Viernes, 17 de junio de 2011

ZENIT? publica el discurso pronunciado por monse?or monse?or Zygmunt Zimowski, presidente del Consejo Pontificio para los Agentes Sanitarios, el 18 de mayo de 2011 durante la 64? Asamblea Mundial de la Organizaci?n Mundial del la Salud, que se ha desarrollado del 16 al 24 de mayo 2011.

Se?or Presidente,

para empezar, quisiera compartir con esta augusta asamblea, la alegr?a de los fieles cat?licos y de todas las personas de buena voluntad, por la reciente beatificaci?n del Papa Juan Pablo II que fue un incansable defensor de la vida y que manifest? un gran amor por los enfermos y los que sufren.

1. El?World Health Report 2010?destaca que la financiaci?n del sistema sanitario es el canal para llegar a la deseada cobertura universal en el proveer los servicios sanitarios. Este adem?s revela con preocupaci?n que, no obstante los progresos realizados en algunos pa?ses, en general estamos muy lejos todav?a de una cobertura sanitaria universal. Estamos en un punto muerto en el status quo, donde los ricos disfrutan de una cobertura m?s alta, que sin embargo falta a la mayor parte de las personas pobres, mientras que las que tienen acceso a menudo tienen que soportar costes muy elevados, a veces desastrosos, en el pago de las medicinas y los servicios. [1]

En su mensaje a la Conferencia Internacional del tema ?Para un cuidado de la salud igual y humana?, Benedicto XVI expres? su propia preocupaci?n por los millones de personas que no tienen acceso a los servicios sanitarios y ha exhortado a ?un compromiso mayor a todos los niveles para que el derecho a la salud sea efectivo, favoreciendo el acceso a los cuidados sanitarios primarios? [2]. Es verdad que, para garantizar una cobertura sanitaria universal, los pa?ses pueden y deben recoger fondos suficientes, reducir la dependencia del pago directo de las prestaciones sanitarias y mejorar la eficiencia y la equidad, eliminando as? las barreras de tipo econ?mico que se bloquean el acceso a los servicios, sobre todo a las personas pobres y desfavorecidas. Por otra parte, tambi?n es verdad que muy pocos pa?ses con renta baja tienen la posibilidad de generar, s?lo de los recursos nacionales, los fondos necesarios para lograr el acceso universal antes de 2015. Este triste hecho pone en evidencia la necesidad de una verdadera solidaridad global, en la que los pa?ses de renta alta no prometan solamente, sino que efectivamente cumplan sus compromisos en el tema de la asistencia al desarrollo.

Se?or Presidente, como tantas veces observ? el Beato Juan Pablo II, la exigencia de la solidaridad entre las naciones ricas y pobres, con el fin de garantizar el acceso universal a los cuidados m?dicos, no puede ser subestimada [3]. Mi delegaci?n, por tanto, intenta recordar el llamamiento del Papa Benedicto XVI a la cooperaci?n de la familia humana [4]. El Santo Padre, de hecho, afirma que ?los estados econ?micamente m?s desarrollados har?n lo posible por destinar mayores porcentajes de su producto interior bruto para ayudas al desarrollo, respetando los compromisos que se han tomado sobre este punto en el ?mbito de la comunidad internacional?[5].

Tales ayudas al desarrollo, dijo el Papa, deben ?ser concedidas implicando no s?lo a los gobiernos de los pa?ses interesados, sino tambi?n a los agentes econ?micos locales y a los agentes culturales de la sociedad civil, incluidas las Iglesias locales. Los programas de ayuda han de adaptarse cada vez m?s a la forma de los programas integrados y compartidos desde la base? [6].

2. En segundo lugar, por lo que respecta al Plan Estrat?gico de la OMS para el VIH 2001-2015, la Santa Sede aprecia la importancia centrada en la eliminaci?n de nuevas infecciones de VIH en los ni?os, ampliando y optimizando sus tratamientos y cuidados del VIH, que hasta hoy est?n retrasados respecto a los progresos realizados en el tratamiento de los adultos.

Se?or presidente, mi delegaci?n quiere destacar la importancia de la formaci?n para cambiar los comportamientos humanos y para una vida respetable como elementos clave de la campa?a de prevenci?n. En este sentido, y por lo que respecta a la prevenci?n del VIH/SIDA en los drogadictos, deseo expresar las reservas de la Santa Sede sobre la elecci?n de la reducci?n del da?o y la sustituci?n de los opi?ceos como medida preventiva que, aunque retrase nuevas infecciones, en realidad no cura o trata al enfermo, con el fin de restituirle la dignidad y favorecer su inserci?n social.

3. En tercer lugar, Se?or Presidente, mi delegaci?n aprecia la atenci?n a la prevenci?n y al control de las enfermedades que no se transmiten y de los estilos de vida, con el fin de reducir la mortalidad precoz y mejorar la calidad de vida. En este esfuerzo, aunque comprendiendo la importancia de reforzar los sistemas sanitarios con el fin de responder con tempestividad y eficacia a las necesidades de salud de las personas afectadas, la Santa Sede desea destacar la necesidad de aumentar el compromiso pol?tico y la participaci?n de las ONG y de la sociedad civil, en colaboraci?n con el sector privado, especialmente en la promoci?n de iniciativas de prevenci?n, y, sobre todo en el alentar estilos de vida sanos. Como algunos estados miembros han observado, estas enfermedades no transmisibles acaban por serlo a causa de la difusi?n del comportamiento que subyace. Esto destaca la importancia de la educaci?n a estilos de vida sanos como componentes de la educaci?n a la salud y para afrontar los determinantes sociales de la salud.

4. Finalmente, mi delegaci?n comparte plenamente las preocupaciones expresadas en la resoluci?n EB128.R15 sobre la prevenci?n de los accidentes en los menores. A la luz de estas graves preocupaciones por la salud y la seguridad de los ni?os, la Santa Sede apela a la comunidad internacional para que fomente la transmisi?n del saber en materia de medidas e instrumentos para la prevenci?n de los accidentes de los ni?os en los pa?ses de renta media-baja, donde se verifica el 95% de defunciones a causa de accidentes, y contribuya a mejorar sus servicios de asistencia urgente y de rehabilitaci?n para los accidentes no mortales en estos ambientes en los que, entre otras cosas, las largas guerras civiles aumentan dr?sticamente la incidencia de los accidentes en los ni?os y las v?ctimas terminan en centros que, a menudo no tienen los medios ni los recursos para cuidar a las v?ctimas.

Gracias Se?or Presidente. El Se?or os bendiga a todos.

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[1] Cfr. WHO,?The World Health Report 2010 - Health System Financing: the Path to Universal Coverage, Ginebra 2010.

[2] Benedicto XVI, Mensaje a los participantes en la XXV Conferencia Internacional organizada por el Consejo Pontificio para los Agentes Sanitarios, 15 Noviembre de 2010, Ciudad del Vaticano.

[3] Juan Pablo II, "Llamamiento a la humanidad en Ouagadougou", 29 de enero de 1990, nn. 4-5, en Ense?anzas de Juan Pablo II XII/1 (1990)?305, 306; en Giorgio Filibeck,?Les droits de l?Homme dans l?enseignement de l?Eglise: de Jean XXIII ? Jean-Paul II, Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 1992, p. 219.

[4] Benedetto XVI, Carta Enc?lica, Caritas in veritate, n. 53.

[5] Benedetto XVI, Carta Enc?lica, Caritas in veritate, n. 60.

[6] Benedetto XVI, Carta Enc?lica, Caritas in veritate, n. 58.


Publicado por verdenaranja @ 23:03  | Hablan los obispos
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