S?bado, 18 de junio de 2011

ZENIT? nos ofrece la catequesis que el Papa pronunci?el mi?rcoles 25 de Mayo de 2011?durante la audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro con peregrinos procedentes de todo el mundo.

Queridos hermanos y hermanas,

hoy quisiera detenerme con vosotros en un texto del Libro del G?nesis que narra un episodio un poco especial de la historia del Patriarca Jacob. Es un fragmento de dif?cil interpretaci?n, pero importante en nuestra vida de fe y de oraci?n; se trata del relato de la lucha con Dios en el vado de Yaboq, del que hemos escuchado un trozo.

Como recordar?is, Jacob le hab?a quitado a su gemelo Esa? la primogenitura, a cambio de un plato de lentejas y despu?s recibi? con enga?os la bendici?n de su padre Isaac, que en ese momento era muy anciano, aprovech?ndose de su ceguera. Huido de la ira de Esa?, se refugi? en casa de un pariente, Lab?n; se hab?a casado, se hab?a enriquecido y volv?a a su tierra natal, dispuesto a enfrentar a su hermano, despu?s de haber tomado algunas prudentes medidas. Pero cuando todo est? preparado para este encuentro, despu?s de haber hecho que los que estaban con ?l, atravesasen el vado del torrente que delimitaba el territorio de Esa?, Jacob se queda solo, y es agredido por un desconocido con el que lucha toda la noche. Esta lucha cuerpo a cuerpo -que encontramos en el cap?tulo 32 del Libro del G?nesis- se convierte para ?l en una singular experiencia de Dios.

La noche es es momento favorable para actuar a escondidas, el tiempo oportuno, por tanto, para Jacob, de entrar en el territorio del hermano sin ser visto y quiz?s con la ilusi?n de tomar por sorpresa a Esa?. Sin embargo es ?l el sorprendido por un ataque imprevisto, para el que no estaba preparado. Hab?a usado su astucia para intentar evitarse una situaci?n peligrosa, pensaba tener todo bajo control, y sin embargo, se encuentra ahora teniendo que afrontar una lucha misteriosa que lo sorprende en soledad y sin darle la oportunidad de organizar una defensa adecuada. Indefenso, en la noche, el Patriarca Jacob lucha contra alguien. El texto no especifica la identidad del agresor; usa un t?rmino hebreo que indica ?un hombre? de manera gen?rica, ?uno, alguien?; se trata de una definici?n vaga, indeterminada, que quiere mantener al asaltante en el misterio. Est? oscuro, Jacob no consigue distinguir a su contrincante, y tambi?n para nosotros, permanece en el misterio; alguien se enfrenta al Patriarca, y este es el ?nico dato seguro que nos da el narrador. S?lo al final, cuando la lucha ya ha terminado y ese ?alguien? ha desaparecido, s?lo entonces Jacob lo nombrar? y podr? decir que ha luchado contra Dios.

El episodio se desarrolla en la oscuridad y es dif?cil percibir no s?lo la identidad del asaltante de Jacob, sino tambi?n como se ha desarrollado la lucha. Leyendo el texto, resulta dif?cil establecer quien de los dos contrincantes lleva las de ganar; los verbos se usan a menudo sin sujeto expl?cito, y las acciones suceden casi de forma contradictoria, as? que cuando parece que uno de los dos va a prevalecer, la acci?n sucesiva desmiente enseguida esto y presenta al otro como vencedor. Al inicio, de hecho, Jacob parece ser el m?s fuerte, y el adversario ? dice el texto ? ?no consegu?a vencerlo? (v.26); y finalmente golpea a Jacob en el f?mur, provoc?ndole una dislocaci?n. Se podr?a pensar que Jacob sucumbe, sin embargo, es el otro el que le pide que le deje ir; pero el Patriarca se niega, imponiendo una condici?n: ?No te soltar? si antes no me bendices? (v.27). El que con enga?os le hab?a quitado a su hermano la bendici?n del primog?nito, ahora la pretende de un desconocido, de quien quiz?s empieza a percibir las connotaciones divinas, sin poderlo reconocer verdaderamente.

El rival, que parece estar retenido y por tanto vencido por Jacob, en lugar de ceder a la petici?n del Patriarca, le pregunta su nombre: ??C?mo te llamas??. El patriarca le responde: ?Jacob? (v.28). Aqu? la lucha da un giro importante. Conocer el nombre de alguien, implica una especie de poder sobre la persona, porque el nombre, en la mentalidad b?blica, contiene la realidad m?s profunda del individuo, desvela el secreto y el destino. Conocer el nombre de alguien quiere decir conocer la verdad sobre el otro y esto permite poderlo dominar. Cuando, por tanto, por petici?n del desconocido, Jacob revela su nombre, se est? poniendo en las manos de su adversario, es una forma de entrega, de consigna total de s? mismo al otro.

