Domingo, 19 de junio de 2011

Referencias en Verbum Domini a la Lectio divina, publicadas en folleto de la Comisi?n Episcopal de Vida Consagrada de la CEE? para la celebraci?n de la Jornada Pro Orantibus 2011, recibido en la parroquia.

Referencias en Verbum Domini?

?Por lo que se refiere a la vida consagrada, el S?nodo ha recordado ante todo que ?nace de la escucha de la Palabra de Dios y acoge el Evangelio como su norma de vida?. En este sentido, el vivir siguiendo a Cristo casto, pobre y obediente, se convierte ?en ?ex?gesis? viva de la Palabra de Dios?. El Esp?ritu Santo, en virtud del cual se ha escrito la Biblia, es el mismo que ?ha iluminado con luz nueva la Palabra de Dios a los fundadores y fundadoras. De ella ha brotado cada carisma y de ella quiere ser expresi?n cada regla?, dando origen a itinerarios de vida cristiana marcados por la radicalidad evang?lica.

Quisiera recordar que la gran tradici?n mon?stica ha tenido siempre como elemento constitutivo de su propia espiritualidad la meditaci?n de la Sagrada Escritura, particularmente en la modalidad de la lectio divina. Tambi?n hoy, las formas antiguas y nuevas de especial consagraci?n est?n llamadas a ser verdaderas escuelas de vida espiritual, en las que se leen las Escrituras seg?n el Esp?ritu Santo en la Iglesia, de manera que todo el Pueblo de Dios pueda beneficiarse. El S?nodo, por tanto, recomienda que nunca falte en las comunidades de vida consagrada una formaci?n s?lida para la lectura creyente de la Biblia.

Deseo hacerme eco una vez m?s de la gratitud y el inter?s que el? S?nodo ha manifestado por las formas de vida contemplativa, que por su carisma espec?fico dedican mucho tiempo de la jornada a imitar a la Madre de Dios, que meditaba asiduamente las palabras y los hechos de su Hijo (cf. Lc 2,19.51), as? como a Mar?a de Betania que, a los pies del Se?or, escuchaba su palabra (cf. Lc 10,38). Pienso particularmente en las monjas y los monjes de clausura, que con su separaci?n del mundo se encuentran m?s ?ntimamente unidos a Cristo, coraz?n del mundo. La Iglesia tiene necesidad m?s que nunca del testimonio de quien se compromete a ?no anteponer nada al amor de Cristo?. El mundo de hoy est? con frecuencia demasiado preocupado por las actividades exteriores, en las que corre el riesgo de perderse. Los contemplativos y las contemplativas, con su vida de oraci?n, escucha y meditaci?n de la Palabra de Dios, nos recuerdan que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (cf. ?Mt 4,4). Por tanto, todos los fieles han de tener muy presente que una forma de vida como esta ?indica al mundo de hoy lo m?s importante, m?s a?n, en definitiva, lo ?nico decisivo: existe una raz?n ?ltima por la que vale la pena vivir, es decir, Dios y su amor inescrutable?.?

(Verbum Domini, 83)?

?El S?nodo ha vuelto a insistir m?s de una vez en la exigencia de un acercamiento orante al texto sagrado como factor fundamental de la vida espiritual de todo creyente, en los diferentes ministerios y estados de vida, con particular referencia a la lectio divina. En efecto, la Palabra de Dios est? en la base de toda espiritualidad aut?nticamente cristiana. Con ello, los Padres sinodales han seguido la l?nea de lo que afirma la Constituci?n dogm?tica Dei Verbum: ?Todos los fieles... acudan de buena gana al texto mismo: en la liturgia, tan llena del lenguaje de Dios; en la lectura espiritual, o bien en otras instituciones u otros medios, que para dicho fin se organizan hoy por todas partes con aprobaci?n o por iniciativa de los Pastores de la Iglesia.

