S?bado, 11 de junio de 2011

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? el? s?bado 14 de mayo de 2011 a los participantes en la Asamblea Ordinaria del Consejo Superior de las Obras Misionales Pontificias.

Se?or cardenal,
venerados hermanos en el Episcopado y en el sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas:


En primer lugar quiero expresar un cordial saludo al nuevo prefecto de la Congregaci?n para la Evangelizaci?n de los Pueblos, monse?or Fernando Filoni, al que agradezco de coraz?n las palabras que me ha dirigido en nombre de todos. A esto a?ado un deseo ferviente de ministerio fruct?fero. Al mismo tiempo, expreso mi profunda gratitud al cardenal Ivan Dias por el servicio ejemplar y desinteresado que ha realizado en la Congregaci?n misionera y en la Iglesia universal en todos estos a?os. Que el Se?or siga guiando con su luz a estos dos trabajadores fieles en su vi?a. Saludo al secretario monse?or Savio Hon Tai-Fai, al vicesecretario monse?or Piergiuseppe Vacchelli, presidente de las Obras Misionales Pontificias, a los colaboradores de la Congregaci?n y a los directores nacionales de las Obras Misionales Pontificias, llegados a Roma desde las diversas Iglesias particulares para la Asamblea General del Consejo Superior. Una c?lida bienvenida a todos.

Queridos amigos, con vuestra preciosa obra de animaci?n y cooperaci?n misionara ?convoc?is al Pueblo de Dios a desempe?ar con decisi?n su compromiso en la Misi?n ad gentes" (Exhort. ap. Verbum Domini, 95), para anunciar la "gran esperanza", "ese Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el final, a cada uno y a la humanidad en su conjunto" (Enc. Spe salvi, 31).?

Nuevos problemas y nuevas esclavitudes emergen en nuestro tiempo, tanto en el llamado primer mundo, rico pero incierto sobre su futuro, como en los Pa?ses emergentes donde tambi?n, a causa de una globalizaci?n marcada por la ganancia, acaban por aumentar las masas de los pobres, emigrantes y oprimidos, en quienes se debilita la luz de la esperanza.

a Iglesia debe renovar constantemente su compromiso de llevar a Cristo, de prolongar su misi?n mesi?nica para el advenimiento del Reino de Dios, Reino de justicia, de paz, de libertad y de amor. Transformar al mundo seg?n el proyecto de Dios, con la fuerza renovadora del Evangelio, ?para que Dios sea todo en todos? (1Cor 15,28) es tarea del entero Pueblo de Dios.

Es necesario continuar con renovado entusiasmo la obra de evangelizaci?n, el anuncio gozoso del Reino de Dios, venido en Cristo en la potencia del Esp?ritu Santo para conducir a los hombres hacia la verdadera libertad de los hijos de Dios, contra toda forma de esclavitud. Es necesario lanzar las redes del Evangelio en el mar de la historia para conducir a los hombres hacia la tierra de Dios.

?La misi?n de anunciar la Palabra de Dios es tarea de todos los disc?pulos de Cristo, como consecuencia de su bautismo?, (Exhort. ap. Verbum Domini, 94). Pero para que se de un decidido compromiso en la evangelizaci?n se hace necesario que cada cristiano, as? como las comunidades, crean verdaderamente que ?la Palabra de Dios es la verdad salv?fica de la que cada hombre en cada tiempo tiene necesidad? (ibid., 95). Si ?sta convicci?n de fe no est? profundamente arraigada en nuestra vida no podremos experimentar la pasi?n y la belleza de anunciarla.

En realidad cada cristiano deber?a hacer propia la urgencia de trabajar para le edificaci?n del Reino de Dios. Todo en la Iglesia est? al servicio de la evangelizaci?n: cada sector de su actividad y tambi?n cada persona, en las varias tareas que est? llamada a realizar. Todos, deben ser part?cipes de la misi?n ad gentes: Obispos, presb?teros, religiosos y religiosas, laicos. ?Ning?n creyente en Cristo puede sentirse extra?o a esta responsabilidad que proviene de la pertenencia sacramental al Cuerpo de Cristo? (ibid., 94). Por lo tanto, se debe prestar especial cuidado para garantizar que todas las ?reas de la pastoral, de la catequesis, de la caridad se caractericen por la dimensi?n misionera: la Iglesia es misi?n.

Una condici?n fundamental para el anuncio es dejarse aferrar completamente por Cristo, Palabra de Dios encarnada, porque solo quien, con atenci?n, escucha al Verbo encarnado que est? ?ntimamente unido a El, puede anunciarlo (cfr ibid., 51; 91). El mensajero del Evangelio debe permanecer bajo el dominio de la Palabra y alimentarse de los Sacramentos, linfa vital de la que dependen la existencia y el ministerio misionero. Por ello s?lo radicados profundamente en Cristo y en su Palabra se puede ser capaz de no ceder a la tentaci?n de reducir la evangelizaci?n a un proyecto puramente humano, social, escondiendo o callando la dimensi?n trascendente de la salvaci?n ofrecida por Dios en Cristo. Es una palabra que debe ser testimoniada y proclamada de forma expl?cita, porque sin un testimonio coherente esta es menos comprensible y cre?ble. Aunque a menudo nos sentimos inadecuados, pobres, incapaces, mantenemos siempre la certeza en el poder de Dios, que pone su tesoro en 'vasos de barro' precisamente para que se vea que es ?l qui?n act?a a trav?s de nosotros.

El ministerio de la evangelizaci?n es fascinante y exigente: requiere del amor por el anuncio y el testimonio, un amor total que puede verse marcado hasta por el martirio. La Iglesia no puede faltar en su misi?n de llevar la luz de Cristo, de proclamar el feliz anuncio del Evangelio, a?n si ello comparta la persecuci?n.(cfr Exhort. ap. Verbum Domini, 95). Es parte de su misma vida, como lo ha sido para Jes?s. Los cristianos no deben sentir temor, aunque ?sean actualmente el grupo religioso que sufre el mayor n?mero de persecuciones a causa de la propia fe?. (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2011, 1). San Pablo afirma que ?ni la muerte ni la vida, ni los ?ngeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni las potestades ni la altura, ni la profundidad ni otra criatura alguna podr? separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jes?s Se?or nuestro? (Rm 8,38-39).

Queridos amigos, os agradezco el trabajo de animaci?n y formaci?n misionera que como directores nacionales de las Obras Misionales Pontificias, desarroll?is en vuestras Iglesias locales. Las Obras Misionales Pontificias que mis Predecesores y el Concilio Vaticano II han promovido y alentado (cfr Ad Gentes, 38) permanecen como un instrumento privilegiado para la cooperaci?n misionera y para un provechoso intercambio del personal y de los recursos financieros entre las Iglesias.

No se debe olvidar el apoyo que las Obras Misionales Pontificias ofrecen a los Colegios Pontificios, en Roma, donde elegidos y enviados por sus Obispos, se forman sacerdotes, religiosos y laicos para las Iglesias locales de los territorios de misi?n.

Vuestra obra es preciosa para la edificaci?n de la Iglesia, destinada a ser la ?casa com?n? de toda la humanidad. El Esp?ritu Santo, protagonista de la Misi?n, nos gu?e y nos sostenga siempre, con la intercesi?n de Mar?a, Estrella de la evangelizaci?n y Reina de los Ap?stoles. A todos vosotros y a vuestros colaboradores imparto mi Bendici?n Apost?lica.

[Traducci?n distribuida por la agencia Fides
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:50  | Habla el Papa
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