Lunes, 06 de junio de 2011

ZENIT?nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? a los peregrinos y fieles provenientes de Italia y de todo el mundo, en la Audiencia General que se ha celebrado?en? la ?ma?ana del mi?rcoles 11 de Mayo de 2011 en la Plaza de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas,

hoy quisiera continuar reflexionando sobre c?mo la oraci?n y el sentido religioso forman parte del hombre a lo largo de toda su historia.

Vivimos en una ?poca en la que son evidentes los signos del secularismo. Parece que Dios haya desaparecido del horizonte de muchas personas o que se haya convertido en una realidad ante la cual se permanece indiferente. Vemos, sin embargo, al mismo tiempo, muchos signos que nos indican un despertar del sentido religioso, un redescubrimiento de la importancia de Dios para la vida del hombre, una exigencia de espiritualidad, de superar una visi?n puramente horizontal, material, de la vida humana. Analizando la historia reciente, ha fracasado la previsi?n de quien, en la ?poca de la Ilustraci?n, anunciaba la desaparici?n de las religiones y exaltaba la raz?n absoluta, separada de la fe, una raz?n que habr?a ahuyentado las tinieblas de los dogmas religiosos y que habr?a disuelto ?el mundo de lo sagrado?, restituyendo al hombre su libertad, su dignidad y su autonom?a de Dios. La experiencia del siglo pasado, con las dos tr?gicas Guerras Mundiales pusieron en crisis aquel progreso que la raz?n aut?noma, el hombre sin Dios, parec?a poder garantizar.

El Catecismo de la Iglesia Cat?lica afirma: ?Por la creaci?n Dios llama a todo ser desde la nada a la existencia ... Incluso despu?s de haber perdido, por su pecado, su semejanza con Dios, el hombre sigue siendo imagen de su Creador. Conserva el deseo de Aquel que le llama a la existencia. Todas las religiones dan testimonio de esta b?squeda esencial de los hombres? (n? 2566). Podr?amos decir ? como mostr? en la catequesis anterior ? que no ha habido ninguna gran civilizaci?n, desde los tiempos m?s antiguos hasta nuestros d?as, que no haya sido religiosa.

El hombre es religioso por naturaleza, es homo religiosus como es homo sapiens y homo faber: ?el deseo de Dios ? afirma tambi?n el Catecismo ? est? inscrito en el coraz?n del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios? (n?27). La imagen del Creador est? impresa en su ser y siente la necesidad de encontrar una luz para dar respuesta a las preguntas que tienen que ver con el sentido profundo de la realidad; respuesta que no puede encontrar en s? mismo, en el progreso, en la ciencia emp?rica. El homo religiosus no emerge s?lo del mundo antiguo, sino que atraviesa toda la historia de la humanidad. Para este fin, el rico terreno de la experiencia humana ha visto surgir diversas formas de religiosidad, en el tentativo de responder al deseo de plenitud y de felicidad, a la necesidad de salvaci?n, a la b?squeda de sentido. El hombre ?digital? as? como el de las cavernas, busca en la experiencia religiosa las v?as para superar su finitud y para segurar su precaria aventura terrena. Por lo dem?s, la vida sin un horizonte trascendente no tendr?a una sentido completo, y la felicidad a la que tendemos, se proyecta hacia un futuro, hacia un ma?ana que se tiene que cumplir todav?a. El Concilio Vaticano II, en la Declaraci?n Nostra aetate, lo subray? sint?ticamente. Dice: ?Los hombres esperan de las diversas religiones la respuesta a los enigmas rec?nditos de la condici?n humana, que hoy como ayer, conmueven ?ntimamente su coraz?n: ?Qu? es el hombre, cu?l es el sentido y el fin de nuestra vida, el bien y el pecado, el origen y el fin del dolor, el camino para conseguir la verdadera felicidad, la muerte, el juicio, la sanci?n despu?s de la muerte? ?Cu?l es, finalmente, aquel ?ltimo e inefable misterio que envuelve nuestra existencia, del cual procedemos y hacia donde nos dirigimos?? (n?1). El hombre sabe que no puede responder por s? mismo a su propia necesidad fundamental de entender. Aunque sea iluso y crea todav?a que es autosuficiente, tiene la experiencia de que no se basta a s? mismo. Necesita abrirse al otro, a algo o a alguien, que pueda darle lo que le falta, debe salir de s? mismo hacia ?l que puede colmar la amplitud y la profundidad de su deseo.

El hombre lleva dentro de si una sed del infinito, una nostalgia de la eternidad, una b?squeda de la belleza, un deseo de amor, una necesidad de luz y de verdad, que lo empujan hacia el Absoluto; el hombre lleva dentro el deseo de Dios. Y el hombre sabe, de alg?n modo, que puede dirigirse a Dios, que puede rezarle. Santo Tom?s de Aquino, uno de los m?s grandes te?logos de la historia, define la oraci?n como la ?expresi?n del deseo que el hombre tiene de Dios?. Esta atracci?n hacia Dios, que Dios mismo ha puesto en el hombre, es el alma de la oraci?n, que se reviste de muchas formas y modalidades seg?n la historia, el tiempo, el momento, la gracia y finalmente el pecado de cada uno de los que rezan. La historia del hombre ha conocido, en efecto, variadas formas de oraci?n, porque ?l ha desarrollado diversas modalidades de apertura hacia lo Alto y hacia el M?s All?, tanto que podemos reconocer la oraci?n como una experiencia presente en toda religi?n y cultura.

