Martes, 14 de junio de 2011

Reflexi?n del Secretariado de la Comisi?n Episcopal para la Vida Consagrada de la CEE para la Jornada "Pro Orantibus" 2011, publicada en folleto para su celebraci?n y recibido en la parroquia.

Reflexi?n

??No ard?a nuestro coraz?n mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?? (Lc 24 , 32 ).

Sus corazones estaban sumidos en el caos y confusi?n tras los acontecimientos de la pasi?n y muerte del Maestro. Hab?an confiado en el Nazareno y hab?an esperado que ?l fuera el liberador de Israel... Pero toda su esperanza parec?a haberse esfumado tras la ejecuci?n del Galileo, y ellos, ?incr?dulos y tardos de coraz?n?, no lograban comprender las profec?as santas que hablaban del necesario padecimiento del Siervo. Menos todav?a pod?an vislumbrar salvaci?n alguna en una cruz romana... Vencidos por la tristeza, la amargura les embargaba.

Hac?an un extra?o camino; regresaban a la tierra de la que un d?a salieron precisamente para seguir al Se?or. Entonces lo dejaron todo con presteza y alegr?a... Ahora, en cambio, la mism?sima noche se hab?a cernido sobre ellos. Discut?an sin sacar nada en claro.

De pronto, y sin esperarlo, un caminante se emparej? con ellos. Sus ojos no pod?an reconocerle ?asegura el evangelista?, pues la oscuridad del coraz?n hab?a cegado sus miradas. Una pregunta sobre el tema de conversaci?n que llevaban por el camino posibilit? que aquel enigm?tico acompa?ante iniciara la explicaci?n de las Escrituras Santas. Y comenzando por Mois?s y siguiendo por todos los profetas, les explic? lo que se refer?a a ?l en todas las Escrituras.

Seg?n le o?an hablar, una luz comenz? a brillar en sus corazones.

Primero una chispa, despu?s una peque?a llama, m?s tarde un fuego... al final una hoguera. La Palabra de Dios les hab?a dado alcance y se abr?a paso en sus mentes como la l?mpara de sus pasos y la luz del sendero incierto. Fueron pasando de la tristeza a la alegr?a, del abatimiento a la esperanza, de la frialdad a la calidez de una agradable compa??a... de la indiferencia al amor. Y el amor les condujo a la fe. ?Qu?date con nosotros!, suplicaron.

Sentados a la mesa lo reconocieron al partir el pan... ?Era ?l!

Y lo hab?an descubierto en el pan de la Palabra y en el pan de la

Eucarist?a. Volvieron a toda prisa a Jerusal?n, para comunicar a los? suyos que el Maestro estaba vivo y que hab?a resucitado. Que el testimonio de las mujeres era cierto. La muerte hab?a sido vencida para siempre. La luz brill? en la oscuridad.

En el camino de ?los disc?pulos de Ema?s? podemos ver la imagen de nuestro camino espiritual como seguidores del Se?or Jes?s: camino hecho de Palabra, iluminaci?n desde las Escrituras y reconocimiento de una presencia que cura, recrea, transforma y salva en la Eucarist?a (cf. Lc 24, 13-35).

El pasaje lucano puede servirnos muy bien para comprender por qu? la lectio divina es en verdad un camino de luz. Jes?s hizo una aut?ntica lectio con aquellos hombres que caminaban en la oscuridad de sus vacilaciones y en la noche de sus dudas. Es la misma Palabra de Dios contenida en las Sagradas Escrituras la que ilumina los acontecimientos m?s oscuros de la existencia, y hace que emerja la verdad profunda que estos encierran.

La lectio divina es ese camino de luz que hacemos con Jes?s guiados por su Palabra. Podemos recordar y comentar brevemente los pasos de la misma seg?n la Scala claustralium de Guigo II, el cartujano (cf. Verbum Domini 86- 87).

Un primer paso es la preparaci?n (statio). La Palabra es esperada; invoco al Esp?ritu Santo. Cultivo la disposici?n interior; dispongo el cuerpo y el esp?ritu. Preparo un lugar. Reservo un tiempo. Guardo silencio. Cojo con amor el Libro de las Escrituras. Me descalzo de todo prejuicio porque el terreno al que me acerco es sagrado y voy a contemplar, como Mois?s ante la zarza ardiente, el fuego de Dios, que arde en su Palabra sin consumirse (cf. Ex 3, 1-6). En un segundo momento me entrego a una lectura reposada (lectio), sin prisas. Se trata de captar el significado literal del texto b?blico ?lo que objetivamente dice? y vislumbrar ya su sentido espiritual.

La lectura no implica la ex?gesis; es entrar en contacto directo con la p?gina, pero no desde una mirada superficial sino inteligente, desde la analog?a de la fe y en la comuni?n de toda la revelaci?n.

Dios nos habla en las Escrituras (cf. VD 87).

El tercer paso es la meditaci?n (meditatio). Reclama atenci?n y reflexi?n. Llamo yo meditaci?n al discurrir mucho con el entendimiento ?dice santa Teresa de Jes?s?. Las palabras le?das en el pelda?o anterior pasan ahora por el entendimiento intelectual para guardarlas en el coraz?n creyente iluminadas por el Esp?ritu. Nuestra mente y nuestro coraz?n se abren as? para comprender esas palabras como lo que son: Palabra de Dios para nuestro hoy. La Palabra fija su morada en nosotros y nos introduce en el misterio de Cristo. La

Virgen Mar?a es el icono perfecto y pleno de la meditaci?n de la Palabra:

?Guardaba todas estas palabras medit?ndolas en su coraz?n?

