Domingo, 19 de junio de 2011

ZENIT? nos ofrece las palabras que el Papa pronunci?el jueves 26?de Myo de 2011?durante el encuentro, en la Bas?lica de Santa Mar?a la Mayor, el rezo del rosario con los obispos de la Conferencia Episcopal Italiana, con motivo del 150 aniversario de la unidad de Italia.

Venerados y queridos Hermanos,

hab?is venido a esta espl?ndida Bas?lica ? lugar en el que espiritualidad y arte se funden en una uni?n secular ? para compartir un intenso momento de oraci?n, con el que confiar a la protecci?n materna de Mar?a, Mater unitatis, a todo el pueblo italiano, ciento cincuenta a?os despu?s de la unidad pol?tica del pa?s. Es significativo que esta iniciativa haya sido preparada por an?logos encuentros en las di?cesis: tambi?n de esta forma expres?is la solicitud de la Iglesia al hacerse cercana al destino de esta amada naci?n. A nuestra vez, nos sentimos en comuni?n con cada comunidad, incluso la m?s peque?a, en la que permanece viva la tradici?n que dedica el mes de mayo a la devoci?n mariana. ?sta encuentra expresi?n en muchos signos: santuarios, capillas, obras de arte y, sobre todo, en la oraci?n del Santo Rosario, con el que el Pueblo de Dios da gracias por el bien que incesantemente recibe del Se?or, a trav?s de la intercesi?n de Mar?a Sant?sima, y le suplica por sus m?ltiples necesidades. La oraci?n ? que tiene su cumbre en la liturgia, cuya forma est? custodiada por la tradici?n viva de la Iglesia ? es siempre un dejar espacio a Dios: su acci?n nos hace part?cipes de la historia de la salvaci?n. Esta tarde, en particular, en la escuela de Mar?a hemos sido invitados a compartir los pasos de Jes?s: a descender con ?l al r?o Jord?n, para que el Esp?ritu confirme en nosotros la gracia del Bautismo; a sentarnos en el banquete de Can?, para recibir de ?l el ?vino bueno? de la fiesta; a entrar en la sinagoga de Nazaret, como pobres a los cuales se dirige el alegre mensaje del Reino de Dios; tambi?n, a subir al Monte Tabor, para recibir la cruz a la luz pascual; y finalmente, a participar en el Cen?culo en el nuevo y eterno sacrificio, que, anticipando los cielos nuevos y la tierra nueva, regenera toda la creaci?n.

Esta Bas?lica es la primera en Occidente dedicada a la Virgen Madre de Dios. Al entrar en ella, mi pensamiento volvi? al primer d?a del a?o 2000, cuando el Beato Juan Pablo II abri? su Puerta Santa, confiando el A?o jubilar a Mar?a, para que velase sobre el camino de cuantos se reconoc?an peregrinos de gracia y de misericordia. Nosotros mismos hoy no dudamos en sentirnos tales, deseosos de atravesar el umbral de esa ?Puerta? Sant?sima que es Cristo y queremos pedir a la Virgen Mar?a que sostenga nuestro camino e interceda por nosotros. El cuanto Hijo de Dios, Cristo es forma del hombre: es su verdad m?s profunda, la linfa que fecunda una historia de otro modo irremediablemente comprometida. La oraci?n nos ayuda a reconocer en ?l el centro de nuestra vida, a permanecer en su presencia, a conformar nuestra voluntad a la suya, a hacer ?lo que ?l nos diga" (Jn 2,5), seguros de su fidelidad. Esta es la tarea esencial de la Iglesia, coronada por ?l como m?stica esposa, como la contemplamos en el esplendor del ?bside. Mar?a constituye su modelo: es la que nos presenta el espejo, en el que somos invitados a reconocer nuestra identidad. Su vida es un llamamiento a reconducir lo que somos a la escucha y a la acogida de la Palabra, llegando en la fe a proclamar la grandeza del Se?or, ante la cual nuestra ?nica posible grandeza es la que se expresa en la obediencia filial: ?Sea en m? seg?n tu palabra? (Lc 1,38). Mar?a se fi?: ella es la ?bendita? (cfr Lc 1, 42), que lo es por haber cre?do (cfr Lc 1,45), hasta ser de tal forma revestida de Cristo que entra en el ?s?ptimo d?a?, part?cipe del descanso de Dios. Las disposiciones de su coraz?n ? la escucha, la acogida, la humildad, la fidelidad, la alabanza y la espera ? corresponden a las actitudes interiores y a los gestos que plasman la vida cristiana. De ellos se nutre la Iglesia, consciente de que expresan lo que Dios espera de ella.

