Jueves, 23 de junio de 2011

Mensaje de monse?or Luis Armando Collazuol, asesor general de la Acci?n Cat?lica Argentina, a la XLV Asamblea Nacional de la A.C.A. (Buenos Aires, 28 de mayo de 2011). (AICA)

?APOSTAR AL EVANGELIO!?????????????

1. Nuestro ser cristiano debe realizarse en un ?mbito de diversas presencias culturales, sociales y pol?ticas. Hay un proceso de secularizaci?n que quiere invadirlo todo; podemos hablar de descristianizaci?n creciente en una Naci?n que, sin embargo, conserva un estrato profundo de matriz cristiana. En la pr?ctica se desconocen, se marginan, e incluso se destruyen valores que pertenecen a la antigua y rica tradici?n de nuestro pueblo. Se van imponiendo diversos y hasta antag?nicos ?modelos? culturales, educativos, familiares y sociales. En nuestra realidad nacional, ?debemos hablar de pluralismo o, m?s bien, de fragmentaci?n?

Cuando se interpreta la complejidad de la realidad desde un fragmento de verdad, que en cierto modo se absolutiza, nacen las ideolog?as. Las ideolog?as no modelan a cada persona y la convivencia entre todos los hombres en su integralidad. El peso cultural y pol?tico de las ideolog?as materialistas, subjetivistas y laicistas infiere graves da?os a la vida espiritual de la Naci?n. La tradici?n cristiana ni siquiera es tolerada por algunos sectores.

Cuando s?lo se reconocen fragmentos subjetivos de verdad sin verdades absolutas, nace el relativismo. Todo deviene opini?n. La convivencia se organiza en torno a la construcci?n de consensos fr?giles y pasajeros, que se reemplazan por otros consensos, a veces incompatibles, seg?n el grupo de pertenencia o los cambios en las modas de pensamiento. ?Se sustenta una vida sobre opiniones y consensos ef?meros? No hay interioridad sicol?gica que aguante.

Cuando a un fragmento de intereses se lo separa del bien com?n, se enfrenta la sociedad en reclamos irreconciliables. Vivimos en una sociedad crispada, de la que se han desterrado las palabras ?di?logo? y ?reconciliaci?n?.

Cuando la familia se construye sobre sentimientos epid?rmicos, se fragmenta f?cilmente. Hay diversos modelos de fragmentos a los que se quiere dar igual valor social y validez legal. Sin embargo, en el alma del pueblo argentino a?n subyace la valoraci?n de la familia como un tesoro importante que se resiste a ser saqueado.

Cuando en la acci?n pol?tica la alianza de ideas, plataformas y programas se sustituye por la alianza de intereses, poder y potenciales votos, los Partidos terminan cada vez m?s partidos y la gente m?s desorientada. Nunca decimos ?desoccidentada?. Orientar es mirar hacia Oriente, es decir, hacia donde sale el sol, donde nace la luz. Cuando la luz de las ideas desaparece del horizonte pol?tico, no hay caminos que orienten las acciones, sino s?lo pragmatismo atomizado.

Cuando la religi?n se fragmenta, se debilita el alma del pueblo. En la vida de nuestro pueblo encontramos muchos fragmentos de experiencia religiosa. Expresan una religiosidad popular, a veces con profundas contradicciones entre lo santo, lo utilitarista y hasta lo supersticioso o m?gico. Fragmentaci?n puede ser sin?nimo de sectarismo. Pero tambi?n podemos encontrar que muchos de esos fragmentos, pulidos, pueden constituir un camino precioso hacia la fe misma.

El profeta Isa?as en su ?testamento? dirige estas palabras a ?un pueblo en rebeld?a, hijos mentirosos, hijos que no quieren escuchar la ense?anza del Se?or?: ?as? habla el Santo de Israel: Porque ustedes desprecian esta palabra y conf?an en lo que es tortuoso y retorcido, para tener donde apoyarse, por eso, esta falta ser? para ustedes? como una vasija de alfarero que se quiebra, hecha a?icos sin piedad, sin que se encuentre entre sus pedazos ni un trozo para sacar fuego del brasero o para extraer agua del aljibe. Porque as? habla el Se?or, el Santo de Israel: En la conversi?n y en la calma est? la salvaci?n de ustedes; en la serenidad y la confianza est? su fuerza? (Is 30,9.12-15).??

2. Frente a la fragmentaci?n una tentaci?n personal y eclesial es la de cerrarnos hacia adentro, buscando las seguridades de una comunidad compacta, no atomizada pero aislada, al abrigo de los ataques externos.

Por el contrario, un desaf?o del mundo fragmentado es el de construir una Iglesia m?s unida, ?casa y escuela de comuni?n?, extrovertida, solidaria y misionera. No tener miedo al rol p?blico que el cristianismo y los cristianos podemos tener, desde nuestra identidad de fe, en la promoci?n del hombre y la construcci?n del bien com?n.

Estamos convencidos que, desde la experiencia de la fe, el Evangelio, traducido hoy en la Doctrina Social de la Iglesia, puede animar la fuerza motora hacia un humanismo renacido y una sociedad plural y reconciliada. Recordemos la antigua y significativa tradici?n del compromiso social y pol?tico de tantos miembros de la Acci?n Cat?lica.

La contrapartida de la fragmentaci?n es la solidaridad; la contrapartida de la crispaci?n es el di?logo; la contrapartida de la perplejidad cultural es la certeza que nace de la fe.

Tenemos un aporte que dar a nuestra sociedad, y es el Evangelio de Jes?s. El camino que los cristianos podemos recorrer hacia la comuni?n es la evangelizaci?n. La Buena Nueva de Jes?s configura nuestra identidad, y es el don que estamos llamados a compartir.

