Martes, 07 de junio de 2011

ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? a los miembros del Instituto Pontificio Juan Pablo II, con ocasi?n del XXX aniversario de la fundaci?n del Instituto, recibi?ndoles en audiencia en la Sala Clementina?la ma?ana del viernes 13 de Mayo.?

Se?ores cardenales,
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas,

Con alegr?a os acojo hoy, pocos d?as despu?s de la beatificaci?n del Papa Juan Pablo II, que hace treinta a?os, como hemos o?do, quiso fundar contempor?neamente el Consejo Pontificio para la Familia y vuestro Instituto Pontificio; dos organismos que muestran como ?l fue persuadido siempre por la importancia decisiva de la familia para la Iglesia y para la sociedad. Saludo a los representantes de vuestra gran comunidad, esparcida en todos los continentes, como tambi?n la benem?rita Fundaci?n para el matrimonio y la familia que he creado para sostener vuestra misi?n.

Agradezco al presidente, monse?or Melina, por la palabras que me ha dirigido en nombre de todos. El nuevo Beato Juan Pablo II, que, como se ha recordado, hace treinta a?os sufri? el terrible atentado en la plaza de San Pedro, os ha confiado, en particular, para el estudio, la investigaci?n y la difusi?n, sus ?Catequesis sobre el amor humano?, que contiene una profunda reflexi?n sobre el cuerpo humano. Conjugar la teolog?a del cuerpo con la del amor para encontrar la unidad del camino del hombre: este es el tema que quisiera indicaros para vuestro trabajo.

Poco despu?s de la muerte de Miguel ?ngel, Paolo Veronese fue llamado ante la Inquisici?n, con la acusaci?n de haber pintado figuras inapropiadas alrededor de la ?ltima Cena. El pintor respondi? que tambi?n en la Capilla Sixtina los cuerpos estaban representados desnudos, con poca reverencia. Fue el mismo inquisidor el que defendi? a Miguel ?ngel con una respuesta que se hizo famosa: ??No sabes que en estas figuras no hay nada que no sea esp?ritu??. En la actualidad nos cuesta entender estas palabras, porque el cuerpo aparece como materia inerte, pesada, opuesta al conocimiento y a la libertad propias del esp?ritu. Pero los cuerpos pintados por Miguel ?ngel est?n llenos de luz, vida, esplendor.

Quer?a mostrar, de esta manera, que nuestros cuerpos esconden un misterio. En ellos el esp?ritu se manifiesta y act?a. Est?n llamados a ser cuerpos espirituales, como dice San Pablo (cfr 1Cor 15,44). Podemos ahora preguntarnos: ?Puede este destino del cuerpo, iluminar las etapas de su camino? Si nuestro cuerpo est? llamado a ser espiritual, ?no deber? ser su historia la de la alianza entre el cuerpo y el esp?ritu? De hecho, lejos de oponerse al esp?ritu, el cuerpo es el lugar donde el esp?ritu habita. A la luz de esto, es posible entender que nuestros cuerpos no son materia inerte, pesada, sino que hablan, si sabemos escuchar, con el lenguaje del amor verdadero.

La primera palabra de este lenguaje se encuentra en la creaci?n del hombre. El cuerpo nos habla de un origen que nosotros no nos hemos conferido a nosotros mismos. ?Me plasmaste en el seno de mi madre?, dice el salmista al Se?or (Sal 139,13). Podemos afirmar que el cuerpo, al revelarnos el Origen, lleva consigo un significado filial, porque nos recuerda nuestra generaci?n, que muestra, a trav?s de nuestros padres que nos han dado la vida, a Dios Creador. S?lo cuando reconoce el amor original que le ha dado la vida, el hombre puede aceptarse a s? mismo, puede reconciliarse con la naturaleza y con el mundo. A la creaci?n de Ad?n le sigue la de Eva. La carne, recibida de Dios, est? llamada a hacer posible la uni?n de amor entre el hombre y la mujer, y transmitir la vida. Los cuerpos de Ad?n y Eva aparecen, antes de la Ca?da, en perfecta armon?a. Hay en ellos un lenguaje que no han creado, un eros radicado en su naturaleza, que les invita a recibirse mutuamente del Creador, para poder, de esta manera, donarse. Comprendemos entonces que, en el amor, el hombre es ?creado nuevamente?. Incipit vita nova, dec?a Dante (Vita Nuova I,1), la vida de la nueva unidad, de los dos en una carne. La verdadera fascinaci?n de la sexualidad nace de la grandeza de este horizonte que se abre: la belleza integral, el universo de la otra persona y del ?nosotros? que nace de la uni?n, la promesa de comuni?n que all? se esconde, la fecundidad nueva, el camino que el amor abre hacia Dios, fuente de amor. La uni?n en una sola carne se hace, entonces, uni?n de toda la vida, hasta que el hombre y la mujer se convierten tambi?n en un solo esp?ritu. Se abre, as?, un camino en el que el cuerpo nos ense?a el valor del tiempo, de la lenta maduraci?n en el amor. Desde esta perspectiva, la virtud de la castidad recibe un nuevo sentido. No es un ?no? a los placeres y a la alegr?a de la vida, sino el gran ?s? al amor como comunicaci?n profunda entre las personas, que exige tiempo y respeto, como camino hacia la plenitud y como amor que se convierte en capaz de generar la vida y de acoger generosamente la vida nueva que nace.