Sobre el bronce de la Puerta Santa de esta Bas?lica est? grabada la representaci?n del Concilio de ?feso. El edificio mismo, que se remonta en su n?cleo original al siglo V, est? ligado a esa cumbre ecum?nica, celebrada en el a?o 431. En ?feso la Iglesia unida defendi? y confirm? para Mar?a el t?tulo de Theot?kos, Madre de Dios: t?tulo de contenido cristol?gico, que remite al misterio de la encarnaci?n y que expresa en el Hijo la unidad de la naturaleza humana con la divina. Por lo dem?s, es la persona y la vivencia de Jes?s de Nazaret la que ilumina el Antiguo Testamento y el rostro mismo de Mar?a. En ella se capta claramente el designio unitario que entrelaza a los dos Testamentos. En su vida personal est? la s?ntesis de la historia de todo un pueblo, que pone a la Iglesia en continuidad con el antiguo Israel. Dentro de esta perspectiva reciben sentido las historias individuales, a partir de las de las grandes mujeres de la Antigua Alianza, en cuya vida se representa un pueblo humillado, derrotado y deportado. Son tambi?n las mismas que sin embargo personifican la esperanza; son el "resto santo", signo de que el proyecto de Dios no se queda en una idea abstracta, sino que encuentra correspondencia en una respuesta pura, en una libertad que se entrega sin reservarse nada, en un s? que es acogida plena y don perfecto. Mar?a es la expresi?n m?s alta de ello. Sobre ella, virgen, desciende el poder creador del Esp?ritu Santo, el mismo que ?en el principio" aleteaba sobre el abismo informe (cfr Gen 1,1) y gracias al cual Dios llamo al ser de la nada; el Esp?ritu que fecunda y plasma la creaci?n. Abri?ndose a su acci?n, Mar?a engendra al Hijo, presencia del Dios que viene a habitar la historia y la abre a un inicio nuevo y definitivo, que es posibilidad para cada hombre de renacer de lo alto, de vivir en la voluntad de Dios y por tanto de realizarse plenamente.

?La fe, de hecho, no es alienaci?n: son otras las experiencias que contaminan la dignidad del hombre y la calidad de la convivencia social! En cada ?poca hist?rica el encuentro con la palabra siempre nueva del Evangelio fue manantial de civilizaci?n, construy? puentes entre los pueblos y enriqueci? el tejido de nuestras ciudades, expres?ndose en la cultura, en las artes y, no en ?ltimo lugar, en las mil formas de la caridad. Con raz?n Italia, celebrando los ciento cincuenta a?os de su unidad pol?tica, puede estar orgullosa de la presencia y de la acci?n de la Iglesia. ?sta no persigue privilegios ni pretende sustituir las responsabilidades de las instituciones pol?ticas; respetuosa de la leg?tima laicidad del Estado, est? atenta en apoyar los derechos fundamentales del hombre. Entre estos est?n ante todo las instancias ?ticas y por tanto la apertura a la trascendencia, que constituyen los valores previos a cualquier jurisdicci?n estatal, en cuanto que est?n inscritos en la naturaleza misma de la persona humana. En esta perspectiva, la Iglesia ? fuerte por una reflexi?n colegial y por la experiencia directa sobre el terreno ? sigue ofreciendo su propia contribuci?n a la construcci?n del bien com?n, recordando a cada uno su deber de promover y tutelar la vida humana en todas sus fases y de sostener con los hechos la familia; esta sigue siendo, de hecho, la primera realidad en la que pueden crecer personas libres y responsabless, formadas en esos valores profundos que abren a la fraternidad y que permiten afrontar tambi?n las adversidades de la vida. No en ?ltimo lugar, existe hoy dificultad en acceder a un empleo pleno y digno: me uno, por ello, a cuantos piden a la pol?tica y al mundo empresarial realizar todos los esfuerzos para superar la difundida precariedad laboral, que en los j?venes compromete la serenidad de un proyecto de vida familiar, con grave da?o para un desarrollo aut?ntico y armonioso de la sociedad.

