S?bado, 18 de junio de 2011

Homil?a de monse?or Juan Carlos Roman?n, obispo de R?o Gallegos, en el tedeum del 25 de mayo de 2011. (AICA)

TEDEUM DEL 25 DE MAYO

?Queridos hermanos y hermanas:

Hemos venido a la casa de Dios para elevar nuestras plegarias por nuestra Patria en esta fecha tan significativa. Nuestros deseos de prosperidad, de justicia y de paz, nos unen en la confiada oraci?n que tanto necesitamos.

Invocamos a Jes?s, que significa ?salvador?. Sabemos que El no nos salva s?lo en la eternidad que esperamos, sino tambi?n proponi?ndonos una mejor calidad de vida en esta tierra, siempre y cuando sigamos sus ense?anzas y seamos realmente sus disc?pulos y testigos.

Como Iglesia que peregrina en la Patagonia austral, festejamos los 50 a?os de la creaci?n de nuestra Di?cesis. Iniciamos, as?, un A?o Jubilar que nos invita a reconocer, ?celebrar y anunciar que Dios ha visitado a su pueblo?.

El Papa Benedicto XVI nos ha nombrado un Obispo Auxiliar, a Mons. Miguel ?ngel D?Annibale, y este regalo lo recibimos como una gracia y bendici?n, como el primer gran regalo del Jubileo.

Purificar nuestra memoria y tener memoria agradecida son los ejes por los que descubrimos el paso del Se?or de la Historia por nuestras vidas y por la vida de tantos que forman esta gran familia diocesana.

En cada Te Deum, recordamos lo sucedido a lo largo de este ?ltimo tiempo y tratamos de aprender de la historia pasada, transformando todo en oraci?n a Dios.

Les propongo reflexionar sobre dos ejes que brotan de la fe y nos hablan al coraz?n. Al coraz?n de cada uno y al coraz?n de la sociedad que por estos d?as tiene un latido m?s acelerado: la justicia y la paz.

Hace poco tuve la gracia de tener en mis manos los borradores de un libro que, si Dios quiere, se imprimir? como ?memoria agradecida? del Jubileo, en el que se recopilan varios escritos, cartas y homil?as, de Mons. Miguel ?ngel Alem?n. Es su valiente palabra y testimonio en un per?odo nada f?cil como lo fue el tiempo en que estaba por estallar una guerra fraticida entre Argentina y Chile.

Tanto ?l como Mons. Tom?s Gonz?lez Morales, por aquel entonces Obispo de Punta Arenas, supieron ser artesanos de paz en un momento delicado y dif?cil de nuestra historia.

El lema episcopal de Mons. Miguel ?ngel Alem?n era ?Justicia y Paz?. Ante el cual ?l enseguida sol?a aclarar: ?primero justicia, porque si no, no hay paz!?

Es por eso que eleg? estos dos ejes para rezarlo con ustedes y pedir estos dones a la misericordia de Dios para cada uno de nosotros.

En primer lugar, JUSTICIA. Ella tiene sus ra?ces en la Biblia, donde se describe a Dios como un ?Dios de justicia? (Is 30,18), que ama la justicia (sal 11,7), y a quien le gusta la justicia (Jer 9,23). Dios exige la justicia de parte del pueblo (Deum 16,20) y ejecuta la justicia para los m?s pobres y desvalidos (Sal 140, 13).

En la Biblia se mide la justicia de una comunidad de acuerdo con su manera de tratar a los que no tienen poder en la sociedad, personas descritas a menudo como la viuda, el hu?rfano, el pobre y el extranjero. La Biblia no opone la justicia al amor. M?s bien la justicia es una manifestaci?n del amor y una condici?n para que el amor crezca.

Este concepto b?blico de la justicia nos hace ver que una sociedad justa es la que se caracteriza por una plenitud de amor, compasi?n, santidad y paz. La justicia establece las normas que afirman los niveles m?nimos de preocupaci?n y respeto mutuo que todas las personas se deben unas a otras.

La justicia exige que se juzgue la distribuci?n de los ingresos, las riquezas y el poder en la sociedad, seg?n su impacto sobre las personas cuyas necesidades b?sicas quedan sin satisfacer.