Pero en este gesto de rendici?n, tambi?n Jacob resulta vencedor, parad?jicamente, porque recibe un nombre nuevo, junto al reconocimiento de victoria por parte de su adversario, que le dice: ?En adelante no te llamar?s Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido? (v.29). ?Jacob? era un nombre que recordaba el origen problem?tico del Patriarca; en hebreo, de hecho, recuerda al t?rmino ?tal?n?, y manda al lector al momento del nacimiento de Jacob, cuando saliendo del seno materno, agarraba el tal?n de su hermano gemelo (Gn 25, 26), casi presagiando el da?o que realiza a su hermano en la edad adulta, pero el nombre de Jacob recuerda tambi?n al verbo ?enga?ar, suplantar?. Y ahora, en la lucha, el Patriarca revela a su oponente, en un gesto de rendici?n y donaci?n, su propia realidad de quien enga?a, quien suplanta; pero el otro, que es Dios, transforma esta realidad negativa en positiva: Jacob el defraudador se convierte en Israel, se le da un nombre nuevo que le marca una nueva identidad. Pero tambi?n aqu?, el relato mantiene su duplicidad, porque el significado m?s probable de Israel es ?Dios fuerte, Dios vence?.

Por tanto, Jacob ha prevalecido, ha vencido ? es el mismo adversario quien los afirma ? pero su nueva identidad, recibida del mismo contrincante, afirma y testimonia la victoria de Dios. Y cuando Jacob pide a su vez el nombre de su oponente, este no quiere dec?rselo, pero se le revela en un gesto inequ?voco, d?ndole su bendici?n. Esta bendici?n que el Patriarca le hab?a pedido al principio de la lucha se le concede ahora. Y no es una bendici?n obtenida mediante enga?o, sino que es gratuitamente concedida por Dios, que Jacob puede recibir porque est? solo, sin protecci?n, sin astucias ni enga?os, se entrega indefenso, acepta la rendici?n y confiesa la verdad sobre s? mismo. Por esto, al final de la lucha, recibida la bendici?n, el Patriarca puede finalmente reconocer al otro, al Dios de la bendici?n: ?He visto a Dios cara a cara, y he salido con vida? (v.31), ahora puede atravesar el vado, llevando un nombre nuevo pero ?vencido? por Dios y marcado para siempre, cojeando por la herida recibida.

Las explicaciones que la ex?gesis b?blica da con respecto a este fragmento son muchas; en particular los estudiosos reconocen aqu? intentos y componentes literario de varios tipos, como tambi?n referencias a alg?n cuento popular. Pero cuando estos elementos son asumidos por los autores sagrados y englobados en el relato b?blico, cambian de significado y el texto se abre a dimensiones m?s amplias. El episodio de la lucha en el Yaboq se muestra al creyente como texto paradigm?tico en el que el pueblo de Israel habla de su propio origen y delinea los trazos de una relaci?n especial entre Dios y el hombre. Por esto, como se afirma tambi?n en el Catecismo de la Iglesia Cat?lica, ?la tradici?n espiritual de la Iglesia ha visto en este relato el s?mbolo de la oraci?n como combate de la fe y la victoria de la perseverancia? (n? 2573). El texto b?blico nos habla de la larga noche de la b?squeda de Dios, de la lucha para conocer el nombre y ver su rostro; es la noche de la oraci?n que con tenacidad y perseverancia pide a Dios la bendici?n y un nombre nuevo, una nueva realidad fruto de conversi?n y de perd?n.

La noche de Jacob en el vado de Yaboq se convierte as?, para el creyente, en un punto de referencia para entender la relaci?n con Dios que en la oraci?n encuentra su m?xima expresi?n. La oraci?n exige confianza, cercan?a, casi un cuerpo a cuerpo simb?lico no con un Dios adversario y enemigo, sino con un Se?or que bendice y que permanece siempre misterioso, que aparece inalcanzable.

Por esto el autor sacro utiliza el s?mbolo de la lucha, que implica fuerza de ?nimo, perseverancia, tenacidad en el alcanzar lo que se desea. Y si el objeto del deseo es la relaci?n con Dios, su bendici?n y su amor, entonces la lucha s?lo puede culminar en el don de s? mismo a Dios, en el reconocimiento de la propia debilidad, que vence cuando consigue abandonarse en las manos misericordiosas de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, toda nuestra vida es como esta larga noche de lucha y de oraci?n, de consumar en el deseo y en la petici?n de una bendici?n a Dios que no puede ser arrancada o conseguida s?lo con nuestras fuerzas, sino que debe ser recibida con humildad de ?l, como don gratuito que permite, finalmente, reconocer el rostro de Dios. Y cuando esto sucede, toda nuestra realidad cambia, recibimos un nombre nuevo y la bendici?n de Dios. Pero a?n m?s: Jacob que recibe un nombre nuevo, se convierte en Israel, tambi?n da al lugar un nombre nuevo, donde ha luchado con Dios, le ha rezado, lo renombra Penuel, que significa ?Rostro de Dios?. Con este nombre reconoce que el lugar est? lleno de la presencia del Se?or, santifica esa tierra d?ndole la impronta de aquel misterioso encuentro con Dios. Aquel que se deja bendecir por Dios, se abandona a ?l, se deja transformar por ?l, hace bendito el mundo. Que el Se?or nos ayude a combatir la buena batalla de la fe (cfr 1Tm 6,12; 2Tm 4,7) y a pedir, en nuestra oraci?n, su bendici?n, para que nos renueve en la espera de ver su Rostro. ?Gracias!

[En espa?ol dijo]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa?ola, en particular al grupo del Movimiento Scout cat?lico, acompa?ado por el Se?or Obispo de Solsona, as? como a los dem?s grupos provenientes de Espa?a, M?xico, Guatemala, Ecuador, Venezuela, Colombia, Argentina y otros pa?ses latinoamericanos. Que el Se?or nos ayude a combatir el buen combate de la fe. Muchas gracias.

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Habla el Papa
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