Lunes, 13 de junio de 2011

ZENIT? nos?ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? a los miembros de la Facultad Pontificia Teresianum de Roma, a quienes recibi? en audiencia con ocasi?n del 75? aniversario de fundaci?n.

?Queridos hermanos y hermanas!

Estoy contento de encontrarme y unirme a vosotros en la acci?n de gracias al Se?or por los 75 a?os de la Facultad Pontificia Te?logica Teresianum. Saludo cordialmente al gran canciller, el padre Saverio Cannistr?, superior general del Orden de los Carmelitas Descalzos, y le agradezco las bellas palabras que me ha dirigido; con ?l acojo muy contento a los padres de la Casa Generalicia. Saludo al presidente, el padre Aniano ?lvarez-Suarez, las autoridades acad?micas y el cuerpo docente entero del Teresianum, y con afecto os saludo a vosotros, queridos estudiantes, Carmelitas Descalzaos, religiosos y religiosas de distintas ?rdenes, sacerdotes y seminaristas. Han pasado tres cuartos de siglo desde aquel 16 de julio de 1935, memoria lit?rgica de la Beata Virgen del Monte Carmelo, cuando el entonces Colegio Internacional de la Orden de los Carmelitas Descalzos en la Urbe fue elevado a Facultad Teol?gica. Desde el principio est? se orient? a la profundizaci?n de la teolog?a espiritual en el cuadro de la cuesti?n antropol?gica. En el transcurso de los a?os, se constituy? despu?s el Instituto de Espiritualidad, que junto a la Facultad Teol?gica compone el grupo acad?mico que est? bajo el nombre de Teresianum.

Considerando, con mirada retrospectiva, la historia de esta Instituci?n, queremos alabar al Se?or por las maravillas que ha realizado en ella y, a trav?s de ella, en los muchos estudiantes que la han frecuentado. Antes que nada, porque formar parte de tal comunidad acad?mica constituye una peculiar experiencia eclesial, fortalecida por la riqueza de una gran familia espiritual como es la Orden de los Carmelitas Descalzos. Pensemos en el amplio movimiento de renovaci?n originado en la Iglesia por el testimonio de santos como santa Teresa de Jes?s y san Juan de la Cruz. Esto suscit? este resurgir de los ideales y fervores de la vida contemplativa que en el siglo XVI inflam?, por decirlo as?, Europa y el mundo entero. Queridos estudiantes en la estela de este carisma se coloca tambi?n vuestro trabajo de profundizaci?n teol?gica y antropol?gica, el trabajo de penetrar el misterio de Cristo, con la inteligencia del coraz?n que est? junto a un conocer y un amar; esto exige que Jes?s est? al centro de todo, de vuestros afectos y pensamientos, de vuestro tiempo de oraci?n, de estudio y de acci?n, de todo vuestro vivir. ?l es la Palabra, el ?libro viviente?, como lo fue para santa Teresa de ?vila, que afirmaba: ?para prender la verdad no hay otro libro que Dios (Vida 26,5). Deseo a cada uno de vosotros que pod?is decir como san Pablo: ?todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jes?s, mi Se?or? (Fil 3,8).

Con este fin, querr?a recordar la descripci?n que santa Teresa hace de la experiencia interior de la conversi?n, as? como ella misma la vio un d?a delante del Crucifijo. Escribe: ?Apenas lo mir?... fue tan grande el dolor que sent?, la pena de la ingratitud con la que respond?a a su amor que me pareci? que mi coraz?n se rompiese. Me lanc? a sus pies ba?ada en l?grimas y le supliqu? que me diese la gracia de no ofenderlo m?s? (Autobiograf?a 9,1). Con el mismo ?mpetu, la Santa parece preguntarnos a nosotros tambi?n: ?C?mo ignorar al que nos ha amado con una misericordia tan grande? El amor del Redentor merece toda la atenci?n del coraz?n y de la mente, y puede activar en nosotros el admirable c?rculo en el que el mor y el conocimiento se alimentan rec?procamente. Durante vuestros estudios teol?gicos, tened siempre la mirada dirigida al motivo ?ltimo por el que os hab?is comprometido, es decir al Jes?s que ?nos ha amado y ha dado su vida por nosotros? (cfr 1Jn 3,16). Sed conscientes de que estos a?os de estudio son un don precioso de la Providencia divina; don que es acogido con fe y vivido diligentemente, como una oportunidad irrepetible para crecer en el conocimiento del misterio de Cristo.

Reviste gran importancia, en el contexto actual, el estudio que profundiza la espiritualidad cristiana a partir de sus presupuestos antropol?gicos. La preparaci?n espec?fica que proporciona esto, es especialmente importante porque hace id?neos y habilita la ense?anza de esta disciplina, pero constituye una gracia todav?a m?s grande por el bagaje sapiencial que lleva consigo para el delicado deber de la direcci?n espiritual. Como siempre ha hecho, todav?a hoy la Iglesia contin?a recomendando la pr?ctica de la direcci?n espiritual, no s?lo a los que deseen seguir al Se?or de cerca, sino para todo cristiano que quiera vivir con responsabilidad el propio Bautismo, es decir la vida nueva en Cristo. Todos, de hecho, y en modo particular los que han acogido la llamada divina para seguirlo m?s de cerca, necesitan ser acompa?ados por una gu?a segura en la doctrina y experta en las cosas de Dios; esta puede ayudar a defenderse de subjetivismos f?ciles, poniendo a disposici?n sus conocimientos y experiencias en el seguimiento a Jes?s. Se trata de instaurar la misma relaci?n personal que el Se?or ten?a con sus disc?pulos, el especial lazo con el que ?l les condujo, tras de s?, para abrazar la voluntad del Padre (cfr Lc 22,42), para abrazar, esto es, la cruz. Tambi?n vosotros, queridos amigos, en la medida en la que se?is llamados a este deber insustituible, haced un tesoro de todo lo que hab?is aprendido durante estos a?os de estudio, para acompa?ar a todos los que la providencia os conf?e, ayud?ndoles en el discernimiento de los esp?ritus y en la capacidad de secundar los impulsos del Esp?ritu Santo, con el objetivo de conducirlos a la plenitud de la gracia ?hasta alcanzar -como dice san Pablo- la medida de la plenitud de Cristo?(Ef 4,13).

Queridos amigos, ven?s de todas partes del mundo. Aqu? en Roma vuestro coraz?n y vuestra inteligencia son provocados a abrirse a la dimensi?n universal de la Iglesia, son estimulados a sentir cum Ecclesia, en profunda armon?a con el sucesor de Pedro. Os exhorto, por tanto, a vivir un cada vez mayor y m?s apasionada capacidad de amar y de servir a la Iglesia. En este tiempo pascual, pidamos al Se?or Resucitado el don de su Esp?ritu, y lo pedimos sostenidos por la oraci?n de la Virgen Mar?a; ella, que en el Cen?culo invoc? el Par?clito, junto a los Ap?stoles, obtenga para vosotros el don de la sabidur?a del coraz?n y atraiga una efusi?n renovada de dones celestiales para el futuro que os espera. Por intercesi?n de la Madre de Dios y de los Santos Teresa de Jes?s y Juan de la Cruz, imparto de coraz?n, a la comunidad del Teresianum y a toda la Familia carmelita, la Bendici?n Apost?lica

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:23  | Habla el Papa
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