Queridos hermanos, el aniversario del acontecimiento fundacional del Estado unitario os ha encontrado puntuales al recordar los fragmentos de una memoria compartida, y sensibles en se?alar los elementos de una perspectiva futura. No dud?is en estimular a los fieles laicos a vencer todo esp?ritu de cerraz?n, distracci?n e indiferencia, y a participar en primera persona en la vida p?blica. Animad las iniciativas de formaci?n inspiradas en la doctrina social de la Iglesia, para que quien est? llamado a responsabilidades pol?ticas y administrativas no sea v?ctima de la tentaci?n de explotar su posici?n por intereses personales o por sed de poder. Apoyar la vasta red de agregaciones y de asociaciones que promueven obras de car?cter cultural, social y caritativo. Renovad las ocasiones de encuentro, en el signo de la reciprocidad, entre el Norte y el Sur. Ayudad al Norte a recuperar las motivaciones originarias de ese vasto movimiento cooperativista de inspiraci?n cristiana que fue animador de una cultura de la solidaridad y del desarrollo econ?mico. Igualmente, invitad al Sur a poner en circulaci?n, en beneficio de todos, los recursos y las cualidades de que dispone y esos rasgos de acogida y hospitalidad que le caracterizan. Seguid cultivando un esp?ritu de colaboraci?n sincera y leal con el Estado, sabiendo que esta relaci?n es beneficiosa tanto para la Iglesia como para todo el pa?s. Que vuestra palabra y vuestra acci?n sean de ?nimo y de empuje para cuantos son llamados a gestionar la complejidad que caracteriza el tiempo presente. En una ?poca en la que surge cada vez con m?s fuerza la petici?n de s?lidas referencias espirituales, sabed plantear a todos lo que es peculiar de la experiencia cristiana: la victoria de Dios sobre el mal y sobre la muerte, como horizonte que arroja una luz de esperanza sobre el presente. Asumiendo la educaci?n como hilo conductor del compromiso pastoral de esta d?cada, hab?is querido expresar la certeza de que la existencia cristiana ? la vida buena del Evangelio ? es precisamente la demostraci?n de una vida realizada. Sobre este camino asegur?is un servicio no solo religioso o eclesial, sino tambi?n social, contribuyendo a construir la ciudad del hombre. ?Por tanto, ?nimo! A pesar de todas las dificultades, ?nada es imposible para Dios" (Lc 1, 37), para Aquel que sigue haciendo "grandes cosas" (Lc 1,49) a trav?s de cuantos, como Mar?a, saben entregarse a ?l con disponibilidad incondicional.

Bajo la protecci?n de la Mater unitatis ponemos a todo el pueblo italiano, para que el Se?or le conceda los dones inestimables de la paz y de la fraternidad y, por tanto, del desarrollo solidario. Que ayude a las fuerzas pol?ticas a vivir tambi?n el aniversario de la Unidad como ocasi?n para reforzar el v?nculo nacional y superar toca contraposici?n perjudicial: que las sensibilidades, experiencias y perspectivas diversas y leg?timas puedan recomponerse en un cuadro m?s amplio para buscar juntos lo que verdaderamente contribuye al bien del pa?s. Que el ejemplo de Mar?a abra el camino a una sociedad m?s justa, madura y responsable, capaz de redescubrir los valores profundos del coraz?n humano. Que la Madre de Dios aliente a los j?venes, sostenga a las familias, conforte a los enfermos, implore sobre cada uno una renovada efusi?n del Esp?ritu, ayud?ndonos a reconocer y a seguir tambi?n en este tiempo al Se?or, que es el verdadero bien de la vida, porque es la vida misma.

De coraz?n os bendigo a vosotros y a vuestras comunidades.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 17:12  | Habla el Papa
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