Lunes, 13 de junio de 2011

Homil?a de monse?or H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la misa de admisi?n de candidatos a las Sagradas ?rdenes (Iglesia del Seminario, 15 de mayo de 2011). (AICA)

JES?S, PUERTA Y PASTOR DE LAS OVEJAS?? ?????

Este a?o, el evangelio del cuarto domingo de Pascua (Jn. 10, 1-10) se inicia con un discurso enigm?tico pronunciado por Jes?s. No es una simple par?bola, f?cil de entender, sino una comparaci?n que oculta en sus s?mbolos un significado misterioso. De hecho, el evangelista anota que los oyentes no comprendieron lo que Jes?s les quer?a decir, y por eso mismo, la continuaci?n del discurso procurar? interpretar y esclarecer las im?genes empleadas. La comparaci?n contrapone dos personajes: el pastor de las ovejas y el ladr?n o asaltante. El primero entra por la puerta en el corral, llama por su nombre a las ovejas, que reconocen su voz y lo siguen; el pastor las hace salir y las conduce a pastar. El salteador es un intruso que trepa por otro lado y a quien las ovejas, que no lo conocen, no pueden seguir. Seg?n se desprende de una lectura de los cap?tulos precedentes del Cuarto Evangelio, Jes?s propuso ese enigma en las cercan?as del templo, en una de las jornadas finales de la fiesta de los tabern?culos, o durante la fiesta de la dedicaci?n que la segu?a. Con sus palabras el Se?or quiso manifestar veladamente el sentido de su misi?n, en contraste con la instituci?n jud?a y sus representantes; quiz? tambi?n contraponiendo su propia figura mesi?nica a la de los falsos mes?as y al movimiento revolucionario de los zelotes. ?l es el pastor aut?ntico; como lo dir? m?s adelante, es el buen Pastor.

Lo que llama la atenci?n es que para iniciar el segundo momento de su revelaci?n, el aclaratorio, Jes?s se presenta como la puerta de las ovejas; el pastor, entonces, se identifica con la puerta del corral. Las im?genes corresponden a la econom?a pastoril del medio oriente antiguo. El corral, aprisco o redil era un espacio limitado por una cerca de piedras amontonadas; daba acceso a ?l una estrecha abertura en la cual sol?a recostarse, haciendo las veces de puerta, un guardi?n mercenario o uno de los pastores. Jes?s es el buen Pastor que llama a sus disc?pulos y los saca del viejo redil del juda?smo para constituir el gran reba?o universal que es la Iglesia. Pero ?l es tambi?n la puerta, es decir, el mediador que da acceso a la salvaci?n; el que entre y salga por ?l ?la met?fora es un semitismo que expresa una totalidad- lo tendr? todo. Como puerta de las ovejas, Jes?s es asimismo el nuevo recinto, el nuevo templo, el ambiente vital; la salvaci?n consiste en la comuni?n con ?l. Yo he venido ?nos dice- para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia (Jn. 10, 10). Pero ?l es la Vida. Otro rasgo muy bello de la alegor?a es la referencia al alimento que a las ovejas les procura el pastor. El t?rmino griego empleado en el Evangelio es nomē, que significa los pastos, la hierba, el forraje con que se apacienta el ganado. La transposici?n espiritual o traslado a lo divino es tradicional: los pastos representan la doctrina de la verdad, la gracia, la conciencia pura y devota en esta vida y la gloria, el gozo de la contemplaci?n en la eternidad. San Gregorio Magno lo expresaba as?: ?Cu?l es el pasto de estas ovejas, sino el gozo ?ntimo de un para?so siempre lozano? El pasto de los elegidos es la presencia del rostro de Dios que al ser contemplado ya sin obst?culo alguno, sacia para siempre al esp?ritu con el alimento de vida. Tal es la vida a la que nos da acceso la Puerta; de esa vida nos nutre el Pastor.

Desde hace casi medio siglo la Iglesia celebra este domingo como una Jornada de Oraci?n por las Vocaciones; nos ofrece as? un contexto lit?rgico y espiritual para meditar con reconocimiento y gozo sobre el llamado que, en todo el mundo, Dios dirige a muchos hombres y mujeres para que se consagren a ?l y al servicio de la Iglesia. Ese llamado es un don, siempre inmerecido y providencial, una invitaci?n apremiante al seguimiento m?s estrecho de Cristo, una gracia nueva de discipulado y de misi?n. Para nosotros, en la arquidi?cesis, es la circunstancia oportuna para admitir, mediante el rito establecido por la Iglesia, candidatos a las sagradas ?rdenes. Los aspirantes que hoy son admitidos representan dos categor?as del ministerio eclesial: j?venes seminaristas que vienen prepar?ndose desde hace varios a?os ?y que continuar?n haci?ndolo con mayor empe?o- para recibir un d?a la ordenaci?n sacerdotal y hombres casados, padres de familia, que desean consagrarse al ejercicio del diaconado.