Es cierto que el cuerpo contiene tambi?n un lenguaje negativo: nos habla de la opresi?n del otro, del deseo de poseer y disfrutar. Sin embargo, sabemos que este lenguaje no pertenece al dise?o original de Dios, sino que es fruto del pecado. Cuando se lo separa de su sentido filial, de su conexi?n con el Creador, el cuerpo se rebela contra el hombre, pierde su capacidad de hacer brillar la comuni?n y se convierte en terreno del que se apropia el otro. ?No es quiz?s, este el drama de la sexualidad, que hoy permanece encerrada en el c?rculo estrecho del propio cuerpo y en la emotividad, pero que en realidad puede realizarse s?lo en la llamada a algo m?s grande? Respecto a esto, Juan Pablo II hablaba de la humildad del cuerpo. Un personaje de Claudel dice a su amado: ?la promesa que mi cuerpo te hizo, yo soy incapaz de llevarla a cabo?; a la que sigue la respuesta: ?el cuerpo se rompe, pero no la promesa... ?(Le soulier de satin, D?a III, Escena XIII). La fuerza de esta promesa explica como la Ca?da no fue la ?ltima palabra sobre el cuerpo en la historia de la salvaci?n. Dios ofrece al hombre tambi?n, un camino de redenci?n del cuerpo, cuyo lenguaje viene preservado en la familia. Despu?s de la Ca?da, Eva recibe el nombre de Madre de los Vivientes, es decir testifica que la fuerza del pecado no consigue cancelar el lenguaje original del cuerpo, la bendici?n de vida que Dios contin?a ofreciendo cuando el hombre y la mujer se unen en una sola carne. La familia, es decir el lugar donde la teolog?a del cuerpo y la teolog?a del amor se unen. Aqu? se aprende la bondad del cuerpo, el testimonio bueno de su origen, en la experiencia del amor que recibimos de los padres. Aqu? se vive el don de s? en una sola carne, en la caridad conyugal que une a los esposos. Aqu? se experimenta la fecundidad del amor, y la vida se entrelaza a la de las otras generaciones. Y en la familia donde el hombre descubre su relaci?n, no como individuo aut?nomo que se autorrealiza, sino como hijo, esposo, padre, cuya identidad se funda la llamada al amor, a recibir y a darse a los dem?s.

Este camino de la creaci?n encuentra su plenitud con la Encarnaci?n, con la venida de Cristo. Dios asumi? el cuerpo, se revel? en ?l. El movimiento del cuerpo hacia lo alto est? integrado aqu? en otro movimiento m?s original, el movimiento humilde de Dios que se abaja hacia el cuerpo, para despu?s elevarlo hacia s?. Como Hijo, recibi? el cuerpo filial en la gratitud y en la escucha del Padre y ha dado este cuerpo por nosotros, para generar as? el cuerpo nuevo de la Iglesia. La liturgia de la Ascensi?n canta esta historia de la carne, pecadora en Ad?n, asunta ya redimida por Cristo. Es una carne que est? cada vez m?s llena de luz y de Esp?ritu, llena de Dios. Aparece as? la profundidad de la teolog?a del cuerpo. Esta, cuando es le?da junto a la tradici?n, evita el riesgo de la superficialidad y consiente acoger la grandeza de la vocaci?n al amor, que es una llamada a la comuni?n de las personas en la en la doble forma de vida, de la virginidad y del matrimonio.

Queridos amigos, vuestro Instituto est? bajo la protecci?n de la Virgen Mar?a. De Mar?a dice Dante palabras luminosas para una teolog?a del cuerpo: ?en el vientre tuyo se reencendi? el amor? (Para?so XXXIII, 7). En su cuerpo de mujer ha tomado cuerpo aquel Amor que genera la Iglesia. La Madre del Se?or contin?e protegi?ndoos en vuestro camino y haga fecundos vuestro estudio y ense?anza, a servicio de la misi?n de la Iglesia para la familia y la sociedad. Os acompa?e la Bendici?n Apost?lica, que os imparto a todos de todo coraz?n. Gracias.

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
? Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:40  | Habla el Papa
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