S?bado, 11 de junio de 2011

ZENIT nos frece la audiencia que el Papa Benedicto XVI concedi?el lunes 16 de Mayo de 2011?a los participantes en el Congreso Internacional promovido por el Consejo Pontificio ?Justicia y Paz?, en el 50? aniversario de la enc?clica Mater et Magistra del papa Juan XXIII.

Se?ores cardenales,
venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio
ilustres se?oras y se?ores.

Estoy contento de acogeros y de saludaros con ocasi?n del 50? aniversario de la Enc?clica Mater et magistra del beato Juan XXIII; un documento que conserva gran actualidad tambi?n en el mundo globalizado. Saludo al cardenal presidente, a quien doy las gracias por sus corteses palabras, como tambi?n al monse?or secretario, los colaboradores del dicasterio y a todos vosotros, llegados de los diversos continentes para este importante Congreso.

En la Mater et magistra, el papa Roncalli, con una visi?n de Iglesia puesta al servicio de la familia humana sobre todo mediante su espec?fica misi?n evangelizadora, pens? en la doctrina social ? anticipando al beato Juan Pablo II ? come en un elemento esencial de esta misi?n, por ser ?parte integrante de la concepci?n cristiana de la vida? (n. 206). Juan XXIII est? en el origen de las afirmaciones de sus Sucesores tambi?n cuando indic? en la Iglesia el sujeto comunitario y plural de la Doctrina social. Los christifideles laici, en particular, no pueden ser s?lo usufructuarios y ejecutores pasivos sino que son protagonistas del mismo en el momento vital de su actuaci?n, como tambi?n colaboradores preciosos de los Pastores en su formulaci?n, gracias a la experiencia adquirida sobre el terreno y a sus propias competencias espec?ficas. Para el beato Juan XXIII, la Doctrina social de la Iglesia tiene como luz la Verdad, como fuerza propulsora el Amor, como objetivo la Justicia (cfr n. 209), una visi?n de la Doctrina social, que retom? en la Enc?clica Caritas in veritate, en testimonio de esa continuidad que mantiene unido el entero corpus de las Enc?clicas sociales. La verdad, el amor, la justicia, se?alados por la Mater et magistra, junto al principio del destino universal de los bienes, como criterios fundamentales para superar los desequilibrios sociales y culturales, siguen siendo los pilares para interpretar y poner en v?as de soluci?n tambi?n los desequilibrios internos a la globalizaci?n actual. Frente a estos desequilibrios es necesario restablecer una raz?n integral que haga renacer el pensamiento y la ?tica. Sin un pensamiento moral que supere el planteamiento de las ?ticas seculares, como las neoutilitaristas y neocontractualistas, que se fundan sobre un sustancial escepticismo y sobre una visi?n prevalentemente inmanentista de la historia, se hace arduo para el hombre de hoy acceder al conocimiento del verdadero bien humano. Es necesario desarrollar s?ntesis culturales humanistas abiertas a la Trascendencia mediante una nueva evangelizaci?n ? arraigada en la ley nueva del Evangelio, la ley del Esp?ritu ? a la que muchas veces nos invit? el beato Juan Pablo II. S?lo en la comuni?n personal con el Nuevo Ad?n, Jesucristo, la raz?n humana es sanada y potenciada y es posible acceder a una visi?n m?s adecuada del desarrollo, de la econom?a y de la pol?tica seg?n su dimensi?n antropol?gica y las nuevas condiciones hist?ricas. Y es gracias a una raz?n restablecida en su capacidad especulativa y pratica como se puede disponer de criterios fundamentales para superar los desequilibrios globales, a la luz del bien com?n. De hecho, sin el conocimiento del verdadero bien humano, la caridad se desliza hacia el sentimentalismo (cfr n. 3); la justicia pierde su ?medida? fundamental; el principio del destino universal de los bienes es deslegitimado. Los diversos desequilibrios globales, que caracterizan a nuestra ?poca, alimentan disparidad, diferencias de riqueza, desigualdades, que crean problemas de justicia y de distribuci?n equitativa de los recursos y de las oportunidades, especialmente hacia los m?s pobres.

Pero no son menos preocupantes los fen?menos vinculados a unas finanzas que, tras la fase m?s aguda de la crisis, han vuelto a practicar con frenes? contractos de cr?dito que a menudo permiten una especulaci?n sin l?mites. Fen?menos de especulaci?n da?ina se comprueban tambi?n con referencia a los productos alimentarios, al agua, a la tierra, acabando por empobrecer a?n m?s a aquellos que ya viven en situaciones de grave precariedad. De forma an?loga, el aumento de los precios de los recursos energ?ticos primarios, con la consiguiente b?squeda de energ?as alternativas guiada, a veces, por intereses exclusivamente econ?micos de corto plazo, acaban por tener consecuencias negativas sobre el medio ambiente, adem?s de sobre el propio hombre.

