Mi?rcoles, 22 de junio de 2011

ZENIT nos? ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?el lunes 30 de Mayo de 2011?a los miembros del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelizaci?n, a quienes recibi? al t?rmino de su primera Asamblea Plenaria, en la SalaClementina del Palacio Apost?lico.

Se?ores cardenales,
venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas,

cuando el pasado 28 de junio, en las primeras v?speras de la Solemnidad de los Santos Ap?stoles Pedro y Pablo anunci? querer instituir un Dicasterio para la promoci?n de la nueva evangelizaci?n, daba un principio operativo a la reflexi?n que hab?a llevado desde mucho tiempo sobre la necesidad de ofrecer una respuesta particular al momento de crisis de la vida cristiana, que se est? comprobando en muchos pa?ses, sobre todo de antigua tradici?n cristiana. Hoy, con este encuentro, puedo constatar con placer que el nuevo Consejo Pontificio se ha convertido en una realidad. Doy las gracias a monse?or Salvatore Fisichella por las palabras que me ha dirigido, present?ndome los trabajos de vuestra primera Plenaria. Un saludo cordial a todos vosotros con el aliento por la contribuci?n que dar?is al trabajo del nuevo Dicasterio, sobre todo de cara a la XIII Asamblea General Ordinaria del S?nodo de los Obispos, que, en octubre de 2012, afrontar? precisamente el tema Nueva evangelizaci?n y transmisi?n de la fe cristiana.

El t?rmino "nueva evangelizaci?n? recuerda la exigencia de una renovada modalidad de anuncio, sobre todo para aquellos que viven en un contexto, como el actual, en el que los desarrollos de la secularizaci?n han dejado pesadas huellas tambi?n en pa?ses de tradici?n cristiana. El Evangelio es siempre nuevo anuncio de la salvaci?n realizada por Cristo para hacer a la humanidad part?cipe del misterio de Dios y de su vida de amor y abrirla a un futuro de esperanza fiable y fuerte. Subrayar que en este momento de la historia la Iglesia est? llamada a realizar una nueva evangelizaci?n, quiere decir intensificar la acci?n misionera para corresponder plenamente al mandato del Se?or. El Concilio Vaticano II recordaba que ?los grupos en que vive la Iglesia cambian completamente con frecuencia por varias causas, de forma que pueden originarse condiciones enteramente nuevas" (Decr. Ad Gentes, 6). Con amplitud de miras, los Padres conciliares vieron en el horizonte el cambio cultural que hoy es f?cilmente comprobable. Precisamente esta situaci?n cambiada, que ha creado una condici?n inesperada para los creyentes, requiere una atenci?n especial por el anuncio del Evangelio, para dar raz?n de la propia fe en situaciones diferentes del pasado. La crisis que se experimenta lleva consigo los trazos de la exclusi?n de Dios de la vida de las personas, de una generalizada indiferencia hacia la misma fe cristiana, hasta el intento de marginarla de la vida p?blica. En d?cadas pasadas todav?a era posible encontrar un sentido cristiano general, que un?a el com?n sentir de generaciones enteras, crecidas a la sombra de la fe que hab?a plasmado la cultura. Hoy, desgraciadamente, se asiste al drama de la fragmentaci?n que no consiente tener una referencia de uni?n; adem?s se verifica, a menudo, el fen?meno de personas que desean pertenecer a la Iglesia, pero que son fuertemente influenciados por una visi?n de la vida que contrasta con la fe.

Anunciar a Jesucristo, ?nico Salvador del mundo, parece ser hoy m?s complejo que en el pasado; pero nuestro deber es id?ntico como en los albores de nuestra historia. La misi?n no ha cambiado, as? como no deben cambiar el entusiasmo y la valent?a que empujaron a los Ap?stoles y a los primeros disc?pulos. El Esp?ritu Santo que los alent? a abrir las puertas del cen?culo, haci?ndoles Evangelizadores (cfr?Hch?2,1-4), es el mismo Esp?ritu que mueve hoy a la Iglesia en un renovado anuncio de esperanza a los hombres de nuestro tiempo. San Agust?n afirma que no se debe pensar que la gracia de la evangelizaci?n se haya extendido s?lo a los Ap?stoles y que con ellos esta fuente de gracia se ha agotado, sino que ?esta fuente se deja ver cuando fluye, no cuando deja de fluir... De tal modo que la gracia a trav?s de los Ap?stoles alcanz? a los dem?s, que fueron enviados a anunciar al Evangelio...incluso, llega a llamar en estos ?ltimos d?as, a todo el cuerpo de la su Hijo Unig?nito, es decir su Iglesia difundida sobre toda al tierra? (Serm?n 239,1). La gracia de la misi?n necesita a nuevos evangelizadores capaces de acogerla, para que el anuncio salv?fico de la Palabra de Dios no disminuya nunca, en las condiciones cambiantes de la historia.

Existe una continuidad din?mica entre el anuncio de los primeros disc?pulos y el nuestro. En el transcurso de los siglos la Iglesia no ha dejado nunca de proclamar el misterios salv?fico de la muerte y resurrecci?n de Jesucristo, pero este mismo anuncio necesita hoy, un renovado vigor para convencer al hombre contempor?neo, a menudo distra?do e insensible. La nueva evangelizaci?n, por esto, deber? hacerse cargo de encontrar los caminos para hacer m?s eficaz el anuncio de la salvaci?n, sin el cual, la existencia personal permanece en su contradicci?n y privada de lo esencial.

Tambi?n en quien permanece el lazo con las ra?ces cristiana, pero vive la dif?cil relaci?n con la modernidad, es importante hacer comprender que el ser cristiano no es una especie de traje que ponerse en privado o en ocasiones particulares, sino algo vivo y totalitario, capaz de asumir todo lo hay de bueno en la modernidad. Espero que en el trabajo de estos d?as pod?is dise?ar un proyecto que sea capaz de ayudar a toda la Iglesia y a las distintas Iglesias particulares, en el compromiso de la nueva evangelizaci?n; un proyecto donde la urgencia por un renovado anuncio se haga cargo de la formaci?n, en particular de las nuevas generaciones, y se conjugue con la propuesta de signos concretos para hacer evidente la respuesta que la Iglesia pretende ofrecer en este especial momento. Si, por una parte, la comunidad entera est? llamada a revigorizar el esp?ritu misionero para dar el anuncio nuevo que los hombres de nuestro tiempo esperan, no se podr? olvidar que el estilo de vida de los creyentes necesita una genuina credibilidad, tanto m?s convincente cuanto m?s es dram?tica la condici?n de aquellos a los que se dirigen. Y es por esto que queremos hacer nuestras las palabras del Siervo de Dios el Papa Pablo VI, cuando a prop?sito de la Evangelizaci?n afirmaba: ?Ser? sobre todo mediante su conducta, mediante su vida, como la Iglesia evangelizar? al mundo, es decir, mediante un testimonio vivido de fidelidad a Jesucristo, de pobreza y desapego de los bienes materiales, de libertad frente a los poderes del mundo, en una palabra de santidad?, (Exhortaci?n Ap. Evangelii nuntiandi, 41).

Queridos amigos, invocando la intercesi?n de Mar?a, Estrella de la Evangelizaci?n, para que acompa?e a los portadores del Evangelio y abra los corazones de los que escuchan, os aseguro mi oraci?n por vuestro servicio eclesial y os imparto la Bendici?n Apost?lica.

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:54  | Habla el Papa
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