?Apostar al Evangelio!

No dejar que se licue su diafanidad en componendas ideol?gicas. Creer que es su Verdad la que puede recomponer al hombre fragmentado.

??Apostar a la caridad!? nos ped?a el Beato Juan Pablo II.

?A partir de la comuni?n intraeclesial, la caridad se abre por su naturaleza al servicio universal, proyect?ndonos hacia la pr?ctica de un amor activo y concreto con cada ser humano. ?ste es un ?mbito que caracteriza de manera decisiva la vida cristiana, el estilo eclesial y la programaci?n pastoral? (NMI, 49).

La caridad es la amalgama que puede unir lo que est? roto, haci?ndonos hermanos.??

3. La prioridad de la misi?n eclesial hoy, y por tanto de nuestra misi?n de Acci?n Cat?lica, es la nueva evangelizaci?n. ?La Nueva Evangelizaci?n para la transmisi?n de la Fe cristiana? es el tema propuesto por el Papa Benedicto XVI para la pr?xima Asamblea del S?nodo de los obispos, 2012.

La nueva evangelizaci?n es el instrumento gracias al cual es posible enfrentar a los desaf?os de un mundo en acelerada transformaci?n, pero sin certezas ?ltimas, dubitativo, desigual, fragmentado y enfrentado. La nueva evangelizaci?n es el camino para vivir el don de ser congregados por el Esp?ritu Santo para realizar la experiencia del Dios, que es para nosotros Padre, dando testimonio y proclamando a todos la Buena Noticia de Jesucristo. La mirada al Padre de todos posibilitar? la construcci?n de una sociedad fraterna, una Patria de hermanos. No lograremos construir una aut?ntica fraternidad si olvidamos que la ?nica forma de ser hermanos es reconocer la procedencia de un mismo Padre.

Obviamente, la Iglesia considera que en una sociedad pluralista y democr?tica deben respetarse diferentes visiones del hombre y sus manifestaciones concretas en movimientos cient?ficos, intelectuales, religiosos y pol?ticos. No obstante, en el respeto hacia quienes se adhieren a otras concepciones del hombre, la Iglesia busca el di?logo desde el fundamento de un horizonte de valores com?n que sea orientador: la dignidad de la persona humana y sus derechos y deberes, el valor de la libertad, la defensa de la conciencia personal, la promoci?n del bien com?n. La Iglesia busca este di?logo desde su propia identidad de fe, sin mimetizarse con las corrientes ideol?gicas de turno.

Al mismo tiempo la Iglesia evangeliza, presentando la verdad del Evangelio para que pueda ser libremente aceptada. La verdad no se impone, se propone en el testimonio, el di?logo y el anuncio. La Buena Nueva de Jesucristo, que dignifica al hombre y le muestra la plenitud de su destino eterno, es la riqueza que la Iglesia tiene para ofrecer al mundo de hoy.

Hoy es fuerte el embate que quiere llevar al extra?amiento de la religi?n de la vida social y reducirlo a la esfera privada. La presencia viva y activa de la Iglesia evangelizadora exige de nosotros cristianos convencidos de que el cristianismo no debe perder su fuerza de transformaci?n humana, replegado a la intimidad privada.

El punto decisivo es fortalecer los fundamentos de las comunidades cristianas, una Iglesia evangelizada. Se trata de generar cristianos tocados a fondo por el encuentro con Jes?s, conscientes, formados, decididos a meterse desde su fe en las entra?as del mundo, dialogar, anunciar a Jes?s, su vida, su mensaje. Desde all?, la tarea de quienes est?n unidos a Cristo y en Cristo es fermentar comuni?n para un mundo nuevo, ser Iglesia evangelizadora.??

4. Sabemos que s?lo Dios puede crear lo nuevo; por ello entendemos que no podemos ser fermento si nos falta santidad. La santidad de los disc?pulos y de la Iglesia es presencia carism?tica en la vida del pueblo, desconcertado por la ausencia de certezas que den sentido a la existencia y afligido por la desuni?n.

?Abrir las puertas al Redentor!

?l viene tambi?n hoy a reunir lo que est? disperso, a componer lo que la soberbia humana fragmenta.

El legado del Beato Juan Pablo II es inmenso, pero el mensaje de su largu?simo pontificado se puede resumir en las palabras con las que lo quiso inaugurar en la Plaza San Pedro, el 22 de octubre de 1978: ??Abran de par en par las puertas a Cristo!?. Juan Pablo II encarn? este llamamiento inolvidable con toda su persona y toda su misi?n de sucesor de Pedro, especialmente con su extraordinario programa de viajes apost?licos. Al visitar los pa?ses de todo el mundo, al encontrarse con las muchedumbres, las comunidades eclesiales, los gobernantes, los jefes religiosos y las diferentes realidades sociales, realiz? algo as? como un ?nico y gran gesto de confirmaci?n de las palabras iniciales. Siempre anunci? a Cristo, proponi?ndolo a todos, como hab?a hecho el Concilio Vaticano II, como respuesta a las expectativas del hombre, expectativas de libertad, de justicia, de paz. Cristo es el Redentor del hombre, le gustaba repetir, el ?nico Salvador de toda persona y de todo el g?nero humano.

La Acci?n Cat?lica recoge el testimonio de santidad, di?logo y anuncio de Juan Pablo II, y se propone, con la gracia de Dios, reproducirlo en los nuevos escenarios del mundo contempor?neo, para habitarlos y transformarlos en lugares de testimonio y anuncio del Evangelio.??

Mons. Luis Armando Collazuol, asesor general de la Acci?n Cat?lica Argentina?


Publicado por verdenaranja @ 22:50  | Hablan los obispos
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