Recuerden que a la lectura de la Sagrada Escritura debe acompa?ar la oraci?n?. La reflexi?n conciliar pretend?a retomar la gran tradici?n, patr?stica, que ha recomendado siempre acercarse a la Escritura en el di?logo con Dios. Como dice san Agust?n: ?Tu oraci?n es un coloquio con Dios. Cuando lees, Dios te habla; cuando oras, hablas t? a Dios?.

Or?genes, uno de los maestros en este modo de leer la Biblia, sostiene que entender las Escrituras requiere, m?s incluso que el estudio, la intimidad con Cristo y la oraci?n. En efecto, est? convencido de que la v?a privilegiada para conocer a Dios es el amor, y que no se da una aut?ntica scientia Christi sin enamorarse de ?l. En la Carta a Gregorio, el gran te?logo alejandrino recomienda: ?Ded?cate a la lectio de las divinas Escrituras; apl?cate a esto con perseverancia. Esfu?rzate en la ?lectio con la intenci?n de creer y de agradar a Dios. Si durante la lectio te encuentras ante una puerta cerrada, llama y te abrir? el guardi?n, del que Jes?s ha dicho: ?El guardi?n se la abrir?. Aplic?ndote, as? a la lectio divina, busca con lealtad y confianza inquebrantable en Dios el sentido de las divinas Escrituras, que se encierra en ellas con abundancia. Pero no has de contentarte con llamar y buscar. Para comprender las cosas de Dios te es absolutamente necesaria la oratio.

Precisamente para exhortarnos a ella, el Salvador no solamente nos ha dicho: ?Buscad y hallar?is?, ?llamad y se os abrir?, sino que ha a?adido: ?Pedid y recibir?is??.

A este prop?sito, no obstante, se ha de evitar el riesgo de un acercamiento individualista, teniendo presente que la Palabra de Dios se nos da precisamente para construir comuni?n, para unirnos en la Verdad? en nuestro camino hacia Dios. Es una Palabra que se dirige personalmente a cada uno, pero tambi?n es una Palabra que construye comunidad, que construye la Iglesia. Por tanto, hemos de acercarnos al texto sagrado en la comuni?n eclesial. En efecto, ?es muy importante la lectura comunitaria, porque el sujeto vivo de la Sagrada Escritura es el Pueblo de Dios, es la Iglesia... La Escritura no pertenece al pasado, dado que su sujeto, el Pueblo de Dios inspirado por Dios mismo, es siempre el mismo. As? pues, se trata siempre de una Palabra viva en el sujeto vivo. Por eso, es importante leer la Sagrada Escritura y escuchar la Sagrada Escritura en la comuni?n de la Iglesia, es decir, con todos los grandes testigos de esta Palabra, desde los primeros Padres hasta los santos de hoy, hasta el Magisterio de hoy?.

Por eso, en la lectura orante de la Sagrada Escritura, el lugar privilegiado es la Liturgia, especialmente la Eucarist?a, en la cual, celebrando el Cuerpo y la Sangre de Cristo en el Sacramento, se actualiza en ?nosotros la Palabra misma. En cierto sentido, la lectura orante, personal ?y comunitaria, se ha de vivir siempre en relaci?n a la celebraci?n eucar?stica. As? como la adoraci?n eucar?stica prepara, acompa?a y prolonga la liturgia eucar?stica, as? tambi?n la lectura orante personal y comunitaria prepara, acompa?a y profundiza lo que la Iglesia celebra con la proclamaci?n de la Palabra en el ?mbito lit?rgico. Al poner tan estrechamente en relaci?n lectio y liturgia, se pueden entender mejor los criterios que han de orientar esta lectura en el contexto de la pastoral y la vida espiritual del Pueblo de Dios.?

(Verbum Domini, 86)?