(Lc 2, 51), donde realizaba un trabajo paciente: confrontar palabras y acontecimientos con la Palabra (cf. VD 27-28. 87).

Llega un cuarto momento, la oraci?n (oratio). Es tratar de amistad con quien bien sabemos que nos ama ?nos dice la santa de ?vila?. Es la respuesta al Se?or que nos ha hablado primero. Dios me ha hablado y ahora yo le respondo. Desahogo ante ?l mi angustia, derramo ante ?l mi s?plica, le agradezco, le pido, le ruego, le bendigo... Si la Palabra ha iluminado mi pecado, le pido perd?n. Si me ha hecho ver los vac?os de luz y de amor que hay en m?, inicio la s?plica, el ruego, la petici?n. Si me confirma en la bondad y en el bien, le alabo y exulto en su honor (cf. VD 24. 87).

El quinto paso-pelda?o es la cumbre: contemplaci?n (contemplatio).

Estamos en lo m?s alto de la experiencia orante. Nuestra atenci?n y nuestra mirada pasa de la Palabra hablada, le?da, escuchada y orada a Aquel de quien procede. Ante el mismo Dios que nos ha hablado caemos de rodillas para adorar... estamos rendidos a sus pies. Ya no leo la Palabra de Jes?s sino que contemplo a Jes?s-Palabra (cf. Catecismo de la Iglesia Cat?lica, n? 2715). Tocamos el misterio de Dios. Me gozo en ?l. Todo es gracia. Aleluya.

Un sexto momento es para el discernimiento (discretio). Una tarea que hemos ido buscando desde el principio y que se nos ha ido regalando desde los comienzos de la Lectio. La Palabra no est? encadenada ni es letra muerta (cf. 2 Tim 2, 9). Y nos hemos encontrado con ella. Es ?viva y eficaz, cual espada de doble filo que entra hasta las junturas del ser y discierne los sentimientos y pensamientos del coraz?n? (Hb 4, 12). Ella pone al descubierto la verdad. Me lleva siempre a elegir. Me ofrece dos caminos, y me invita a escoger en lbertad hacer lo que el Se?or me dice (cf. Dt 30, 15ss / Mt 7, 13-14).

El discernimiento es tarea ineludible para que la Palabra d? su mejor ruto en nosotros (cf. VD 27-28).

El s?ptimo paso tiene mucho que ver con la comunidad: compartir

(collatio). A la hora de discernir respondiendo a la Palabra no estoy ?solo. Puedo y debo compartir con mis hermanos en la fe esa misma

Palabra recibida, orada, contemplada y discernida. El Se?or Jes?s nos asegura que donde hay dos o m?s reunidos en su nombre, all? est? ?l, en medio (cf. Mt 18, 20). Si Cristo est? presente entre mis hermanos reunidos en Su Nombre, ellos corroboran o corrigen mi discernimiento, me iluminan, me alientan, me confirman. Qu? bien nos los dice san Gregorio Magno: ?S? realmente que a menudo muchas de las cosas de la Escritura que yo solo no lograba comprender las he comprendido cuando me he encontrado en medio de mis hermanos...

Considero como un regalo todo lo que un hermano puede sentir o comprender mejor que yo... y est? en la potestad de la verdad el que ella se manifieste por medio de m? a otros o que por medio de otros llegue a m?... unas veces toca a uno, para que escuche con provecho lo que ha hecho resonar por medio de otro; y otras veces toca a otroque haga o?r con claridad lo que otros tienen que ?escuchar.?

Queda el ?ltimo paso, sin el cual el camino recorrido puede frustrarse.

Es la respuesta (actio); el paso a la vida cotidiana. Desde lo alto de la monta?a donde hemos contemplado se nos env?a al valle de la vida, a la plaza del pueblo, al hospital, al trabajo diario, a la escuela, a los quehaceres del hogar, a la oficina, a la catequesis con los ni?os en la parroquia, a los servicios en Comunidad, al taller, al trabajo en la huerta o en el claustro. La contemplaci?n se verifica en la acci?n, en la misi?n, en el servicio.

En la medida que la Palabra ?le?da, meditada, orada, contemplada, discernida y compartida? se encarna en la vida diaria, se autentifica la lectio divina realizada. No es cristiana la oraci?n que se queda sin llevar a la pr?ctica la Palabra de Dios en la vida concreta (cf. St 1, 22 / Mt 7, 24 / Lc 6, 49).

Un camino de luz es el que recorren a diario nuestros hermanos contemplativos en el silencio sonoro de sus claustros y monasterios.

Pasos y pelda?os. Camino y escala. Lectio divina y divina lectura que levanta el alma, recrea la vida y enamora el coraz?n.

Un camino desde el Ema?s de nuestras dudas hasta la Jerusal?n de nuestras certezas es el que tambi?n nosotros somos invitados a recorrer por el contacto asiduo y familiar con la Sagrada Escritura, especialmente en la Liturgia y en cada Eucarist?a (cf. VD 86).?

Secretariado de la Comisi?n Episcopal para la Vida Consagrada


Publicado por verdenaranja @ 23:42  | Espiritualidad
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