Viernes, 17 de junio de 2011

ZENIT??nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? el pasado s?bado 21 de mayo a los directores, docentes y estudiantes de la Universidad Cat?lica del Sagrado Coraz?n, recibi?ndolos en audiencia, en el Aula Pablo VI, con motivo del 90? aniversario de su fundaci?n.

?Se?ores cardenales,
Rector Magn?fico, ilustres docentes,
distintos representantes del personal,
queridos estudiantes!

Estoy muy contento de tener este encuentro con vosotros que form?is parte de la familia de la Universidad Cat?lica del Sagrado Coraz?n, surgida hace noventa a?os de la iniciativa del Instituto Giuseppe Toniolo de Estudios Superiores, ente fundador y garante del Ateneo, y de la feliz intuici?n del padre Agostino Gemelli. Le doy las gracias al cardenal Tettamanzi y al profesor Ornaghi, por las amables palabras que me han dirigido en nombre de todos.

Nuestro tiempo es un tiempo de grandes y r?pidas transformaciones, que se reflejan tambi?n en la vida universitaria: la cultura humanista parece afectada por un progresivo deterioro, mientras que se pone el acento en las disciplinas llamadas ?productivas?, de ?mbito tecnol?gico y econ?mico; hay una tendencia a reducir el horizonte humano al nivel de lo que es mensurable, a eliminar del saber sistem?tico y cr?tico, la cuesti?n fundamental del sentido. La cultura contempor?nea, entonces, tiende a confinar a la religi?n fuera de los espacios de la racionalidad: en la medida en la que las ciencias emp?ricas monopolizan los territorios de la raz?n, no parece haber espacio para la raz?n del creer, por lo que la dimensi?n religiosa es relegada a la esfera de lo opinable y de lo privado. En este contexto, las motivaciones y las mismas caracter?sticas de la instituci?n universitaria se ponen en cuesti?n radicalmente.

Noventa a?os despu?s de su fundaci?n, la Universidad Cat?lica del Sagrado Coraz?n se encuentra viviendo este punto de inflexi?n hist?rico, en el que es importante consolidar e incrementar las razones por las que naci?, llevando la connotaci?n eclesial que se evidencia con el adjetivo ?cat?lica?; la Iglesia, de hecho, ?experta en humanidad?, es promotora de un humanismo aut?ntico. Emerge, desde esta perspectiva, la vocaci?n original de la Universidad, nacida de la b?squeda de la verdad, de toda la verdad, de toda la verdad de nuestro ser. Y con su obediencia a la verdad y a las exigencias de su conocimiento se convierte en escuela de Humanitas en la que se cultiva un saber vital, se forjan personalidades altas y se transmiten conocimientos y competencias de valores. La perspectiva cristiana, como marco del trabajo intelectual de la Universidad, no se opone a saber cient?fico y a las conquistas del ingenio humano, sino que, por el contrario, la fe ampl?a el horizonte de nuestro pensamiento, y es el camino hacia la verdad plena, gu?a del desarrollo aut?ntico. Sin orientaci?n a la verdad, sin una actitud de b?squeda humilde y ardua, todas las culturas se deterioran, caen en el relativismo y se pierden en lo ef?mero. Apartada por el movimiento de un reduccionismo que la mortifica y la limita, puede abrirse a una interpretaci?n verdaderamente iluminada por la realidad, desarrollando as? un aut?ntico servicio a la vida.

Queridos amigos, fe y cultura est?n intr?nsecamente unidas, manifestaciones de aquel desiderium naturale videndi Deum que est? presente es todos los hombres. Cuando este matrimonio se separa, la humanidad tiende a replegarse y a encerrarse en sus propias capacidades creativas. Es necesario, entonces, que en la Universidad haya una aut?ntica pasi?n por la cuesti?n de lo absoluto, la verdad misma, y por tanto tambi?n por el saber teol?gico, que en vuestro Ateneo es parte integrante del plan de estudios. Uniendo en s? la audacia de la b?squeda y la paciencia de la maduraci?n, el horizonte teol?gico puede y debe valorar todos los recursos de la raz?n. La cuesti?n de la Verdad y de lo Absoluto ? la cuesti?n de Dios- no es una investigaci?n abstracta, divorciada de la realidad cotidiana, pero ah? est? la pregunta crucial, de la que depende radicalmente el descubrimiento del sentido del mundo y de la vida. En el Evangelio se funda una concepci?n del mundo y del hombre que no deja de liberar valores culturales, human?sticos y ?ticos. El saber de la fe, por tanto, ilumina la b?squeda del hombre, la interpreta humaniz?ndola, la integra en proyectos de bien, arranc?ndola de la tentaci?n del pensamiento calculador, que instrumentaliza el saber y hace de los descubrimientos cient?ficos, medios de poder y de esclavitud del hombre.

El horizonte que anima el trabajo universitario puede y debe ser la pasi?n aut?ntica por el hombre. S?lo en el servicio al hombre, la ciencia se desarrolla como un cultivo verdadero y custodia del universo (cfr Gn 2,15). Y servir al hombre es hacer la verdad en la caridad, es amar la vida, respetarla siempre, comenzando por las situaciones en las que es m?s fr?gil e indefensa. Este es nuestro deber, especialmente en los tiempos de crisis: la historia de la cultura muestra como la dignidad del hombre es reconocida verdaderamente en su integridad a la luz de la fe cristiana. La Universidad Cat?lica est? llamada a ser lugar en el que toma forma de excelencia, la apertura al saber, la pasi?n por la verdad, esos intereses por la historia del hombre que caracterizan la aut?ntica espiritualidad cristiana. Asumir, de hecho, una actitud cerrada o separada de la perspectiva de la fe, significa olvidar que esta ha estado a lo largo de la historia, y que es, sin embargo, fermento de cultura y luz para la inteligencia, est?mulo que desarrolla todas las potencialidades positivas por el bien aut?ntico del hombre. Como afirma el Concilio Vaticano II, la fe es capaz de donar luz a la existencia. Dice el Concilio que la fe: ?La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocaci?n del hombre. Por ello orienta la mente hacia soluciones plenamente humanas? (Gaudium et spes, 11).