?En los documentos que han preparado y acompa?ado el S?nodo se ha hablado ?de muchos m?todos para acercarse a las Sagradas Escrituras con fruto y en la fe. Sin embargo, se ha prestado una mayor ?atenci?n a la lectio divina, que es verdaderamente ?capaz de abrir al fiel no solo el tesoro de la Palabra de Dios sino tambi?n de crear el encuentro con Cristo, Palabra divina y viviente?. Quisiera recordar aqu? brevemente cu?les son los pasos fundamentales: se comienza con la lectura (lectio) del texto, que suscita la cuesti?n sobre el conocimiento de su contenido aut?ntico: ?qu? dice el texto b?blico en s? mismo? Sin este momento se corre el riesgo de que el texto se convierta solo en un pretexto para no salir nunca de nuestros pensamientos. Sigue despu?s la meditaci?n (meditatio) en la que la cuesti?n es: ?qu? nos dice el texto b?blico a nosotros? Aqu?, cada uno personalmente, pero tambi?n comunitariamente, debe dejarse interpelar y examinar, pues no se trata ya de considerar palabras pronunciadas en el pasado, sino en el presente.

Se llega sucesivamente al momento de la oraci?n (oratio), que supone la pregunta: ?qu? decimos nosotros al Se?or como respuesta a su Palabra? La oraci?n como petici?n, intercesi?n, agradecimiento y alabanza, es el primer modo con el que la Palabra nos cambia. Por ?ltimo, la lectio divina concluye con la contemplaci?n (contemplatio), durante la cual aceptamos como don de Dios su propia mirada al juzgar la realidad, y nos preguntamos: ?qu? conversi?n de la mente, del coraz?n y de la vida nos pide el Se?or? San Pablo, en la Carta a los Romanos, dice: ?No os ajust?is a este mundo, sino transformaos por la renovaci?n de la mente, para que sep?is discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto? (12,2). En efecto, la contemplaci?n tiende a crear en nosotros una visi?n sapiencial, seg?n Dios, de la realidad y a formar en nosotros ?la mente de Cristo? (1 Co 2,16). La Palabra de Dios se presenta aqu? como criterio de discernimiento, ?es viva y eficaz, m?s tajante que la espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y esp?ritu, coyunturas y tu?tanos. Juzga los deseos e intenciones del coraz?n? (Hb 4,12).

Conviene recordar, adem?s, que la lectio divina no termina su proceso hasta que no se llega a la acci?n (actio), que mueve la vida del creyente a convertirse en don para los dem?s por la caridad.

Encontramos sintetizadas y resumidas estas fases de manera sublime en la figura de la Madre de Dios. Modelo para todos los fieles de acogida d?cil de la divina Palabra, Ella ?conservaba todas estas cosas, medit?ndolas en su coraz?n? (Lc 2,19; cf. 2,51). Sab?a encontrar el lazo profundo que une en el gran designio de Dios acontecimientos, acciones y detalles aparentemente desunidos.

Quisiera mencionar tambi?n lo recomendado durante el S?nodo sobre la importancia de la lectura personal de la Escritura como pr?ctica que contempla la posibilidad, seg?n las disposiciones habituales de la Iglesia, de obtener indulgencias, tanto para s? como para los difuntos. La pr?ctica de la indulgencia implica la doctrina de los m?ritos infinitos de Cristo, que la Iglesia como ministra de la redenci?n dispensa y aplica, pero implica tambi?n la doctrina de la comuni?n de los santos, y nos dice ?lo ?ntimamente unidos que estamos en Cristo unos con otros y lo mucho que la vida sobrenatural de uno puede ayudar a los dem?s?. En esta perspectiva, la lectura de la Palabra de

Dios nos ayuda en el camino de penitencia y conversi?n, nos permite profundizar en el sentido de la pertenencia eclesial y nos sustenta en una familiaridad m?s grande con Dios. Como dice san Ambrosio, cuando tomamos con fe las Sagradas Escrituras en nuestras manos, y las leemos con la Iglesia, el hombre vuelve a pasear con Dios en el para?so.

(Verbum Domini, 87)


Publicado por verdenaranja @ 23:37  | Espiritualidad
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