La cuesti?n social actual es sin duda una cuesti?n de justicia social mundial, como por otro lado ya recordaba la Mater et magistra hace cincuenta a?os, aunque con referencia a otro contesto. Es, adem?s, cuesti?n de distribuci?n equitativa de los recursos materiales e inmateriales, de globalizaci?n de la democracia sustancial, social y participativa. Por esto, en un contexto en el que se vive una progresiva unificaci?n de la humanidad, es indispensable que la nueva evangelizaci?n de lo social ponga en evidencia las implicaciones de una justicia que debe realizarse a nivel universal. Con referencia a la fundaci?n de semejante justicia debe subrayarse que no es posible realizarla apoy?ndose en el mero consenso social, sin reconocer que ?ste, para ser duradero, debe estar arraigado en el bien humano universal. En cuanto concierne al plano de la realizaci?n, la justicia social debe llevarse a cabo en la sociedad civil, en la econom?a de mercado (cfr Caritas in veritate n. 35), pero tambi?n por parte de una autoridad pol?tica honrada y transparente proporcionada a ella, tambi?n a nivel internacional (cfr ibid., n. 67).

Respecto a los grandes desaf?os actuales, la Iglesia, mientras conf?a en primer lugar en el Se?or Jes?s y en su Esp?ritu, que la conducen a trav?s de las vicisitudes del mundo, para la difusi?n de la Doctrina social cuenta tambi?n con las actividades de sus instituciones culturales, con los programas de instrucci?n religiosa y de catequesis social de las parroquias, con los mass media y con la obra de anuncio y de testimonio de los christifideles laici (cfr Mater et magistra, 206-207). Estos deben estar preparados espiritual, profesional y ?ticamente. La Mater et magistra insist?a no s?lo en la formaci?n, sino sobre todo en la educaci?n que forma cristianamente la conciencia y lleva a una acci?n concreta, seg?n un discernimiento sabiamente guiado. El beato Juan XXIII afirmaba: ?La educaci?n a actuar cristianamente tambi?n en el campo econ?mico y social dif?cilmente ser? eficaz si los propios sujetos no toman parte activa en educarse a s? mismo, y si la educaci?n no se lleva a cabo tambi?n mediante la acci?n? (nn. 212-213).

A?n v?lidas, adem?s, son las indicaciones ofrecidas por el papa Roncalli a prop?sito de un leg?timo pluralismo entre los cat?licos en la concreci?n de la Doctrina social. Escrib?a, de hecho, que en este ?mbito pueden surgir ?[?] divergencias aun entre cat?licos de sincera intenci?n. Cuando esto suceda, procuren todos observar y testimoniar la mutua estima y el respeto rec?proco, y al mismo tiempo examinen los puntos de coincidencia a que pueden llegar todos, a fin de realizar oportunamente lo que las necesidades pidan. Deben tener, adem?s, sumo cuidado en no derrochar sus energ?as en discusiones interminables, y, so pretexto de lo mejor, no se descuiden de realizar el bien que les es posible y, por tanto, obligatorio? (n. 238). Importantes instituciones al servicio de la nueva evangelizaci?n de lo social son, adem?s de las asociaciones de voluntariado y a las organizaciones no gubernamentales cristianas o de inspiraci?n cristiana, las Comisiones Justicia y Paz, las Oficinas para los problemas sociales y el trabajo, los Centros y los Institutos de Doctrina social, muchos de los cuales no se limitan al estudio y a la difusi?n, sino tambi?n al acompa?amiento de varias iniciativas de experimentaci?n de los contenidos del magisterio social, como en el caso de cooperativas sociales de desarrollo, de experiencias de microcr?dito y de una econom?a animada por la l?gica de la comuni?n y de la fraternidad.

El beato Juan XXIII, en la Mater et magistra, comentaba que se pueden captar mejor las exigencias fundamentales de la justicia cuando se vive como hijos de la luz (cfr n. 235). Auguro, por tanto, a todos vosotros que el Se?or Resucitado inflame vuestros corazones y os ayude a difundir el fruto de la redenci?n, mediante una nueva evangelizaci?n de lo social y el testimonio de la vida buena seg?n el Evangelio. Esta evangelizaci?n debe ser sostenida por una adecuada pastoral social, activada sistem?ticamente en las diversas Iglesias particulares. En un mundo, no pocas veces replegado sobre s? mismo, sin esperanza, la Iglesia espera que vosotros se?is levadura, sembradores incansables de pensamiento ver?dico y responsable y de generosa proyecci?n social, sostenidos por el amor lleno de verdad que habita en Jesucristo, el Verbo de Dios hecho hombre. Al daros las gracias por vuestra obra, os imparto de coraz?n mi Bendici?n Apost?lica.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:46  | Habla el Papa
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