La Universidad Cat?lica es donde esto debe darse con singular eficacia, ya sea bajo el perfil cient?fico o did?ctico. Este peculiar servicio a la Verdad es don de gracia y expresi?n calificadora de caridad evang?lica. La declaraci?n de la fe y el testimonio de la caridad son inseparables (cfr 1Jn 3, 23). El n?cleo profundo de la verdad de Dios, de hecho, es el amor con el que ?l se ha inclinado hacia el hombre y, en Cristo, le ha ofrecido dones infinitos de gracia. En Jes?s, descubrimos que Dios es amor y que s?lo en el amor podemos conocerlo: ?el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor? (1Jn 4, 7 y 8) dice San Juan. Y san Agust?n afirma: ?Non intratur in veritatem nisi per caritatem? (Contra Faustum, 32).

La cima del conocimiento de Dios se alcanza en el amor; este amor que sabe ir a la ra?z, que no se contenta con ocasionales expresiones filantr?picas, pero que ilumina el sentido de la vida con la Verdad de Cristo, que transforma el coraz?n del hombre y lo arranca de los ego?smos que generan miseria y muerte. El hombre necesita amor, el hombre necesita la verdad, para no perder el fr?gil tesoro de la libertad y estar expuesto a la violencia de las pasiones y condicionamientos abiertos y ocultos (cfr Juan Pablo II, Enc. Centesimus annus, 46). La fe cristiana no hace de la caridad un sentimiento vago y piadoso, sino una fuerza capaz de iluminar los senderos de la vida en todas sus expresiones. Sin esta visi?n, sin esta dimensi?n teologal original y profunda, la caridad se contenta con la ayuda ocasional y renuncia al deber prof?tico, que le es propio, de transformar la vida de la persona y las mismas estructuras de la sociedad. Este es un compromiso espec?fico que la misi?n en la Universidad os llama a realizar como protagonistas apasionados, convencidos de que la fuerza del Evangelio es capaz de renovar las relaciones humanas y penetrar el coraz?n de la realidad.

Queridos j?venes universitarios de la ?Cat?lica?, sois la demostraci?n viva de este car?cter de la fe que cambia la vida y salva al mundo, con los problemas y las esperanzas, con los interrogantes y las certezas, con las aspiraciones y los compromisos que el deseo de una vida mejor genera y la oraci?n alimenta. Queridos representantes del personal t?cnico-administrativo estad orgullosos de los deberes que os han sido consignados en el contexto de la gran familia universitaria apoyando las actividades de tipo formativo y profesional. Y a vosotros, queridos docentes, se os ha confiado un papel decisivo: mostrar como la fe cristiana es un fermento de cultura y luz para la inteligencia, est?mulo para desarrollar todas las potencialidades positivas, por el bien aut?ntico del hombre. Lo que la raz?n percibe, la fe ilumina y manifiesta. La contemplaci?n de la obra de Dios abre al saber la exigencia de la investigaci?n racional, sistem?tica y cr?tica; la b?squeda de Dios refuerza el amor por las letras y ciencias profanas: ?Fides ratione adiuvatur et ratio fide perficitur?, afirma Hugo de San Vittore (De sacramentis, I, III, 30:PL 176, 232). Desde esta perspectiva, la Capilla es el coraz?n que late y el alimento constante de la vida universitaria, al que se le une el Centro Pastoral donde los Asistentes Espirituales de las distintas sedes est?n llamados a desarrollar su preciosa misi?n sacerdotal que es imprescindible para la identidad de la Universidad Cat?lica. Como ense?a el Beato Juan Pablo II, la Capilla es ?un lugar del esp?ritu, en el que los creyentes en Cristo, que participan de diferentes modos en el estudio acad?mico, pueden detenerse para rezar y encontrar alimento y orientaci?n. Es un gimnasio de virtudes cristianas, en el que la vida recibida en el bautismo crece y se desarrolla sistem?ticamente. Es una casa acogedora y abierta para todos los que, escuchando la voz del Maestro en su interior, se convierten en buscadores de la verdad y sirven a los hombres mediante su dedicaci?n diaria a un saber que no se limita a objetivos estrechos y pragm?ticos. En el marco de una modernidad en decadencia, la capilla universitaria est? llamada a ser un centro vital para promover la renovaci?n cristiana de la cultura mediante un di?logo respetuoso y franco, unas razones claras y bien fundadas (cf. 1 Pe 3, 15), y un testimonio que cuestione y convenza?. Discurso a los Capellanes europeos, 1 de mayo de 1998). As? dijo el Papa Juan Pablo II en 1998.

Queridos amigos, espero que la Universidad Cat?lica del Sagrado Coraz?n, en armon?a con el Instituto Toniolo, prosiga con confianza renovada su camino, mostrando eficazmente que la luz del Evangelio es fuente de verdadera cultura capaz de liberar energ?as de un humanismo nuevo, integral, trascendente. Os conf?o a Mar?a Sedes Sapientiae y con afecto os imparto de coraz?n, la Bendici?n Apost?lica.

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:07  | Habla el Papa
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