pues ?l comienza a es?tar... de otra manera. Como dice bellamente S. Le?n Magno en una homil?a sobre la ascensi?n del Se?or: ?Jes?s bajando a los hombres no se separ? de su Padre, como ahora que al Padre vuelve tampoco se alejar? de sus disc?pulos?. ?l cuando se hizo hombre no perdi? su divinidad, ni su intimidad con el Padre bienamado, ni su obediencia hasta el final m?s abandonado. Ahora que regresa junto a su Padre, no perder? su humanidad, ni su comuni?n con los suyos, ni su solidaridad hasta el amor m?s extremado.

Nosotros somos tambi?n los destinatarios de esta escena. Como disc?pulos que somos de Jes?s, ?l nos encarga su misi?n. Contagiar esta esperanza, hacer nuevos disc?pulos; bautizar y hablar?les de Dios nuestro Padre, de Jes?s nuestro Hermano, del Esp?ritu Santo nuestra fuerza y consuelo; de Mar?a y los santos, de la Iglesia del Se?or, ense??ndoles lo que nosotros hemos aprendido que nos ha de?vuelto la luz y la vida. Y todo esto es posible, m?s all? de nuestras vacilaciones y dificul?tades, porque Jes?s se ha comprometido con nosotros, con y a pesar de nuestra pe?que?ez. Es lo que celebramos los cristianos en la Iglesia, cuerpo de Jes?s en plenitud. ?l no se ha marchado, vive en nosotros y a trav?s nuestro.?


Publicado por verdenaranja @ 22:39  | Espiritualidad
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