Esta justicia social mira el justo salario, la socializaci?n, el derecho de propiedad reconocido tambi?n para el pobre, la humanizaci?n de los lugares de trabajo, la participaci?n activa en la empresa, la posibilidad de tener voz en el plano pol?tico y econ?mico, la pronta resoluci?n de los hechos que nos han lastimado o herido como sociedad, la garant?a de una seguridad tan reclamada y necesaria. (Iglesia y Comunidad Nacional, 144)

Como Iglesia cuestionamos los sistemas econ?micos que provocan el empobrecimiento de gran n?mero de personas. En este sentido, todos debemos examinar nuestro modo de vivir a la luz de las necesidades de los pobres. ?La caridad nunca ser? verdadera caridad si no tiene siempre en cuenta la justicia.? (P?o XI, DR 49)

Por eso, ?los que gobiernan, los que legislan, los que poseen las fuentes de riqueza y de trabajo, todos ellos no pueden caminar hacia el bien com?n al margen de la justicia social.? (Iglesia y Comunidad Nacional, 144)

En segundo lugar, la PAZ. La paz siempre es posible. Es un don de Dios. Siempre debemos cooperar para erradicar de la cultura y de la vida las semillas de amargura e incomprensi?n, resentimientos y agresiones, la voluntad de prevalecer sobre el otro, la arrogancia del inter?s particular y el desprecio de la identidad ajena. Estos sentimientos, lamentablemente ya muy presentes en nuestros d?as, est?n en la base de un futuro de violencia y de intolerancias.

La diversidad de pensamiento no debe dividirnos sino enriquecernos. Estas simples verdades son las que hacen posible la paz social y son f?cilmente comprensibles cuando se escucha al propio coraz?n con pureza de intenci?n. Entonces la paz se presenta de un modo nuevo: no como simple ausencia de violencia, sino como sana convivencia de todos los ciudadanos en una sociedad gobernada por la justicia, en la cual se realiza en lo posible, adem?s, el bien para cada uno de ellos.

Por eso cada uno ha de sentirse comprometido en el servicio de un bien tan precioso, procurando que ning?n tipo de falsedad contamine nuestras relaciones interpersonales. Todos pertenecemos a una ?nica y misma familia.

La verdad de la paz llama a todos a cultivar relaciones fraternas y sinceras, estimula a buscar y recorrer el camino del perd?n y la reconciliaci?n, a ser transparentes y fieles a la palabra dada. (Benedicto XVI, 2006)

Como ver?n, la justicia camina con la paz y ambas est?n en relaci?n constante y din?mica entre s?. La justicia y la paz tienden al bien de cada uno y de todos, por eso exigen orden y verdad.

Termino invitando a todos a vivir en la esperanza de saber que Dios nos ama y que juntos podemos construir algo nuevo y distinto todos los d?as.

Tener esperanza es descubrir el paso de Dios en los tiempos dif?ciles. Tener esperanza es asumir con serenidad, fortaleza y convicci?n la misi?n de construir el Reino de Dios en la ciudad de los hombres. Tener esperanza supone encontrar la permanente presencia de Jes?s en medio nuestro: ?Yo estar? con ustedes todos los d?as hasta el final del mundo?. (Mt 28,20). Tener esperanza es sentir la seguridad de la acci?n del Esp?ritu Santo que va haciendo nuevas todas las cosas, transformando los corazones, renovando las estructuras.

Que la Sant?sima Virgen Mar?a, Se?ora de la Patagonia y Auxiliadora de los cristianos, a quien honramos de una manera especial en este A?o Jubilar, nos acompa?e en nuestro caminar y nos ense?e a ?celebrar y anunciar que el Se?or ha visitado a su pueblo.?

Que la Sant?sima Virgen Mar?a, Se?ora de la Patagonia y Auxiliadora de los cristianos, a quien honramos de una manera especial en este A?o Jubilar, nos acompa?e en nuestro caminar y nos ense?e a ?celebrar y anunciar que el Se?or ha visitado a su pueblo.?

Que Mar?a nos regale su entra?able capacidad para comprender el tiempo que nos toca vivir y su capacidad de vincularse con las profundas necesidades de su pueblo.

Que Mar?a nos regale su mirada comprensiva para ver a los m?s pobres de nuestras localidades y tambi?n su escucha atenta para reconocer sus gritos en medio de tanto silencio.

Que Mar?a nos regale un coraz?n en el que nadie quede afuera, un coraz?n en el que toda injusticia nos indigne, en donde el perd?n sea una decisi?n y la verdad un compromiso.

Que Mar?a nos regale la pasi?n por la construcci?n del reino de Dios: Reino de Amor, de Justicia y de Paz.

Que as? sea.?

Mons. Juan Carlos Roman?n, obispo de R?o Gallegos?


Publicado por verdenaranja @ 23:02  | Homil?as
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