S?bado, 11 de junio de 2011

ZENIT? publica el comentario al Evangelio del domingo de Pentecost?s (Juan20,19-23), 12 de junio, redactado por monse?or Jes?s Sanz Montes, ofm arzobispo de Oviedo.

Han pasado los d?as de resurrecci?n. Tras diversas manifestaciones a los disc?pulos, Jes?s ha cumplido ese periplo ?ltimo de transmitir a los suyos el encargo recibido del Padre, al que ha vuelto para prepararnos una morada y seguir acompa??ndonos de otro modo. Pero ?l prometi? el env?o del Esp?ritu Santo. Con la fiesta de Pentecost?s que celebramos en este domingo hemos llegado al final de todo el ciclo pascual. Tras las ascensi?n de Jes?s, los disc?pulos volvieron a Jerusal?n como se les hab?a indicado. All? esperar?an el cumplimiento de la promesa del Esp?ritu. ?Todos los disc?pulos estaban juntos el d?a de Pentecost?s?. All?, en la sala donde tuvo lugar la ?ltima Cena, sol?an reunirse regularmente, eran concordes, y oraban como incipiente comunidad cristiana con algunas mujeres y con Mar?a, la madre de Jes?s.

La tradici?n cristiana siempre ha visto en esta escena el prototipo de la espera del Esp?ritu. Esperar porque quien lo ha prometido es fiel. Esperar orando, porque el Esp?ritu es imprevisible: se sabe que ha llegado, pero no por d?nde llega ni a d?nde nos lleva, y por eso es necesario saber aguardar y acoger. Mar?a, era una mujer que sab?a de la fidelidad de Dios, de c?mo ?l hace posible lo que para nosotros es imposible; ella hab?a aprendido a guardar en su coraz?n todo lo que Dios le manifestaba. Ella era, la que reun?a en el Cen?culo a la primitiva iglesia.

Se da un cambio importante en el interior de toda aquella gente, que desde los sucesos del G?lgota no acababan de despegar de sus miedos e inseguridades. Tras la llegada del Esp?ritu esperado, a aquellos mismos hombres y mujeres se les comienza a ver y a escuchar: ?se llenaron todos de Esp?ritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Esp?ritu le suger?a?. Era aquel momento como una ventana del mundo. A diferencia de la torre de Babel, con la que los hombres trataban de construir su propia maravilla para conquistar a ese Dios que no pudieron arrebatar comiendo la fruta prohibida del jard?n del Ed?n, ahora en Jerusal?n ocurr?a lo contrario: que las maravillas que se escuchaban eran las de Dios, y que lejos de ser v?ctimas de la confusi?n, aun hablando lenguas distintas, eran las justas y necesarias para entenderse y para hacerse entender.

Los disc?pulos de Jes?s que formamos su Iglesia, en nuestro tiempo y en nuestro lugar, estamos llamados a continuar lo que Jes?s comenz?. El Esp?ritu nos da su fuerza, su luz, su consejo, su sabidur?a para que a trav?s nuestro tambi?n puedan seguir escuchando hablar de las maravillas de Dios y asomarse a su proyecto de amor otros hombres, otras culturas, otras situaciones. El Esp?ritu recuerda y ense?a en plenitud, lo que ya est? dicho para siempre en Jes?s. As? traduce desde nuestra vida, aquel viejo, nuevo y eterno anuncio de Buena Nueva. Esto fue y sigue siendo el milagro y el regalo de Pentecost?s.


Publicado por verdenaranja @ 0:21  | Espiritualidad
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