S?bado, 18 de junio de 2011

ZENIT? publica el comentario al Evangelio del domingo de la Santa Tridnidad (Juan 3,16-18), 19 de junio, redactado por monse?or Jes?s Sanz Montes, ofm arzobispo de Oviedo.

Evangelio del domingo: Retrato de Familia

Lo han intentado tantos artistas con sus pinceles, sus buriles, sus plumas y sus pentagramas. Cada cual ha querido plasmar art?sticamente la belleza de Dios. Pero ?c?mo es Dios? Estamos ante una de las fiestas m?s importantes de nuestro credo cristiano, y sin embargo ante una de las m?s distantes y extra?adas.

La fiesta de este domingo, la Santa Trinidad, y las lecturas b?blicas de su misa, nos permiten reconocer algunos de los rasgos de la imagen de Dios a la cual debemos asemejarnos. En primer lugar, Dios no es solitariedad. El es comuni?n de Personas, Compa??a amable y amante. Por eso no es bueno que el hombre est? solo: no porque un hombre solo se puede aburrir sino porque no puede vivirse y desvivirse a imagen de su Creador.

L?gicamente, esta comuni?n de vida no es un simple amontonamiento, ni un juntarse para extra?os intereses, sino que la compa??a que se refleja en Dios, modelo supremo para la nuestra, est? llena de amor, para amar y para dejarse amar. Es lo que Pablo desear? a los cristianos de Corinto: que el amor de Dios y su paz est? siempre con ellos (2Cor 13,11). Por ello el segundo rasgo que brilla en la Trinidad, es precisamente el amor. Nuestro Dios ha querido ser ?vulnerable? al amor y por el amor. No es un Dios ausente, lejano, arrogante, inaccesible. Se nos ha revelado con entra?as de misericordia y rico en compasi?n (Ex 34,7).

Y el tercer rasgo de la imagen de Dios que aparece en esta fiesta, es lo que dice Jes?s en el Evangelio, cuando nos explica hasta qu? punto lleg? el amor de Dios por los hombres, por cada hombre concreto: ?tanto am? Dios al mundo que entreg? a su Hijo ?nico, para que no perezca ninguno de los que creen en ?l, sino que tengan vida eterna? (Jn 3,16). Lo que Dios quiere y desea, la raz?n por la que nos ha amado hasta la entrega doliente de su Hijo bienamado, el ?nico, es para que nosotros podamos vivir, para siempre, sin perecer en ninguna forma de fracaso fatalista. Este tercer rasgo de Dios es el de la esperanza que se traduce en felicidad eterna.

Nuestra fe en el Dios en quien creemos no es la adhesi?n a una rara divinidad, tan extra?a como lejana, sino que creyendo en ?l creemos tambi?n en nosotros, porque nosotros ?as? lo ha querido ?l? somos la difusi?n de su amor creador. Amarle a ?l es amarnos a nosotros. Buscar apasionadamente hacer su voluntad, es estar realizando, apasionadamente tambi?n, nuestra felicidad. Desde que Jes?s vino a nosotros y volvi? al Padre, Dios est? en nosotros y nosotros en Dios... como nunca y para siempre.

Mirar la Trinidad y mirarnos en Ella, como un gran retrato de familia, la familia de los hijos de Dios, haciendo un mundo y una historia que tengan el calor y el sabor de ese Hogar en el que eternamente habitaremos: en compa??a llena de armon?a y de concordia, en esperanza nunca violada ni traicionada, en amor grande y dilatado como el Coraz?n de Dios.


Publicado por verdenaranja @ 15:36  | Espiritualidad
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