De hecho, queridos hermanos y hermanas, como vimos el pasado mi?rcoles, la oraci?n no est? vinculada a un contexto particular, sino que se encuentra inscrita en el coraz?n de toda persona y de toda civilizaci?n. Naturalmente, cuando hablamos de la oraci?n como experiencia del hombre en cuanto a tal, del homo orans, es necesario tener presente que esta es una actitud interior, antes que una serie de pr?cticas y f?rmulas, un modo de estar frente a Dios, antes que de realizar actos de culto o pronunciar palabras. La oraci?n tiene su centro y fundamenta sus ra?ces en lo m?s profundo de la persona; por esto no es f?cilmente descifrable y, por el mismo motivo, puede estar sujeta a malentendidos y mistificaciones. Tambi?n en este sentido podemos entender la expresi?n: rezar es dif?cil. De hecho, la oraci?n es el lugar por excelencia de la gratuidad, de la tensi?n hacia lo Invisible, lo Inesperado y lo Inefable. Por esto, la experiencia de la oraci?n es un desaf?o para todos, una ?gracia? que invocar, un don de Aquel al que nos dirigimos.

En la oraci?n, en todas las ?pocas de la historia, el hombre se considera a s? mismo y a su situaci?n frente a Dios, a partir de Dios y respecto a Dios, y experimenta ser criatura necesitada de ayuda, incapaz de procurarse por s? mismo el cumplimiento d ella propia existencia y de la propia esperanza. El fil?sofo Ludwig Wittgenstein recordaba que ?rezar significa sentir que el sentido del mundo est? fuera del mundo?. En la din?mica de esta relaci?n con quien da el sentido a la existencia, con Dios, la oraci?n tiene una de sus t?picas expresiones en el gesto de ponerse de rodillas. Es un gesto que lleva en s? mismo una radical ambivalencia: de hecho, puedo ser obligado a ponerme de rodillas -condici?n de indigencia y de esclavitud- o puedo arrodillarme espont?neamente, confesando mi l?mite y, por tanto, mi necesidad de Otro. A ?l le confieso que soy d?bil, necesitado, ?pecador?. En la experiencia de la oraci?n, la criatura humana expresa toda su conciencia de s? misma, todo lo que consigue captar de su existencia y, a la vez, se dirige, toda ella, al Ser frente al cual est?, orienta su alma a aquel Misterio del que espera el cumplimiento de sus deseos m?s profundos y la ayuda para superar la indigencia de la propia vida. En este mirar a Otro, en este dirigirse ?m?s all? est? la esencia de la oraci?n, como experiencia de una realidad que supera lo sensible y lo contingente.

Sin embargo, s?lo en el Dios que se revela encuentra su plena realizaci?n la b?squeda del hombre. La oraci?n que es la apertura y elevaci?n del coraz?n a Dios, se convierte en una relaci?n personal con ?l. Y aunque el hombre se olvide de su Creador, el Dios vivo y verdadero no deja de llamar al hombre al misterioso encuentro de la oraci?n. Como afirma el Catecismo: ?Esta iniciativa de amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oraci?n, la actitud del hombre es siempre una respuesta. A medida que Dios se revela, y revela al hombre a s? mismo, la oraci?n aparece como un llamamiento rec?proco, un hondo acontecimiento de Alianza. A trav?s de palabras y de actos, tiene lugar un trance que compromete el coraz?n humano. Este se revela a trav?s de toda la historia de la salvaci?n? (n?2567).

Queridos hermanos y hermanas, aprendamos a estar m?s tiempo delante de Dios, al Dios que se ha revelado en Jesucristo, aprendamos a reconocer en el silencio, en la intimidad de nosotros mismos, su voz que nos llama y nos reconduce a la profundidad de nuestra existencia, a la fuente de la vida, al manantial de la salvaci?n, para hacernos ir m?s all? de los l?mites de nuestra vida y abrirnos a la medida de Dios, a la relaci?n con ?l que es Infinito Amor. ?Gracias!

[En espa?ol dijo]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa?ola, en particular a los j?venes de Guatap?, Colombia, as? como a los grupos provenientes de Espa?a, M?xico, Panam?, Argentina y otros pa?ses latinoamericanos. Os invito a que entrando en el silencio de vuestro interior aprend?is a reconocer la voz que os llama y os conduce a lo m?s intimo de vuestro ser, para abriros a Dios, que es Amor Infinito. Muchas gracias.

[En italiano dijo]

Me dirijo, finalmente, a los j?venes, a los enfermos y a los reci?n casados, exhortando a todos a intensificar la pr?ctica piadosa del Santo Rosario, especialmente en este mes de mayo dedicado a la Madre de Dios. Os invito a vosotros, queridos j?venes, a valorar esta tradicional oraci?n mariana, que ayuda a comprender mejor y a asimilar los momentos centrales de la salvaci?n realizada por Cristo. Os exhorto a vosotros, queridos enfermos, a dirigiros con confianza a la Virgen Mar?a mediante este p?o ejercicio, confi?ndole a Ella todas vuestras necesidades. Os exhorto a vosotros, queridos reci?n casados, a hacer del rezo del Rosario en familia, un momento de crecimiento espiritual bajo la mirada de la Virgen Mar?a.

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
? Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 0:03  | Habla el Papa
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