Ustedes, queridos j?venes, han experimentado el llamado de Jes?s y han respondido a ?l ingresando al seminario. Estoy seguro de que ya habr?n comprendido que la gracia de la vocaci?n incluye un dinamismo exigente. En realidad, el llamado se renueva cada d?a, y cada d?a es menester renovar la respuesta. El Santo Padre Benedicto XVI, en el mensaje que dirigi? a toda la Iglesia para la jornada de hoy, nos recuerda que Jes?s, a los que ha llamado a su seguimiento, los invita a salir de la propia voluntad cerrada en s? mima, de su idea de autorrealizaci?n, para sumergirse en otra voluntad, la de Dios, y dejarse guiar por ella. Se trata de un dif?cil y a la vez exaltante proceso de transformaci?n, de un fen?meno ?ntimamente personal que traza el itinerario profundo de la formaci?n seminar?stica, la cual no se reduce al cumplimiento curricular de los requisitos acad?micos. El tiempo de la formaci?n es el tiempo de la transformaci?n: es preciso identificar los defectos principales de la propia personalidad, tanto en el orden psicol?gico como en el moral, y las resistencias, por m?s peque?as que sean, a la acci?n santificadora del Esp?ritu del Se?or. Esta tarea no es pura y primariamente autorreferencial, no se clausura en la instrospecci?n; el verdadero conocimiento de ustedes mismos lo adquirir?n mir?ndose en el espejo de Jes?s. Cito otra vez a Benedicto XVI: El seguimiento de Cristo es arduo; significa aprender a tener la mirada de Jes?s, a conocerlo ?ntimamente, a escucharlo en la Palabra y a encontrarlo en los sacramentos, quiere decir aprender a conformar la propia voluntad con la suya. Conformar la propia voluntad con la de Jes?s, es decir, sumergirse en la voluntad de Dios. En estas expresiones se manifiesta la dimensi?n subjetiva de la consagraci?n: el don sacramental del sacerdocio al cual ustedes aspiran requiere en el sujeto receptor esa disposici?n religiosa a ser todo de Dios, de Cristo, de la Iglesia. El sacerdote, dec?a el Cardenal de B?rulle, es un religioso de Dios; ahora bien, se llega a serlo mediante una generosa transformaci?n personal que es obra de la gracia divina y de la propia libertad. El celibato es el signo por excelencia de aquella disposici?n, que requiere normalidad natural, serena autoposesi?n de s?, vigor sobrenatural de las virtudes y especialmente la capacidad conquistada de amar con el Coraz?n del Se?or. Recl?nense desde ahora, cada vez m?s, en su Coraz?n.

Ahora me dirijo a ustedes, candidatos al diaconado permanente. En ustedes pensaba al leer, d?as pasados, el ya mencionado mensaje del Santo Padre para la jornada que hoy celebramos. Me detuve en esta frase: El Se?or no deja de llamar, en todas las edades de la vida, para compartir su misi?n y servir a la Iglesia en el ministerio ordenado. En efecto, ustedes aspiran a compartir la diacon?a del Se?or, por inspiraci?n suya. La Iglesia, a quien compete incorporarlos a esa diacon?a, tiene que evaluar prudencialmente sus capacidades objetivas y sus disposiciones subjetivas tom?ndose el tiempo necesario, sin precipitaci?n alguna. El llamado les ha sido dirigido en la adultez, y coincide con una nueva intenci?n de ustedes, que poseen una arraigada experiencia de inserci?n en comunidades parroquiales y de servicio en ellas; intenci?n de consagrarse al ministerio del diaconado como miembros del clero de la arquidi?cesis en virtud del sacramento del Orden. La tradici?n eclesial nos provee de testimonios elocuentes y bell?simos acerca del valor espiritual y ministerial del diaconado; tales testimonios invitan a apreciar con veneraci?n lo que significa el di?cono en la estructura sacramental de la Iglesia y en su misi?n. No se puede aspirar a serlo viendo en ello una especie de coronaci?n de una carrera laical; el diaconado, dignidad a la vez noble y humilde, tarea empe?osa y exigente, s?lo puede ser deseado ?al igual que los otros ministerios eclesiales- con temor y temblor. El oficio de la predicaci?n que se conf?a al di?cono reclama una preparaci?n permanente de estudio y oraci?n y sobre todo una fidelidad irrestricta al magisterio de la Iglesia. Las funciones lit?rgicas que debe desempe?ar piden del di?cono un profundo sentido de las realidades sagradas y aut?ntico esp?ritu sobrenatural. En otro orden de cualidades, el ap?stol Pablo exige a los hombres casados que aspiran a ser di?conos que gobiernen bien a sus hijos y su propia casa (1 Tim. 3, 12). La castidad conyugal y el amor vivido en el seno de la familia ser? para los di?conos, para ustedes, incentivo de la caridad pastoral.

La bendici?n que recibir?n ahora unos y otros, queridos hijos, es un est?mulo a la perseverancia en la vocaci?n y a la generosidad en la respuesta al don de Dios. Fijemos la mirada de la fe en Jes?s Resucitado, Puerta y Pastor de las ovejas; ?l quiere que los ministros de la Iglesia participen de su misi?n y sean tambi?n puertas y pastores de los hombres y mujeres de hoy, a los que a trav?s del ministerio eclesial conduce hacia los pastos de la salvaci?n. Contempl?ndolo a ?l nos comprometemos a orar y trabajar para que surjan en nuestra arquidi?cesis numerosas vocaciones al sacerdocio, al diaconado y a otras formas de especial consagraci?n. Concluyo esta catequesis con las palabras con que Benedicto XVI cierra su mensaje para la presente jornada: La capacidad de cultivar las vocaciones es un signo caracter?stico de la vitalidad de una Iglesia local. Invocamos con confianza e insistencia la ayuda de la Virgen Mar?a, para que, con el ejemplo de su acogida al plan divino de la salvaci?n y con su eficaz intercesi?n, se pueda difundir en el interior de cada comunidad la disponibilidad a decir ?s? al Se?or, que llama siempre a nuevos trabajadores para su mies.?

Mons. H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata?


Publicado por verdenaranja @ 23:18  | Homil?as
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